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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
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Del cielo vino y al cielo iremos [Priv. Asuna; Rin]

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Del cielo vino y al cielo iremos [Priv. Asuna; Rin]

Mensaje por Rin Okumura el Mar Mayo 06, 2014 7:08 am

¿Quién diablos es el que se despierta a las seis de la mañana? Digo, de verdad hay gente que lo hace, pero ¿a quién le gusta eso? ¡A mí de seguro que no!
Me desperté, como siempre, con el sonido que conocía muy bien, pero por más que lo oía prácticamente todos los días, no podía acostumbrarme a escucharlo a esa hora de la mañana. Aún con los ojos cerrados, hice fuerza para levantar la parte de arriba de mi cuerpo y usé los brazos para mantenerme ahí, la almohada que seguía pegada a mi rostro, comenzó a resbalarse lentamente hasta caer en mis piernas. Podía ver casi toda la habitación por la poca luz azul que atravesaba el empapelado de la puerta a pesar de tener los ojos apenas abiertos. No quedaba más remedio que ponerme de pie, a lo mejor con algo de suerte podía volver a dormir si convencía al maestro. Tomé la almohada y me acerqué arrastrando los pies y con la espalda algo encorvada hasta la puerta y la abrí de par en par. En ese momento sentí como una brisa fría entró rápidamente a mi habitación e hizo que todo mi cuerpo temblara, no tenía nada más puesto a parte de unos pantaloncillos en ese momento. Abrí un poco más los ojos y me di cuenta que aún el cielo estaba oscuro, incluso podía ver unas cuantas estrellas a lo lejos. Un poco más abajo, a la derecha, estaba el mismo árbol de siempre y como era de esperar, Hyokomon estaba sobre el tocando su flauta. No sé en qué momento había aprendido tantas canciones, sólo lo escuchaba unas tres o cuatro veces al día en casos especiales, pero aún así no parecía practicar, tocaba las canciones como si ya se las hubiera aprendido mucho antes, sería una mayor sorpresa incluso si las improvisaba. Pero... ese no era el caso ahora, claro que no.
-¿Por qué no me dejas dormir?
-El maestro estableció esta hora para el comienzo del entrenamiento. Deberías saberlo, Rin.
-¿Sí? Pues no me importa, no sé cómo quiere que entrenemos si no descansamos lo suficiente.
-Son las reglas.
-¡Ya calla!
Apreté fuertemente la almohada con la mano y se la arrojé a Hyokomon, iba en línea recta directa, le pegaría en el rostro, pero a último momento hizo un leve movimiento con la flauta y la desvió hacia un lado cayendo lejos de donde él estaba.
-Tch... -dando media vuelta y caminando nuevamente hacia la cama. Pero no pude acercarme mucho.
-Recuerda que para mantener el balance es necesario poner de tu parte también, muchacho.
Me detuve instantáneamente y giré mi cabeza hacia un lado para ver atrás, Owryumon estaba agachado de tal manera que podía ver parte de su cuerpo y su cabeza entre el pequeño espacio de la puerta, más allá del piso de madera exterior y el techo que lo cubría por completo y un poco más. Creo que esta vez no había escapatoria y debía cumplir con lo que habíamos prometido como todos los días que necesitaramos quedarnos en el templo. Claro que Hyokomon no tenía problemas en ello, es como si no tuviera sentimientos o necesidades. Siempre ponía sus obligaciones delante de cualquier cosa, no como yo que... agh, me cuesta admitirlo, pero creo que soy algo irresponsable en cuanto a ese tipo de cosas. Está claro que no voy a decirlo en voz alta.

Una vez que me puse la ropa más adecuada que pude, salí de mi habitación bostezando mientras me rascaba la cabeza y el abdomen. Esperaba, como siempre, encontrarme con un buen desayuno para empezar con un poco más de energías con el entrenamiento, pero no.
-¿Qué? ¿Que no habrá desayuno por ahora?
-Gokuwmon acaba de salir a buscar comida para ello, Rin, y no regresará hasta dentro de un rato.
-¿Pe-pero cómo haremos para tener fuerzas para entrenar si ni siquiera hay comida?
-El maestro dice que así desarrollaremos más que resistencia física, y en un futuro podremos combatir o mantener nuestro espíritu en alto sin la necesidad de concentrarnos en cosas que nos desvíen de nuestro objetivo.
-Pe-pe-pero...
-Y así será. Seguramente una vez que hayan terminado, Gokuwmon estará de regreso y podrán comer todo lo que quieran. Les doy mi palabra, ¿y ustedes me dan la suya, guerreros?
-Mi palabra y mi espada está con usted, maestro.
-Tch... ¡Ahhhh! Está bien, no habrá desayuno hasta terminar el entrenamiento -dejando caer mi cabeza con tono desganado.
Siempre practicábamos en las mañanas, aunque a veces también lo hacíamos por las tardes hasta el anochecer. Eso dependía completamente de Owryumon, aunque varias veces escuché que Gokuwmon le susurraba al oído ideas para que nos ejercitara más y luego me miraba con cara burlona. Sé que lo hace para fastidiarme. Ese maldito mono me las pagará algún día.
El entrenamiento consistía en correr al rededor del templo, por el bosque que lo rodeaba, entre diez y doce vueltas. Luego, golpes al aire con la espada de madera, otras veces con muñecos de práctica, también simulábamos peleas entre nosotros, cargar rocas pesadas de un punto a otro, "meditar" bajo una pequeña cascada que se encontraba a metros del templo. Que por cierto, no sé quién meditaría de esa manera, el polluelo pareciera que lo hiciera, pero yo no puedo aguantar más de diez minutos con los ojos cerrados sin dormirme. Aunque el maestro dice que he mejorado, sólo un poco, pero que lo hice. Bueno, eso era cosa de todos los días, aunque de vez en cuando las actividades variaban.

Por fin ya eran las nueve de la mañana, habíamos terminado con la práctica contra los muñecos y por el momento, el entrenamiento de hoy había acabado, a menos que decidieran darnos doble turno. Pero ahora, no podía esperar un minuto más para poder desayunar de una vez por todas y calmar el dolor de estómago a causa del hambre que tenía. Me quedé en el lugar donde estaban los maniquíes, al lado de un camino que venía desde el interior del bosque, mientras que Hyokomon se fue a devolver la espada que el maestro le había prestado, yo aún tenía la mía. A medida que echaba un vistazo al templo desde algo lejos, aprovechaba para secarme un poco la transpiración de mi rostro con una pequeña toalla que tenía colgada al cuello. En ese instante pude darme cuenta de que Gokuwmon no había regresado aún, así que debíamos esperar hasta que llegara para poder comer.


Última edición por Rin Okumura el Dom Jun 01, 2014 4:21 am, editado 1 vez
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Re: Del cielo vino y al cielo iremos [Priv. Asuna; Rin]

Mensaje por Yuuki Asuna el Jue Mayo 08, 2014 10:03 pm

Un comienzo bastante movido y una mañana que juraba guardar un montón de sorpresas. Ni si quiera la manzana que tomó de desayuno había llegado al estómago. Aún la sentía subiendo y bajando pesadamente por su garganta mientras corría a través del bosque como si intentara huir de algo. En verdad, es ella quien hacía el papel de perseguidor y el Airdramon que volaba con tanta prisa delante suya a unos metros desprendido del suelo de perseguido. El terreno estaba encharcado en su inmensa mayoría por las lluvias del otro día y la chica no podía evitar chapotear con paso ligero cada porción de agua que se topaba en su camino. No tenía tiempo que perder ¡Estaba por escaparse!

Olvídalo, no lo conseguirás - dijo Asuna sin perder la movilidad en sus piernas que se volvía cada vez mas ágil evitando las rocas y las ramificaciones del piso. El Digimon sostenía un inofensivo huevo entre sus mandíbulas con cuidado de no romperlo, esquivando de igual manera las prolongaciones de los árboles simulando una danza por el aire. Hace dos semanas, se difundió la noticia de que un ladrón merodeaba por Tierras Flotantes desde la Ciudad de Inicio y que llevaba consigo uno. Eran pocos los que lo vieron pero aseguraban que desapareció volando entre las nubes. A simple vista, parecía coincidir con el perfil del ladrón y para mayor canteo, emprendió el vuelo nada mas ver el entrecejo fruncido de la humana sin decir ni pío en el mismo bar del lugar creando un agujero en el techo con un ataque y huir con el rabo entre las piernas - Rayos - la bestia se susurró aquello sin poder articular palabra libremente con la vista bien fija al frente. A veces volteaba a observar a la fémina y ésta lo penetraba con una mirada furiosa de tanta eficacia que se lo veía derramando gotas de sudor frío, y aleteando con mas energía y desesperación. Como lo pillara, estaría acabado ¿O puede que no? A su lado, era una pulga con un pincho como espada ¡¿Qué ostias hacía dejándose llevar por el miedo si de un bocado podría devorarla?!

De todas formas, Asuna no estaba dispuesta a darse media vuelta a estas alturas de la persecución. Si había salido corriendo de aquella manera tan alocada y patosa es que estaba sumergido en el asunto y ¿A quién trata de engañar? ¡Es una ocasión perfecta! Si lograra recuperar el huevo sano y salvo, las aves la mirarían con mayor respeto y puede que se olvidaran del trastorno en el code. Siempre se vale soñar pero como se suele decir: no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo. Sabía que tenía que controlar la situación y ser lo menos impulsiva posible. Cualquier error, podría ser su último día en Tierras Flotantes - Mmm... ya lo tengo - mas adelante había una roca mas alta de lo normal. Haciendo uso exclusivamente de sus piernas, pudo escalarla con el empujón que le proporcionó el impulso de los pies, saltar hasta un total de tres ramas y ya, abalanzarse a agarrar la cola del dragón. Estaba habituada hacer esa clase de maniobras en su estancia por Aincrad y el Mundo Digital no era muy distinto que digamos.

¡¿C-Cómo?! ¡Estas loca! - habló dificultoso con los ojos puestos en la castaña. Con los dos brazos, abrazaba con fuerza la escurridiza extremidad pero Airdramon agitaba con bruteza la cola e incluso hacía piruetas en un mismo punto para hacerla caer - ¡Ni hablar! - que la tuviera tan cerca, fue aumentando la altura sin darse cuenta con una caída de 20 metros aproximadamente. Sentía sus piernas sin la seguridad que le aportaba la tierra firme bajo sus pies y subía, y subía cada vez mas. Con un único ojo abierto, se las apañó para tomar su estocada y clavar la punta en la cola - ¡Aghghg! - el dolor le hizo gritar y por consecuente, el huevo se le escapó de la boca a que la gravedad lo arrastrara hacia abajo. También y por mala suerte, su arma fue detrás - ¡No! - le dedicó un vistazo para luego, regresarla hacia el dinosaurio. Ya tenía sus colmillos libres y no dudó en alargar su delgado y flexible cuello a asestarle un nefasto mordisco. Por primera vez, veía arriesgar su vida y esbozó un rostro muerto de miedo. Sin embargo, las fuerzas en sus brazos flaquearon y no le quedó otra que caer de igual forma - ¡AHHH! - Dejó escapar un agudo grito con el cuerpo encogido y los párpados cerrados. Aunque se libró de recibir una herida de esos dientes tan afilados, daba igual. Airdramon decidió seguir con su camino, con la certeza de que la caída la mataría y no perder el tiempo de aquella manera.

Mientras caía, pudo adelantarse y atrapar el huevo durante el vuelo. Lo tomó y lo juntó a ella aun sin importarle que el cascaron llena de babas. Su visión se volvió negra y si su oído llegó a distinguir bien, le pareció escuchar el sonido a acero de su espada ya en el suelo. Presenciado el final, volvió a gritar y atravesó un frondoso árbol. Para su sorpresa, cayó en algo ¿Blando? Si, si. Ninguna tontería. De alguna forma milagrosa, se le apreciaba rasguños por las ramas y algunas hojas por el pelo pero el huevo intacto - ¿Eh? - abrió los ojos a observar su alrededor - ¿Sigo viva? - lo que para nada esperó es visualizar unas pupilas similares a las suyas, distintas a las de cualquier Digimon y... como humanos... Intentaba recuperarse de la conmoción con una mano puesta en la cabeza.
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Re: Del cielo vino y al cielo iremos [Priv. Asuna; Rin]

Mensaje por Rin Okumura el Dom Jun 01, 2014 4:20 am

-Me pregunto cuánto tiempo más se tardará Gokuwmon. Se fue hace como tres horas y aún no volvió, de seguro se quedó a comer el desayuno de todos y luego se echó a dormir una siesta. Maldito mono.
De un momento a otro, creí haber escuchado un ruido. Un ruido que venía desde el interior del bosque, más allá de hasta dónde podía ver el camino. Fue como el de ramas moverse, golpearse entre sí y quebrarse. Pude escucharlo muy despacio, pero fue lo suficiente como para que llamara mi atención, así que comencé a caminar por la senda de tierra, no sin antes girar mi cabeza hacia atrás para ver al polluelo y a Ouryumon hablando con normalidad. Llegué hasta el arco que daba la bienvenida al templo, por un momento dudé en seguir, hasta que recordé aquella vez en la que varios Digimon querían destruir el bosque y el maestro los expulsó, fue la primera vez que lo conocí. Pero nadie aseguraba que eso no volvería a pasar. ¿Y qué si los Digimon regresaron y están planeando una emboscada? O tal vez sea un espía o algo por el estilo, eso ya sería un gran problema, así que continué avanzando hasta llegar a los primeros árboles del bosque, ahí me detuve echando un vistazo al rededor, esperando poder encontrar algo y al mismo tiempo tratando de que, lo que estuviera allí, no me descubriera.
-Go-Gokuwmon, ¿e-eres tú? -pregunté, mientras sentía que la voz me temblaba.
Al momento en el que me di cuenta, ya era tarde. ¿Por qué diablos tuve que abrir la boca?, pensé. La verdad, no fue para nada necesario hablar en ese momento, pero es que había algo rondando el bosque, estaba seguro, y por ello, sentía mie... Nonono, claro que no, s-sólo estaba un tanto nervioso y con hambre, eso debía ser, sí jaja... ja...
-¿Eres tú? -continué, preguntando-. Oye, no es divertido que hagas esas bromas ¿sabes? Mono pulgoso, ¿qué se cree? -diciendo esto último entre dientes.
Inmediatamente, escuché otro sonido, que sonaba casi igual que el anterior, aunque esta vez, mucho más cerca de donde yo estaba. Y luego, una sombra entre los árboles, era algo enorme que salió hacia el cielo y pasaba justo por arriba de donde yo estaba.
-¡Woooah!
Estaba impresionado por el tamaño de esa cosa, era como un pájaro enorme que apenas podía ver porque tapaba la luz del Sol. Tenía unas grandes alas y un cuerpo bastante extraño. Aún con los ojos entrecerrados, vi que algo se desprendía de él, así que traté de acercar más la vista. Pero ya era demasiado tarde, aquellas cosas, iban a caer justo sobre mí. Entre el poco tiempo que había desde el momento en el que logré darme cuenta de aquello, y hacer algo, sólo pude reaccionar en dar un pequeño salto hacia atrás, que más bien fue como dejarme caer sentado al suelo, cubrirme el rostro con ambos brazos y cerrar los ojos con fuerza esperando lo mejor.

Gokuwmon estaba cerca de ahí y había oído también esos ruidos, los había seguido hasta que pudo darse que se encontraba a escasos metros del templo y del camino que llevaba a el. Fue entonces cuando vio al gran Digimon volar y a lo que caía desde las alturas, que fue, simplemente, mucho más que una sorpresa.
Arrojando al aire la enorme bolsa con comida que traía, redujo de tamaño su bastón y con una gran agilidad, dio un brinco hacia un árbol. Se impulsó con el mismo hasta llegar a la copa de otro, aferrándose con las manos y desde esa altura, saltó cubriendo una gran distancia atrapando con ambas manos al objeto de mayor tamaño, para luego caer a pocos centímetros frente mío levantando una pequeña nube de polvo y tierra. A continuación, como si nada hubiera ocurrido, tomó nuevamente su bastón hasta que tuvo el tamaño adecuado y volvió a agarrar con este, el paquete que traía con anterioridad.

Al abrir los ojos a medias, otros me miraban directamente, y no eran los del Digimon, lo supe por su color. Alejé mi cabeza hacia atrás hasta que pude ver el rostro completo de una chica.
-¿A-ah? -fue lo único que pude decir a causa de lo sorprendido que estaba, hasta que pude notar que un poco más abajo, una espada estaba clavada en el pequeño espacio que había entre mis piernas, muy cerca de mí-. ¡Ahhh! ¡¿Q-q-q-q-quién eres tú?! !¿Qué... cuándo... de dónde vienes?! -dije, mientras retrocedía arrastrándome usando las manos y las piernas.
-Vaya, al parecer el cielo nos mandó un regalo muy peculiar. ¿No lo crees, Rin? Por cierto, ¿Estás bien, niña? -dejando a la muchacha en el suelo muy despacio.
De verdad era una persona, como yo, pero ¿por qué cayó desde las nubes? Gracias a Gokuwmon que se salvó, y yo también. Si no fuera por él de seguro hubiera quedado aplastado... pero, no pienso darle las gracias, para nada.
-¡Maestro, tenemos una nueva visita!
Rápidamente, tanto Hyokomon como el Digimon dragón se acercaron hacia donde estábamos nosotros, poniéndose delante mío para ver detalladamente a esa extraña. Mientras tanto, yo me ponía de pie lentamente y me daba pequeños golpes en el cuerpo para quitar un poco el polvo que tenía por todos lados. Trataba de encontrar un hueco entre los Digimon para verla, pero eran demasiado grandes y tapaban todo el espacio, así que disimuladamente, presté atención para poder oír algo de la conversación.
-Dime, pequeña, ¿de dónde provienes? ¿Cómo llegaste aquí? Criaturas como tú no llegan por accidente a este mundo.
-Mire, maestro, una espada.
-¿Esta espada es tuya? Parece de buena forja, ligera, filosa y mortal. Sabes usarla, ¿cierto? Un ave no canta si no tiene por qué.
-¿Cree que sería capaz de convertirse en una alumna? -dirigiéndose a Ouryumon.
-Eso no lo decidirá nadie más que su espíritu. Vamos al templo, lo discutiremos allí. -dijo, mientras entre los tres la guiaban hacia el interior del templo.
-Tch... -mirando al grupo y cruzándome de brazos, al mismo tiempo en que hacía pucheros.
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Re: Del cielo vino y al cielo iremos [Priv. Asuna; Rin]

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