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La fiesta por el aniversario de los Union Saver y por los mas de 10 años de paz en la Ciudad Central, se lleva a cabo en la misma, e inunda de felicidad y alegría a todos los habitantes y turistas que llegan a formar parte de esta celebración...pero las fuerzas del caos están dispuestas a arruinar la fiesta y cuentan con un sin fin de quimeras digitales, para llevar a cabo su tarea.
El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
Han pasado ya varias épocas dentro del mundo digital desde que los Royal Knights, los caballeros de Yggdrassil encargados de proteger y vigilar el mundo digital, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Por muchos años, fueron buscados por sus seguidores; pero nadie obtuvo ninguna pista de ellos, ni siquiera alguna señal de que pudieran seguir con vida… simplemente, desaparecieron de un día para el otro en la nada misma. Pero aunque la presencia de estos caballeros desapareció de la faz del mundo; sus espíritus siguen vivos en los corazones de los Digimons que transmitieron las grandes hazañas de los Royal Knights como leyendas con el pasar de los años; y tal es esta vitalidad memorial que al día de hoy, se celebra un gran festival en honor a los caballeros santos.
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Les Chevaliers (Priv. William)

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Les Chevaliers (Priv. William)

Mensaje por Fuji Raikomaru el Jue Abr 24, 2014 10:21 pm

Cada persona posee ideales propios, pero no todos tienen la fuerza para hacer que estos se cumplan, algunos simplemente mueren sin haber logrado lo que proponían en la vida; otros nacen bajo una estrella afortunada y no necesitan esforzarse en toda su vida para poder cumplir sus sueños, y al final, pero no por eso menos importantes son, aquellos que a pesar de todas las dificultades de su vida logran sobreponerse y marcar su nombre en la historia. ¿Qué hay del esmeralda? El cumplía su sueño con cada paso que daba, puesto el no resaltar era su objetivo, pasar junto a la historia como un espectador su forma de proceder y tomar nota de cada suceso, su rol en aquel mundo. – Atlantis, la ciudad que emergió, tierra donde la moderna tecnología y las costumbre ancestrales se unen en una sola forma… ¿acaso alguien recordará lo sucedido en estas misma tierra? Cuando enemigos acérrimos se unieron por una causa en común… -murmuraba mientras caminaba por las inhóspitas calles de la ciudad, no muy poblada, para su agrado; aunque con un dejo de nostalgia en sus palabras, que se hacía evidente mientras mas observaba esa zona. No sabría decir hace cuanto tiempo, aunque fue antes de su emerger, que los clanes hoy en día inexistentes se unieron con un solo fin dejando de lado sus diferencias para controlar el problema que aquejaba al digimundo.

En esa pelea contra un Craniummon, y una AncientMermaimon, lo recordaba con claridad. Su objetivo en esa época era cazar la data de diez guerreros legendarios, de diez Ancients, pero en su regreso a la ciudad… no podría decir con exactitud cual era su objetivo ya.

Decidió entrar a la única taberna del lugar, vacía como las calles en ese día, excepto por uno o dos tamer recién llegados a dicho mundo, iniciando claramente su travesía por el digimundo. No les prestaba atención, puesto molestar novatos no era su objetivo en ese día, simplemente se mantuvo caminando hacia la barra y tomó asiento en uno de los altos taburetes del lugar. – dame lo mas fuerte que tengas… -murmuró al Divermon que regentaba el lugar, aunque no le prestó atención a la respuesta de este puesto su mirada se posó en un cartel de la pared, uno de aquellos “Se busca” que aparecían en cada una de las ciudades, pero su curiosidad se despertó puesto era el propio. Con una cantidad exorbitante de Bits como recompensa, aún se encontraba activa pero mostraba su apariencia anterior, la del joven de cabellos castaños con un parche en el ojo. – Esos retratos no me hacen justicia… -murmuró para si mismo, volviendo su mirada a la bebida que le habían servido. Parecía un escocés del mundo real, en las rocas, pero su sabor tenía un dejo más dulzón que el whisky que acostumbraba.

Depositó su digivice oscuro como la noche, aunque cristalino, sobre la barra junto a su bebida. y procedió a encender uno de sus cigarros, sin despegar la mirada del frente casi absorto en pensamientos de su pasado.

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Re: Les Chevaliers (Priv. William)

Mensaje por William(Zero) el Lun Jun 09, 2014 5:17 pm

Todas las Noches; el mismo Sueño lo invadía. Todas las Mañanas; la misma ilusión desaparecía. Recuerdos tan lejanos pero aun así parecían  del ayer ¿Acaso de se trataba de las sombras del pasado que aún lo acosaban? Era lo que se preguntaba el joven que presenciaba. Pero de igual manera que todo lo que vive perece, aquella ilusión abandonaba la mente del atestiguante al presenciarse las primeras luces del día. Tan repentina como un relámpago, y a la vez tan incómodo como una descarga. No podía evitar pero sentir un amargo sabor de boca durante la finalización de tal acontecimiento que con su continua monotonía ya llegaba a desgastar como el aire a la roca, su paciencia única digna de pontificamiento.

Enigmático en verdad, resulta descifrar el mensaje que aquella sombra que siempre parece perseguirlo y nunca abandonarlo. Pues ninguna pista esta deja, a pesar de su constante impertinencia. Pero como todo en esta vida; su presencia no es más que etérea; y de en esa misma vena, tan repentina como un relámpago, y a la vez tan incómodo como una descarga. Desaparece; todo ello a la señal de una alarma, y un dolor que puede considerarse como todo –molesto, desagradable, engorroso- menos de insignificante.
Un Suspiro, lento pero  pasajero. La reacción del joven de cabellos lacios y sedosos; purpúreos como las delicadas flores lavanda bañadas por la suave caricia que la sombra proporciona durante una mañana de Sol fulgente, ante lo que llegó a ser una horrenda quimera que lo atormentaba ya por varios días; por varias semanas; por varios meses; y hasta en estos mismos instantes, parecía no dejarle tiempo al menos de tomar un respiro y recuperar su cordura. Y todo sería quizás más tolerable, de no ser por aquella migraña que siempre le era dejada como un recuerdo no deseado.




Quizás fue por simple capricho; o quizás por razones “galácticas”  y “trans-espirituales” de las cuales el mismo no poseía comprensión alguna; pero estaba seguro que debía existir una razón que él mismo era incapaz identificar. Una razón tal vez ilógica, por la cual en ese mismo instante se encontraba a sí mismo en un lugar al cual él nunca pensó con anterioridad volvería. Se encontraba caminando como transeúnte adiestrado por las calles de una Ciudad conocida por su belleza exótica y ambiente altamente enigmático. La ciudad perdida de Atlantis: una ciudad de misterios pasados  y recuerdos trascendentes. Una ciudad con la cual él, lamentaba, compartía una historia intrínseca y profundamente conectada. Un pasado lleno de orgullos de vergüenzas por igual. El lugar de su caída y, a la vez, el lugar de su alzamiento. Ciudad donde lo perdería todo, y aun así el lugar donde se le brindaría una nueva oportunidad. ¿Acaso esto era obra del destino? Regresar al lugar donde el en verdad no era bienvenido, y a la vez el lugar donde él era para todos desconocido. Entonces ¿Por qué ir al lugar de sus sueños y pesadillas? El hombre de cabellos cárdenos solo recordaba buscar un lugar donde ventilar sus ideas; un lugar donde olvidar su migraña y su causa pasada. Entonces, ¿Por qué escoger de entre todas las diversas y múltiples áreas que el Mundo Digital poseía, aquél lugar donde problemas sería lo único que encontraría si su mascarada era revelada? No podría decir que no era lo mismo en todo lugar de aquél amplio y quién sabe si tal vez redondo mundo de ceros y unos. Ciertamente su identidad era siempre una cuestión que podría acarrearle mérito y perjuicios. Mas lo cierto es que a estas alturas ya poco le importaba. A veces pensaba que quizás era lo mejor si tal situación ocurriese; su captura y pronta expiación a manos de la justicia tal vez errada de aquellos monstruos de fantasía. Quizás de esa manera él podría obtener su tan ansiada oportunidad de purgación; de castigo. Y aunque tal convicción lo llevo a más de una vez el intentar entregarse como su verdadera persona. Siempre presente estaba aquella sensación de vacua oquedad; de inacabado perpetuo. Después de todo, el nunca fue partidario de las  soluciones rápidas ni fáciles. Y aunque quizás solo buscaba una excusa para aquél miedo que desde hace ya bastante tiempo lo invadía; esta resultaba ser más que suficiente para insistirse a sí mismo que una solución verdadera y completa debía realizarse si acaso el buscaba obtener el perdón de los demás; y, quien sabe, de si mismo por igual.

Deambulando por el lugar, dejando atrás ya aquellas ideas que siempre lo hostigaban. Se encontró él con lo que vendría a ser el bar de la ciudad.  No podía decir esperaba tal lugar en un lugar que deportaba dignidad auténtica y cuantiosa. En verdad resultaba tan singular sino absurda la idea de un lugar que gritaba por doquier su estatus como patrimonio histórico y cultural. Aunque lo cierto es que tal vez simplemente ignoraba las necesidades de sus habitantes; un bar simplemente cumplía con su función de establecimiento comercial de bebidas y aperitivos de distinta índole y variedad.  Dejando atrás su frívola idea que hacía pasar por análisis, optó finalmente por entrar al lugar. Y tan pronto como aventó con delicadeza las puertillas del lugar, las varias miradas pertinentes a ciertos y contados clientes del lugar se dirigieron rápidamente hacia su persona. Se trataba de algunos llamados “Tamer” por nombre, pues su inexperiencia se volvía evidente solamente con sus gestos y miradas de estupefactos. Ignorando todo lo concerniente a sus alrededores, el pelicárdeno no demoró en tomar asiento en uno de los taburetes de la barra principal junto a otro individuo de curioso pero poco importante aspecto inicial. –Un aperitivo –no me importa cual- y una copa de vino tinto, por favor- Dijo sin siquiera molestarse en observar a quién vendría ser su bartender. Su atención la direccionaría hacia los varios carteles que ostentaba el lugar. Muchos de adornos y otros con funciones mucho más siniestras. Tales como los carteles rectangulares y algo avejentados de “Se Busca”. Entre los muchos que estaban en el lugar pudo notar unos tantos ajenos y otros tantos propios. Ambas de sus dos “Antiguas” filiaciones se hacía presentes. Algo curioso; puesto que no lograba observar similitud alguna con su actual apariencia. Dejó escapar una ligera y casi inaudible risa, excepto para quienes se dotaran de un sentido de audición merecedor de alabanzas.

Para cuando había vuelto la mirada nuevamente al frente, ya le había servido su pedido. Un elegante, delgada y alargada, copa de vino –aparentemente con un cierto dejo de añejo que no demoró en notar al humedecer su lengua con el fluido- y de aperitivo el llamado "montadito de salmón"; algo simple pero no desagradable al menos para su gusto. En parte se preguntaba cómo es que la escuela culinaria de los humanos encontró un lugar en los establecimientos del Mundo Digital. Pero tales dudas las resolvería en un momento donde su cabeza dejara de molestarle con dolores agudos y picudos. Entonces cuando se propuso a empezar con su aperitivo, notó un curioso olor en el aire. El inconfundible olor del humo de un cigarrillo. –
Si no le es mucha molestia, ¿Podría ir a fumar a otro lado o tal vez en otro momento? No es que me agrade la idea de interrumpirlo en su momento de sosiego, pero lamento decir no poseo gusto por la esencia única del humo expelido - Menciono con su típica sonrisa gentil y afable, sin siquiera molestarse en desviar su mirada del frente. Intentando olvidar sus recuerdos de nostalgia y arrepentimiento.
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Re: Les Chevaliers (Priv. William)

Mensaje por Fuji Raikomaru el Miér Jun 11, 2014 8:27 am

Cuando él había pensado que nada lo molestaría en ese momento nostálgico en el cual recordaba tanto la grandeza, como la bajeza de su pasado, una voz serena y gentil le pidió en cierta forma que dejase de fumar en ese momento. Curioso fue ese hecho, puesto pocos tenían el valor de pedírselo debido a su intimidante aspecto adulto, los cuales eran casi inexistentes en ese mundo, y aún mas curioso fue la elección de palabras que se usaron para dirigirse al peliverde. Suspiró exhalando una bocanada suave de humo de entre sus labios, y apagó el cigarro contra la palma de su zurda, sin mostrar gesto de dolor alguno por dicha acción. – mis disculpas… -susurró guardado los restos del cigarro en un cenicero de bolsillo, de plata, que portaba siempre en su abrigo. Pero sus acciones no se detuvieron ahí, puesto sus ojos dorados se movieron hacia aquél que osó pedirle que apague su fuente de nicotina habitual. Como si de un robot se tratase, lo analizó con la mirada de pies a cabeza, tanto su expresión actual, como el tono de voz y las palabras que había elegido para comunicarse con él. – Esa sonrisa… podrá parecer para muchos, llena de dulzura, y tus palabras rebosantes de cortesía –espetó antes de dar un ligero trago a su bebida, expresando un ligero gesto con el labio superior por la fuerza de aquel reemplazo del whisky al “quemar” su garganta. – Pero las conozco más que bien… es una sonrisa de dolor, nostalgia y lamentos –susurró con su típica sonrisa ladina esbozada de par en par en su rostro. No pretendía incomodar a aquel quien, desafortunadamente, había elegido sentarse a su lado; al menos no por ahora. Pero la personalidad del peliverde era algo incontrolable, ¿Qué se puede esperar del burro más que una patada?  El silencio reinó por unos segundos entre esos dos, pero la voz de aquella persona no podía evitar sentirse familiar para él. Estimó con un cálculo ligero que sus edades rondaban cerca, por lo que bien podría parecerle un tamer veterano como él.

Tras escuchar a unos tamer de la lejanía riéndose de bromas insulsas entre ellos, una mueca de desprecio apareció mientras su ceño se fruncía lentamente casi de manera imperceptible. “Ignorantes, irrespetuosos, no merecen existir en este mundo… no son más que estorbos insignificantes que dan fe exacta del error que se cometió al permitir el ingreso de cualquier gentuza a este mundo” –pensó con rencor, haciendo presión con la diestra sobre el vaso en el cual estaba bebiendo, para tras unos segundos relajarse y suspirar de manera profunda. Sus orbes dorados se dirigieron esta vez a los carteles que anteriormente estaba observando tanto él, como su acompañante. – A pesar de haber sido calificado como un delincuente tanto Fuji Raikomaru, como el Metal Empire, no vendría mal un poco de escarmiento para aquellos novatos que no respetan al digimundo, ni su historia… ¿cierto? –preguntó con suma calma, antes de girar sobre su taburete de manera que observase sin necesidad de doblar el cuello al hombre sentado a su lado. Esbozó una sonrisa calma, y volvió a tomar un trago de su bebida para aclimatarse con el ambiente, por no decir que deseaba embriagarse, en vano puesto su cuerpo metabolizaba mucho más rápido dicho “veneno” y lo eliminaba de su cuerpo en segundos. - ¿También eres de la primera generación? Pocos presenciamos la historia de esta ciudad, pocos tenemos la edad suficiente para beber lo que bebes… y pocos poseemos un alma tan herida –cada palabra que salía de su boca, borraba poco a poco su habitual sonrisa, oscureciendo el tono de su voz de manera solemne. – lo hemos perdido todo para darle a este mundo la posibilidad de seguir evolucionando… ¿pero seremos capaces de adaptarnos? –susurró, aunque esas ultimas palabras verdaderamente eran para él, puesto dicha incertidumbre rondaba en su mente desde que todo lo que había logrado a través de años de esfuerzo se derrumbó, y el emperador comenzó a reinar en un reino sin habitantes.

Tras unos segundos, negó con la cabeza, recuperando esa sonrisa infaltable en él y murmuró las palabras “No me hagas caso, son solo palabras sin sentido” para volver su atención a su bebida, con un dejo amargo en los labios. Dicho sabor no era por la bebida, por su almuerzo previo o por el cigarrillo que acababa de apagar, si no por la oración que nunca se había atrevido a sentenciar en voz alta. ¿Acaso el orgulloso príncipe había caído tan bajo que acababa de hablarle a un perfecto desconocido en un bar? Decidió olvidarlo, y tararear el himno del Metal Empire, rogando que el tiempo pase o algo a su alrededor cambie, mas precisamente, algo en su interior lo hiciese.

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