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La fiesta por el aniversario de los Union Saver y por los mas de 10 años de paz en la Ciudad Central, se lleva a cabo en la misma, e inunda de felicidad y alegría a todos los habitantes y turistas que llegan a formar parte de esta celebración...pero las fuerzas del caos están dispuestas a arruinar la fiesta y cuentan con un sin fin de quimeras digitales, para llevar a cabo su tarea.
El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
Han pasado ya varias épocas dentro del mundo digital desde que los Royal Knights, los caballeros de Yggdrassil encargados de proteger y vigilar el mundo digital, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Por muchos años, fueron buscados por sus seguidores; pero nadie obtuvo ninguna pista de ellos, ni siquiera alguna señal de que pudieran seguir con vida… simplemente, desaparecieron de un día para el otro en la nada misma. Pero aunque la presencia de estos caballeros desapareció de la faz del mundo; sus espíritus siguen vivos en los corazones de los Digimons que transmitieron las grandes hazañas de los Royal Knights como leyendas con el pasar de los años; y tal es esta vitalidad memorial que al día de hoy, se celebra un gran festival en honor a los caballeros santos.
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Mensaje por Sigrun Vinter el Miér Jun 04, 2014 4:54 pm

Sigrun

Volver a casa siempre es agradable y más cuando tienes a tu familia esperándote allí. Solía volver de vez en cuando, y siempre que mi deber como Royal Knight me lo permitiera. Puesto que subliderar un clan no te permite estar mucho tiempo fuera del Mundo Digital, en cualquier momento podrían torcerse las cosas y sería necesario intervenir. Al menos espero que esta vez no suceda nada extraño, más porque Dracomon necesita descansar. El otro día se excedió demasiado en un entrenamiento y acabó volviendo a su etapa bebé II, a su aspecto de Babydmon.

Mis padres ya sabían de la existencia de los digimons, acabé por contarlo una de las veces que volví a casa. Me pareció lo más sensato, ya que de lo contrario tendría que estar inventándome excusas por mis constantes ausencias. La única que no sabía nada era mi hermana pequeña, que recientemente había llegado a Japón.

Al principio pensé que se asustaría un poco al ver a Veemon y Babydmon, pero luego resultó que le parecieron adorables y se hizo su amiga enseguida. Estuvimos los cuatro en el patio gran parte del día. Veemon, Babydmon y yo le contábamos a Freya, mi hermana, historias sobre el Mundo Digital y sobre los digimons.

- Debe de ser muy bonito ese lugar- me dijo al terminar de contarle otra historia- ojalá yo pudiese ir a ese mundo y tener mi compañero.
- Si hay algo que he aprendido es que la vida da muchas vueltas y nunca se sabe que camino puede tomar- le dije para que no se desilusionara.

Después de comer y de jugar un poco con Maya decidí sacarla a pasear. A veces extrañaba no tener a mi perra en la base y sacarla a pasear por los exteriores de la misma. Sería muy agradable, pero no puedo llevarla al Mundo Digital.

Veemon y Babydmon quisieron acompañarme porque querían ver la ciudad. Con Veemon no había problema porque podía meterlo en el digivice y sacarlo cuando no hubiese gente pero Babydmon no estaba unido a mi digivice y no podía meterse dentro. Es una lástima no tener esa data de transferencia que tenía que trasladar Máximo en aquella misión.

Freya sugirió llevarlo en una mochila, era una idea sencilla pero que podría funcionar. Babydmon estuvo de acuerdo y se metió en una mochila azul marino que le prestó mi hermana. En la parte frontal de la estaba el logo de la carrera anual de trineos que se celebra en Noruega, y en la que llevo participando desde hace un tiempo.

Logo:

Con Babydmon dentro, Freya dejó la cremallera un poco abierta para que pudiese respirar y ver el exterior. Luego le puse la correa a Maya y, tras meter a Veemon en el digivice salimos a dar una vuelta. Freya se quedó porque aún tenía que terminar de desempaquetar cosas y ordenarse su habitación al gusto.

Hacia un día despejado pero tampoco hacía calor, lo que resultaba agradable. He ido muchas veces por los desiertos del Mundo Digital pero no termino de acostumbrarme al calor. Prefiero ir a la Ciudad Congelada mil veces.

Estuvimos un buen rato recorriendo las calles hasta que nos adentramos en la plaza.

- Sigrun- me llamó Babydmon en voz baja desde dentro de la mochila. Menos mal que no había mucha gente en la plaza- Huelo comida.

No muy lejos habían varios establecimientos donde vendían comida de todo tipo. Tal vez pudiese entrar a alguno de ellos y comprar algo para Babydmon y Veemon.

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Re: Two sides of the same coin [priv. William]

Mensaje por William(Zero) el Miér Jun 11, 2014 8:08 am

Todas las Noches; el mismo Sueño lo invadía. Todas las Mañanas; la misma ilusión desaparecía. Un atardecer bañado en un brillante color naranja, era lo que en su propio subliminal ensueño se exhibía. Una colina alta y arenosa. Una planicie amplia e inhóspita. Desconocida, como todo lo demás que en su visión se apreciaba. Cuerpos, cadáveres, espadas, vestigios metálicos oxidados por el tiempo y otros que no lo estaban tanto; todo ello hasta donde la vista alcanzaba. ¿Acaso de los remanentes de una batalla se trataba? Era lo que se preguntaba, el joven que presenciaba. Un panorama digno de una trama de fábula sumamente abstracto. Un espejismo que a estas alturas ya se habría aclimatado más por reincidencia que por un discernimiento progresivo. Y en lo más alto de todo el escenario que se contemplaba, como exclamando al mundo, estaba él: Derrotado quizás, victorioso tal vez. Incierto, era lo que se ve. Agachado, atravesado. El rostro apenas visible; cubierto por la gracia de la penumbra. Su nombre; desconocido. Sus motivaciones; desconocidas. A todo ser; se daba por desconocido.

O al menos, esa era la imagen a la que él estaba acostumbrado; pero en esta oportunidad tan singular había algo que resultaba en comparación dispar. El rostro de aquella persona no se encontraba más oculto tras la sombra que el sol y su curioso ángulo de iluminación aportaban. No, esta vez lo observaba claro y perpetuo; mas su sorpresa era en verdad mayor de la que él podía contener sin siquiera retorcer con leves los músculos que componían su delineado rostro. Y aún más sorprendente resultaba la presencia que hasta ese mismísimo instante no se había notado; esa presencia que se encontraba precisamente debajo; aplastado por quien se inclinaba. Una presencia que de entre todos sus rasgos, destacaba uno en particular que le resultaba familiar, muy familiar al joven de largos cabellos violáceos; quién todos los días -sin lugar a pausa o descanso- debía presenciar la misma escena que ya no más podía considerarse intransigente.  
Mas el sueño en realidad no terminaría así nada más con su vaga revelación. Recuerdos; múltiples y diversos; lejanos y cercanos. Serían quienes atormentarían a continuación al joven pelicárdeno. Sus viejos camaradas, sus viejas amistades; su antiguo compañero;  el amorío que nunca llegó a ser; la familia que alguna vez tuvo; y la familia que, a pesar de la distancia y el oscurantismo aún presente, poseía auténticamente. Y no se trataba de su familia adoptiva de un único miembro. No. Se trataba de una familia más cercana; vinculados por algo más que solo sangre o derechos de política. La familia que había prometido proteger a toda costa, a pesar de nunca haber realmente completado tal promesa. ¿Cómo iba tal declaración? Se preguntaba, haciendo un intento por recordar lo que podía. Y a pesar de su recado, este quedaba finalmente ignorado por las maquinaciones de su ente subconsciente. El no obtendría las palabras que él pensaba había olvidado.




Culpa, castigo, redención. A estas alturas era lo único que llenaban el vació en el corazón del joven inglés. Ya no cabía duda de que vinculada a sus continuas visiones estaban tales emociones que lo agobiaban. Pero aunque de su naturaleza al tanto estaba ahora al menos parcialmente, todavía quedaba por resolver un mero hecho vital: La verdadera justificación de la existencia de ese fantasma -esa ilusión- que todas las noches lo acosaba, desde su despertar hace solo un mísero año. ¿Se trataba en verdad de un simple arrepentimiento? ¿Una simple razón Psicológica? ¿Un simple acto de tormento autónomo? Él no sabía que pensar al respecto. Aunque enigmático ya no era del todo en verdad, el descifrar tal mensaje que aquella imagen intentaba transmitir. Antes quizás ninguna pista esta dejaba; mas su constante impertinencia al fin se había dignado por revelarse sin suspenso. Sin embargo, si algo no había cambiado todavía; era que como todos los días, antes de siquiera el joven pudiera una idea conjeturar, aquella quimera desaparecía sin dejar rastro mayor que su reminiscencia. Y no sería lo único que persistiría, pues a la simple señal de una alarma, emergía nuevamente aquél dolor endemoniado al cual ya estaba acostumbrado. Aquella migraña aun persistía, como si de un pícaro regalo obligatorio de su subconsciente se tratara. Usualmente despertaría de un humor terrible; digno de cualquier tirano que se apreciase. Esta oportunidad sería distinta, sin embargo. Diferente. Puesto que ahora ya comprendía la razón del porque el descaro de tal Sueño de reminiscencia. Y aunque en parte había llegado a comprender lo que debía de hacer –o al menos eso el deseaba llegar a pensar-  Por supuesto, eso no significaba que su realización sería de ninguna manera fácil o sencilla. Le esperaba un largo camino por delante. Eso era algo que sí podía decir con seguridad.
Redención. Él ya sabía que eso era su objetivo mayor. Hasta ahora, había satisfecho tal necesidad con varios y vagos momentos de ayuda. Prestando su conocimiento a quienes por ignorancia sufrieran. Prestando su hombro a quiénes por su cuenta avanzar más ya no más podían. Pero en el fondo sabía que si en verdad deseaba encontrar lo que buscaba, entonces debería enfrentar el problema desde la raíz y arrancarla con fuerza.


….


Con esos pensamientos en la punta de la lengua, empezó un nuevo día en la vida del joven conocido como William Grayson, aunque ahora se hiciese conocer bajo el apelativo de "Himura Ryuuki" debido a sus circunstancias de antaño. Como todas las mañanas, una migraña lo ataca sin dar siquiera lugar a compasión. Pero esta sería simplemente pasajera, desapareciendo a los pocos minutos de su despertar. Él inevitablemente se preguntaría el porqué, más al mismo tiempo  dudaría en la necesidad de una respuesta en la brevedad. Debía relajarse un poco; aclarar su mente, y llegar a una conclusión sobre el indicio que se le había brindado.

El joven siempre procedía a realizar sus acciones del día como lo mandaba la rutina. Pulía sus perlas blanquecinas conocidas como dientes con el mismo cuidado de siempre. Detallado y sin dejar área ausente del castigo de la Pasta azulina. Se lavaba luego el rostro con jabones de respetable calidad. El cuerpo siempre lo aseaba en una Tina blanca de mármol bien lustrado. Con el agua ni caliente ni fría, puesto que no toleraba ningún extremo con paciencia. Procedía a vestirse con atavíos ni fastuosos ni andrajosos; algo elegante pero casual a la vez. Con una camisa blanca y una corbata azul siempre presentes. Desayunaba los alimentos que el mismo preparaba, aunque existían circunstancias como las de hoy en las que su mayordomo se adelantaba al tempranero de su dueño para forzarle una de sus bien servidas y apreciadas meriendas. No era que des-estimara el trabajo de sus empleados, pero el joven en verdad prefería no valerse de los lujos que su padre solamente en nombre le ofreciere. No podía olvidarse de alistar también aquel extraño objeto conocido por el nombre de “D-Scanner”. A estas alturas ya no era capáz de olvidarlo por simple necesidad.

Así, listo y preparado para su jornada, el joven emprendería su corto viaje hacia el que posiblemente era el único Centro Educativo de la Ciudad. Debido a su indeseada ausencia por el lapso de mayor a un año este, a pesar de encontrarse a sí mismo con empleo y puesto en jefe, aún debía regular ciertos documentos si acaso deseaba graduarse con Honores. Era en días como estos  donde debía asistir y dar un corto exámen, con no mayor razón de concursar sus habilidades cognitivas. Y como siempre, el joven de cabellos morados no sufriría en lo más mínimo al realizar pruebas tan a su parecer sencillas.
Una vez terminado con los asuntos pertinentes a su futura graduación -lo cual le tomaría hasta que las agujas del reloj marcasen el símbolo del “XI”- el joven entonces emprendería con su viaje, a pie como ya le era costumbre, hacia el centro de la Ciudad. Tomando la ruta más larga, pues prisa no tenía, que le permitiría realizar sus recados del día a día. Compras e hipotecas. Pagos y Cobros distintos. Cosas que en ese momento le parecerían banales a pesar de su real importancia. Así eventualmente, mediante un ritmo raudo y constante, llegaría el joven a la conocidísima Plaza Central de la Ciudad que habitaba. En parte gracias a la falta de ayuda por parte del tránsito tanto peatonal como vehicular, pero maldecía que el sol empezase a ocultarse, dejando detrás suyo un gran manto naranja que cubría el cielo en su totalidad. Daría un suspiro breve de molestia, antes de continuar con su camino en dirección a establecimiento oneroso que ostentaba en grandes y elegantes letras el título de "Le biscuit de famille". Su loca de trabajo; su mayor logro; su mayor orgullo de independencia –al menos hasta el momento.

A pesar de la serenidad que emanaba, el joven en verdad aún tenía que eliminar de sus pensamientos los recuerdos de su antigua familia que aún lo atosigaban. Sabía que sus esperanzas por encontrar a su hermana ya eran bajas cuando se habían finalmente separado. Y con el pasar de  los años tales oportunidades no hacían más que decrecer. Aun así, la esperanza es lo último que perece en un hombre; claman muchos conocidos. Y tal vez cierta razón tuvieran, pues William aún insistía como acémila terca que tal ocasión de re-encuentro algún día llegaría.

Y entonces fue que, las emociones de nostalgia invadirían su ser de la manera más repentina, al ver una silueta un tanto familiar y a la vez un tanto foránea. Cabellos largos y Rubios. Esbelta figura y notables vestiduras. Acompañada de una mochila de logo obviamente extranjero. Y sosteniendo lo que parecía ser la correa de un cánido bien criado. Su primera reacción, un tanto súbita, fue la extensión de su brazo completo en dirección al hombro de la silueta que había atraído toda su atención. Con un fuerte pero indoloro apretón en dicha parte, fue que se atrevió a declarar con voz audible la palabra de un nombre que él pensaba había desaparecido en lo más profundo de su designio
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Re: Two sides of the same coin [priv. William]

Mensaje por Sigrun Vinter el Sáb Jun 21, 2014 11:45 am

Sigrun

Paseamos por la plaza mientras decidíamos en qué restaurante comprar algo de comida. Babydmon debía de estar asombrado con todo lo que veía. Sin embargo, me hubiese gustado no tener que ocultarlo, ni a él ni a Ulforce. Al fin y al cabo ellos estaban acostumbrados al aire libre, y ni siquiera Ulforce se metía en el digivice mas que cuando era necesario. Puede que no fuese un lugar incómodo, pero era mucho mejor sentir la brisa y ver el paisaje.

Para que mis compañeros estuviesen más cómodos, compraría algo para llevar en alguno de estos restaurantes y lo compartiría con ellos en algún sitio donde no hubiese nadie. Esperaba que Babydmon pudiese recuperar sus fuerzas pronto. Nunca pensé que llegaría a excederse tanto en un entrenamiento y me preocupé cuando lo vi regresar a su forma bebé II en la base. Menos mal que en la enfermería me dijeron que sólo se debía al cansancio.

Noté algo húmedo en la mano que me sacó de mis pensamientos y al mirar hacia abajo me di cuenta de que Maya me lamía la mano. La acaricié al tiempo que me agachaba a su lado. Ella siempre se daba cuenta de mi estado de ánimo y siempre estaba allí para sacarme una sonrisa. Maya movía la cola al tiempo que la acariciaba, pero de repente dejo de moverla y levantó las orejas. Algo había captado su atención ¿pero el que? A penas tuve tiempo para preguntármelo cuando alguien me tocó el hombro.

Me levanté y me giré para ver a un chico bastante alto. ¿Cuánto me sacaba? ¿cabeza y media? ¿dos? Pero aquello no fue lo único que me llamó la atención. Sus cabellos violáceos me resultaba algo curioso, nunca había visto a nadie con el pelo de ese color. Pero a pesar de ser un color “poco usual” no le quedaba nada mal.

- ¿Disculpe?- le dije tras escuchar eso que dijo de “Fay”

No sabía que quería ni que significaba eso de Fay. ¿Acaso había pasado tanto tiempo fuera de este mundo que olvidé palabras del idioma de aquí? Aquello no podía ser, un idioma no se olvida tan fácilmente y menos en tan poco tiempo.

Vi que Maya se acercó al desconocido y le olfateó con curiosidad. No me sorprendía ese comportamiento en ella, era muy curiosa aunque puede que tratase de averiguar si era una amenaza porque no le quitaba los ojos de encima. Aunque sabía que Maya no era capaz de morder sin justificación, igual a él no le gustaba que un perro lo olfatease. Hay personas a las que no les gusta que se le acerquen los perros. Tiré ligeramente de la correa hacia mí, para apartarla un poco. Maya captó pronto lo que le decía y retrocedió sentándose a mi lado.

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Re: Two sides of the same coin [priv. William]

Mensaje por William(Zero) el Dom Nov 09, 2014 6:40 am

Tal como el viento sopla, como la naturaleza imperativamente ordena, dispersando con presteza las ingrávidas partículas de polvo que en el ambiente existieran; las expectativas y esperanzas del peli-cárdeno se desvanecerían con la misma celeridad y urgencia que una hoja ligera perdida en la cruel tormenta de vientos huracanados. Con cada minúsculo segundo que pasaba, después de observar que la persona a quién había inadvertidamente llamado no sería quien sus expectativas actualmente anhelaban –pues en verdad se trataba de la presencia no bienvenida, mas no por ello condenada, de un desconocido.

No podía decir que estaba sorprendido; no podía decir que estuviera extrañado; ni decepcionado; ni estupefacto; ni algún otro adjetivo que relacionado estuviera a su actual estado de ánimo, que bien podría describirse como el extraño e incómodo intermedio que uno rara vez encuentra entre lo inopinado y lo presumible.

Por el contrario, el resultado que en este presente se desarrollaba era en realidad la posibilidad más lejana a un evento inconvenientemente deliberado. Se trataba de una simple casualidad, una simple coincidencia; y a pesar de la sencillez del asunto que incluso el joven de considerable altura entendía, él mismo no podía simplemente soslayar su meticulosa y -tal vez, en cierta diminuta medida- candorosa naturaleza. No podía evitarlo en verdad, pues su naturaleza cautelosa y calculadora –que muchas veces, como esta, rozaba incluso la paranoia- le conducía, sin reparo o segundo pensamiento, a pensar los peores desenlaces  que pudiesen transcurrir a partir de los más sencillos eventos -que a cualquier otro le parecerían simples  baladíes o inapreciables sucesos.

- -

Le tomaría exactamente 4,8 segundos -nada más, ni nada menos- el recuperar la compostura desde el momento de su inicial sorpresa; desde el mismísimo momento en que observara por primera vez los suaves y delicados rasgos que ostentaba con habitual llaneza aquella joven mujer de aproximadamente 18 o 21 años de edad –o eso, al menos, era lo que él conjeturaba- que se encontraba precisamente frente a él.

Otro segundo más le dedicaría el quisquilloso de melena violácea a terminar de estudiar en su totalidad los aspectos y características que conformaban a la joven aurea que en su enfrente se encontraba:

Ojos azules, profundos como el océano; Piel blanquecina, como la que él mismo poseía –no se observaba como enfermiza; una altura de aproximadamente 160 centímetros, ¿Baja estatura para su propia etnia, quizás?; Origen probablemente escandinavo o eslavo, presumiblemente el primero mencionado- Una mujer aria, sin lugar a dudas.
Y otro medio segundo se tomaría de su tiempo para estudiar -si solo para su propia complacencia alborozar- al comparativamente pequeño cánido que la acompañaba cual escolta o guardián de su compañía, y quien se había dignado en aproximar su hocico, a la presencia que a su parecer era ajena y extraña, antes de ser cortada(o?) por su propio dueño en plena realización del acto –¿quién era ahora el guardián?:
Regular tamaño -objetivamente hablando; pelaje que se balancea, indeciso, entre el blanco de la nieve y el mismo del hielo. No puede determinar género. Carácter amigable, si no curioso.

Una vez satisfecho su lamentablemente innato instinto de vigilia, pocos segundos transcurridos desde el insólito y fortuito encuentro, el joven de esbelta figura retiraría con prontitud la mano que había posado sobre el hombro de la joven caucásica. Prontamente realizaría una reverencia en señal de disculpa por lo repentino y dudoso que podían resultar ser sus acciones ante los ojos de un ajeno. Con la vaga sospecha presente en su mente de que su  oyente era un simpe turista pasajero, en sus labios se pudo escuchar la vocalización de las palabrasMy deepest apologies, fair maiden. I was looking for someone, and accidentally mistook you for said person. It was not my intention to instill doubt or discomfort in your winsome self- Un altamente aparatoso uso de palabras para una simple disculpa de una equivocación que a cualquiera fulano o mengano ocurrir pudiera; mas para alguien que desde el amanecer de sus días había sido inculcado de maneras extremadamente persuasivas el verdadero valor de sus errores y consecuencias, no podía llegar a esperarse una acción menos sincera ni pesarosa.

Como una continuación de su acto apologético, procedería a entregar a la joven una tarjeta de presentación , de simple diseño monocromático pero elegante presentación, que serviría de guía para encontrarlo en caso de –por alguna extraña razón- exigir alguna satisfacción superior al de una disculpa. En el amplio fondo blanco, se observaba inscrito en grandes y ostentosas letras góticas el nombre Adoptivo completo del peli-cárdeno, inferiormente, se encontraba inscrito en claros símbolos kanji el mismo nombre. Claramente, una tarjeta bilingüe que impartía la misma información a cualquiera que pudiera entender al menos de manera básica el japonés o el Inglés.  Acompañando al nombre estaban otros datos típicos y pertinentes a cualquier tarjeta profesional de presentación: como sus efectivos método de contacto, filial de trabajo y, aún más destacable, la dirección de su “oficina” que irónicamente se situaba en el mismo lugar donde ambas partes se encontraban pisando tierra gracias a la siempre presente –e inevitable- colaboración de la gravedad. En efecto, se trataba de la ubicación donde el joven en ese mismo momento se dirigía "Le biscuit de famille"  -una simple pâtisserie donde diariamente –y gustosamente- invertía sudor y lágrimas -de ser necesarias- para llegar al culmen más grato y productivo de su voluntaria ocupación. Se trataba de la ubicación de su lugar de trabajo; el lugar al cual, después de simple y rápidamente despedirse de la joven de largas hebras doradas con una venia, se dirigía con premura.


Spoiler:
Comprendo que estoy pisando el cadaver del caballo muerto -por tercera vez, quizás- Pero nuevamente aprovecho para pedir disculpas por el retraso en cuanto a la respuesta del tema -Ya va uno, y aún faltan 2 (?). El post puede estar "poco inspirado" -nuevamente, lamento tener que recurrir a razones de índole personal para excusar mis acciones-  así que cualquier error o curiosidad que consigas captar será bienvenido y correjido.
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Mensaje por Sigrun Vinter el Dom Nov 09, 2014 8:16 pm

Sigrun

Había silencio. Sólo debieron ser unos segundos pero me resultaron muy incómodos, y además se hicieron muy largos. Por suerte, el silencio se rompió justo después de una reverencia de disculpa. Hablaba inglés de manera muy fluida, tanto que llegué a pensar que era de Inglaterra o algún otro país de habla inglesa. El inglés no era un problema para mí, lo hablaba desde bien temprano. De hecho era un idioma obligatorio en la educación en Noruega. Aunque también había aprendido a hablar español y el suficiente de japonés para poder defenderme por la zona.

- Don´t worry about…

Entonces el desconocido me dio una tarjeta de presentación. Fue tan inusual que hasta me quedé sin palabras. Normalmente la gente no se presenta de esta manera. Eché un vistazo rápido a la tarjeta, lo justo para ver el nombre de aquél desconocido. Himura Ryuuki.

Al levantar la mirada de nuevo, vi que William se despedía y se marchaba hacia lo que parecía ser una cafetería o pastelería. Curiosamente, el nombre de aquél local era el mismo del de la tarjeta. A la vista estaba que debía trabajar allí.

- Sigrun…- me llamó Babydmon desde la mochila.
- Espera- le dije en voz baja antes de irme a la calle de al lado, donde no había nadie más.

Me agaché y me quité la mochila, abriéndola frente a mí. Babydmon asomó la cabeza y miró a su alrededor.

- He tenido que irme a esta calle, en la plaza había gente paseando.- le expliqué mientras Maya se sentaba a mi lado.- ¿Qué querías decirme?
- ¿Y ese humano de antes? ¿Quién era?
- Se llama Himura Ryuuki y por lo visto trabaja en una cafetería…
- Ahí se puede conseguir comida ¿no? Deberíamos ir- se apresuró a decir Babydmon.
- Bueno, podría comprar algo para llevar y repartirlo entre los tres en alguna calle tranquila.
- Pero… ¿Por qué no te quedas en ese sitio mientras comes tranquilamente? Es que me sabe mal que no puedas disfrutar y que tengas que estar ocultándome. Me quedaré muy quieto dentro de la mochila ya verás. Ni te darás cuenta que estoy allí.

No sabía si Babydmon podría estar tanto tiempo quieto, además estar dentro de la mochila debía de ser muy incómodo. Pero lo decía por mí y lo desilusionaría si no le dejaba. Además ¿Qué podría ir mal? Con Babydmon en mi mochila y Veemon en el digivice no tenía que preocuparme de ser descubierta como tamer.

- Está bien. – le contesté mientras sonreía- Y antes de irme de allí compraré algo más para Veemon y para ti.

Babydmon se puso muy contento y se metió de nuevo en la mochila. La cerré, dejando una abertura, y me dirigí hacia Le biscuit de famille acompañada de Maya. Aunque a ella la dejaría en la entrada para que esperara allí. En lugares como ese lo más seguro es que no permitan entrar a animales.

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