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La fiesta por el aniversario de los Union Saver y por los mas de 10 años de paz en la Ciudad Central, se lleva a cabo en la misma, e inunda de felicidad y alegría a todos los habitantes y turistas que llegan a formar parte de esta celebración...pero las fuerzas del caos están dispuestas a arruinar la fiesta y cuentan con un sin fin de quimeras digitales, para llevar a cabo su tarea.
El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
Han pasado ya varias épocas dentro del mundo digital desde que los Royal Knights, los caballeros de Yggdrassil encargados de proteger y vigilar el mundo digital, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Por muchos años, fueron buscados por sus seguidores; pero nadie obtuvo ninguna pista de ellos, ni siquiera alguna señal de que pudieran seguir con vida… simplemente, desaparecieron de un día para el otro en la nada misma. Pero aunque la presencia de estos caballeros desapareció de la faz del mundo; sus espíritus siguen vivos en los corazones de los Digimons que transmitieron las grandes hazañas de los Royal Knights como leyendas con el pasar de los años; y tal es esta vitalidad memorial que al día de hoy, se celebra un gran festival en honor a los caballeros santos.
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La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

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La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Mar Dic 08, 2015 3:28 am

Habían pasado casi dos semanas desde que Garrod y Gaomon dejaron el pueblo del viejo Oeste, y optaron por aventurarse a otras zonas del digimundo. Pero, las cosas no salieron del todo bien entre ambos compañeros de viaje. Pese a haber luchado juntos para resolver un problema en el pueblo, Garrod había logrado denotar que el digimon se mostraba reacio ante su trato y muy de vez en cuando lograron estar de acuerdo en ciertas ocasiones. Fue por eso que le dijo de la manera más atenta que pudo, que tenía la libertad de irse para no molestarlo. Y es así como terminó deambulando por las laderas del bosque Banchou.

Si bien este sitio era llamativo para la vista por su impresionante constitución, albergaba a digimons sumamente fuertes y por no decir agresivos. Garrod había pasado por alto informarse en el pueblo del desierto sobre este detalle. El sólo había decidido aventurarse en estas tierras como un viaje de placer.

Desde que abandonó la estación de uno de los pequeños pueblos cercanos a a esta montaña cubierta por musgo, el chico permanecía ensimismado en sus pensamientos. Su rostro se mostraba inexpresivo durante todo el trayecto, y no se dejaba maravillar por la belleza natural de este ecosistema. En esos momentos tan sólo quería tener un momento para pensar.


-Parece que las cosas son así para mí-murmuró el chico para sí.-Siempre terminó del mismo modo a donde voy. Creo que mejor me voy haciendo a la idea de que no tengo talento para vivir como los otros chicos.-

Garrod se sentó cerca de una de las rocas para descansar un poco las piernas. Apenas se había percatado de que los pies le estaban molestando. Lo único en lo que podía pensar, era en todo lo que había pasado desde la partida de su mejor amigo y las escasas juntas que tenía con su viejo grupo de juego. Se sentía igual que cuando llegó por primera vez a Japón. Solitario.

----Gaomon

Aunque tuvo la libertad de haber tomado otro camino, Gaomon decidió tomar el mismo tren para seguir a Garrod sin que este se diera cuenta. Desafortunadamente, le perdió de vista porque él sin perder tiempo abandonó el tren. Le había llevado horas preguntarle a algunos digimons de la estación por él, y cuando supo para dónde se dirigió, no pudo evitar ponerse intranquilo. Pues era una tontería adentrarse a una zona totalmente peligrosa para alguien que no podría defenderse con sus propias manos.

-Ese niño es un tonto por irse solo a la montaña.-comentó Gaomon mientras corría tan rápido como podía.-Parece que no le importa su seguridad.-

En aquel momento, Gaomon se detuvo. Observó de izquierda a derecha para ver si encontraba señales del humano, pero no se le veía por ningún lado. Algo nervioso, decidió volver a retomar el paso y ver si lograba encontrar algún rastro que lo llevara al humano.


Última edición por Garrod Ran el Vie Ene 29, 2016 6:04 pm, editado 1 vez
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Miér Ene 06, 2016 3:04 am

Luna observó nerviosamente cómo los postes eléctricos estaban haciendo pequeñas explosiones donde virutas incandescentes llenaban el cielo nublado como fuegos aritciales. Leonardo, en su forma de BlackGaogamon y Flora, en su forma de Sunflowmon, rodeaban a un digimon humanoide de aspecto de un insecto mecánico, un Metallife Kuwagamon, pero que no era como los demás. Algunos tubos y cables le recorrían la espalda y se conectaban a sus dedos. Se trataba de un biohíbrido creado por Digital I.N.C. Un simple peón de experimentos al que probablemente la corporación había soltado para, simplemente causar problemas. Aunque a Luna le extrañó la localización del enemigo. ¿Qué pretendían? ¿Que el digimon pusiera a Tokyo bajo un apagón? ¿Qué ganaban con eso? No lo sabían, pero al llegar al lugar, la central eléctrica era como un cuerpo del que solo había quedado el esqueleto.

-¡Flora, es peligroso! ¡No vueles demasiado alto! ¡Luna, tú ten muchísimo cuidado! ¡Acabaré con esto!
-le advirtió Leonardo. La pelea había comenzado en un escenario peligroso; una de las centrales eléctricas de Tokyo, situada en el extraradio de la ciudad. El biohíbrido, parecía ensañarse con las estructuras eléctricas, y había creado a su alrededor un paraíso de chispas, postes eléctricos a medio derruir, y pequeñas explosiones llenas de corriente. Como mortales serpientes negras, los cables de luz caían. Leonardo sabía que debían detenerlo o llevar la batalla a otro lugar; no sólo era peligroso para la digimon en pleno vuelo, sino que además, si uno de esos cables saltaba sobre Luna, o se daba la fatal casualidad de que una descarga lo suficientemente certera la recorriera, podía morir. Y dado a que, el aire estaba tan cargado de electricidad que se producían explosiones de chispas de manera aleatoria y repentinas, no era descabellado que sucediese.

El aire estaba tan cargado de partículas eléctricas que Luna notaba cómo su propio pelo subía hacia arriba, en punta y completamente erizado. Inclusive, notaba una especie de picores que eran, simplemente, descargas minúsculas recorriendo todo. Luna comenzó a caminar hacia atrás al notar a varios palmos una sucesión de explosiones. Tuvo suerte de echar la vista hacia atrás para evitar pisar una placa de metal desprendida, que como la sucesión de explosiones se había sucedido porque el láser del BioMetallifeKuwagamon había cercenado otro poste eléctrico. Era demasiado moverse y mucho menos luchar allí, pero salir corriendo sólo sería peor. Hacía unos instantes por poco conseguía matarse por querer huir del peligro. Pero las preocupaciones de Luna comenzaron a crecer. El viento comenzó a atropellarse a sí mismo, en una trayectoria poco natural. El cielo se oscureció súbitamente, pero de una manera que estaba lejos de ser por las nubes de tormentas. Cuando miró hacia arriba, notó una extraña espiral que parecía simplemente, haber mordido un trozo de realidad, un trozo que ocupaba la extensión de la central eléctrica.

-Es un portal…
-musitó Luna. Según Travis le había explicado, a veces, simplemente, aparecían. Pero tenían tendencia a hacerlo donde se concentrase una gran energía, y eran breves como un parpadeo, ni siquiera estaban un minuto ahí. Pero era lo suficiente para ser una de las causas por la que a veces digimon salvajes aparecían en el mundo humano.

Apareció llevándose consigo todos los restos destrozados de la central eléctrica: postes, rocas, planchas de metal... todo ascendía y se perdía sin dejar rastro en el ojo de aquel portal. Después de los escombros, comenzaron a ascender ellos mismos. Flora, dado a que estaba volando, fue la primera en ser arrastrada, con gesto de sorpresa, y casi sin tiempo de poder intentar mover las alas tratando de resisitirse. El BioMetallifeKuwagamon esbozó una sonrisa amplia, como si llevase deseando aquello por mucho, y se dejó llevar por el portal. Luna oyó gritar a Leonardo, que saltó en picado tratando de alcanzar a Flora, pero no sabría decirlo, pues, parecía que estuvieran en mitad de una tempestad embravecida. Se notó irremediablemente arrastrada, pero tras un instinto de aferrarse a algo, se contuvo; si agarraba algo con peligro de transmitirle corriente, podría no salir con vida, así que de hecho, se hizo un ovillo para no chocar accidentalmente contra nada y cedió a gritar para aliviar su pánico mientras se agarraba con fuerza las gafas."No toques nada, no toques nada..." se repetía. Una sensación de que le succianaban el aire de los pulmones la rodeo, y emitió un chillido ante la inminente sensación de estar a gran altura, volando rápidamente.

El viento, la electricidad, todo bramaba, creando un murmurllo infernal y con sonidos que se asemejaban al látigo chocar contra el suelo. En ese entonces, un destello, y una sensación de látigo la recorrió. Luna cerró los ojos y dejó caer los brazos, presa de la incosnciencia.

Cuando abrió los ojos, el cielo estaba calmado, sólo salpicado por la copas de los árboles y una montaña lejana. Estaba tendida boca arriba, al parecer, el portal los había llevado a otro lugar. Luna movió un poco las manos, y por suerte, palpó sus gafas, las cuales se colocó antes que nada. Entrecerró los ojos, inspeccionando los árboles, la montaña... le pareció un bosque, fue lo único que su cabeza pudo pensar.  Pudo quedarse sentada mientras apoyaba los codos en las rodillas, mirando a los lados con lentitud y preguntándose qué zona era. No había patrullado por ese bosque ninguna vez. Si no había cedido a la histeria era porque su cerebro caminaba tan lento que aún no se acordaba de lo que acababa de pasar, estaba sumida en un sopor extraño. Intentó levantarse y caminar, pero sus músculos seguían agarrotados. Se tomó unos minutos, que a medida que se sucedían, despertaban en Luna una respiración agitada y nerviosa. "Flora y Leonardo no deben andar lejos. A ellos también se los tragó el portal, junto conmigo" pensó.

-¿Qué haré ahora?
-preguntó, poniendo un gesto triste, más como una niña pequeña perdida que otra cosa.

Se mordió el labio inferior. No quería llorar.

Aún tenía el pelo encrespado y hacia arriba, pero comenzaba a posarse sobre sus hombros, libre del pulso eléctrico que lo mantenía completamente erizado. Se pasó la mano para alisárselo y darse fuerza, pero incluso pinchaba, así que comenzó a peinarlo usando sus dedos como cepillo. Alzó la mirada hacia arriba al oír una voz.

-Humana, no estás en un lugar donde lo que más deba importante es estar despeinada.

-¿Qu...qué...?
-Luna pronunció esto como si el lodo que entorpecía su pensamiento se le hubiera pasado a la boca.

Para Leonardo, era justo lo contrario. Lejos, junto con Floramon, su preocupación por Luna no hacía más que hacerle decir razones para ponerse en marcha en ese mismo momento, ignorando tanto sus heridas coimo el sentido común. Un padre preocupado por su hija, difícilmente hubiera reaccionado en los primeros momentos de manera diferente al despertarse y ver que no estaba junto a él.

-¿¡Y si ese biohíbrido la ha capturado!? ¿¡Y si se mareó, o peor, se dio un golpe y necesita ayuda médica!?-exclamaba Leonardo a voz de grito mientras caminaba-¡Cualquier cosa puede haber ocurrido, y estas heridas pueden esperar, Floramon!

-Leonardo-kun, sé que estás preocupado, pero deberías reposar unos instantes; yo comenzaré la búsqueda si quieres mientras tanto, pues estoy ilesa, pero me siento intranquila por que continúes sin que te atienda esas heridas-Leonardo caminaba a paso ligero, aunque cojeaba porque aún notaba la quemadura de varios cables que había rozado. En su pelaje se notaban zonas algo quemadas, no eran heridas graves, pero el digimon no se había dado ni un sólo momento antes de comenzar a buscar a Luna-Podemos aprovechar esos instantes para orientarnos, que puedas descansar y volver a evolucionar para realizar una búsqueda más exhaustiva y rápida. Yo también siento una gran preocupación pero has de intentar pensar con claridad, y no ceder a la angustia, porque dejándose derrumbar por ella realizamos acciones apresuradas y a menudo poco productivas para lo que queremos alcanzar. Si realmente deseas ayudar a Luna, debes templar tus temores y confiar en su fuerza...

-Estaré bien-repuso, sin dejar de caminar, seguido por Floramon, que trataba hacerle entrar en razón.

-Por favor, Leonardo... no quiero que te suceda nada malo de nuevo...-le rogó con los ojos que hiciera caso, seria. Ya había llegado a un extremo bastante crítico por forzar y maltratar su cuerpo.

Leonardo se sentó en el suelo, sin decir nada, y Floramon esbozó una sonrisa. Tras que sus pétalos se iluminaran tomando la luz de todo su alrededor, el olor del polen curativo (Gaia Healing) flotó en el aire con la misma dulzura que la actitud de la digimon.

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Miér Ene 13, 2016 8:25 am

La búsqueda de Gaomon estaba resultando ser infructífera, ya que llevaba prácticamente dos horas caminando alrededor de la montaña sin poder siquiera dar con Garrod, y ya estaba comenzando a sentirse cansado por tanto correr. Gaomon se detuvo un momento para recuperar el aliento, lo cual le preocupaba, ya que no se solía cansar con facilidad al realizar una actividad física tan sencilla como correr, por lo que decidió estar atento a esto.

Mientras reposaba sobre una de las rocas, una fuerte corriente de aire frío repentinamente envolvió todo el lugar, a la vez que oscuras nubes de tormenta  cubrían el tranquilo cielo matinal. Extrañamente, de las nubes surgió una misteriosa distorsión que giraba en espiral al mismo tiempo que el viento se embravecía a cada momento, de la cual surgieron tres siluetas que cayeron en distintos sectores de la montaña.

Cuando la fuerte corriente cesó, Gaomon se descubrió los ojos para ver que ocurrió tras la tormenta. Lo más curioso de todo, era que no había señales de que se hubiesen levantado algunas rocas ni que otros objetos fuesen arrastrados por el viento. Sólo había oído hablar sobre este tipo de fenómenos ocurriendo en ciertas partes del digimundo, siendo ésta la primera vez que lograba presenciar las tan extrañas anomalías. El peculiar fenómeno sólo le causó una mayor consternación por la seguridad de su amigo humano. Al pensar mucho más este asunto, el mismo digimon no lograba comprender la razón por la cual seguía sintiéndose conflictuado desde su aventura en el pueblo del oeste. Trató de desviar esa preocupación para proseguir su camino por el paso de la montaña.


Última edición por Garrod Ran el Jue Ene 14, 2016 9:02 pm, editado 1 vez
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Miér Ene 13, 2016 10:57 am

Luna alzó levemente la vista, viendo que el que le dirigía esas palabras era un digimon con aspecto de ogro: de color marrón, tatuajes de tono crema le recorrían la piel, y medía unos tres metros. Se trataba de un Gigasmon, que, con una de sus manos apresó a Luna por el diafragama, apretando y cortándole la respiración; claramente, intentaba hacerle daño. Luna no podía ni gritar.

-¡A nuestra ama no le gusta ver humanos en su montaña!-exclamó, preparando el otro mano para descargar un puñetazo a la cabeza de Luna, con consecuencias fatales. La chica emitió un par de lágrimas imaginando qué ocurriría.

Pero, repentinamente, un montón de pequeños digimon saltaban al brazo ejecutor. Le salvaron la vida, pero Luna se percató de que realmente, no lo pretendían, y había sido una milagrosa casualidad. Los pequeños digimon tenían forma de goblins, y como su tamaño era muy similar al de Leonardo y Floramon, Luna supuso que eran digimon rookies. Enseguida el Gigasmon la soltó, dando manotazos a los pequeños digimon como si tratase de quitarse de encima molestas moscas. Luna, al verse libre, se apartó, tratando de recuperarse tanto de la impresión como de la falta de aire, cayendo sentada en el suelo.

En el rescate de la docena de goblins, uno de ellos se cubrió de datos, evolucionando a un ogro también, aunque este de piel verdosa y aspecto encorvado, que aunque medía algo menos que el otro,tenía un amenazador aspecto también, y cargando contra el Gigamon, lo hizo caer al suelo. Luna aferró el D-Arc, temblando, como si fuera su amuleto personal, mientras que éste comenzaba a mostrarle los datos de los contendientes. No se podía levantar de miedo y se arrastraba hacia atrás, por miedo a salir herida por la batalla campal que se había montado.

Orgemon:



Atributo:Virus

Los ataques de este digimon champion que salen de su musculoso cuerpo tienen poderes terriblemente destructivos. La fuerza impulsora detrás de estos ataques son teóricamente venidos de su ira, debido a su carácter violento, que también alimenta sus límites destructivos.

Gigasmon:



Atributo:Variable (Data)

Este digimon tiene un cuerpo duro, ya que su piel imita las propiedades de ciertos minerables.Sus dos manos al ser golpeadas contra el suelo tienen la fuerza para provocar una poderosa onda de choque muy destructiva.

Goblinmon:



Atributo:Virus

Estos digimon, aunque torpes, tienen la suficiente fuerza para lanzar pequeñas bolas de fuego, además de esgrimir su rudimentaria maza.

-¡Vamos, chicos, enseñémosle nuestro poder!-jaleó uno de los Goblinmon, alzando primero la mano y creando de esta una pequeña bola de fuego que lanzó antes de que Gigasmon pudiera levantarse. A la primera bola de fuego le siguieron la de sus compañeros, y Gigasmon rugió una maldición por la molestia de los estallidos, incluso si su piel bloqueaba cualquier daño. El Orgemon aprovechó para despacharlo dándole un fuerte golpe en la cara con la maza de hueso. Gigasmon, después de esto, optó por la retirada, y aunque Luna creyó que dado que eran digimon salvajes lo seguirían para ponerle fin a la lucha y se olvidarían de ella, le dejaron irse.

Ni mucho menos se habían olvidado de ella. Se vio rodeada por la docena de Goblinmon y el Orgemon, que no le quitaban la vista meditativa de encima. Uno de los Goblinmon señaló el D-Arc, y exclamó:

-¡Tiene una de esas cosas! ¿Y si es un humano especial? ¿Y si lo que cayó antes del cielo fue un humano especial?

-¡El amo seguro querría que se lo llevemos!

-¡Incluso si me salvasteis no iré a ninguna parte!-Luna trató de sonar firme, pero le salió una voz completamente tomada por el miedo. Al fin y al cabo, estaba delante de un tropel de digimon que parecían sacados de un catálogo de onis japoneses, y recordaba que al verlos por primera vez, cuando se mudó a Japón, le dieron miedo. En el colegio, sus compañeros de clase no ayudaron y de hecho, le contaron las leyendas que hacían temer antaño a los Onis.

Incluso el Orgemon abrió los ojos, y todos se miraron entre sí, como si hubieran descubierto algo revelador. Luna por un momento creyó que había sonado lo suficientemente fuerte como para que juzgasen que era mejor dejarla en paz:

-¡Oigan! ¿Han oído su voz? ¡Es una chica, además!-todos se acercaron más, y Luna no tenía escape, pues habían formado un corro a su alrededor.

-¡Además, es muy linda!-dijo otro, con una sonrisita de oreja a oreja y embobado, agarrando un mechón de pelo. Luna emitió una exclamación, al sentir que la situación se ponía demasiado rara. El goblinmon comenzó a toquetear las puntas del pelo de Luna, perplejo-¡Su pelo es infinito!

Luna estaba preparada para cachetear a aquel Goblinmon, pero otro más se le acercó, éste interesado en sus gafas:

-¡Miren, miren, lleva un trozo de lago en cada ojo!-Luna no pudo evitar que el digimon le quitase las gafas, sorprendido y tocando los cristales con la punta del dedo, esperando notar el tacto del agua, pero quedándose maravillado al ver que sus dedos no podían traspasar el cristal. Luna le advirtió con un:“¡Eh, tú, son frágiles!”. Estaba bastante segura de que aquellos digimon o habían visto poquísimos humanos, o no habían visto uno siquiera. El goblinmon se colocó las gafas, imitando cómo las tenía Luna-¡Se ve diferente! ¡Sin duda es una chica humana especial!

Orgemon emitió una risotada.

-¡De acuerdo, llevémosla con nosotros, chicos!

-¿¡Es que no habéis oído lo que dije!?-exclamó Luna. Quejarse no sirvió de nada; el grupillo de Goblinmon la agarró como si se tratase de un rockero siendo cargado por un entregado público. Luna empezó a patalear, gritando por auxilio, deseando que alguien la oyese-¡Soltadme! ¡Ya os dije que no iré con vosotros a ninguna parte! ¡Yo no vivo en esta montaña y no tengo nada que ver!

-¿¡Han oído!? ¡Ella vive en el cielo!-Luna emitió un bufido de fastidio al ver cómo malinterpretaba sus palabras y el entusiasmo de los digimon por llevársela consigo crecía, ellos riendo y con una gran algabaría. Luna siguió haciendo todo el ruido que podía en busca de auxilio.


En otro lugar de la montaña, Leonardo y Floramon habían reanudado su búsqueda. Leonardo buscaba también signos de destrucción cercana, por si el Biohíbrido decidía seguir destrozándolo todo. Si era inteligente, trataría de pasar desapercibido hasta recuperarse, pero no había forma de saber exáctamente qué buscaba; el destrozo de la central eléctrica no parecía tener ninguna razón lógica. Sin embargo, en aquel lado de la montaña todo estaba tremendamente tranquilo.

Floramon vio algo a lo lejos, al final de la ladera. Parecía alguien, simplemente, descansando bajo el abrigo de la montaña. Leonardo comenzó a bajar con mayor rapidez, con la esperanza de que fuera Luna, sin embargo, no se trataba de ella.

-¿Puedes divisarla?-preguntó Floramon, trotando también para alcanzar a Leonardo, que había terminado corriendo ladera abajo, impaciente por llegar a un punto donde la vista le diera para comprobarlo. El único problema era que a ese punto, el otro también los divisaría, como dos pequeñas siluetas descendiendo por la ladera, y Leonardo no podía quitarse de la cabeza la posibilidad de que se tratase del enemigo, pero aún así, la probabilidad de que fuera Luna, por ver a alguien solo en mitad de la montaña, aparentemente, descansando, era alta.

-No distingo muy bien todavía. Quédate atrás, no puedes evolucionar y si tenemos que pelear, probablemente te tomen como objetivo. A mi señal con un silbido, baja, eso significará que no hay peligro-le dijo Leonardo a Floramon, sin dejar de correr. La digimon asintió, pero siguió sigilosamente a Leonardo, quedándose oculta entre las peñas de la montaña. Sabía que Leonardo tenía razón en lo que decía, pero al menos, no quería dejarlo solo por si se veía en problemas intervenir, incluso si no podía evolucionar.


Off:Conforma como tú quieras quién va con quién ^^

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Vie Ene 15, 2016 7:24 pm

Garrod

Garrod seguía ensimismado en sus pensamientos, recordando lo poco que había pasado durante el pueblo fantasma y la ciudad del desierto con Gaomon. Desde el momento en que ambos se separaron, Garrod se sentía mucho más triste que cuando su mejor amigo se había ido a estudiar al extranjero, y de algún modo, ese digimon le ayudó a levantarle el ánimo en el trayecto. Aunque estos recuerdos recientes deberían evocarle alegría, no le lograban hacerlo sonreír.

Aburrido, él tan sólo dirigió su mirada hacia el cielo azul admirando las nubes que surcaban por el aire, tarareando una de las canciones tristes originarias de Estados Unidos para amenizar el momento. Por un instante pensó en que si lo vieran algunos de sus conocidos haciendo esto último, lo hubieran tachado de loco o raro. Al menos en su familia no pasaba este tipo de situaciones, y  lograba sentirse más a gusto.

Garrod solamente se movió una vez después de permanecer varias horas sentado, tras sentir el viento frío de la montaña recorriendo su cuerpo produciéndole un escalofrío. Comenzó a frotarse las manos para quitarse la sensación de frío, pues apenas se había percatado del cambio en el ambiente, mas no dejaba de disfrutar la quietud del lugar.

A lo lejos, un par de digimons en etapa infantil se dirigían por mera casualidad hacia donde se encontraba sentado. El grupo se conformaba por un digimon con apariencia de planta, cuyos brazos y cabeza estaban conformadas por flores; y un Gaomon cuya mirada, era bastante seria comparada a la de su digimon acompañante. Sin embargo, no se podía saber a ciencia cierta si tenían buenas intenciones.


Gaomon

Gaomon no había dejado de buscar a su compañero humano, mas no lograba encontrar rastro de él, y le preocupaba que le hubiera pasado algo con el portal del cielo. Aunque se sentía algo cansado por haber permanecido varias horas buscándolo, no quería desistir en su tarea pese a esta sensación, procurando mantener todos sus sentidos abiertos por cualquier cosa.

Durante su caminata por las laderas de la fase montañosa, logró escuchar cerca de donde se encontraba, murmullos de voces e incluso impactos de golpes. Gaomon avanzó hacia dónde provenía el bullicio de la escaramuza, para saber qué diantres estaba ocurriendo en los alrededores, y para su sorpresa, se topó con una chica humana que estaba rodeada por un grupo de tres digimon que ahuyentaban a otro. Por un momento, el pequeño Gaomon pensó que al menos la chica había logrado salir bien librada de todo el asunto, salvo que esto distó de ser lo que él esperaba.

Antes de siquiera poder dejar el lugar tranquilamente, notó que el trío de digimons compuesto por Goburimon, Ogremon y Gigasmon, comenzaron a fastidiarla con su actitud. Si bien no la lastimaban, la humana no se encontraba para nada a gusto por el hecho de no respetar su espacio personal, lo peor, era que el trío de digimons no parecían entenderla y seguían insistiendo en atosigarla. Esto último, le provocó un cierto desprecio al canino azul, quien decidió ver si podía detenerlos.

Gaomon se deslizó por el borde de la ladera en dónde la chica se ubicaba, para después lanzarse sobre la mano del Ogremon y hacerlo que éste soltase los cabellos de la chica. El trío miró con sorpresa al inesperado intruso que había venido a interrumpir su diversión, pues un digimon en una etapa tan baja les estaba plantando cara.

-Oigan, déjenla en paz. Ella no se siente cómoda, y además la están molestando.-exclamó Gaomon, dejando en ver su mirada un aire de disgusto.-Debería darles vergüenza.-

-Esas son palabras mayores para un enano como tú.-respondió Ogremon al digimon novato, mientras golpeaba su maza de hueso contra su otra mano.-Mejor vete de aquí pulgoso.-

Gaomon sólo soltó una risilla cuando escuchó el insulto de su contrario, tratando de disimular los nervios que le estaban invadiendo en aquel instante. Sabía que dos de los revoltosos estaban en una etapa mayor a la suya, y que las probabilidades de vencer a un digimon adulto eran de 1 una a un millón, pero ahora no podía echarse para atrás; y menos aún cuando una persona realmente necesitaba de ayuda.

-Vas a saber como un cachorro te puede plantar una buena mordida.-contestó con firmeza ante sus adversarios.

Sin que ellos se dieran, un cuarto digimon les observaba fríamente y con detenimiento no muy a los lejos de dónde estaban. Parecía haber estado allí todo el tiempo, pero hasta ahora se había limitado a observables. Era cómo si estuviera esperando a que ocurriese algo, pues mantenía su mano derecha en la espalda, permaneciendo en una posición estable.
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Miér Ene 27, 2016 7:34 pm

Leonardo encarnó una ceja al ver que se trataba de un tamer que no era Luna: "¿Qué hará aquí?" se preguntó el digimon, que aunque ya no iba tan alerta, aún mantenía la distancia...al fin de al cabo, el enemigo era un biohíbrido y eso significaba que aunque no lo hubieran visto, debía tener una forma humana. Pero ciertamente que no mostrase una actitud abiertamente hostil ya era buena cosa, inlcuso si ya les había visto. Quizás, si no estuviera tan meditativo, podría vérsele más extrañado. Floramon dejó de lado toda prudencia al ver la ausencia de gestos maliciosos y se acercó con una educada y correcta sonrisa. El digimon cánido emitió un suspiro cuando su compañera pasó a su lado, completamente ajena a la sola posibilidad de que aquello pudiera ser un fingimiento de paz, pero Leonardo sólo pudo caminar unos pasos más atrás de ella como hacía casi siempre, manteniéndose como su guardaespaldas.

-Oh, saludos joven. No esperábamos hallar presencia humana en estos lares-dijo Floramon, que hizo una leve reverencia, a modo de presentación. Leonardo se dijo que Floramon era demasiado confiada a la hora de dar su nombre-Mi nombre es Floramon, y él es Leonardo, mi compañero.

-Este lugar puede ser peligroso. Hay un digimon peligroso suelto y quizás esté aquí-advirtió Leonardo seriamente-Deberías volverte a casa, chico. Alguien joven como tú no debería salir herido.

-Leonardo, no asustes a este joven-le riñó con suavidad Floramon, que añadió-Es muy probable que tenga recursos para defenderse de cualquier amenaza, a través de un digispirit. ¿O quizás su compañero digimon se está encargando de otros quehaceres?-esta vez miró a Garrod, con un gesto tranquilizador y afable, pues la digimon, si bien no podía discernir el porqué, tenía la sensación de que aquel chico estaba apesumbrado, así que posó sus manos flor sobre el antebrazo de Garrod-No os preocupeis, en caso de que no fuere así, somos agentes de los U.S y podríais contar con nuestra protección y ayuda. ¿Cuál es vuestro nombre? ¿Y puedo preguntaros por qué estáis en estos parajes salvajes, en soledad?

A Leonardo le pudo la impaciencia y la preocupación por Luna, así que añadió:

-¿Has visto a una humana de gafas por aquí?

-Estamos sumamente preocupados por su bienestar...-se lamentó Floramon levemente, a modo de disculpa por la brusquedad de Leonardo, que estaba visiblemente nervioso.

-Es la tamer de Floramon. Es muy asustadiza, así que probablemente no sepa qué hacer sola en un lugar inhóspito como este...-Leonardo decidió guardar silencio, la preocupación le había hecho decir esto de manera instintiva. Su mirada seria inexpresiva ahora mismo reflejaba incertidumbre y preocupación.

Si hubiera sabido que Luna estaba en manos de los Goblimon, se habría preocupado más. Luna, aún aupada por el gruillo de goblins -y sin gafas, pues uno de ellos estaba fascinado con ellas y jugaba a ponérselas y quitárselas asombrándose por la diferencia de visión cuando lo hacía, y se las pasaban entre sí, emocionados- dirigió la mirada hacia la voz que les ordenó detenerse de inmediato, la cual aunque pertenecía a una silueta azulada no sonaba como la de Leonardo. Pero, ¿qué otro digimon podría ser azulado y con un tamaño así?

-¿Leo?-la pregunta de Luna era más para sí misma que para el recién llegado, pues la algabaría de los Goblinmon era considerable y no dejaba mucho. Fuera él o no, al menos alguien la había oído, mejor aún, alguien dispuesto a ayudar, así que eso ya era parcialmente un alivio y recompensaba el dolor que tenía en las piernas y brazos de tanto patalear.

-¡Suficiente!-cortó el Ogremon, que no se esperaba ni la risa del Gaomon ni su valentía, así que optó por intimidarlo-¡Vete de aquí si no quieres sufrir mi ira!¡El amo siempre nos ha protegido, de los peligrosos soldados de la demonio gigante dorada y otros peligros de esta montaña, así que haremos lo que sea para que no esté triste!¡Y si te interpones...-balanceó su arma de hueso para enfatizar sus palabras-lo lamentarás!

¿Demonios de oro? Cada vez Luna comprendía menos y estaba segura de que se estaban equivocando de persona, que la confundían con alguien más... o que aquello era un sueño raro después de haber visto alguna película. Recordaba que sus compañeros cuando se mudó a Japón la asustaban con historias de onis -ogros- japoneses. "¡Sí, quizás por eso estoy soñando esto!¡Debí ver una peli o alguna serie con onis, y esto es un sueño muy vívido, tanto que casi noto que me ahogo cuando ese tipo me agarró!"pensó, tratando de dar coherencia a toda la situación, pero por más que lo intentaba, no se despertaba, y ciertamente, le seguía doliendo la zona del torso donde aquel Gigasmon había apretado hasta dejarla sin respiración antes de que los Goblimon y el Ogremon la salvasen. No comprendían muy bien a esos tipos. "¿Se supone que debería estar asustada o no?"

A las palabras de Ogremon, vino el vitoreo de los digimon goblin, que corearon un entusiasta: "¡Eso!" Uno de los Goblinmon señaló a Gaomon, con tono acusador:

-¡Seguro Kinkakumon lo ha enviado y quiere dañar a la humana!¡No permitiremos que eso pase de nuevo!-lo cómico comenzaba a acabarse. El Goblimon dijo esto muy nervioso con una mezcla de pena y rabia en los ojos. Luna supo que algo residía tras esas palabras.

Esta vez el grito coral fue algo más que unos tipos animando a otro a hacerse el fanfarrón. Luna se sorprendió al notar que en cierta manera, eran gritos que salían del corazón de una suerte de ejército poco hábil pero entregado a hacer feliz a su amo. Se sintió enternecida. Pero también confusa; no deseaba que atacasen al digimon que la había ayudado, independientemente de que fuera Leonardo o no, así que tomó aire, y gritó todo lo que pudo, tratando de dar seriedad a su propia voz, y dejando salir un poco de rabia.

-¡Arg, basta!¿¡De qué demonios habláis!?¡Si me vais a hacer parte de esto, quiero saber aunque sea ALGO!¡No he entendido NADA y me importa muy poco entenderlo, pero no peleéis!¡Es una tontería pelear!¡Si es un sueño QUIERO DESPERTARME DE UNA VEZ!

Inusitadamente el chillido de Luna fue autoritario y rabioso, inclusive dejó a la chica jadeando y roja como un tomate. Hizo que por varios segundos, los digimon ogro se mirasen, entre sobresaltados y sorprendidos por aquella inesperada reacción. Por unos segundos, Luna sintió que cualquiera del lugar le iba a hacer caso. El Ogremon la miró, tratando de ponerle una cara tranquilizadora: "El amo Ginkakumon no aprueba pelear, pero Kinkakumon es una demonio peligrosa que hace daño a humanos." dijo, antes de golpear el suelo con la maza, mirando a Gaomon:

-Pelearemos si hace falta. Prepárate, ¡sirviente de la demonio dorada!-alzó la maza, señalando a Gaomon, como un aviso de que iba a comenzar un duelo. Luna se extrañó. De simples ogros habría esperado que se lanzase furiosamente, pero había sido lo suficientemente "caballeroso" para no atacar al Gaomon directamente.

-Algo no es lo que parece, y se me escapa-pensó, muy tensa, temiendo que el Gaomon, saliera herido. Cada vez se convencía más de que no era Leonardo, por el timbre de la voz, más juvenil. Como fuera, no quería que hirieran al digimon cánido. Luna pensó en la información que podía suponer hasta el momento sobre la montaña.


Off:Te explico lo justo y necesario para no spoilearte muchio el tema. Kinkakumon y Ginkakumon son dos digis ogro, entre los que hay una guerra. Por un lado, Kin odia a los humanos y por otro Gin -que sería al que sirven estos Goblinmon y Ogremon- es pacífico, pero ha de defenderse de Kin, que es muy belicosa. Puedes hacer que si tu Leomon vive aquí, sepa de esta guerra y nos explique, e incluso si quieres que Leomon sepa la razón oculta tras la guerra y porqué el odio de Kin a los humanos, puedes inventarlo, ya que aunque yo tengo una idea, es más guay hacer esto conjunto.
Está quedando genial ;)
Pd:El maloso del principio sigue por ahí, conste, así que si se te ocurre algo con él úsalo :P

______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
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los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
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¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Vie Ene 29, 2016 9:45 pm

Gaomon


Gaomon ya estaba listo para lo que llegase a pasar con estos digimon del tipo duende, y golem respectivamente. Pero lo más extraño que pudo notar, fue la manera en que el Ogremon se expresaba ante los otros Goblimon que le acompañaban, pues en muchas de las oportunidades mencionaron a una demonio gigante y al parecer creían, que él pertenecía al séquito malvado de dicho ser. Para ser un digimon del tipo virus, el digimon actuaba de modo muy formal, y cuando acusaron al joven digimon cánido, este último se sintió ofendido por los falsos que le levantaban.

-Oye, no sé de que rayos me hablas. Pero yo no soy un digimon ruin que busque hacerle daño a los otros, y más si no pueden defenderse siquiera.-respondió Gaomon un tanto irritado.-Me sorprende que un altanero cómo tú se crea defensor de la justicia, cuando estás molestando a esta niña.

-Tienes la lengua muy suelta pequeño, y eso lo vas a lamentar pronto.-contestó el digimon apuntándole con su maza para recalcar sus palabras-Sirviente de la demonio dorada, pronto caerás ante el poder de mi maza para pagar por tus crímenes.-

El cánido azul movió la vista hacia arriba un momento, a modo de dar a entender su descontento, porque el Ogremon no pareciera ser de los que se pudiera hacer entrar en razón mediante las palabras. Era claro que se mantenía empecinado en defender su postura de guerrero movido por una causa justa. Por no mencionar que la chica ya había dejado en claro que se encontraba bastante confundida, y se desesperaba por todo lo que todos los duendes vitoreaban.

-Para tener pinta de matón, eres alguien que conoce del honor. -Gaomon mantuvo sus brazos en posición de defensa, a la vez que su mirada se mantenía fija en su adversario.

-No me gusta pelear con los demás, pero al parecer es el único modo en que puedo hacerte entender si realmente digo la verdad.-

-Pues entonces que tu fuerza sea la que mida tu voluntad.-exclamó el digimon virus lanzándose al mismo tiempo que Gaomon para iniciar el combate.

Cuando comenzó el intercambio de golpes, los Goblinmon se movieron a la vez que apartaban a la humana para dejarles espacio para el combate. Sin embargo, no paraban de vitorear a su líder mientras veían como se llevaba a cabo la riña entre ambos combatientes.

-Enséñele a ese perro enviado por el demonio quien manda, señor. ¡Usted puede!-musitaba la pandilla de duendes pendencieros.

Gaomon había permanecido a la defensiva desde el principio del combate evitando los golpes que Ogremon lanzaba con su maza de hueso. El problema llegaba cuando la distancia entre ambos comenzaba a cortarse, y para ello, Gaomon empleaba su Doble Revés para abrir distancia entre los dos, y así poder encontrar un espacio provechoso para poder lanzar sus ataques. De momento, el ser de baja estatura le brindaba algo de ventaja sobre su oponente, mas su trabajo de pies no era tan eficiente como en su combate en el pueblo del desierto.

-Alguien tiene los pies muy ligeros. Pero no podrás esquivar mis ataques por siempre.-dijo el enorme ogro, mientras continuaba respondiendo a con una fuerte ofensiva que constaba en alternar puñetazos y garrotazos. Gaomon no tuvo opción más que mantenerse cubierto cuando lo iban a tomar desprevenido.

La pelea llevaba muy poco de haber iniciado y comenzaba a intensificarse durante varios minutos. Gaomon esquivó uno de los golpes del mazo deslizándose cómo pudo, de ese modo pudo responder a la ofensiva con su Rolling Upper directo al rostro de Ogremon, para posteriormente rematarlo con el Gao Rush. Desafortunadamente para Gaomon, al estar tan concentrado en atacar olvidó que Ogremon tenía la otra mano libre, y este asestó su contraataque con su Golpe del Mal, lanzando por los aires al pequeño rival.

El impacto de la energía oscura le hizo caer de espaldas muy cerca de dónde se encontraban los espectadores del combate. Se encontraba ligeramente aturdido por el impacto, pero ahora se encontraba en una precaria situación.


-¡Demonios! Me descuidé demasiado al atacarlo. Pero mi modo de esquivar es mucho más lento que cuando estuvimos en el desierto por alguna razón.-murmuró mientras trataba de reincorporarse, aunque el intentarlo le producía dolor debido los daños recibidos en el duelo. Su cuerpo por alguna extraña razón estaba reaccionando de modo extraño, produciendo que las piernas le fallaran y cayese de rodillas.-No entiendo porque me cuesta tanto avanzar.-

El Ogremon avanzó hacía dónde se encontraba su ya herido rival, mientras se tocaba su rostro, principalmente la mandíbula y una de sus mejillas, la cual presentaba la marca de un ligero golpe. Esto último le dejó algo sorprendido.

-Eso es porque tu velocidad se ha reducido por mi Golpe del Mal. Y eso que utilicé muy poca energía en el golpe, enano.-comentó mientras levantaba su maza una vez que se acercó lo suficiente.-Admito que fuiste muy valiente, enano. Pero esto se acaba aquí.-comentó la vez que se preparaba para lanzar el golpe decisivo. Pero antes de lograr darlo, se quedó observando al pequeño adversario, pues ahora permanecía completamente inmóvil en esa posición.

Algunos Goblinmon se miraron unos a otros al ver que Gaomon no parecía reaccionar ante la amenaza de recibir un golpe devastador, lo cual les pareció bastante extraño. Uno de ellos se mostró bastante consternado, y volteó hacía donde estaba su jefe con una voz al temblorosa:

-Jefe, creó que exageró al pelear con alguien tan pequeño. ¡No me diga que lo mató!-masculló señalando a su superior.

El sólo hecho de pronunciar esas palabras, puso nerviosos a todos los digimons presentes, quienes no tardaron en dejar soltar uno que otro grito de miedo.

-¡N-n-no..... no sean tontos enanos de pacotilla!-gritó el Ogremon un tanto desesperado por la acusación.-¡Eso me convertiría en uno de los sirvientes de la demonio dorada, y no me lo perodnaría!-

Los Goblinmon estaban retrociendo unos pasos atrás, pues la sola idea de servir a un malvado les aterraba mucho. Ogremon estaba pasmado ante la idea de haberse pasado sin querer al bando que tanto odiaba.

-¡Guarden la compostura, y vayan soltando a la humana!-ordenó una voz que resonó por esa zona en la que se encontraban todos ellos, haciendo que por los menos dejaran de hacer escándalo. Repentinamente vieron una silueta que bajaba de un salto en medio de los dos adversarios, y la porra que les acompañaba. Los Goblinmmon se sorprendieron un poco al ver de quién se trataba.

-Es el digimon que le dio una paliza a varios miembros de nuestra pandilla cuando intentamos robarle la comida pensando que se encontraba dormido.-aullaron unos cuántos Goblimon al verlo.

El digimon que se había presentado ante ellos, era un león de apariencia humanoide con un cuerpo robusto y musculoso, su torso desnudo demostraba varias cicatrices alrededor de sus antebrazos y hombros, vestía un pantalón color negro, y en su cintura, portaba una espada enfundada de empuñadura color rojo.

El recién llegado se dirigió hacia los Goblinmon que tenían rodeada a la chica. A uno de ellos le quitó las gafas, a la vez que los otros se apartaban al notar que este venía con disposición a pelear si llevaban a hacer una tontería.
Habiéndose retirado ambos estorbos, el digimon le entregó sus gafas a la chica, procurando hacerlo con delicadeza.

Pasó a ver el estado de Gaomon, pues desde el momento en que todos armaron semejante bullicio, eso le había dejado un tanto consternado. Recostó al digimon herido, y con dos de sus dedos tocó el cuello del cánido en busca de señales de vida. Para su sorpresa, logró percibir sus palpitaciones, lo cual lo dejó más tranquilo, mas la seriedad de su rostro aún no desaparecía.


-Tranquilos digimon escandolosos. Este Gaomon aún sigue vivo, pero eso no quita que a su jefe se le pasó la mano.-explicó mientras cargaba entre sus brazos al herido.Les sugiero que nos pongamos en marcha, por aquí hay una presencia fuerte en los alrededores, y con su bullicio pudieron atraer una mayor atención de la debida. Dónde me entere que atacan a algún inocente que pase por los alrededores por sus delirios de grandeza, me veré forzado a darles un castigo ejemplar.-

Algunos Goblinmon temblaron ante la advertencia del Leomon, con excepción del Ogremon que actuaba cómo su jefe.

-Tú no tienes derecho a entrometerte forastero. No tengo porque seguir las órdenes de alguien cómo tú.-comentó el Ogremon tratando de hacerse el fuerte.

-No me concierne, es cierto. Pero eso no les da derecho de molestar a otros, ni armar pleito con el primer digimon que creen sirve al rival de su señor. Que por cierto, el mismo estaría decepcionado de ustedes si llega a sus oídos esto que acaba de ocurrir.-

Ogremon puso cara de indignación al oír esto último, pues había logrado ganarle con los hechos. Pues los castigos de su señor era bastantes severos.

-Ahora, ya que todo ha sido dejado en claro. Me llevaré a la señorita, y al pequeño digimon a un lugar seguro.-

Dicho esto, Leomon indicó a la chica con gesto cortés que le siguiera, para ponerles a salvo de otro percance que pudiese lastimarlos.

Garrod


Al ser sorprendido por los dos digimon recién llegados, Garrod se sobresaltó un poco pues desconocía si ambos eran hostiles o no. Ese pensamiento, se esfumó al momento en que la digimon planta se ofreció a ayudarlo muy cortésmente. Cuando observó al Gaomon que le acompañaba, una leve sonrisa le invadió el rostro pensando que muy probablemente su digimon pudiera haber vuelto con él, mas la manera en que este se refirió al chico le hizo darse cuenta que  era un Gaomon totalmente diferente. La tristeza le volvió a invadir un poco nuevamente.

Como golpe de suerte, ambos digimon habían logrado deducir el hecho de que él era tamer. Mucho de lo mencionado por la dupla de digimons le era bastante ajeno, pues no tenía idea del todo quienes eran los dichosos Union Savers que la digimon había mencionado con anterioridad. La verdad era que se sentía un poco mejor de estar en compañía de otras personas por el momento, aunque su rostro no lo denotara.


-Muchas gracias por preocuparse. La verdad me sorprendió encontrar a otros digimon por los alrededores de la montaña, llegué a pensar que iba a estar deshabitada.-comentó mientras daba un leve saludo a modo de respeto, pues no deseaba parecer alguien descortés.-Mi nombre es Garrod Ran, mucho gusto.-el chico dirigió su mirada hacia el Gaomon llamado Leonardo-Aunque quisiera volver a casa, no tengo idea de cómo hacerlo, siendo que llevó muy poco en el mundo digital. La verdad, no tengo a dónde dirigirme ni conocidos en estos mismos alrededores.-

Garrod deseaba irse pues no tenía muchas ganas de seguir hablando con ellos, puesto que sentía la tristeza invadiéndolo nuevamente ante la idea de haberse quedado solo. Lo único que le hizo recobrarse de lo apesadumbrado, fue la mención de la tamer de Floramon, y de un digimon peligroso recorriendo los alrededores de la misma montaña.

-Si lo que me dices es cierto, entonces será mejor avanzar a un sitio más seguro. No he visto a la chica antes mencionada por esta parte, pero si quieren les ayudo a buscarla para así su tarea les sea mucho más fácil de realizar. Sirve que no estoy a merced de otros maliciosos, sino les importa claro.-sugirió amablemente el chico. Quien mientras hablaba con ambos, creyó escuchar la débil voz de su Gaomon, siendo que no se encontraba delante de él.
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Jue Mar 10, 2016 1:24 pm

Luna no podía creer que el digimon estuviera dispuesto a luchar. ¡Leonardo era un rookie! Se tratase o no de él, al menos, sí eran de la misma especie, y por tanto, de mismo nivel. “¡Y un Gaomon es un digimon rookie! ¡Ese Ogremon lo destrozará!” se temió, moviendo nerviosamente los dedos. Fuera o no Leonardo, no quería que el digimon resultase herido, pero lo cierto era que las palabras no convencerían al Ogremon. Por cómo ambas siluetas se tanteaban, Luna sabía que el combate estaba a punto de comenzar, pues estaban poniéndose en guardia para atacarse de un momento a otro. Los Goblinmon se apresuraron a apartarla, como si fuera de cristal y no deseasen que se rompiera, y la parte más curiosa de Luna no pudo evitar preguntarse por ese tal Ginkakumon y la tal demonio dorada, pero su atención volvió a la pelea cuando observó cómo la silueta azulada se movía con agilidad, y a juzgar por los numerosos intentos de golpes de la silueta verde que evidentemente pertenecía a Ogremon, Gaomon podía esquivarlos. Luna no quería imaginarse qué podría ocurrir de no ser así. Sin embargo, Ogremon se acercaba más y más peligrosamente. Luna trató de alzar la voz para animar al Gaomon, pero su voz era débil en comparación a la de los Goblinmon. La pelea pareció encontrar su fin cuando Gaomon cayó derribado. Los propios Goblinmon estaban consternados con lo ocurrido, Luna no sabía si porque realmente les causaba horror la idea de matar a nadie o por la ira del tal Ginkakumon, sin embargo, la exclamación de Ogremon dejó claro que no podía perdonarse convertirse en su enemigo.

-¡Si no hubiérais sido tan tozudos...!-al ver la confusión de los Goblinmon, Luna reaccionó con lo primero que a alguien que vive en una gran ciudad como Tokyo se le ocurre ante un accidente-¡Pero no os quedéis parados, llamad a una ambulancia!

-¿Am...ambu...?-trató de repetir uno, sin caber en su asombro por el vocablo.

Que Luna pronunciase ambulancia sólo aumentó el desconcierto. Claro, ellos no tenían ni idea de lo que era, así que debía sonarles a algo de otro mundo. Luna debió haberlo supuesto, así que se apresuró a aclarar:

-¡Un médico! ¡Que llaméis a un médico!-intentó aclarar Luna, algo desesperada porque aunque la escuchasen, la comunicación estaba siendo infructuosa.

La aparición de una silueta desconocida frenó la bola de nieve de histeria que había comenzado a rodar cuando el Gaomon se desplomó. Parecían conocer al digimon recién llegado, pues con verlo, el pánico se calmó un poco; si bien era por el miedo que les insuflaba ya que según un comentario de los Goblimon, habían tenido rencillas anteriores con él. Luna usó su D-Arc para saber la especie del recién llegado.

Leomon:



Atributo:Vacuna.

Este digimon champion con forma de león es un maestro de los estilos secretos de las artes marciales. Tiene algunos rasgos humanos como su gran inteligencia, su vestimenta y algunos accesorios que posee en todo su cuerpo.

Desde luego, el digimon tenía una apariencia que imponía cierto respeto. De hecho, hizo lo que Luna no pudo; rescatar sus gafas del "secuestro" de aquellos Goblinmon. Luna se sorprendió de que las garras de un digimon así, tan grande, pudieran darle con tanta delicadeza las gafas. De hecho las trató con más delicadeza que los propios Goblinmon. ¿Quizás estaba acostumbrado a los humanos, o simplemente, tenía un carácter más sosegado? Luna las agarró con avidez y se las colocó; entró en un mundo nuevo donde podía distinguir algo más que borrones de colores. Luna, miró hacia el Gaomon, y como pensó, no se trataba de Leonardo -Leonardo llevaba el flequillo peinado hacia atrás- sino de alguien más. Luna sólo pudo atinar a decirle al digimon león:

-¡E...ese Gaomon está herido! ¡Haz algo, por favor!-era un capitán obvio, pero estaba demasiado nerviosa como para decir algo más coherente.

El Leomon se reclinó sobre el digimon, recostándolo, y buscando signos vitales. Por la expresión del rostro de Leomon, tenía pulsaciones, lo cual ya era buena cosa. El alivio fue general, pero Leomon se apresuró a tomar a Gaomon, alertado porque decía haber captado una presencia.

-¿¡Una presencia!? ¿Puede ser...?-Luna se acordó repentinamente, y no pudo evitar que esta pregunta se formase en su mente. El biohíbrido. ¿O quizás era la propia demonio dorada? No lo sabía. Pero fuera cual fuera, no quería estar en su camino si incluso un digimon como aquel Leomon parecía andar con precaución ante ellos. Los Goblinmon la dejaron en el suelo, ante la reprimenda de Leomon, y aunque no lo consiguieron demasiado bien, intentaron hacerlo con cuidado.

Luna no podía dejar de darle vueltas a la presencia, así que se mordió los labios y decidió seguir a Leomon, que les advertía a los ogros lo decepcionado que estaría su amo de saber todo aquello. Los pequeños goblin pusieron rostro de vergüenza y decepción consigo mismos; parecía que, ciertamente, seguían a su amo por algo más que por miedo y que no deseaban fallar en sus ideales.

Pero aún así, Luna caminó con rapidez, al principio tratando de alejarse lo más rápido posible de aquellos pendencieros locos, inclusive algo enfadada, cosa que le duró poco. Notó que uno de los Goblinmon se le había agarrado a la tela del pantalón, lanzándole una miradita de súplica, pero soltó la pernera del pantalón al ver que Luna emprendía el paso. Claramente, aquella mirada decía que necesitaban ayuda, y tras que el Goblinmon dirigiera una mirada al digivice, Luna comprendió que ellos consideraban que ella había respondido a sus plegarias, que era un “humano especial” que estaba allí para ayudar.
Luna negó con la cabeza. “¡Puede que lo crean, pero eso es porque soy al único humano que han visto! ¡Yo... ni siquiera puedo ayudarme a mí misma sin que nadie salga herido! ¡Ése Gaomon es la prueba! ¡Sólo genero problemas, es imposible que involucrarme les haga algún bien!” pensó, apretando los puños y el paso. Su cuello la traicionó y giró levemente el cuello para mirar al grupillo, que se despedían con un gesto tímido, apenados repentinamente por haberle causado problemas. Luna arqueó levemente las cejas en un gesto de conmiseración, pero su mente insistiéndole que ella no era nada especial y que por tanto, no había manera de ser "ese humano especial" consiguió evitar que se diera la vuelta.

Leomon no tardó mucho en encontrar abrigo en una pequeña cueva por la ladera de la montaña, una cueva poco profunda pero servía para dejar descansar al Gaomon, a la par que no estarían del todo expuestos a los peligros. ¿Acaso la demonio dorada era tan temible? ¿O aquella presencia era el biohíbrido, MetallifeKuwagamon? De una u otra manera, Luna tenía una mezcla de sentimientos; miedo y desconcierto ante el peligro y ante la ausencia de Floramon y Leonardo, pena por aquellos digimon, furia hacia el destino por meterla en aquel lío... con dicha amalgama de sentimientos, Luna fue incapaz de concentrarse en deshacer el nudo en su garganta, y caminó por todo el trecho con cierta preocupación. El mundo digital era muy grande, muy extenso, y había regiones donde si uno se perdía, podían no encontrarlo jamás. Era algo que se le antojaba tan romántico en el sentido literario de la palabra, como peligroso. ¿Y si Leonardo y Flora no habían caído en la zona, y estaban en la otra punta del mundo digital? ¿Y si nadie la encontraba? O peor, ¿y si la encontraba esa digimon que odiaba a los humanos, o ese biohíbrido? Aún recordaba el miedo cuando aquel digimon estaba a punto de matarla, el Gigasmon.

“¿Qué tal si hacemos algo?” fue la frase que le vino a la cabeza, de Travis. Él siempre decía que había que hacer cosas, nunca quedarse parado y estancado, y ella estaba en mitad de la cueva, de pie, alimentando su miedo. Sacudió un poco la cabeza, y miró hacia el Leomon, que atendía al Gaomon, el cual aún parecía inconsciente. Se acercó al Gaomon, y quitándose el abrigo que llevaba puesto, le tapó, ya que como el abrigo era medianamente largo, para un digimon del tamaño de un rookie podía usarse como manta. La misión había sido repentina, así que ni siquiera había tenido tiempo de ponerse el uniforme, por lo que bajo el abrigo llevaba vaqueros, botas y una camiseta, algo cómodo.

-Se pondrá bien, ¿no?-preguntó Luna, finalmente, mirando a Leomon. Luego, bajó la mirada. No podía callarse lo del biohíbrido. Quizás se enfurecerían si lo supieran, y el Leomon la dejaría sola allí. Estar sola en aquella situación sería una condena. Se preguntó si esos Goblinmon le habrían mirado con la misma admiración de saber el peligro que había traído a la montaña. Quizás el Biometallifekuwagamon estaba allí por su culpa. “¿Quizás? No, no. Está aquí por mi culpa, si es que está aquí. Teníamos que atraparle. Yo lo traje aquí. Toda la culpa es mía.” Definitivamente, no podía guardarse para sí misma el hecho de que era posible que alguien tan peligroso o más que la propia demonio dorada estaba ahí suelto por SU culpa. Claro que tenía miedo a que la odiasen por eso, pero ¿y si atacaba a los digimon de la montaña? Recordó la mirada de los Goblinmon. Si ya había problemas en la montaña, Metallifekuwagamon sería otro problema aún mayor. Tenía que ser responsable, incluso si no le gustaba. Luna se llevó las manos a las sienes, visiblemente nerviosa. Quizás por esta presión, comenzó a hablar más rápidamente, para airear su cabeza, como si el hecho de compartirlo fuera a librarle de algo de culpa.

-Creo saber quién es esa presencia que dijiste. Un biohíbrido, creado por una corporación humana. Son humanos que se transforman en digimons. Se suponía que teníamos que detenerlo, pero se me fue de las manos. Yo… yo lo he traído hasta aquí, accidentalmente o no-Luna emitió una risa, nerviosa y con tensión, bastante propia de ella que a veces se reía en los momentos más inadecuados-Supongo que esos pobres Goblinmon tienen algo más de qué preocuparse, además de esa demonio dorada.

Paró en seco su risa, mirando al Gaomon. Apretó los puños y cerró con fuerza los ojos.

-Lo siento. No quería que nada de esto ocurriera. Ese Gaomon estaría bien, si yo no hubiera venido-musitó, de manera poco inteligible si no se le prestaba atención. Luego, añadió más firmemente, aunque con duda por no saber cómo realizarlo- Tengo que... tengo que defender a todos de eso que traje aquí.


* * *
-Te daremos ayuda para retornar si lo necesitas. Agradezco tu voluntad para ayu...-las palabras de Floramon quedaron interrumpidas por Leonardo, que se llevó el índice al morro, pidiendo un urgente silencio. Había oído algo en la ladera, y al girar la cabeza, pudo ver que un grupo de digimon se arrastraban ladera abajo, junto con una figura más alta que parecía liderarlos. Ni siquiera Floramon tuvo tiempo de girar la cabeza antes de que la figura más alta les saliese al encuentro. Con velocidad pasmosa, había sobrepasado los árboles con un salto para aterrizar justo delante de ellos.

-¡Atrás!-Leonardo se colocó delante de Floramon y Garrod, dándole un leve empujón a la digimon planta antes de posarse a cuatro patas, mientras rugía y evolucionaba al gran lobo negro, BlackGaogamon. Apenas cambió de fisonomía, se apoyó sobre sus patas traseras.

La digimon que les había saltado al encuentro era alta y fornida, de pelo verdoso y una armadura tosca de color dorado, que tenía una expresión de disfrute al notar la sangre galopando a las sienes ante la expectación de la batalla. Aquella era Kinkakumon, la ogro apodada demonio dorado. Ella y su hermano Ginkakumon se habían auto adjudicado un trozo de aquella montaña y convertido en sus soberanos, de maneras muy distintas. Si el gigante de plata tan sólo quería tranquilidad y castigaba duramente a los que la perturbaban en su territorio, la ogro de oro había sometido a todo aquel que se había negado a la idea de su proclamación como dueña, señora y objeto de devoción.  La Kinkakumon venía dispuesta a batallar, y Leonardo había reaccionado rápido para corresponder a esa intención bélica, pues al alzarse sobre sus patas traseras, de manera parecida a como lo hacen los osos, utilizaba su tamaño para intimidar a su enemigo. Dejó caer todo su peso -y al ser un BlackGaogamon, era más robusto a la par que más lento si se lo comparaba con la especie Gaomon- sobre los hombros de la ogro, cuyo cuerpo parecía hecho de hormigón, mientras que paraba la trayectoria de la maza -técnicamente, kanabo aunque la digimon apodaba a su arma "vara de las siete estrellas doradas"- con las fauces, antes de emitir un rugido potente que la echó varios metros atrás, si bien no sirvió de mucho, pues la musculatura y reflejo de la ogro eran formidables: utilizó su kanabo como punto de apoyo para reponerse, y sus trabajadas piernas le impulsaron en un soberbio salto hacia delante, dando al lobo una fuerte patada en el morro.

-¡Argh!

-¡Y aún-musitó ella sonriendo-estoy calentando!

Leonardo era consciente de que probablemente no podría con ella; ambos eran buenos combatientes, y en circunstancias normales habría sido un reñido combate, pero estando herido de la escaramuza anterior -los poderes curativos de Flora en su estadio rookie podían curar heridas superficiales, pero no podía reponer completamente heridas más graves- probablemente tendría que acudir a la opción de llevarse al demonio lo más lejos posible, para luego aprovechar en su estado rookie el sigilo y escapar de ella, a la par de reunirse con Flora y Luna. Siempre y cuando pudiera dejarla atrás. Si no, pelearía hasta el final y no se echaría atrás. La digimon ogro apoyó su arma en el hombro, balanceándola distraídamente mientras sonreía y decía:

-Parece que es cierto, tengo una plaga de humanos molestos en mis dominios. Pero lo arreglaré. Necesito nuevos esclavos en mis minas de oro, así que os quedaréis el resto de la eternidad picando piedra. ¡Por supuesto-adelantó el kanabo pasando la mano izquierda por la punta con suavidad, como si su arma fuera un gato que acariciar y mimar-os haré papilla antes!

Kinkakumon emitió una risita y Leonardo pudo intuir cómo el balanceo distraído se convertía en pequeños golpecitos para darle efecto al balanceo del arma, así que supo exactamente cuándo iba a atacar, por lo que levantó su garra con fuerza para rechazar el arma.

-¡Huid de aquí!-aunque Leonardo tenía que mantener la vista en Kikakumon para apartar a zarpazos los golpes del kanabo, claramente se refería a Garrod y Floramon. Floramon tió de Garrod para que siguiera la instrucción, si bien parecía un intento de empujarse a sí misma, pues no dejaba de girar el rostro hacia Leonardo, resistiéndose ante la idea de dejarle allí solo mientras musitaba una protesta:"¡Pero...!". Leonardo volvió a insistir-¡HAZME CASO!-esta vez el tono no permitía réplica-¡Llévate al chico de aquí, yo me ocuparé!

Floramon asintió con nerviosismo y se dispuso a confiar en que Leonardo saldría bien parado, pero cuando quiso ponerse en marcha el séquito que seguía a Kinkakumon, ya había llegado hasta ellos y les había cerrado el paso. Eran unos cinco Grumblemon, digimons con aspecto entre ogros y duendes, que tenían la piel marrón y además de llevar armaduras tenían tatuajes rojizos en sus brazos. Floramon al verlos alzó las manos flor, para rociarles con polen y atontarlos; eso neutralizaría su espíritu combativo y podrían escapar, pero antes de que pudiera hacerlo, uno de los Grumblemon -para alguien débil físicamente como Flora, con uno bastaba para sujetarla- la agarró de los brazos con fuerza y brusquedad, arrancándole un gemido de dolor.

-¿Dónde vais?-se mofó, riendo. Leonardo pudo ver de un vistazo rápido cómo los brazos de su dulce Floramon eran apresador por aquellas manos callosas sin cuidado, así que hizo un gruñido hostil antes de intentar voltearse y abalanzarse sobre ellos. Pero Kinkakumon era muy fuerte, realmente fuerte, así que aprovechó el momento de distracción para rodear el cuello de su adversario con una llave exclamando: "¡No he terminado contigo!"

Los Grumblemon se limitaron a reírse de los intentos de Floramon que aunque se revolvía con todas sus fuerzas, para el que la sujetaba era como oponerse a un pequeño bebé. En cuanto a Garrod, aunque estaban dispuestos a cortarle el paso, lo ignoraban; y es que Kinkakumon les había enseñado que los humanos eran simples alimañas molestas y débiles incapaces de hacer nada.

______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
Fuiste importante, mi flor,
los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
reina sin castillo, niña
¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
oblitera este cáncer.
* * *
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Dom Abr 10, 2016 11:23 am

Gaomon

Leomon había logrado encontrar una cueva no muy grande para poder permanecer refugiados ante cualquier posible ataque de digimons agresivos, y para evitar los pleitos entre los clanes de ogros de la montaña, pues ya causaban demasiados dolores de cabeza para los transeúntes del lugar.
Lo ocurrido con Gaomon, era señal de que las cosas comenzaban a llegar demasiado lejos, y que muy probablemente este conflicto podría acarrear terribles consecuencias en los alrededores.

Al ingresar en la cueva, recostó a Gaomon en el suelo de la cueva, procurando no lastimarlo en el proceso. El semblante de Leomon permanecía serio al notar las múltiples magulladuras causadas por la maza de Ogremon, pues consideraba injusto haber empleado un arma contra alguien completamente desarmado. No podría saber si el digimon herido tenía algo roto, hasta que este recuperará el conocimiento. Por lo pronto, se enfocaría en atender sus heridas para ayudarlo en recuperación.

Cuando terminó de examinarlo, la chica cubrió con su abrigo el cuerpo del cánido a modo de manta. Leomon notaba la tensión invadiendo el cuerpo de la chica, cada vez que hablaba sobre la pelea de Ogremon y Gaomon, pues se echaba la culpa de haber metido a un desconocido en un pleito totalmente ajeno a él, mencionando algo acerca de la poderosa presencia circundando los alrededores de la montaña en estos momentos.


-Primero que nada, trata de tranquilizarte.-exclamó el hombre bestia dirigiendo su mirada hacia la humana, la cual permanecía impávida ante el lamento de la chica. Pero en su voz se podía detectar un tono de severidad.-Si te culpas a ti misma, no lograrás ayudar a nadie con esa actitud. Dudo que este pequeño te lo reproche, pues se tomó la molestia de ayudarte desinteresadamente.-

Hizo pausa por instante, ayudando a su acompañante a cubrir cuidadosamente al digimon inconsciente.

-En estos momentos lo que tu salvador necesita, es escuchar algo positivo para ayudarle a reconfortarse y así recobrar las fuerzas más pronto.-comentó el león, tomando las manos de la chica con cuidado, denotando en sus ojos una mirada de compasión.-En estos momentos iré en búsqueda de algunos complementos para poder ayudarlo a sanar sus heridas. Ahora debes velar por su salud en mi ausencia, con eso podrás ayudar en tu misión.-

Leomon soltó delicadamente las manos de la muchacha, y procedió a abandonar la cueva para conseguir lo necesario para curar a Gaomon. Al salir de la cueva, procuró observar sus alrededores en busca de presencias enemigas. Al no detectar a ningún posible atacante, este abandonó la cueva para comenzar su misión.

Mientras Leomon permanecía ausente, Gaomon respiraba lentamente en su inconsciencia. Aunque permanecía ajeno a aquello que ocurría a su alrededor, pudo percibir una sensación de calidez cubriendo su cuerpo. Dicho estímulo le había hecho evocar recuerdos relacionados a los días en los cuales Garrod y él (en su etapa de Wanyamon) habían permanecido vagando sin rumbo por el desierto, específicamente la primera noche en que se aventuraron a salir del pueblo fantasma.

Esa vez, recordó como el frío había comenzado a calarle un poco y no lograba dormir cómodamente en el abrigo de las rocas que habían elegido como refugio. Mientras tiritaba por el frío, notó cómo su cuerpo repentinamente recuperaba algo del calor perdido. Al abrir sus ojos, observó una extraña prenda verde cubriendo su pequeño cuerpo mientras algo lo levantaba del suelo arenoso. En un principio se sintió muy inquieto al momento en que se elevaba aún más del suelo. No obstante, optó por levantar la mirada para observar quién lo alejaba de la seguridad del suelo; y para sorpresa, se encontraba entre los brazos de Garrod siendo escudado del frío, para posteriormente ser invadido por el sopor producido por el cansancio. Al llegar aquel recuerdo a su mente, le hizo murmurar entre sueños el nombre de su compañero de viaje, aunque su voz sonaba quebrada, como si un sentimiento nostalgia le invadiera de sólo mencionarlo. Momentos después, volvió a permanecer en silencio.

Unas horas más tarde, Leomon regresó al fondo de la cueva cargando entre sus brazos unos cuantos trozos de madera que habían sido cortadas previamente, junto con algunas hojas y hierbas de diversos tipos. Colocó algunos troncos un poco apartado de donde se encontraban sus acompañantes, y usando una leve descarga de energía proveniente de su mano, encendió una pequeña fogata.

Los siguientes minutos permanecieron en silencio, pues Leomon dedicó ese lapso de tiempo a machacar algunas de las hierbas con el pomo de su espada, hasta que estas fueron tomando la consistencia de una pasta. Tras varios intentos, la mezcla había adquirido la textura y consistencia adecuada para ser untada sobre la piel. Misma que procedió a aplicar en las zonas lesionadas: siendo los brazos, el pecho y la cabeza los principalmente afectados. Para asegurar que la mezcla tuviera el efecto deseado, cubrió las secciones untadas con algunas hojas grandes a modo de gasas.

Algunas horas más tarde, Gaomon finalmente logró volver en si. Al abrir los ojos, se notaba totalmente confundido al percatarse que no se encontraba en el exterior. Mientras giraba la cabeza para observar sus alrededores, descubrió a su izquierda a Leomon calentando agua en la fogata. Poco a poco sus sentidos volvían, y con ello el dolor de las heridas comenzó a producirle molestias.


-Me alegra ver que finalmente has despertado, pequeño.-comentó este mientras sacaba el tazón improvisado del fuego, viendo como chistaba el paciente ante el dolor de sus propias heridas.-Me sorprende el hecho de que lograras resistir tanto contra ese Ogremon tú solo. Aunque fue imprudente haber tratado de enfrentarlo con el nivel actual que tienes.-

-Al final hice el ridículo, ¿verdad?-preguntó el malherido algo decepcionado-Creo que al final no puedo hacer nada bien, por mí cuenta.-

-Mejor voltea a tu derecha, y lo verás por ti mismo.-exclamó el digimon león apuntando en dicha dirección con uno de sus dedos. Gaomon así lo hizo, y para su sorpresa, ella estaba completamente ilesa. Lo cual le hizo sonreír levemente al ver que al menos todo había salido bien para ella.

-Que bueno es saber que se encuentra a salvo.-dijo en un tono poco animado-¿Tú fuiste quién nos ayudó a salir del problema?-

-Así es. Mi nombre es Leomon.-Leomon se levantó y se dirigió a donde Gaomon se encontraba recostado. Se hincó a la altura del canino azul, y lo ayudó a reclinarse con su brazo derecho procurando no lastimarlo en el proceso.-Ahora bebe esto que te voy a dar. Te ayudará a recuperar las fuerzas.-Gaomon hizo tal como se le indicó, y tomó un sorbo de la bebida color verde del tazón de madera. Tras darle unos cuantos tragos, puso una mueca de desagrado por el sabor tan fuerte que tenía la mezcla. Leomon se rió un poco al ver la reacción del digimon novato, quién tuvo que beber el resto de la infusión a regañadientes.

-Esa cosa tenía un sabor desagradable.-comentó Gaomon a la vez que se enjugaba los labios con el guante.-Me cuesta creer que esto me ayude a recuperarme.-

Leomon se alejó un poco y dejó al digimon sentado. Se levantó y dejó el tazón a un lado.-Es cuestión de acostumbrarse al sabor. Pero créeme cuando te digo que esa infusión ayudará a recuperar las fuerzas. Ahora debes descansar para que haga efecto. Y no se preocupen por su seguridad, estaré a realizando mis rondas de guardia en la entrada de la cueva. Les doy mi palabra que permanecerán sanos y salvos de cualquier peligro.-
Tras decir esto, dio media vuelta para dirigir sus pasos a la entrada de la cueva.

Cuando Leomon se dio la vuelta, Gaomon puso a un lado el abrigo de la chica y comenzó a ponerse de pie, al mismo tiempo que algunas hojas que cubrían sus heridas caían al suelo.-No puedo esperar tanto. Debo buscar a una persona que entró por estos alrededores, y que podría estar en peligro con esos ogros rondando por ahí.-comentó mientras se cubría con una mano una zona del pecho que le comenzó a molestar. Apenas intento dar unos cuantos pasos, cuando un leve estallido de energía le detuvo en su intento de avanzar. Para su sorpresa, Leomon había girado un poco el tronco y uno de sus brazos lo tenía estirado.

-Lo buscarás hasta que puedas mantenerte en pie. Si sales así será suicidio.-afirmó el leonino con voz firme-Correrás el riesgo de ponerte peor si sales en esas condiciones.-

-No me importa, ya veré cómo me las apañaré.-dijo Gaomon tratando de sonar fuerte ante quien fuera su salvador.-Tengo que quitarme esa preocupación de encima.-Apenas había dado unos cuantos pasos, cuando observó como en un santiamén Leomon se había colocado frente a él dando una zancada, soltando un fuerte pisotón que lo hizo caer sentado al suelo por la impresión de la fuerza con que había golpeado el suelo. Mas lo que le había dejado más asustado a Gaomon fue ver la expresión de severidad que inundaba el rostro de Leomon.-Eso no queda sujeto a discusión, permanecerás quieto descansando, no quiero que te maten allá fuera por testarudo. ¡Así que obedece y guarda silencio!-

Ante las últimas palabras de Leomon, Gaomon sólo pudo permanecer cabizbajo. Leomon recuperó la compostura, dio media vuelta, y permaneció en silencio hasta haber llegado a la entrada de la cueva. La mente Gaomon comenzó a ser gobernada por una gran confusión y preocupación enormes al pensar en el bienestar de Garrod, pero el ex-abrupto de Leomon le había hecho evocar la primera ocasión en la cual Garrod lo regañó por haberlo tratado tan hostilmente en el hotel. Aún no lograba comprender porque le causaba tanto impacto lo que había pasado entre ellos. Tensó los puños ante esta sensación de incertidumbre, tratando de contener las ganas de llorar que comenzaban a dominarlo, y así no denotar debilidad con la chica.

-Disculpa, por el espectáculo.-dijo Gaomon sin voltear a mirar a la chica.-Pero me encuentro my inquieto por algo que ocurrió con un humano que conocí no hace mucho cuando era un Wanyamon. No comprendo porque me han afectado tanto las palabras que él me dijo antes de tomar caminos separados, y está necesidad arreglar las cosas. ¿Es natural sentirse así? Porque no comprendo que significa todo esto.-


Garrod


Garrod realmente estaba agradecido por recibir ayuda departe de Leonardo y Floraron para llegar a un lugar seguro. Aunque volver a casa no sonaba tan mal, pues hasta ahora no existía ninguna razón lo suficientemente fuerte para hacerlo permanecer en el digimundo.

Antes de siquiera poder darles las gracias a ambos digimons, Leonardo se echó en cuatro patas y evolucionó inmediatamente a un enorme lobo de color negro para así detener con el hocico el ataque de un enorme digimon demonio con apariencia femenina. Lo que la volvía aterradora, era el hecho de que parecía disfrutar de ver correr la sangre de sus oponentes en pleno combate.

Leonardo les había ordenado abandonar el lugar de inmediato, pero Garrod, al igual que Flora, no quería abandonar a Leonardo a su suerte. Sin embargo, dadas las circunstancias, ninguno de los podía hacer algo contra la digimon pues no tenían a sus compañero de combate respectivo, y tuvieron que echar a correr. El problema fue que por pensar demasiado las cosas, lograron ser emboscados por un grupo de digimons con apariencia de duendes cargando unos pesados martillos. Y para la mala suerte de Garrod, habían conseguido poner sus manos encima de Flora y de paso lastimarla al apresarla.

Con Leonardo inmovilizado por la desquiciada digimon, y Garrod sin compañero, las posibilidades de salir vivos eran cero. Garrod si quería echarse a correr, pero se abstuvo de hacerlo porque sabía que terminaría arrepintiéndose dejando a ambos digimons a su suerte. En el alboroto, alcanzó a escuchar como la digimon con apariencia de ogro, mencionaba su idea de enviarlos a unas minas para trabajar como esclavos. Entonces él decidió parar el alboroto para no involucrar a los demás.


-¡Espera!-Garrod le gritó a la digimon-Dices que quieres humanos para tus planes, entonces mejor llevare cautivo a mi. Y a ellos dejamos en paz.- Los Grumblemon habían parado su jaleo un momento, pero la digimon gigante no parecía estar convencida por el hecho de que un humano se entregará sin oponer resitencia.

-Niño, tú no estás en posición de hacer demandas al estar en el lado perdedor. Además, eso le quitaría lo interesante a este divino espectáculo de doblegar a otros y ver u sangre correr.-comentó ella apretando con más fuerza la tensión ejercida al cuello de Leonardo.-Eres alguien insignificante, muchacho.-

La afirmación dada por la ogra, le hizo pensar en algo descabellado a Garrod para poderse librar del problema. Recordó todo el escándalo armado por los ladrones del hotel, cuando estos planearon robarle a él y a otro tamers su digivice. El dispositivo parecía ser demasiado codiciado por otros, y tras ver evolucionar a Gaomon comprendió la razón de su importancia. Esperaba que está no fuera la excepción.

-Porque tengo uno de los dispositivos que pueden ayudar a la digievolución. Y lo puedo demostrar.-exclamó el chico mientras sacaba de uno de sus bolsillos el D-arc para que todo mundo lo viera.Helo, aquí.

Cuando salió a plena vista, el aparato comenzó a mostrar la información de la ogra, quien se mostró pasmada por el hecho de que mostrara imágenes de ella. El aparato había comenzado a llamar su atención al ver cómo mostraba la información de Grumblemon cuando Garrod lo puso frente a ellos. La escena parecía sacada de una película de comedia, y lo raro era que parecía estar funcionando. La ogra comenzaba a denotar interés por Garrod ahora.

-Así que ese es el artefacto que ayuda a otros digimon a lograr lo que a otros les toma años lograr alcanzar. La digievolución perfecta.-la ogra soltó una ligera carcajada al saber que tendría un gran poder a su disposición.-Tienes una ofrenda maravillosa que ofrecer a la gran diosa dorada. Es una reliquia magnífica que debe pertenecerme a cualquier costo. Deja que mias sirvientes te lleven ante mí.-

Los Grumblemon le tomaron de las manos y pusieron delanta de la demonio dorada, quien sonreía satisfecha por haber adquirido fácilmente un artefacto de tal poder. Pero mientras Garrod era llevado delante de ella, una extraña silueta comenzaba a aproximarse por los aires, poniendo en la mira al sin número de seres que se encontraban presentes. Y en en abrir y cerrar de ojos, una lluvia de rayos de energía comenzaron a golpear a un gran número de digimon enemigos, siendo despedazados varios Grumblemon en el proceso. Garrod cayó al suelo por el impacto de uno de los disparos, pero afortunadamente no perdió el D-arc al caer al suelo, así que lo amarró a una de los espacios empleados para pasar el cinturón para evitar una posible pérdida.

Mientras Garrod se arrastraba para ayudar a Flora, quien estaba consternada por la conmoción que había ocurrido de golpe. La silueta descendió del cielo, y se colocó enfrente de la demonio. El recién llegado resultó ser una especie de digimon insecto humanoide del tipo robot, apuntando con el cañón de uno de sus brazos a la demonio dorada. Las entradas del cañón de ese extraño digimon comenzaban a cargarse de energía, cosa que la demonio dorada tomó como una insolencia y tuve que soltar a Leonardo, no sin antes arrojarlo a un lado con golpe de su arma.

Garrod le hizo una señal a Flora y Leonardo para que sin perder tiempo escaparán del lugar ahora que la atención había sido desviada de ellos. Sólo esperaba que Leonardo pudiese moverse aún despues del golpe propinado. La caída también había herido a Garrod, pues al tratar de mover la pierna le molestaba un poco. Y ahora dependía de Leonardo que pudiesen emprender el escape. Las dudas que tenía sobre el digimon habrían que ser respondidas una vez que salieran de la zona de peligro.


Última edición por Garrod Ran el Lun Mayo 29, 2017 6:45 pm, editado 1 vez
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Lun Jun 20, 2016 3:02 am

Luna se quedó sentada dentro de la cueva, apoyándose en la pared de roca, sin quitar la mirada del Gaomon que Leomon le había mandado cuidar mientras que él salía fuera de la cueva. Momentos de soledad. Eran momentos tan amargos como tranquilos. Aún no sabía por qué. Mirando a ese Gaomon "jugó" a imaginar qué tipo de historia había tras el digimon. Solía hacerlo cuando caminaba por la calle, en el bus o en el tren para aligerar su cabeza de la rutina y el estres y de paso, entretenerse. Mirar a la siguiente persona que se le cruzara e imaginar y deducir toda su historia. ¿Sería un digimon sin tamer o tendría uno? La respiración del digimon era lenta, como si estuviera durmiendo profundamente. Era relajante, el sueño. Ella misma había creído que esa bizarra situación era sueño, pero ahora que sabía que estaba despierta, dormir se le antojaba como un buen refugio -durmiendo, a menos que tuviera pesadillas, podía dejar de pensar por unas horas, o mejor, soñar y pensar en cosas agradables-. Luna comenzó a acompasar voluntariamente su respiración con la del digimon, a modo de relajación para tranquilizarse mientras cerraba los ojos, se encogía aún más y obligaba a su mente a que se "estuviera quieta". En el fondo, sólo estaba evadiendo las palabras del digimon león, que aunque se había mostrado firme, también se había mostrado compasivo con el gesto de aferrar sus manos. Por el bien del pequeño bienhechor necesitaba una actitud positiva y alegra.

Pero Luna se sentía torpe e incapaz. Era un sentimiento que esgrimía muy diariamente; no se sentía capaz para la vida. Por eso no podía hacer nada. "¿Te molestaste en saber qué problema tenían esos Goblinmon? Quizás podrías haberlo solucionado. Pero dijiste que no podías antes siquiera de saberlo" le acusó su mente, sacándola de su intento de sueño y acordándose de los pequeños Goblinmon y sus miradas. "Especial". "Eres especial porque puedes ayudarnos".

-¿Quizás sólo era una excusa para no meterme?-dijo en voz alta, hablando consigo misma y esa voz crítica, que se encargaba de romperla-¿Sólo... estaba intentando decirles una excusa? ¡Pero es cierto que no puedo ayudarme! ¿¡Si no puedo resolver mis probemas, cómo ayudaré a otros!?

"Porque quizás los problemas que ellos tienen para ti ni siquiera, representan ser problemas. Uno cataloga de problema algo de lo que no puede obtener una solución fácil. Sin embargo tenemos soluciones a muchas cosas que antes representaban un problema, soluciones que no valoramos. ¿Considerarías hacer un fuego un problema? No, porque usualmente puedes conseguir un mechero en el mundo humano. Pero para quien no tiene un mechero, hacer fuego es más complicado. Se convierte en un problema."

-Tuchí-dijo, referenciando la manera de decir "Touché" de uno de los personajes que aparecían en el libro El resplandor. A pesar de la referencia, se secó una lágrima, pues se sentía miserable, mezquina y egoísta ante la evidencia que ella misma había sonsacado. ¿Qué tipo de tamer eficaz podría ser, si ni siquiera valía como persona?

-Garrod...

Eso musitó el digimon, sacándola de sus pensamientos. ¿Era el nombre de su compañero de viajes? Parecía que sí. Quizás el nombre de su tamer. O el de algún digimon querido. "Echa de menos a sus seres queridos... ahora que lo pienso, yo también...", eso fue lo último que pensó antes de caer dormida. Después de aquel somniloquio consigo misma, había quedado rendida, así que ni siquiera despertó cuando llegó Leomon.

Al abrir de nuevo los ojos, Luna vio la silueta de Leomon recortada por el fuego de la fogata. Observó que Leomon hacía algo sin moverse del lugar -a juzgar por el sonido de moler, Luna suponía que preparaba un unguento. Había visto a Floramon hacerlo alguna vez- y simplemente en silencio, quizás para no despertarla. El crepitar del fuego la relajaba, y la invitaba a seguir durmiendo. En el mundo del sueño, todo parecía muy lejano. Incluso la desparición de sus digimon. Simplemente ella estaba allí. Al pasar los minutos y despertarse, Luna se percató de su despreocupación, y se sintió aún peor. Se encogió aún más, como si quisiera hacerle un favor al mundo y fundirse con la roca.

Entonces, notó que algo se movía. La expectación del Leomon hizo que Luna se percatase de que el movimiento de cabeza de Gaomon que había visto no eran imaginaciones. Volvió en sí, y chistó de dolor; eso le recordó la culpabilidad de haberle salpicado con el problema en el que se había metido. Fue por eso que cuando alzó la mirada, no se esperaba que el Gaomon le sonriera. La expresión de Luna era desconcertada. "¿Está... sonriendo...?" se preguntó, sin entender aquello. Indirectamente le había hecho daño.

-"¿Por qué me está sonriendo?" pensó. Ella no habría sonreído de estar en su lugar.

La risa de Leomon fue el siguiente paso para que Luna esbozase una sonrisilla tímida pero divertida ante el hecho de que las medicinas más fuertes eran las que peor sabor tenían.

Leomon impidió que Gaomon saliera. Él quería buscar a toda costa a alguien. "Garrod, es el nombre de quien busca" pensó Luna. Por supuesto, Leomon no se dejó afrentar, y de hecho le obligó a quedarse, tan sólo con una mirada férrea. Sin duda era un digimon con mucho carácter, pero que en el fondo era sabio. Luna también pensaba lo mismo; salir ahí en su estado sería un suicidio. Pero comprendía la intranquilidad del digimon, a fin de al cabo, ella también comenzaba a sentirse asustada por Floramon y Leonardo. Leomon no se fue de la cueva, pero sí les dio su espacio, haciendo guardia en la entrada de la cueva.

Luna observó que el Gaomon estaba tenso. Se disculpó, y expresó su necesidad de arreglar las cosas con el tal Garrod, del que Luna pudo enterarse por boca del digimon que era un humano, aunque no aclaró si era su tamer. Cuando el digimon le preguntó si era natural que se sintiera así, Luna se dijo a sí misma que a menuda había ido a pedirle consejos en cuanto a la relación entre personas. Ella era, incluso menos que "poco experta". Se sentía inepta para las relaciones sociales sanas, tanto entre humanos como entre digimons. ¿Cómo podría explicarlo? Primero dijo un dubitativo: "Bueno... no sé... es complicado...".

Cerró los ojos. Las dudas ajenas se entremezclaban con las propias.

"No comprendo qué significa todo esto..."

"...esta necesidad de hacer las cosas bien e inmiscuirme en el mundo digital..."

"...no lo entiendo."

"...esta necesidad de arreglar las cosas..."

Cuando los abrió, la chica temerosa desapareció. Luna. Con toda la sinceridad y honestidad, sin miedo y sin desprecio. Sólo armada con su propia opinión. Ella no era tan abierta para dar su opinión repentinamente y menos ante otras personas, prácticamente estaba pensando en voz alta mientras respondía a esa pregunta. Ella también se preguntaba por qué necesitaba relacionarse con los demás, si en el pasado había recibido únicamente dolor de esto. Era más, ¿por qué buscaba a su padre, por qué le necesitaba tan arduamente si al fin de al cabo, su desatención sólo le había provocado un vacío emocional por el que la mayoría de su vida se desbordaba?

-Quieres arreglar esto porque lo aprecias. Por haberte dado estabilidad en tus momentos vulnerables; la vida siempre está cambiando así que apreciamos tener algo con toda seguridad, sin importar cuánto cambie la vida. Le quieres tanto en tus momentos débiles como en tus momentos fuertes, porque quieres caminar a su lado. Porque le aprecias.

El momento meditativo y seguro de Luna se esfumó, así que volvió a un ademán de inseguridad rascándose la sien por nerviosismo mientras añadía:

-O eso creo, ¿no?

"Yo también aprecio a Floramon y Leonardo. A su lado, estoy segura. Así que los traeré de vuelta a mi lado."

-¡Y...yo también debo buscar a mis digimon! ¡Pu...puedo ayudar a Gaomon buscando a ese humano con él en cuanto esté bien, también!-no sabía muy bien por qué decía esto a voz de grito. Probablemente buscaba reafirmar su convencimiento, al notar aún que le temblaba la voz.

Luna recordó a los pequeños goblins. Esto le costó algo más, y tuvo que apretar el puño y dar pequeños golpecitos en el aire, como si estuviera en un debate, argumentando algo. Aunque tenía los ojos muy abiertos y la cara en un rictus nervioso:

-Cuan...cuando les encontremos, ayudaré a esos Goblinmon de antes... mi digimon no habría dejado a esos Goblinmon sin ayuda y debo estar a su altura como tamer, ya que... ya que ella lo está para mí como digimon. Los ayudaré y... entonces...-tragó saliva, tratando de dar paso a sus palabras-entonces...

Evidentemente estaba de los nervios, pero se había decidido. Le era imposible esconder su miedo ante el largo camino hasta llegar a esto último. Es más, ¿llegarían?

-¿...todo estará bien, entonces...?

* * *

La ogra no pudo ocultar el interés en el digivice; ¡para ella, eso era más valioso que varias montañas de oro! Si utilizaba a un humano como catalizador, podría ser mucho más fuerte de lo que ya era. ¡Era como una gran fuente de sabiduría, pues también proyectaba una imagen de ella, revelando su fuerza! Se dijo que iba a conseguirlo, a como diera lugar. Cuando creía que ya lo tenía, pues sus vasallos le trajeron al humano, algo sucedió. BioMetallifeKuwagamon apareció y atacó a Kinkakumon, que se puso furiosa:

-¿¡Cómo osas interponerte en mi pelea!?-exclamó contrariada la ogresa al nuevo contrincante-¡Te aplastaré!

Aún así la digimon ogro se encaró con el nuevo rival, dejando a Leonardo a un lado con un fuerte golpe de su arma. Él aprovechó para apoyarse en las palmas de las manos y en las rodillas y buscar aire, aún adolorido por el golpe de la ogresa. Sin embargo, no se tomó más que unos segundos antes de buscar a Flora y a Garrod con la mirada. Estaban tirados en el suelo, resguardándose de los ataques de BioMetallifeKuwagamon. Los choques del láser de un espada fina y larga de energía (Hoja Emisora) con los golpes de maza de Kinkakumon hacían saltar chispas. Leonardo se acercó arrastrándose hacia Floramon y Garrod.

-¡Es nuestra oportunidad! ¡Vámonos de aquí!-instó Leonardo.

-¡Ciertamente ella está en desventaja! ¡No debemos abandonarla!-imploró Floramon.

-Nosotros tampoco estamos en posición de…-empezó a objetar el cánido. Pero antes de que pudiera seguir, algo se abrió paso entre los árboles. Leonardo se dijo que Luna habría soltado un comentario sarcástico como un “‘¡Oh, venga ya, ea, más gente a la fiesta!” o algo así. ¡Cómo la echaba de menos el digimon cánido! El recién llegado era un digimon marrón, el Gigasmon que anteriormente Luna se había encontrado. Entró con un puñetazo justo en la cara del biohíbrido, que reculó hacia atrás. El Gigasmon se puso de rodillas como saludo hacia Kinkakumon, que miró intimidantemente al bioíbrido. El digimon insecto reculó levemente, mirando a ambos digimon como si quisiera medir sus fuerzas.

-¡Estarán bien!-le aseguró Leonardo a Floramon, mirándola a los ojos-¡Ese biohíbrido no es tonto, no se quedará para luchar una batalla que podría perder!

La digimon flor se quedó medianamente conforme, aunque Leonardo tuvo que agarrarla de los hombros, y empujarla consigo para que corriera a su paso. Echó la mirada a Garrod.

-¡Vamos, vamos!¡Chico, sígueme y no pares de correr!

En cuanto encontraron un pequeño claro rodeado de árboles y matorrales, el grupo paró de correr, cansados, como era de esperar pero sanos y salvo, que era lo que importaba.

-Eso fue muy valiente por tu parte, Garrod-san. Gracias-le dijo la digimon flor, cuando tomaron aliento.

-Y arriesgado-espetó Leonardo, con ceño fruncido-¿Y si te hubiera llevado? ¡Entregarse o sacrificarse es engañoso, el enemigo podría no cumplir con lo prometido!

Floramon emitió una risa suave, a la par que Leonardo se cruzaba de brazos, e hizo un leve gesto.

-Vamos, Leonardo-kun, Garrod sólo quería ayudar. Ciertamente dices que no está bien, pero tú mismo incurres en dicho comportamiento si es necesario, así que no le regañes duramente, ¿si?

El digimon cánido se sonrojó:

-No es lo mismo. ¡Él tiene un mundo humano al que volver!-a este mundo suspiró con resignación-Bien, descansemos un poco y busquemos un lugar en el que escondernos y trazar un plan. Aquí estamos muy expuestos.

Hubo un movimiento en los arbustos. Leonardo hizo un gesto a ambos para que se quedasen quietos, apartando el arbusto; al ser pequeño, no podría esconder una gran amenaza, pero sí a un espía que delatase sus posiciones.

-¡Eeek!-o algo así exclamó el sorprendido Goblinmon, sientien que lo agarraban de la crestilla peliroja y tiraban. Era uno de los que anteriormente se habían encontrado con Luna. De hecho confundió a Leonardo con Gaomon-¡P-pero si tú estabas fuera de combate! ¿Ya te has recuperado, chico? ¡Qué alegría! En verdad no quería hacerte daño y eso cuando te adelantaste a pelear, sólo que…!

Leonardo encarnó una ceja, sin entender nada de lo que necesitaba en cuanto al contexto para darle un sentido a todo aquello.

-No sé de qué me hablas. ¿A alguno de vosotros dos o dice algo todo lo que está diciendo este tipo?-preguntó Leonardo, agarrando al digimon goblin y sacándolo del matorral, mientras lo señalaba.

______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
Fuiste importante, mi flor,
los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
reina sin castillo, niña
¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
oblitera este cáncer.
* * *
-Muchas gracias, 6.

Through many dangers, toils and snares, i have already come...//´Tis grace that brought me safe thus far, and grace will lead me home.


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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Miér Jul 06, 2016 6:32 am

Gaomon

Gaomon se sorprendió mucho ante las palabras que la chica había recitado como respuesta a su pregunta. Y lo más curioso, era que cada una de las cosas mencionadas por la joven tenían mucho sentido, pues eso explicaba porque no lograba sacarse a Garrod de sus pensamientos; aunque se dijese a si mismo que este no le caía nada bien. Finalmente, Gaomon ya no pudo contenerse y rompió en llanto; sin dirigir la mirada a Luna.

Era verdad, Garrod había aparecido ante él en su momento más vulnerable, y de no ser por su ayuda, muy probablemente hubiese durado muy poco en el desierto de aquel horrible pueblo fantasma. Lo que no lograba olvidar, era la calidez y desinterés que este denotó desde el principio, pues se tomó la molestia de cargarlo y llevarlo a un lugar seguro para evitar una tormenta de arena. Lo más curioso, era que pese a ser un completo desconocido, sus cuidados le hicieron sentirse seguro durante ese tiempo.

Gaomon se acostó dándole la espalda a la chica, cubriéndose nuevamente con la chaqueta, soltando aún más su dolor mientras evocaba esos recuerdos. Lo único que pudo hacer, fue dejar salir toda esa pesadumbre producida por aquellos recuerdos, hasta quedar completamente dormido.

Unas horas más tarde, para cuando Gaomon despertó, encontró a Leomon sentado en medio de la cueva junto a la fogata, cuidando algo que se encontraba hirviendo y que manaba un agradable aroma. Aquel olor comenzaba a abrirle el apetito, recordando así que aún no comía nada desde su llegada a la montaña.


-¿Ya te sientes mejor?-preguntó el digimon león, quien se encontraba batiendo con una improvisada cuchara de madera lo que parecía ser una especie de caldo.

-Un poco mejor, gracias.-respondió el cánido un poco serio, soltando un leve suspiro producido al dirigir su mirada al león.-Aún no puedo quitarme esta preocupación por mi amigo humano.-

Leomon dejó de batir por un momento el caldo que estaba preparando, dirigiendo su mirada hacia el joven Gaomon. Se puso de pie un momento y colocó su mano sobre la cabeza del pequeño, lo cual sorprendió un poco a Gaomon, pues era una actitud totalmente diferente a la de hace unos momentos atrás, muy similar al trato de Garrod. Aquella acción le reconfortó un poco, lo cual le hizo externar una leve sonrisa.

-No te preocupes, yo te ayudaré a encontrar a la persona que buscas. Tienes mi palabra, pequeño.-le dijo en tono solemne a Gaomon.-Pero es necesario que estés en buenas condiciones para cuando lo encuentres. Necesito que descanses para que te recuperes, pero también es necesario que comas bien.-

Leomon bajó su mano, procediendo a ayudarlo a ponerse de pie. Mientras lo hacía, le indicó a la chica que los acompañara para servirles algo de comer. Entre más se acercaba a la fogata, el aroma del caldo le abría cada vez más el apetito, provocando que le gruñera mucho el estómago por la falta de alimento y que no dejase de mirar fijamente el traste improvisado puesto sobre el fuego.

Una vez que el canino azul y la chica tomaron asiento, Leomon procedió a servirles el contenido del recipiente de la fogata. Gaomon observó por un momento el caldo que le había sido servido. El jugo del caldo presentaba un color marrón, a su vez, se podían observar los ingredientes empleados para su preparación flotando en el líquido; los cuales eran en su mayoría hongos. Y aunque el aspecto parecía extraño, Gaomon comenzó a comer de la sopa, pues se encontraba tan hambriento como para ponerse remilgoso en aquel momento.

Para sorpresa de Gaomon, la sopa presentaba muy buen sabor pese a la pinta que tenía con los hongos. Era tal su sabor, que  se engulló prácticamente toda la sopa en unas cuantas cucharadas, y cuando hubo terminado pidió otro plato. Leomon puso cara de sorprendido al ver como el digimon herido comía con tanta energía pese al hecho de encontrarse debilitado, aunque eso era señal de que comenzaba a recuperar sus fuerzas pronto.

Gaomon dejó su plato en el suelo una vez que acabó de comer, para después dirigir su mirada hacia la joven humana.


-Gracias por las las cosas que me dijiste hace unos momentos, amiga.-dijo Gaomon sonriendo un poco, resultado de haber comido bien.-Ahora sé porque estoy así. Sólo que no tengo idea de lo que le diré cuando vuelva a verlo, o si quiera verme de nuevo.-

-Si en verdad te importa tanto, entonces yo creo que él te disculpará.-comentó el león mientras dejaba en el suelo su plato..-Ten la seguridad de que lo volverás a encontrar.-

Gaomon le agradeció por aquellas reconfortantes palabras, pues en estos momentos era lo único que le podía mantener en pie ahora. La compañía de ambos era muy bien recibida en aquellos momentos.

Algunas horas más tarde, Gaomon pudo levantarse por si mismo ahora que las molestias causadas por sus heridas habían disminuido gracias al ungüento que le había sido aplicado horas antes durante su inconsciencia, pero aún no podía realizar ningún movimiento brusco por órdenes de Leomon. Sin embargo, ya no se sentía con ganas de permanecer recostado, pues ya había dormido bastante y ahora sólo quería hacer algo para mantener su mente ocupada en esos momentos de inactividad pese a no haber mucho que hacer en esos momentos que Leomon se había retirado a realizar otra ronda. La espera le estaba matando, así que para permanecer ocupado trato de charlar un poco más con la chica y de ese modo poder ayudarle a sentirse mejor ya que no se veía muy segura desde que comenzó todo el asunto de los Goblinmon.

Gaomon perdió totalmente la noción del tiempo mientras permanecía realizando su charla con la joven, no lograron percatarse siquiera que ya estaba comenzado a caer la noche sobre el monte Bancho y con ello la llegada inesperada de un digimon desconocido. El digimon se acercaba a la cueva caminando con dificultad y cada paso que daba le hacía chistar mientras emprendía con ahínco su camino, aunque con bastante esfuerzo logró llegar a la entrada de la cueva. Ni Gaomon o la chica escucharon los pasos del recién llegado, quien no pudo evitar externar su descontento al observar a ambos dentro de la caverna.


-¡No tienen nada que hacer aquí extraños!-bramó aquel pequeño digimon que de algún modo sacó fuerzas para arrojarse sobre ellos para lanzar un fuerte puñetazo.

Gaomon reaccionó tan pronto como pudo y logró contrarrestar el ataque con uno sus golpes. Fue en el momento del impacto que ambos se detuvieron a causa del color que les causó a ambos el haber realizado tal esfuerzo, y fue durante ese lapso, en el que pudo ver ante la luz de la fogata la apariencia del digimon que les había atacado.

Aquel digimon era un osezno bípedo de color café claro de ojos color morado, en sus mejillas había un par de franjas rojas como si hubiesen sido pintadas, ambas manos se encontraban envueltas fuertemente por correas de color morado, una correa de mayor tamaño colgaba diagonalmente por la mitad de su cuerpo y sobre su cabeza llevaba gorra maltrecha del mismo color de las corras que tenía grabada la palabra BEARS en el centro de la misma. El digimon presentaba varios golpes en prácticamente todo el cuerpo y jadeaba mucho.


-No sé que te pasa, pero nosotros no hemos venido a invadir el lugar. De hecho un Leomon fue quien nos trajo, aquí.-explicó Gaomon bastante furioso, mientras se tocaba el costado izquierdo que había comenzado a producirle molestias.

-No te creo nada, extraño. Así que mejor vete.-replicó el osezno, quien aún permanecía en guardia preparando para asestar otro golpe hacia ellos.

-¡Basta!-exclamó una potente voz que invadió por completo la cueva dejando paralizados de las sorpresa a todos los presentes. Pero quien permaneció más tenso ante la imponente voz fue el pequeño oso, ya que parecía reconocer a quien le pertenecía, y su temor se hizo mayor cuando escuchó los fuertes pasos que se acercaban a él. Repentinamente fue levantado del suelo sujetándolo de la correa que llevaba atada en el pecho por el ser que entraba, quien resultó ser nada menos que Leomon.

-Siempre andas armando revuelo cuando te dejo solo, Bearmon.-comentó Leomon mientras avanzaba hacia la fogata cargando a Beamon de la correa. El osezno ponía una cara de fastidio mientras era llevado de la banda del pecho a la fuerza como si fuera un niño caprichoso siendo regañado con su papá.-Ellos permanecerán bajo nuestra protección durante su estancia en la montaña, así que comportate más amable con ellos.-Reafirmó el león m mientras sentaba al oso junto a la fogata.

Mientras Leomon se levantaba, pudo ver que Bearmon tenía una peor pinta que la que Gaomon había presentado varias horas atrás. De inmediato, procedió a tomar el ungüento que había preparado y afortunadamente aún había suficiente para poder tratar al oso, indicándole que permaneciera quieto para poder tratarle las heridas.

Mientras se encontraba aplicando el ungüento, Leomon no pudo evitar mostrar preocupación en su rostro en tanto lo hacía.


-¿En qué clase de pleito te metiste ahora?-preguntó Leomon a la vez que preparaba algunas hojas para cubrir las heridas del brazo derecho.-No me gusta que estés peleando con los demás por cualquier cosa, porque yo no te he enseñado eso.-

-Está vez fue diferente.-dijo Beamon haciendo una pausa mientras chistaba ante el dolor de la heridas al contacto con el ungüento.-Los sirvientes de uno los ogros buscaron problemas con un digimon que apenas se defendía. Apenas pude poner fuera de combate a unos cuantos. Lo más extraño fue que sus compañeros les ordenaron retirarse de inmediato, creo que dijeron algo sobre una emergencia.-

Esto último dejó pensativo a Leomon, pues tal como lo había mencionado Beamon, las cosas parecían estar tomando un rumbo inesperado y terminaría arrastrando a otros en el proceso.

-Después nos vamos a preocupar por eso. Por ahora quiero que descanses para que te recuperes, muchachito obstinado.-respondió Leomon a la vez que le daba unas palmadas en la cabeza a su alumno. Algo que hizo sonreír al digimon oso.

Gaomon parecía extrañado, porque sonaba a que Beamon se había topado con los Goblinmon en el camino también. La gravedad de los golpes no parecía ser del estilo de lucha de los Goblimon, pues era evidente que las intenciones de los atacantes era dejar incapacitados a sus adversarios.-

-¿Los Goblinmon te hicieron eso?-le preguntó por mera curiosidad Gaomon.

-No, a mí me atacaron unos Grumblemon. Los Goblinmon del monte son problemáticos, pero tienen buenas intenciones. Ellos sirven a un digimon ogro que se llama Ginkakumon.-explicó el osezno-Ese ogro actúa como protector del valle. Los Grumblemon sirven a una ogra loca que es la hermana de Ginkakumon.-

-Ahora entiendo todo lo que el Ogremon dijo cuando estuvimos peleando.-respondió Gaomon un poco extrañado.-Aunque me parece extraño que esos digimon con cara de matones sean los buenos.-

-Para que lo entiendan mejor, les contaré sobre este conflicto entre ambos hermanos y la situación en este lugar.-


Garrod

La lucha entre el extraño digimon róbotico y Kinkakumon se había comenzado a intensificar, y eso era algo que la misma ogresa consideraba como una insolencia. El siguiente ataque había sido interrumpido por un digimon que parecía estar hecho de barro y con las facciones similares a las de un gorila, quien se arrodilló ante la ogresa como muestra de respeto.

Mientras los demás Grumblemon trataban de tomar partido en el combate para defender a su ama y señora, Leonardo le gritó a Garrod y Floraron que comenzarán a correr con todas sus fuerzas para salir de allí. Garrod ayudó a Floramon a ponerse de pie y emprendieron la huida, corriendo con una velocidad que ni el mismo creía poseer sin siquiera mirar atrás.

Tras haber corrido durante varias horas, el trío de fugitivos se detuvo a descansar por órdenes de Leonardo. Garrod aún podía sentir la adrenalina recorriendo su cuerpo como resultado de la huida, era la primera vez que había corrido tanto en su vida, pues ni siquiera en su clase de deportes había realizado tal esfuerzo físico, por lo que decidió sentarse sobre una roca para recuperar el aliento y de paso descansar la pierna que se había lastimado durante la caída. En el fondo estaba agradecido por la ayuda que ambos digimon le brindaban pues de no ser por ellos no estaría viviendo para contarlo.
Lo que si no se estaba esperando, era el regaño de Leonardo por la precipitada decisión de entregarse para permitirles escapar de aquella ogresa sádica. Aunque dicha situación cambió por completo cuando Floramon interrumpió a Leonardo, haciéndole hincapié en que él también llegaba a tomar dicha decisión en algunas ocasiones; cosa que le hizo sonrojarse un poco ante tal afirmación; aunque él aprovechó para responderle a Flora que Garrod tenía un mundo al que volver y no debía tomar este tipo de decisiones a la ligera.

Aquellas palabras, si bien eran ciertas, para él no guardaban tanta importancia ahora que se sentía completamente invadido por la monotonía provocada por la ausencia de su mejor amigo de la escuela. Curiosamente, se dio cuenta que en aquel momento pensó tomar esa decisión porque creía que nadie se preocuparía por su captura o su ausencia en cualquiera de  los dos mundos. Por el momento no quería hacerles saber a ambos digimon porqué razón había optado por ofrecerse como prisionero, puesto que no quería hacerlos sentir más preocupados después de lo ocurrido hace unos momentos.

Su charla se vio interrumpida cuando Leonardo percibió que había una presencia cerca de ellos y procedió a buscar al intruso que les estaba vigilando. Afortunadamente, el intruso no se hallaba muy lejos de su ubicación y Leonardo pudo sacarlo de allí tomándolo de los cabellos para llevarlo a rastras ante el resto del grupo. El espía resultó ser un Goblinmon que al parecer se espantó al ver quien había sido el que le sacó de su escondite pues decía haberse topado con Leo anteriormente, incluso le pedía perdón por haberle dejado herido, aunque Leonardo no tenía idea alguna de a los que se refería este digimon.


-Creo que el golpe que te di te dejo muy mal, porque ahora no recuerdas nada.-dijo el Goblinmon un tanto extrañado por la manera en que Leonardo le respondió-Ahora si estoy en problemas.-

Garrod también se encontraba un poco confundido, ya que esto parecía ser una plática sin ningún sentido. Aunque después cayó en la cuenta de que los digimon de la misma especie tendían a parecerse entre si y era muy complicado identificarlos, por lo cual era muy probable que se estuviera refiriendo a otro digimon.

-Yo creo que estás confundiendo al buen Leonardo con otro digimon.-comentó Garrod arqueando una ceja.-Compruébalo por ti mismo-

Así sin más, Goblinmon observó con detenimiento a Leonardo por un rato para ver si lo que decía Garrod era verdad. Permaneció sentado en el suelo mirando fijamente a Leonardo, y después de mucho tiempo cayó en la cuenta de su error.

-Ahora que lo dices, es verdad. Este Gaomon tiene una manera extraña de arreglarse la cabeza y tiene cara de pocos amigos.-comentó Goblimon.-Creo que tu amigo debería cuidar su carácter.-

Ante esta última afirmación, Garrod no pudo evitar soltar una sonora carcajada. Por más que lo intentó no pudo mantener la compostura, y no fue sino hasta después de unos minutos que paró de reír y pidió una disculpa a Leonardo por eso. Ahora Garrod estaba interesado en saber más sobre su invitado y ayudarle a tranquilizarse.

-Espero que el otro Gaomon se haya recuperado, porque sino me meteré en problemas. Sería muy deshonroso para mí si lo sabe mi señor.-dijó el Goblinmon nervioso mientras se desordenaba el pelo ante la desesperación.-No quiero que me destierren por haber lastimado a un inocente.

Garrod, quien ya había sido movido por la curiosidad, decidió preguntarle acerca de su incidente con el Gaomon del que tanto hablaba.

-Suena a que ese digimon es muy valiente o muy tonto para haberse metido en un grave problema.-dijó Garrod soltando una risilla.

-Fue muy valiente para ser un simple enano. Yo había evolucionado en Ogremon y aún así tuvo el valor de darme cara y retarme diciendo que un simple cachorro podía plantar una buena.-

Aquellas últimas palabras hicieron reaccionar a Garrod, porque ya había dicho eso durante el combate en el oeste esa expresión cuando tuvieron que hacer frente a uno de los digimon novatos que les robaron el digivice. Inmediatamente se levantó y tomó por el cuello del chaleco de cuero al digimon y comenzó preguntarle sobre aquel Gaomon, porque esto distaba de ser una mera coincidencia.
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Jue Oct 13, 2016 2:53 am


Luna comprendía que el Gaomon quisiera estar en sus pensamientos y reflexionar; aunque pareciera algo trivial, percatarse de la importancia de otros era un proceso que en cierta manera, necesitaba calma. Leomon no tardó en llegar. Luna apreció cómo con un par de ingredientes que aparentemente sólo eran hierbajos y hongos, eran cocinados para dar lugar a un caldo de agradable aroma. Estaba temiendo que no la invitasen, pero en cuanto lo hizo, a pesar de que estuvo a punto de preguntar "¿Puedo?", comenzó a tomarlo ávidamente, aunque tras las primeras cucharadas tuvo que dejarlo enfriar un poco. Ni se había percatado de su pinta hasta que lo empezó a soplar para no quemarse. En circunstancias normales no comería aquello sólo por los hongos flotando en el caldo de aspecto aceitoso, pero desgraciadamente no es que pudiera acercarse a un supermercado, precisamente. Además, Luna cuando tenía hambre podía comer casi cualquier cosa. Tenía el mal hábito de sólo comer dos veces al día, así que si le faltaba una de esas comidas, como era de esperar, su apetito se abría más. Gaomon ni siquiera pareció quemarse, o estaba lo suficientemente hambriento para no notarlo.

-Gracias por la comida, Leomon-dijo la chica, limpiándose la mejilla con la muñeca. Algunas gotas de la sopa le habían salpicado por las rápidas cucharadas engullidas. Ante la pregunta de Gaomon, Luna añadió tímidamente-Incluso si fueras un inepto social como yo, yo opino lo mismo que Leomon, esa persona te perdonará. Las personas que nos quieren nos lo perdonan casi todo... en parte por eso son maravillosas, ¿no?

Luna y Gaomon charlaron cuando el digimon rookie pudo ponerse de nuevo en pie. Ella le explicó sobre Leonardo y Floramon, cómo a pesar de que incluso en ese momento no podía controlar bien el D-Arc, ellos no le habían recriminado, y que era más, se trataban de las pocas personas que le daban confianza. Definitivamente Luna no estaba acostumbrada a que le dijeran "puedes hacerlo", pues toda su vida había sido tratada como un estorbo. De ahí su pánico ante la presión de los Goblinmon con aquello de que "era la única que podía ayudarles". Aunque no le explicó todo esto, sí le confesó al Gaomon que lamentaba no haberles ayudado, pero que sin su compañera digimon no habría nada que pudiera hacer, y sólo los decepcionaría.

Luna se puso alerta al ver que el pequeño oso se acercaba a la cueva, sin embargo, verlo herido hizo que no lo considerase una amenaza. Así que cuando se lanzó a pelear contra Gaomon le pilló de improviso, y sólo atinó a tratar de explicarle al oso que no eran intrusos, y que si hacía falta se irían. Ambos digimon rookie estaban heridos, a ninguno de los dos les convenía pelear. Pero sólo la intervención de Leomon relajó al osito, el cual parecía ser conocido de Leomon. Luna se sorprendió al oír que aquellos Goburimon habían atacado a Bearmon, pues ella aún no había caído en la cuenta de que había dos ogros en la montaña, pero el "uno" hizo que Luna se temiese que quizás aquel Gigasmon que la atacó no iba por libre, aunque minutos después la aclaración de Bearmon del cual habían atendido sus heridas, todo estaba más claro.

Leomon se ofreció a explicarles la situación en el monte. Todos se sentaron alrededor del fuego que había cocinado la sopa, el cual tras las horas no era tan intenso, pero sí lo suficientemente para calentarse:

-¿Tú has estado de testigo, Leomon?-preguntó Luna mientras se sentaba para oír la historia. Sin querer, se le iban los ojos al pequeño resto de sopa que quedaba, aunque estuviera templada y no caliente y jugosa como antes. Antes, por vergüenza y miedo a que faltase para todos no había pedido repeitr, pero lo que quedaba alcanzaba para la mitad de un tazón y era obvio que nadie parecía quererlo.

-Sí que estás llena de preguntas. Esto que os voy a contar es algo conocido por todos en este valle, algo que los más ancianos han trasmitido y vivido, junto con mis deducciones personales-el Leomon señaló el resto de la comida-Puedes tomarla, si tienes más hambre.

Luna asintió, y apoyando el cuenco en las rodillas daba sorbos pequeños -con la esperanza de llenarse más- mientras prestaba atención a lo que Leomon iba a contar:

-Los dos pertenecían a una tribu pequeña, como tantas que hay a las faldas de la montaña. La vida era la esperada en este medio, pero no era algo desagradable para esos hermanos. Ambos eran guerreros, pero Ginkakumon siempre había sido mejor que su hermana en lo que a fuerza bruta se refiere y espíritu de líder, capacidad para unir a los digimon en batallas en común, pero ella era más astuta y avispada; y aunque Ginkakumon siempre destacó sobre ella, parece que Kinkakumon lejos de sentirse envidiosa, lo admiraba profundamente.

-¿Pero ellos eran rookies en ese entonces?-preguntó Luna. Nadie le había corroborado que no pudieran nacer digimons de tal fuerza que directamente eran clasificados como formas perfeccionadas, o abreviado "perfects".

-Claro que sí. En la inmensa mayoría de los casos, no importa lo fuerte que sea el digimon; alguna vez fue rookie. Algunos lo son por más tiempo, otros por menos.

-Ah...-Luna se sonrojó por no saber alto en teoría, así de básico. Así que incluso el armario empotrado de Leomon había sido un pequeño y lindo rookie, alguna vez; si la situación no fuera seria, no podría evitar reírse ante la idea.

-Unos digimon máquina hicieron aparición aquí, lo cual era sumamente extraño, pues no son lo normal de esta zona. Estos digimon decían venir en nombre de dos comandantes, y esclavizaron a todos los pueblecitos que vivían en los alrededores, incluyendo la tribu en la que ambos hermanos vivían. Obligaban a los esclavos a explotar una mina de oro cercana, la cual se habían dividido previamente, antes de planear atacar la zona. De la misma manera, dividieron en dos a los esclavos que consiguieron, por lo que Kinkakumon y Ginkakumon quedaron separados. Como era de esperar, la sobrexplotación de su resistencia física a muchos les costó la vida.

Luna cerró los puños levemente, sintiéndose culpable de disfrutar de oír el relato; a fin de cuentas, le había ocurrido a personas reales. Eso lo hacía más amargo de oír.

-¿Entonces, por qué se odian?

-Aún no vamos a eso. No te impacientes. Estos dos esclavistas tuvieron una disputa por los territorios a explorar. En lugar de arreglar ellos mismos su diferencias, convirtieron a sus mineros en soldados, enfrascando a esos pobres en una en una guerra que no era suya y tras la cual, sólo trabajarían más. Ginkakumon estaba dispuesto a hacerles ver que pelear no les llevaba a ningún lado y que debían unirse para amotinarse, pero como es natural algunos estaban asustados de qué ocurriría si el motín fallase. Kinkakumon prefirió tomar la opción de huir únicamente con los suyos aprovechando la confusión batalla, pero Ginkakumon se negó a abandonar a los otros digimon, independientemente de que fueran de su tribu o no, así que cada uno escogió su camino. Pasado un tiempo la ogresa volvió por su querido hermano, pero sus ojos observaron cómo debido a la ferocidad de la batalla que Ginkakumon y sus amotinados estaban teniendo contra los secuaces de los esclavistas, la mina se desplomó con muchos dentro.

A este punto tan crítico, sólo podía oírse el crepitar del fuego y la respiración baja de expectación ante la historia. A Luna le hacía sentir triste saber que probablemente muchos habían muerto en el derrumbe.

-No alcanzo a imaginar si a Kinkakumon la vida de esos digimon que no eran de los "suyos" le llegó a importar más de lo que la leyenda lo pinta, o si simplemente, lo que le dolió fue la desesperación de su querido hermano, el cual probablemente lamentaba no haberlos podido salvar, más que el hecho de que ambos esclavistas escaparan. Ginkakumon consiguió que a los secuaces, en lugar de matarlos, se les encerrase en la mina en calidad de prisioneros, pero no podía perdonarse haber perdido a tantos compañeros así que se fue a las montañas para entrenar y conseguir fuerza que impidiera que algo así volviera a repetirse, por lo que todos bautizaron a Ginkakumon como el protector del lugar. Puede que al fin de al cabo, Kinkakumon solo quisiera venganza con los esclavistas, pues en lugar de entrenar con su hermano, emprendió un viaje. Cuando volvió, lo hizo arrastrando a esos esclavistas, y con su armadura dorada refulgiendo en el sol y ordenó que los secuaces de los exclavistas fueran traídos hasta ella. Todos los que vivían en la zona se congregaron ante su llegada.

Leomon hizo una pausa en esta parte de la historia, y puso un gesto que denotaba que lo siguiente no sería agradable de oír:

-Hizo una ejecución horrible y demasiado sangrienta cuyos detalles me ahorraré. Los esclavistas terminaron teniendo demasiado de aquel mineral que querían recolectar, por decirlo de alguna manera. Dejó que el pueblo se divirtiera con los secuaces, que terminaron asesinados. Fue un "espectáculo" para todos los que habían salido vivos y un aviso. Le daba igual el bando en el que antes estuvieran: si no querían terminar igual, la adorarían como la reina del lugar. Muchos la siguieron, exclamando "¡Viva la demonio dorada!". De ahí su sobrenombre.

Luna entendió lo que había dejado entre líneas Leomon, y el asentimiento del digimon cuando ella abrió mucho los ojos se lo confirmó. En cuanto a los terratenientes, la única posibilidad que se le ocurría era que podía haberles tirado oro fundido o encima, o peor aún, que les había hecho beberlo.

-¿Y ya? ¿A todo el mundo le pareció bien esa salvajada?-preguntó, incrédula.

-Muchos se asustaron demasiado como para seguirla, además, Ginkakumon es más abierto en cuanto a quiénes puede llegar a considerar "de los suyos". Ginkakumon les ofreció su alternativa, más pacífica. A muchos les pareció buena idea; él puede defenderlos, pues es un guerrero, pero prefiere el diálogo y es tolerante con aquellos que quieren vivir su propia vida. Yo mismo puedo decir que no he recibido represalias por vivir aquí por mi cuenta, al menos no de parte de Ginkakumon. Kinkakumo lo tomó como una ofensa y declaró la guerra; empezó a raptar a todo el que no le siguiera e, irónicamente, a ponerlo a trabajar en las minas. Ahí empezó la guerra cruenta, pues Ginkakumon se enfureció por el hecho de imponer a otros el sufrimiento que ellos habían padecido por una razón tan débil como la diferencia de ideas.

-¿Llevan peleando desde entonces?-Luna se imaginó lo cansado que debía ser... y más siendo hermanos. Era muy triste. Por no hablar de la guerra en sí. Ella nunca había pensado en cómo sería tener un hermano.

-Hubo una tregua, y de hecho, estuvo a punto de resolverse todo. Pero algo pasó, no se sabe el qué. Todos presuponen que Kinkakumon la rompió, enfadada por ver debilidad en quien fue su modelo a seguir en la niñez... pero no creo eso. Algo así no haría que Ginkakumon se decidiera a encerrarse, dejando solo a su pueblo. Ginkakumon está cada vez más apagado y es más bien su pueblo el que perpetúa su filosofía de vida más que él mismo, porque al parecer, él se ha recluido y se está consumiendo de tristeza.

Leomon suspiró y se cruzó de brazos, diciendo:

-Los seguidores de Ginkakumon son alegres y fuertes fisica y emocionalmente, ya que en esa tribu hay muchos digimon que por determinadas razones, no pueden defenderse por sí solos y que serían rechazados por otras tribus; sin embargo, empieza a notarse la bajada de moral. Kinkakumon puede ser una tirana sádica pero nadie puede dudar de que es incansable y no desperdicia un minuto de su tiempo. Así que esos Goblinmon...

-...están en problemas...-Luna miraba al suelo, jugueteando con sus dedos y con un nudo en la garganta.

Leomon la miró y dijo un sincero:

-Sí. Lo están.

-Menuda historia...-a Luna ese tipo de historias le fascinaban, pero la preocupación que le sobrevenía al entender a los Goblinmon de antes era más poderosa; ellos la veían a ella como la heroína para acabar la historia, para derrotar a la "mala" del cuento: Kinkakumon. Habían luchado y hecho lo correcto, merecían a su heroína. Por otra parte, Luna en su defensa, se decía que aquello era la realidad y que,de hecho, no tenía la fuerza; si era realista, perdería aunque la enfrentara. Preguntó lo evidente-¿Así que la ayuda que pedían era para... derrotarla...? ¡No es como si me gusten que estén en esa situación, pero Kinkakumon me haría pedazos! ¡Mi compañera y yo apenas podemos evolucionar! ¡Leonardo es el único que podría hacer algo y no sé si sería suficiente! No es mi culpa... ojalá pudiera...

-Tampoco se les puede culpar de que en su desesperación deseen que alguien baje del cielo a resolverles sus problemas. No es culpa ni de los Goblinmon ni tuya-Luna asintió. Ella muchas veces lo había deseado. Que ocurriera "algo" que la salvase de su dolor. Algo que viniera mágicamente, para recompensarle el dolor aguantado.

-Yo sólo puedo ser útil si mis compañeros digimon están aquí. Pero actualmente podrían estar en cualquier parte...-Luna se mordió el labio, sujetando el D-Arc. El D-Arc era su llave. Para cambiarse a sí misma, para cambiar las cosas. Evolucionaba. Como su digimon... aunque últimamente el D-Arc no funcionaba bien. ¿Sería ella la que no encontraba el valor? Pasaron unos segundos. ¿Y si el encargado de salvarla la ignoraba, tal y como hacía ella con los Goblinmon? No podía matar a Kinkakumon, eso era cierto, no podía solucionarlo mágicamente. Pero podía intentar hacer algo, cualquier cosa antes que quedarse impasible-Quiero que me lleves, Leomon. Con Ginkakumon. Quiero hablar con él y con esos Goblinmon. Tengo que disculparme y... y... explicarles qué puedo hacer y qué no... así quizás pueda hacer algo para ayudar.

* * *

-¿Qué esperabas? ¡Es normal que me ponga alerta si nos acechas desde los arbustos!-se defendió Leonardo ante la alusión a su comportamiento, algo apenado por parecer malhumorado. Floramon no pudo evitar llevarse la mano al rostro riendo los brazos, a lo que Leonardo añadió con un gruñido malhumorado-Tsk, no es como si mordiera...

Fue un momento relajado, uno que les vino bien tras aquel sentimiendo de urgencia y esa larga huida del escenario de combate. Incluso el aludido a la broma sentía un poco de tranquilidad al ver cómo el chico y Floramon reía. Cuando Goblinmon empezó a hablar del otro Gaomon, Garrod se interesó mucho mientras que el Goblinmon les comentaba el incidente que dio lugar a esa confusión. En un punto en específico que agarró del chaleco a Goblinmon como si las palabras del Gaomon le fueran conocidas.

-¡Ek!-el pobre Goblinmon estaba teniendo una buena razón de sustos aquel día, así que se apresuró a explicarse-¡Leomon se lo llevó! ¡Dijo que atendería sus heridas...!Confío en que le cure, dijo que no estaba tan mal... y Leomon es un digimon que mi amo respeta mucho, así que se puede confiar en él.

-¿Por qué recurrió a la violencia contra ese Gaomon?-le instó Floramon. El digimon goblin reparó en ella y como muchos digimon, se sonrojó. Sonrió de oreja a oreja, olvidándose de su posición y movió la mano en un saludo tímidamente. Leonardo se percató, y carraspeó mientras decía malhumoradamente: "¿Le vas a responder o no?". El goblin, aún agarrado por Garrod, se llevó el pulgar a los pectorales, con el pecho enchido, evidentemente tratando de impresionar a Floramon.

-¡Yo no recurro a la violencia si no es necesario, no señora! ¡Si nuestra tribu sigue a Ginkakumon es porque, como él, pensamos que pelear hace que la gente sufra! Es mejor hablar y entendernos con las otras personas del lugar. ¡Pero no podemos simplemente no defendernos de la demonio dorada! Ella o cualquiera de sus secueces matarían sin dudarlo, así que por seguridad, debemos saber pelear, ya que no atienden a razones...

Leonardo se quedó pensando. Parecía encajar; dado al encuentro anterior con ella, el Goblinmon tenía razón en que si no se le oponían, esa digimon no tendría reparos en hacerles daño cuando le viniera en gana.

-Creo que dice la verdad-opinó Leonardo, llevándose la mano a la zona donde le golpeó, con un leve gesto de dolor-Vosotros habéis visto el carácter que ella se gasta... concuerda perfectamente con lo dicho.

-¡Me creeis!-al Goblinmon le brillaron los ojos de alegría-
¡Gigasmon iba a acabar con esa humana, así que por eso la rescatamos, mis colegas y yo! ¡Además, es una humana especial, ella podría ayudarnos o, al menos, animar al amo...! Creimos que ese Gaomon servía a la demonio dorada y quería llevársela, así que me apresuré... y sucedió el malentendido que os expliqué...¡no sé nada más, lo juro!-trató de soltarse del agarre de Garrod. Aunque se le notaba nervioso, definitivamente al hablar de lo sucedido no parecía orgulloso de lo que había hecho.

-¿Cómo es esa humana?-le preguntó ahora Leonardo.

El digimon parecía un niño hablando de su ídolo mientras la describía: pelo infinito del color de la noche, "lagos congelados" en sus ojos. Y lo más importante; aquel aparato que sólo los humanos especiales tenían. Esa fuente de poder, más normal y no tan extraordinaria en otros lugares, pero que allí, por la falta de tamers, era codiciada como una reliquia mística.

-¡Además, hace poco algo cayó del cielo! ¡Sin duda era ella, descendiendo de las nubes!-Floramon supuso que el portal que se creó era la fuente de confusión para dar lugar a este detalle. Floramon y Leonardo se miraron y asintieron, ambos pensando lo mismo. "Se trata de Luna" musitó él a la digimon flor-
¿Luna? ¿Como la del cielo en la noche?-el digimon señaló hacia arriba, fascinado.

-Sí, tu "humana especial". Ella se llama Luna.

-¡Eso tiene sentido!-ya pensaba que la chica era la encarnación del pálido y hermoso astro dada la combinación de su pelo y su palidez, que había caído del firmamento.

-No veis muchos humanos por aquí, ¿no?-a los hechos se remitía. En lugares como Ciudad Central un tamer y su digivice era algo perfectamente normal, pero estos digimon parecían desconocer estas nociones y prácticamente los elevaban a la categoría de "dioses".

-Lo cierto es que no. Yo no sé la historia, porque llegué al poblado después, pero dicen que hubo otra humana especial. Sólo los más ancianos de la tribu y el propio Ginkakumon saben con certeza eso, así que... ¡je,je, hoy estoy de suerte, encontré otro humano!-el digimon se llevó la mano a la nuca, con una risita, como si hubiera descubierto un gran tesoro. Después, se tomó unos momentos para mirar a Garrod, probablemente revisándole con la mirada en busca de un digivice, aunque algo le extrañaba al Goblinmon si comparaba a ambos humanos-Eres similar a la humana especial, aunque tú no tienes esos cristales en los ojos y tu pelo tiene fin...-luego, se llevó las manos señalándose el pecho mientras volvía a sonrojarse y empezaba a reír bobaliconamente-ni tampoco tienes las dos montañitas aquí... las rocé sin querer, y eran suavecitas y agradables... ¡definitivamente es mi día de suerte!

Parte de ella se le acabó cuando Leonardo, tras sonrojarse hasta arriba y gruñir como un perro, tras liberar a Goblinmon del agarre de Garrod, alzó la mano y le dio un golpe en la nuca, algo parecido a una cachetada pero sin duda más fuerza porque sonó una especie de "¡PLAS!", musitando que se lo merecía por tocar esas "montañitas" a "su niña", aunque fuera un roce y de manera accidental. El pobre Goblinmon en su inocencia no sabía qué habia hecho tan grave, así que gimoteó.

-Volviendo a lo que iba...-Goblinmon se llevó las manos a la cabeza, temiendo otro golpe repentino, pero Leonardo carraspeó, con la paciencia muy minada ya-¿Ese Leomon se la llevó también?

-¡Sí, sí! Ella parecía preocupada por el Gaomon. Leomon dijo que se ocuparía de ambos, así que se fueron juntos-el desasosiego en la voz demostraba que la preocupación del digimon era sincera-Espero que el Gaomon esté bien...

-Si tan arrepentido estás, podrías ayudarnos a buscar a Leomon-sugirió Leonardo, aunque esta vez más que intimidarlo sólo intentaba ayudarle con la sensación de culpa. Aún así el Goblin se puso recto, como si estuviera ante un capitán, mientras que asentía tan rápido que parecía que iba a desarrollar tortículis.

-¡Aunque no sé dónde está exactamente Leomon, él frecuenta la zona, y la conozco como la palma de mi mano!¡Será un placer ayudar!¡Debo retribuir por mi error!-juntó las manos en un gesto de perdón hacia los tres, lo cual hizo que Floramon sonriera conmovida.

-Así que tanto para encontrar al Gaomon por el que Garrod está interesado y a Luna, debemos dar con ese tal Leomon-concluyó Leonardo, que si bien había notado extraña la reacción de Garrod (o más que extraña, muy urgente), prefirió no preguntar; si el chico no les había dicho qué relación guardaba con el susodicho Gaomon, el cánido no sería quien tratara de convencerlo que lo relevase-Tú nos guiarás, Goblinmon.

Goblinmon asintió mientras exclamaba:"¡Encantado!"

-¿Alguien necesita algo antes de reanudar la marcha?-preguntó Leonardo-Si no, es hora de ponerse en marcha. Es probable que la noche nos alcance, ya casi está a punto de atardecer, así que mirad bien por dónde pisáis y no nos separemos. Te dejo a ti lo de no perdernos, Goblinmon.

* * *

Off:Pues ahora los peligros de la montaña. En el viaje de ambos grupos puedes poner los peligros que se te ocurran en base a la historia. Y el metallifekuwagamon también está por ahí. Si quieres que cambie algo, sobre todo por Leomon, dime.

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Dom Dic 11, 2016 8:10 am

Gaomon



Después de escuchar el relato de Leomon, Gaomon pudo comprender mejor la situación por la cual estaban pasando los Goblinmo del monte Banchou. De algún modo, se sorprendió al ver cómo había sido que dos hermanos terminaron convertidos en acérrimos enemigos por una diferencia de opiniones sobre cómo defender a los digimon del monte. Fue una anécdota muy sombría escuchar la transición que la ogresa tuvo a un ser implacable movido por una justicia implacable, y sobre todo el impacto que había tenido sobre su hermano.

Gaomon se sentía muy mal al darse cuenta de que había metido la pata tremendamente y todo por un simple malentendido. En el fondo, quería encontrar la manera de poder remediar el daño que había causado horas atrás; pero no sabía como hacerlo. Lo que le hizo salir de sus pensamientos, fue la respuesta que Luna había dado acerca de ir a la guarida de Ginkakumon para verlo en persona.


-Creo que te arriesgas demasiado, joven Luna.-replicó el joven Gaomon, observando con algo de preocupación a la chica con lentes.-Es posible que los sirvientes de Kinkakumon estén vigilando los alrededores para que en un descuido te puedan raptar.-

-Este Gaomon tiene mucha razón.-replicó Beamon un poco serio. -Con la llamada de alerta que hicieron hace unas horas, es muy probable que los Grumblemon aumenten la vigilancia por los alrededores. Ya no vamos a poder salir tan tranquilamente.-

Todos los presentes permanecieron en silencio un largo rato. Los dos digimon rookie eran los que se mostraban más consternados, ya que las cosas parecían haberse puesto peor a raíz de la manera en que se estaban dando las cosas en el monte. Gaomon, por su parte, desde que escuchó a Beamon hablar acerca de la llamada de alerta que se había dado entre los Grumblemon; su preocupación por el bienestar de Garrod sólo se había logrado acrecentar aún más. Las cosas parecían terminar en un callejón sin salida.

En su momento, Leomon, quien había permanecido con sus ojos cerrados durante los minutos en que habían permanecido en silencio, abrió sus ojos y dirigió su mirada a hacia Luna.


-Existe una manera de poder pasar sin ser detectados.-exclamó Leomon, con una expresión seria en su rostro.-Existe una cueva que conecta con algunas zonas del valle, especialmente con la ubicación de Gingakakumon. Sólo que está nos dejaría cerca de dónde se refugian los Goblinmon, de ese modo podríamos burlar a cualquier mirón que nos trate de seguir la pista. Además, corremos con la ventaja de que por esa cueva se levanta bastante niebla y eso cubrirá nuestra ubicación.-

-Si es así, entonces no tendremos de que preocuparnos.-comentó el osezno, esbozando una sonrisa que denotaba mucha confianza y altanería.

-Pero eso no quiere que el camino vaya a ser fácil, muchachito. Ese lugar es de difícil acceso, porque acceder a esa ladera requiere de mucho esfuerzo. Sólo los digimon más fuertes son capaces de escalar la ladera y no perecer en el intento.-exclamó el león, aumentando la firmeza de sus palabras ante su alumno. Posteriormente dirigió su mirada a Luna.-Ya has sido advertida de lo que tendrás que cruzar. Si aun así estás dispuesta a cruzar por ese camino peligroso, entonces puedes contar con nuestra ayuda para guiarte y brindarte protección de los posibles peligros que te encuentres. La elección es tuya.-

Bearmon no pudo evitar poner una cara de alegría cuando su maestro había hablado en plural, pues eso implicaba que tomaría parte en la misión de guiar a la joven humana por ese camino del monte. Esta sería su primera misión y aventura en lo que llevaba de su corta vida, en el fondo se encontraba emocionado de poder apoyar a su maestro. De paso, aprovechó la oportunidad de asentirle a la chica en señal de que eran de confianza.

-Si ese es el caso, yo también iré con ustedes.-afirmó Gaomon-Ahora me toca devolver el favor.-

Ahora todo dependía de la decisión de Luna, para ver si partirían o no hacia la guarida de Ginkakumon para solicitar una audiencia con él.

Garrod


Garrod tuvo que calmarse en el momento que el Goblinmon explicó cómo se dieron las cosas con la chica. Realmente le había caído como balde de agua fría saber que Gaomon había venido a seguirlo hasta este sitio, y esto le producía un cierto remordimiento. Se serenó por petición de Leonardo, para luego poner en el suelo al digimon con apariencia de ogro y escuchar el resto de su historia; que para fortuna de Garrod, le permitió saber que Gaomon se encontraba bajo el cuidado de un digimon llamado Leomon.

Garrod volvió a tomar asiento para seguir escuchando el resto de la historia, que por cierto aquel digimon se mostraba sumamente complacido en contar e incluso se llegaba a ufanar de sus propias virtudes; aprovechó para explicar acerca de la chica que habían encontrado en la escaramuza con los Goblinmon y hacía bastante muy obvio que jamás habían visto a una mujer en estos lugares. Lo que impresionó bastante al chico, fue la reacción que tuvo Leonardo al momento que el Goblinmon mencionó que sin querer había tocado unas pequeñas montañas suavecitas, pues a este Gaomon inmediatamente se le subieron los colores al rostro y le plantó tremendo golpe a aquel digimon. Garrod intuyó que lo que había tocado el digimon era el busto de la chica, lo malo, era que el muy torpe no tenía idea de que la manera en que lo había dicho era razón suficiente para golpearlo.

Después de tan penoso incidente, el digimon se había ofrecido a llevarlos personalmente hacia donde se encontraba aquel Leomon. Garrod, no lo dudo más y aceptó con algo de mala gana confiar en aquel Goblinmon atolondrado para que les sirviese de guía. Aunque lo que tenía muy molesto al chico, era el hecho de saber que su compañero de viaje se había tomado el riesgo de venir al monte, y había terminado malherido por culpa suya. Pero esto le confundía bastante, haciendo que se preguntara si había ido tras él.

Mientras avanzaban por las laderas del monte, con Leonardo siempre alerta; Garrod no pudo evitar detenerse para dejar escapar su tristeza mediante el llanto. Por primera vez en tres meses, tras la partida de Satoshi, pudo liberar el dolor que la causaba el haberse despedido de su mejor amigo y la falta que le estaban haciendo sus otros amigos ahora que ya no podían verse con frecuencia como antes. El Goblinmon se sorprendió un poco al escuchar el sollozo del chico.


-¿Oye chico, qué te ocurre?-inquirió mientras observaba con detenimiento los brazos del humano en busca de heridas-No te veo lastimado.-

-No estoy herido, ¿pero podríamos sentarnos un momento?.-pidió el joven de pelo marrón cortésmente mientras deja escapar algunos sollozos.-Tengo muchas cosas en mi cabeza, pero no quería que otras personas me vieran tan vulnerable pero ya no lo aguanto más. Odio estar como zombi todo el tiempo.-

Goblinmon no entendía para nada a lo que se refería Garrod. Los acompañantes de Luna, en cambio, se sentían algo consternados por el chico.


Última edición por Garrod Ran el Mar Ene 10, 2017 7:03 pm, editado 1 vez
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Dom Ene 01, 2017 9:20 pm

Ambos digimon llevaban razón. Si esa tal Kinkakumon sabía que había intrusos en la montaña, era probable que hubiera movilizado sus defensas para aniquilarles. Y Luna estaba segura de no querer cruzarse con esa guerrera. Pero Leomon, tras meditar un poco, mencionó una ruta alternativa; para Luna, sonaba bien. Sin embargo, lo que tenía de seguro, lo tenía de dificultoso. “Yo no soy ningún as de los deportes… es más, ¡no he hecho ejercicio en mi vida!” pensaba, recordando a todos esos tamer que había conocido que dominaban algún tipo de habilidad en la lucha, o que de plano, estaban en mejor forma. Pero Luna era un ratón de biblioteca. No pudo evitar pensar en que mejor no, pero no les quedaba muchas opciones, ¿y si la ogresa se impacientaba y se ponía a buscarles? Además, quizás Floramon y Leonardo estuvieran allí, aunque era una posibilidad muy remota.

—¿¡Po...podríamos morir!?—se temió Luna, al ver cómo Leomon hacía bajar de la nube al osito. Por un momento Luna estuvo a punto de sugerir que no. Le sorprendió que los digimon estuvieran de acuerdo incluso en acompañarla, y por qué no reconocerlo, se sintió aliviada de que así fuera—Bueno… podría dar la respuesta heróica de que sólo quiero ayudarles, porque por lo que dice esa historia, entre la tribu de Ginkakumon hay digimon que no pueden defenderse. Pero si soy honesta, quizás mis digimon estén allí… así que querría ir. Aunque os advierto que los deportes no son mi punto fuerte, pero, aún así ¡me esforzaré para lograr seguiros el ritmo!

* * *

—Tranquilo, Garrod-san—le dijo Floramon, sentándose a su lado y usando su mano flor para tocarle el brazo—Liberar el llanto no es un del que debas avergonzarte. Es normal sentir miedo ante circunstancias adversas.

Leonardo estaba apoyado, de pie, con los brazos cruzados y observando las peñas de la ladera.

—Echas de menos a alguien, ¿no? Ese Gaomon, ¿es tu compañero digimon?—le preguntó Leonardo.

—¿Qué es un compañero digimon?—preguntó Goblinmon. Leonardo se encogió de hombros, él, al fin y al cabo no estaba ligado a Luna con un digivice. El Goblinmon señaló a Garrod—¡Seguro que si eres un humano especial lo sabes!

Se sentó a oír, muy atento a las palabras de Garrod. ¿Cuál era la visión que Garrod tenía sobre las relaciones tamer-digimon? Si los carácteres entre ambos no se complementaban, ¿eran tamer y digimon? ¿O eran los lazos de afecto? ¿Qué diferenciaba a Garrod de Gaomon y qué le unía a él?

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Mar Ene 10, 2017 8:25 pm

Gaomon


Al escuchar la respuesta de Luna, Leomon sólo se limitó a asentir  y escuchar la explicación que ella daba acerca de su pobre condición física. Si bien eso no sonaba a excusa, era bueno que de entrada se los hiciera saber para no tener problemas más adelante cuando llegaran a emprender el viaje hacia la guarida de Gingkakumon. Después, dirigió su mirada hacia Luna.

-Por ese detalle no te preocupes, jovencita.-comentó calmadamente Leomon, dejando de cruzar sus brazos. -Yo te ayudaré en el ascenso para que no te pase nada, pues como dije antes, me aseguraré de que llegues ilesa con Gingkakumon. Pero te sugiero que tengas cuidado como se lo vayas a decir, pues eso podría empeorar el estado de ánimo del buen ogro.-

Quien se puso tenso ante esa mención fue Gaomon, ya que sabía que el noble digimon tenía toda la razón, porque uno podría hacer mucho más mal con las palabras. Pues precisamente, ya había vivido eso en carne propia con Garrod cuando estuvieron a punto de partir del pueblo del oeste, ya que recordaba la cara de tristeza que puso este mientras caminaba entre la multitud a toda prisa. Aún no podía quitarse esa imagen de la cabeza, poco a poco comenzaba a caer en cuenta que ese sentimiento era culpa.

-Estás en buenas manos, niña.-dijo alegremente Bearmon mientras apuntaba con uno de sus dedos a su maestro.-Mi maestro siempre se mantiene firme en sus promesas y jamás le fallado a nadie.-

Aunque a Leomon le parecía algo exagerada la alabanza que su joven discípulo le daba, servía de mucho que levantara la moral de la chica y así despejar el temor que esta tuviera antes de partir a la empresa que ella misma se había encomendado. Era notorio que la chica, no era precisamente alguien con una autoestima muy alta, pues desde que comenzó todo este incidente se le veía muy nerviosa ante lo que pudiese llegar a pasar. Por el momento, era necesario conservar esos ánimos para lo que pronto estaba por venir.

-Pero no vamos a partir de inmediato. Primero necesito que tanto Gaomon como Bearmon estén completamente recuperados para poder recorrer el trayecto, porque no deseo ponerlos en peligro estando así.-exclamó tomando algunos de los platos que no iban a ser utilizados para comer.-Lo mejor será que traten de descansar, de ese modo esta noche no les parecerá larga. Les aseguro que podrán tener un sueño tranquilo.-afirmó el valiente león con tono solemne, procediendo a guardar los trastos en una zona apartada para que de ese modo hubiese suficiente espacio para que los tres jóvenes pudiesen descansar cómodamente pese a encontrarse en suelo rocoso. De momento, aprovecharía para hacerles un poco de compañía.


Garrod


Garrod tomó asiento junto con los demás digimon que le acompañaban, siendo reconfortado por la dulce voz de Flora. Quien no se sentó fue Leonardo, pero aún así, parecía interesado en saber la razón por la cual el chico se había entristecido tan repentinamente; ya que incluso le había preguntado si Gaomon era su compañero y si ese había sido el motivo del llanto. Aunque el Goblinmon estaba por arruinar la conversación con sus repentinos comentarios que hacía acerca de los humanos especiales. Sin embargo, Garrod se mantuvo concentrado en hablar con Leonardo.

-Se podría decir que es un conocido el Gaomon que mencionaron hace un momento. La verdad no sé si ese digimon me llegó a considerar un amigo desde el día que nos conocimos en el desierto y de haber sorteado un incidente en un pueblo del oeste.-explicó Garrod, un poco más calmado, pero con lágrimas en los ojos.-Ese digimon de algún modo me alegró la difícil estadía en este mundo tan extraño, ya que en el mundo real no la he pasado tan bien desde hace algunos meses. Siento que mi vida en el mundo real es muy gris ahora que ya no puedo frecuentar a mis amigos por tomar caminos distintos.-

La sola mención de la separación le oprimía el corazón, haciendo que las lágrimas brotaran aún más. Pero ahora se sentía con mayor libertad para poder soltar aquel dolor sin ninguna dilación.

-Dudo mucho que en el mundo real se den cuenta de mi ausencia. Aún si se trata de mis propios padres, porque ellos no se han dado cuenta de la tristeza que siento. Para todas las personas parezco ser invisible desde que tengo memoria.-
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Mar Mar 21, 2017 10:16 am

Aunque durante una media hora su mente estuvo inquieta, que Leomon hiciera guardia le relajaba hasta cierto punto; parecía muy fuerte, lo suficiente como para poder alejar a cualquier extraño. También le tranquilizaba el hecho de no hallarse sola allí, en mitad de aquella cueva y poder dormir con alguien más aunque fueran digimon. Había una manta —bastante grande porque probablemente la usaba Leomon, que era más alto que los dos digimon y la humana juntos— que utilizaron para dormir compartiéndola. Luna se colocó entre ambos rookies, y entrelazó los dedos, poniendo las manos sobre su propio abdomen mientras miraba hacia arriba. Al rato, los digimon se durmieron, y notaba cómo sus pelajes transpiraban una sensación de calidez. Comenzó a  mover los dedos nerviosamente, al principio, pero terminó por dormir un par de horas, las cuales su cuerpo agradeció. Aún así, se despertó en mitad de la madrugada, no porque tuviera pesadillas, sino porque siempre había sido una persona con problemas para dormir de un tirón, probablemente a causa de sus frecuentes ataques de angustia y el continuo estado de estrés emocional que cargaba desde que tenía memoria. Le recomendaban pastillas para dormir de potencia leve, pero Luna era reticente a tomarlas, por un miedo inconsciente a pasarse con la cantidad y no volver a despertar nunca... era algo que había visto en tantas películas, que no le extrañaría demasiado que le sucediera si se acostumbraba a conciliar el sueño por medios así.

No se oía nada fuera. Los ojos de Luna recorrían la cueva, llenos de energía. Los cánticos de los grillos y el viento colándose por la entrada de la cueva era lo único que se oía. Todo parecía muy tranquilo.

Se dio cuenta de que tenía la mano alargada para tocar un poco del pelaje del Gaomon, como cuando los niños agarran una mantita para mantenerse tranquilos en la noche. De manera inconsciente movió el pie, esperando encontrar la suavidad del pelaje de Leonardo, que dormía a los pies de Luna y Flora como lo haría un perro ordinario. Soltó al Gaomon, y mirando el techo de la cueva, alzó una mano, observando la palma de ésta y con la otra, agarró el D-Arc:

“Estas manos quizás pudieran ayudar a otros. Quizás consiga ayudar a esos Goblinmon si tengo algo más de fe.”

Miró hacia ellas con recelo. Nunca había estado muy segura de lo que se le daba bien, o si siquiera había algo que se le diera bien.

“Me pregunto si ayudando a otras personas, poco a poco, al final sabré hacer que mis manos me ayuden a mí también... y me pregunto si es demasiado egoísta que esa sea mi razón para ayudar a otros.”

Con un resoplido, dejó caer la mano sobre la manta, con un resoplido antes de pasarse las manos por la cara y apartar su flequillo, mientras se decía a sí misma que debía intentar dormir.

"¿Y si no lo hago bien?"

Leomon había dicho que la ayudaría, así que ella debía ayudar procurando, al menos, estar al 100% de su fuerza al ascender por aquella ladera. Se concentró en eso. Pudo dormir algo más, hasta que el sol emergió, cuando fueron despertados por Leomon. Era la hora. Cada uno de ellos se lo tomaba a su propia manera. Le tomó un poco de tiempo despertar del todo, sin embargo, cuando salió de la cueva su mente la puso alerta y se ponía nerviosa, porque aunque los aliados de la ogresa supuestamente no conocían el camino a la ladera, sentía miedo de que en cualquier momento uno de esos ogros que la habían atacado —aún le dolían las costillas— apareciera de nuevo, pero no sucedió.

La ladera era una bella escultura natural que, a la par de caótica tenía el aire magnánimo de la inmensidad de la montaña contra la pequeñez del ser humano. Sin embargo, gran parte de su belleza residía en aquello que Luna se temió que iba a ser un reto casi imposible. Lo escarpado del terreno y la irregularidad de los tramos, la paulatina invasión de la nieblo a medida que se ascendía y esa pendiente. Luna iba a preguntar dónde estaba la cueva, pero probablemente lo máximo que podría hacer Leomon para responder sería señalar a algún punto de la niebla, allá arriba, imposible de apreciar así que se ahorró la pregunta... y tragó saliva.

Soltó un improperio muy sincero.

Leonardo les mostró algo. Sorprendentemente había una especie de... ¿senda? Su estado impedía decir mucho más. Era tan viejo y la ladera era tan salvaje en sí misma, que en algunos tramos lo que había parecido un intento de allanar un poco la subida desaparecía completamente, para tras un rato volver a aparecer como una huella difusa.

—Ojalá esto se escalase solo—comentó Luna, comenzando a caminar. Seguía sin imaginarse a sí misma escalando aquello, aún así, dio los primeros pasos, calculando la pronunciada pendiente. Se iba agarrando como podía a las rocas para estabilizarse, ya que aunque podía caminar de pie, si no pisaba con fuerza, se resbalaría unos metros hacia abajo. En la falda, resbalar hacia abajo un poco y retroceder sobre sus pasos, no era tan malo; era una pérdida de esfuerzo, sí, pero no el peligro mortal en el que se tornaría cuando estuviera a más altura. Si perdían por completo el equilibrio podían llegar a despeñarse. Luna se ajustó el mitón derecho al notar cómo las afiladas rocas rayaban el cuero de la prenda.

No trastabillar en algún momento del ascenso iba a ser  prácticamente imposible., incluso si se ayudaban de las irregularidades del terreno para escalar.

—Será imposible no tropezarnos. Debemos tener mucho cuidado, si perdernos por completo el equilibrio...

Luna se quedó pensando unos momentos, no hacía falta decir lo que pasaría. Se le ocurrió algo, pero no tenía idea de si serviría de algo. En realidad no sabía si lo que a ella le parecía una buena precaución —a falta de un pico y un equipo de escalada idóneo— era una reverenda tontería, así que miró a los digimon que la acompañaban, esperando ver qué opinaban ellos antes de empezar a subir.

—Si vamos en fila india, poniendo a los más ligeros al frente, podríamos ayudarnos mutuamente porque tendríamos fuerza suficiente para agarrarlo y ayudarle a reincorporarse. Quien vaya el último deberá tener mucho cuidado, ninguno de nosotros podrá ayudarle.

* * *
Goblinmon insistió: "¿Pero ese digimon es su compañero? ¿Y qué es un compañero digimon? ¿Tan importante es?" .

Floramon intentó responder a las dudas del goblin. Él puso toda la atención que podía, aunque por la cara de embobado que tenía, probablemente estaba más concentrado en el movimiento de los labios de ella y en disfrutar de la melodía de su voz al explicar aquello que por entenderlo.

—Es una pregunta difícil. Cada persona responde de una manera distinta, pero la definición más extendida es que un tamer y digimon son un humano y digimon que poseen un lazo muy fuerte. Esto les permitiría llegar a un nivel muy alto de poder, un nivel que por separado, el digimon no podía alcanzar. Pero no se trata de una simple cuestión de poder... cuando están alejados uno del otro, sienten un vacío en el corazón. Ciertamente, creo que podría ser por eso que sientes tal tristeza. Sea o no tu digimon, reitero que te ayudaremos a encontrarle; ayudar a la gentes es nuestro deber como agentes de los Union Saver, y ciertamente, eres un buen muchacho, así que con gusto lo haremos—Floramon se llevó una mano a los labios, ante cómo el chico mencionaba a sus padres. A ella le sorprendía porque pensaba que el caso del padre ausente y la carencia de madre de Luna era casi único; el carácter de la flor era inocente, y le costaba aún creer que simplemente hay padres que no les interesa sus hijos, así que se quedó sin saber qué decir—Es probable que algo esté distrayendo sus mentes, pero ellos deben pensar en ti y tu bienestar... son tus padres. ¿Cómo no notarían que...?

Leonardo suspiró. Él no era el mejor dando consejos, pero parecía que la digimon estaba en un aprieto así que sugirió: “Quizás hablar con Luna pueda ayudar”. Luego, explicó a Garrod por qué había dicho aquello, mirándolo.

—Es la chica que  buscamos. Ella de hecho, se suele sentir de manera parecida porque no es alguien sociable. Su situación con su padre también es difícil—prefirió que fuera Luna quien le diera el resto de detalles si quería. Estaba bastante seguro de que sentiría simpatía por Garrod. Probablemente Luna en algún punto había dicho aquellas mismas palabras... y Floramon había sentido incluso una mayor impotencia al no poder hacer nada—Ella podría aconsejarte sobre cómo llevarlo mejor, o simplemente, podéis divertiros juntos si no tiene un consejo que darte. Sois jóvenes al fin y al cabo, se supone que debéis divertiros, no sufrir.

El digimon cánido desvió la mirada.

—La solución más práctica que veo es llevarte con Gaomon.  Y es lo que voy a hacer. Si de alguna forma ese digimon te ayudó en la vida, merece como mínimo que te asegures de que estás bien. En cuanto a lo otro, sé que no es sencillo. Sentir que nada importa... yo lo sentí una vez. Pero tienes que caminar y viajar; no será sencillo ni rápido. Y algún día encontrarás tu propósito, lo que te hace feliz—en su caso, Floramon y Luna lo curaron, y no sólo ellas, la ambición de ser un buen agente le ayudaba a sentirse bien, a sentir que no iba dando tumbos por la vida... pero eso había sucedido tras un largo viaje vital.

Se quedó callado por unos segundos antes de continuar, mientras miraba a Garrod a los ojos:

—Una vez lo encuentres, aférrate a ello y cuídalo más que a tu propia vida.

Floramon se quedó mirando a Leonardo con admiración al verlo hablar con aquella franqueza y decisión. En su simpleza, había una especie de heroicidad que le hacía admirarle y respetarle mucho. El ambiente se quedó tenso por la seriedad, y Goblinmon fue quien lo rompió:

—No entendí mucho, pero no llores, humano. ¡Eres un humano especial, sin duda! ¡Yo te veo y estos digimon también! ¿No? No me pareces invisible—el Goblinmon no parecía entender el sentido figurado, pero decía todo aquello con intención de ayudar como pudiera, así que dio palmaditas a la espalda del chico y tirando de él, para que se levantase—¡No te pongas a llorar cuando prácticamente lo tienes al lado, tonto! ¡Él estará con Leomon, así que apresurémonos!

El comportamiento bobalicón del ogro sirvió para que el semblante de Floramon se tranquilizase mientras exclamaba: “¡Qué voluntarioso de tu parte!”[/color]. Esas palabras provocaron el sonrojo de Goblinmon, que rió bobaliconamente mientras preguntaba: “¿Tú crees?”

[color=#6699FF]—¿...seguro que esa prisa es por que quieres ayudarle, o te da miedo que los siervos de Kinkakumon vengan?—musitó Leonardo, dando completamente en el clavo. Lo supo al ver que el digimon se ponía a reír nervioso, hinchando el pecho a la par que se ponía demasiado hiperactivo. Leonardo no pudo evitar preguntarse que por qué no le sorprendía. Miró hacia el chico—A pesar de eso, lleva razón, Garrod. Aquí somos blanco fácil.

Floramon agarró a Garrod de la mano con suavidad, tratando de hacer que el chico se sintiera un poco más protegido. Goblinmon juntó tímidamente sus dedos mientras farfullaba que él también estaba un poco triste, para ver si podía tener la suerte de caminar de la mano de la digimon flor, pero Leonardo le dio un suave puñetazo para que se dejase de teatritos y se concentrase.

La madrugada entraba, muy oscura y silenciosa a excepción del viento y los grillos, y esa penumbra enlentecía su marcha pero aún así, incluso con esa tranquilidad aparente, debían guardar cuidado: los peligros que podían sobrevenir eran mucho. Por un laso, los vasallos de Kinkakumon podían rondar, al igual que el biohíbrido. Leonardo esperaba que Goblinmon les llevase directamente y confiaba en que, a pesar de la oscuridad, supiera guiarse y no se desorientara. Goblinmon, por su parte, parecía muy convencido del camino que tomaban porque lo conocía bien.

Dieron las primeras horas del amanecer, y con ellas, llegaron al refugio de Leomon. Goblinmon se paró, y musitó que alguien registraba la cueva. El grupo se escondió, y tras hacerles una seña para que se quedasen atrás, Leonardo decidió acercarse un poco más para intentar averiguar si aquellos sirvientes de Kinkakumon habían encontrado a alguien dentro de la cueva. Un rugido de furia salió de la boca de la cueva, y de dentro de ella, semiagachado, Gigasmon, agarrando con su gran puño a un puñado de Grumblemon, que pataleaban en el aire. Abrigado por las rocas del terreno y el juego de luces y sombras que el bajo sol provocaba, pudo acercarse bastante.

—¿¡No habéis encontrado nada, patanes!? ¿¡Ni siquiera a uno sólo de los humanos!?

—¡Buscamos toda la noche! ¿Y si... simplemente ya se fueron de la montaña...? Esos humanos no parecen la gran cosa...¡Kinkakumon-sama no debería preocuparse por esos insectos!

—Cómo se nota que no sabéis de ellos—el Gigasmon dijo esto con tono burlón—Los son como parásitos, pequeños pero que pueden derribar a los más fuertes si les das tiempo a que muestren sus sucias estrategias.  ¡Nunca los subestiméis! Ellos son especialistas en engatusar, manipular y debilitar. Ellos quieren arrebatarnos esta montaña. Quieren repetir lo de hace tantos años, ¡quieren volvernos débiles!

Así que ya habían visto antes a humanos. Y parecía que no habían dejado muy buena impresión en aquellas tierras. Leonardo se preguntó cómo aquellos Grumblemon sabían de la ubicación de la cueva de Leomon, dudaba que si el digimon tuviera tratos con aquellos tipos si era tal y como Goblinmon aseguraba. Un llantito que provenía de la cueva le dio la respuesta, y aunque por un momento se temió que fuera Luna, casi al segundo reconoció que aquel no era el timbre de la chica. Leonardo se asomó un poco más y pudo ver una figura parecida a la de Goblinmon; aquel debía ser un compañero suyo.

—¿Y si están con Ginkakumon...? Si ellos van con él, ya no podremos hacer nada. Y si ya han llegado...

—¡Por eso, idiotas! ¡Si llegan a su territorio, nos será imposible atraparlos! Aún no están allí, los humanos no caminan con rapidez y tampoco vuelan. ¡Tienen que estar aún en algún lado, como ratas!—Gigasmon dejó caer al grupito de Grumblemon al suelo—Ya que no sabéis buscar, inútiles, matad a ese llorica. Ya no nos sirve, y sin duda, mandará a Ginkakumon y a Leomon un mensaje de advertencia sobre lo que les espera si siguen apoyando a esas cucharachas inmundas.

Gigasmon se alejó, sin duda para seguir buscando o comprobar si algún otro grupo de sirvientes de la demonio dorada habían tenido más pericia. Los Grumblemon suspiraron, aliviados, a la vez.

Probablemente Goblinmon había reconocido el llantito porque, completamente furioso corrió como una exhalación hacia los Grumblemon, que ya se relamían con la idea de matar a su enemigo goblin. Leonardo puso gesto de enfado, era un grupo grande de Grumblemon como para lanzarse sin plan previo, pero no esperó que el Goblinmon evolucionase a Ogremon en mitad de la carera y propinase y fuerte golpe al grupo con el mastín de hueso. Los Grumblemon no tuvieron oportunidad de defenderse, y fueron rematados por el cánido, que comenzó a noquearlos con golpes precisos que les dejaron inconscientes.

El Ogremon volvió a su forma rookie. Mientras que noqueaba al último de ellos, le dijo a Goblinmon que no sabía que pudiera evolucionar, a lo que él respondió que era fuerte. No perdieron mucho tiempo en intercambiarse esas palabras, pues Leonardo se apresuró a ver a aquella figura maltrecha que les esperaba, tendido en el suelo en el que había rastros de sangre. Debían haberle roto la nariz al juzgar cómo la barbilla y la pechera del heridos estaban llenas de sangre. Goblinmon apartó a Leonardo de un empujón, agachándose junto a su camarada, preguntando qué le habían hecho.

Floramon y Garrod acudieron al ver que los Grumblemon ya no eran un problema, así que Leonardo comenzó a darles instrucciones.

—¡Floramon, necesito que le atiendas! ¡Garrod, tú y yo busquemos algo para atar a esos tipos antes de que se pongan de nuevo en pie!

“Lo siento, hermano. Me dieron muchos golpes, y tuve que traerles... seguro que les han hecho daño por mi culpa...” se disculpó el herido. Aquel pobre diablo había recibido tamaña paliza que ni debía acordarse de si había alguien o no en la cueva cuando los llevó hasta allí. Goblinmon lo tranquilizó diciendo que no pasaba nada, que la humana debía estar a salvo en algún otro lugar. Floramon  los interrumpió, debía atender al herido cuanto antes. Los pétalos de la digimon brillaban cargados de energía solar para utilizar su técnica curativa para eliminar las heridas que pudiera. Y aunque no pudiera tratar las serias, su polen tranquilizante servía bien como analgésico para alejar la sensación de dolor hasta que alguien pudiera tratarlo.

—No pronuncies más palabras—reprendió la flor con dulzura al herido, antes de mirar a Goblinmon y decirle—Lo siento, pero necesita reposo. Es aconsejable que, hasta que esté más estable, evites darle ningún tipo de sobresalto, así que preferiría que no habléis hasta que pase un pequeño lapso de tiempo.

El Goblinmon asintió antes de acercarse a Leonardo, que ataba a los Grumblemon. El cánido había registrado superficialmente la cueva, y sin duda aquel era el asentamiento de algún digimon, porque había todo tipo de enseres que alguien que viviría en ese lugar necesitaría. El cánido sonrió de manera poco amable al encontrar las cuerdas; quizás luego, después de registrar a fondo, usase a estos tipos de saco de boxeo si se ponían demasiado ruidosos. No los podía moler a golpes —por su condición de agente U.S— pero estaba convencido de que a base de la “filosofía” del puño, algunos se pensaban más seriamente en que reincidir como delincuentes no era la opción más inteligente.

—Bien, ahora que estos tres no nos molestarán tenemos bastante qué hacer—dijo Leonardo a Goblinmon y a Garrod, una vez terminó de desatar a los grumblemon—Mientras Floramon se ocupa del herido, vosotros vais a encargaros de registrar la cueva. La hoguera es reciente, y los restos de la sopa están en buen estado, así que quien estuviera aquí no hace mucho que se fue, y no estaba solo, a juzgar por todos esos platos que se usaron.

Leonardo se acercó a una manta, y se la llevó al morro para olerla. Cerró los ojos, su olfato no era el más fino, pero sí era capaz de distinguir el olor de una persona con la que convivía tanto tiempo. Por primera vez todo el día, sonrió.

—Ella ha estado aquí—le dijo a Flora, con renovada energía.

Aunque la cara de Floramon se iluminó al compartir aquella alegría, pero miró al goblinmon herido.

—No podemos dejarlo en este lugar. Sin cuidados, pasará grandes dolores.

—Intentaré ver si puedo averiguar en qué dirección se han ido —Leonardo miró a Goblinmon, que tenía ojillos llorosos, aunque esta vez con razón; pensaba que Leonardo iba a decir que daba igual, que dejaría al herido allí y seguiría la búsqueda de la chica—Dime la verdad, te prometo que contentes lo que contentes, Floramon va a atender las heridas de tu amigo. ¿Leomon es lo suficientemente fiable como para que no tenga que digievolucionar y salir corriendo ahora mismo a buscarla?

—¡S-sí, lo prometo! ¡Él es un digimon muy noble y confiable, incluso si no es de nuestra tribu! ¡Si Leomon está ahí, seguro que la humana y el gaomon están bien!—aseguró Goblinmon. Leonardo le mantuvo la mirada para ver algún signo de mentira, y aunque se le veía nervioso por su camarada, no parecía estar mintiendo. Floramon añadió en defensa del goblin: “Nos ha guiado hasta este lugar tal y como prometió, y se ha conseguido orientar incluso en mitad de la oscura noche. Merece que no pongas en duda sus palabras, Leonardo.” El cánido sonrió y añadió: “Para ser honesto, no me parecía que me mintiera ahora.” La sonrisa del cánido, en contraste a todo lo serio que llevaba todo el tiempo, relajó un poco al Goblinmon.

—Eh, Garrod, no te puedo asegurar nada, pero es muy probable que estemos más cerca de Gaomon también. Por lo que parece, la suerte nos ha sonreído y están juntos. De todas formas, busca por el lugar, haber si encuentras algo de tu amigo—le dijo al chico. Sin duda, se le notaba en la cara que estaba de buen humor por el hallazgo, y se retiró. Goblinmon comenzó a dar vueltas por la cueva, y terminó examinando la olla. “¡Oye, podríamos preparar algo rico! ¡Sé donde puedo encontrar algo para preparar!” propuso Goblinmon, de buen humor.

—¿Ciertamente, no es un poco descortés que nos pongamos tan cómodos sin permiso? Es el refugio de Leomon, al fin y al cabo.

—¡Nos perdonará, nos perdonará! ¡Además, los tres nos merecemos una buena comida después de todo! ¿A que sí, chico, a que tú también tienes hambre?—Floramon dudó unos instantes pero terminó asintiendo. Habían caminado mucho casi un día entero, y aunque conociendo a Leonardo él querría continuar, debían reponer fuerzas. No llegarían muy lejos en ayunas y sin dormir, aunque fuera unas horas.

El ogro fue muy contento a buscar setas y frutillas, y Floramon le advirtió que no se alejase demasiado, pues aún podía haber sirvientes de la demonio dorada en las inmediaciones. El Goblinmon no tardó en volver, cargado de setas y frutillas. Floramon se sorprendió, porque ella no había podido identificar ni un sólo árbol que le pareciera frutal, pero parecía que Goblinmon conocía muy bien la zona. Mientras examinaba los alimentos y pedía ayuda a Garrod para encender el fuego, Goblinmon explicaba las propiedades de aquellas frutas; solían estar bajo las hojas de unos árboles similares a los pinos humanos, y aunque tuvieran una piel externa muy dura que las hacía parecer incomibles, si se partían con una piedra revelaban una segunda piel comestible, crujiente, que escondía a un líquido muy parecido al aceite que pudo usar para prepararlo. El experimento culinario resultó en setas salteadas en el aceite con crujientes trozos del fruto. El mediodía había llegado, y en preparar aquel plato habían tardado más o menos una hora y media; pero aún no había rastro de Leonardo. Floramon sabía que el digimon estaría buscando concienzudamente, sin importarle su propio bienestar. “Podéis comenzar vosotros. Yo esperaré a Leonardo-kun” les dijo Floramon, mientras daba de comer al herido.

Goblinmon se cruzó de brazos, relamiéndose e impaciente, diciendo que esperaría un poco, pero que si pasaban cinco minutos más, traería al cánido a rastras -más que nada porque cinco minutos era lo que necesitaba para seguir imaginándose lo afortunado que era el taciturno Leonardo de vivir con una digimon tan bonita y solícita como Flora-. No tuvo que hacerlo, porque el cánido llegó, notoriamente menos animado. Al verlo entrar, se acercó al cánido y le agarró el brazo con dulzura, le conocía lo suficientemente bien para saber que estaba abatido por no haber encontrado un rastro claro y por no haber cumplido su promesa a Garrod tan pronto como deseaba.

—Leonardo-kun, aguardaba tu llegada. Únete a nosotros para compartir esta comida que hemos preparado—Leonardo se quedó mirando la fogata y la olla, y aunque Leonardo iba a protestar, Floramon insistió y Leonardo sólo pudo poner una expresión entre sonrojo y agradecimiento hacia Floramon. Literalmente, tras aquella fustración, la actitud de Floramon sólo podía derretirle.

—Gracias, parece estar muy rico. Pero sólo venía a hacer un breve descanso antes de...—trató de decir.

—Come con nosotros, Leonardo-kun, por favor. Será divertido comer juntos... y te hará bien.

Leonardo suspiró antes de sonreír. Floramon era la única que lo podía convencer incluso si estaba metido en sus trece.


______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
Fuiste importante, mi flor,
los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
reina sin castillo, niña
¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
oblitera este cáncer.
* * *
-Muchas gracias, 6.

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Dom Abr 02, 2017 8:32 am

Gaomon

Después de las recomendaciones de Leomon, todos los jóvenes se prepararon para ir a dormir y de ese modo poder partir al camino secreto que llevaba con Ginkakumon. El plan, era que ambos digimon rookies pudieran recuperarse más rápido de sus heridas mediante el descanso, lo cual ayudaría a que el remedio funcionara mucho mejor sobre los cuerpos de ambos heridos, pues aún no desaparecía del todo el dolor .

Después de haber sido cubiertos con una enorme manta por el mismo Leomon, Gaomon se alistó para ello, aunque no se sentía muy cómodo ante la idea de dormir con gente desconocida. Pero lo que dejó sorprendido, fue el hecho de que Luna se había acomodado entre él y Bearmon para dormir esa noche, quien parecía haberse puesto muy cómoda al haberse colocado entre ellos. Aunque quien no lograba hacerse a la idea de verse obligado a dormir en compañía era Bearmon, pues éste sólo puso una cara de sorpresa e incomodidad cuando Luna se recostó con ellos dos. Esto último le pareció gracioso a Gaomon, quien sólo se limitó disimular la risilla.

Horas más tarde, cuando la oscuridad había envuelto por el completo la inmensidad del monte Bancho, los tres jóvenes ya se encontraban profundamente dormidos. Leomon, en reiteradas ocasiones, observaba a los tres jóvenes dormir a la vez que vigilaba la entrada de posibles intrusos; no podía darse el lujo de bajar la guardia ahora que los enemigos se encontraban al acecho por todo el monte. En el fondo, esperaba que esto no ocurriese para que los otros tres pudieran descansar tranquilamente después de todo lo que había pasado durante el día.

Desafortunadamente, el sueño de Gaomon había dejado de ser placentero pues este no dejaba de dar vueltas dentro de la manta. Para cuando se dio cuenta, ya había abierto los ojos, así que procedió a dirigir la mirada a sus acompañantes mientras se levantaba de donde se encontraba recostado en aquellos momentos. Luna en aquel instante, había pasado a colocar la mano sobre Bearmon para después volverse a acomodar de nuevo; mientras que Bearmon tenía una leve sonrisa en el rostro, lo cual era un cambio bastante agradable de ver en el osezno. Gaomon, en aquel instante, pasó a dejar envueltos a sus dos acompañantes cuando abandonó la calidez de la manta.

Gaomon pasó a recargarse contra uno de los muros de la cueva, una vez que se hubo sentado en el suelo. Para su sorpresa, Leomon había tomado asiento junto al pequeño cánido azul, quien aparentemente había estado al pendiente de todo.


-Por lo visto no puedes conciliar el sueño.-comentó el león humanoide mientras pasaba a recargarse junto al muro. Sin embargo, su semblante presentaba una actitud cálida-Si algo te preocupa, creo que es mejor contárselo a alguien más para que estés más tranquilo.-

Gaomon dirigió su mirada a quien había estado actuando como su protector durante estos momentos. Claramente se podía ver que estaba desganado a causa de tanta preocupación invadiendo su mente.

-Aún sigo pensado en que tal vez el humano que me estuvo cuidando, no me quiera volver a ver después del malentendido que tuvimos.-dijo Gaomon con voz triste-También tengo miedo de que le pueda pasar algo con la ogra malvada y su ejército de Grumblemon, porque no tiene manera de defenderse de los digimon.-

-Es natural que te preocupes por alguien a quien le has tomado cariño, pequeño. Pero si te preocupas así, sólo lograrás enfermarte por no descansar bien.-explicó Leomon mientras ponía su gran mano sobre la cabeza del Gaomon.-Trata de mantener tu mente en blanco, y de ese modo podrás relajarte-

En aquel momento, Gaomon bostezó y comenzó a sentir cómo le invadía nuevamente el sueño. Por mero impulso, se reclinó contra uno de los brazos de Leomon y para cuando Gaomon se dió cuenta, ya se había quedado completamente dormido. Leomon, entonces procedió a recostarlo en la manta junto a los otros jóvenes que dormían profundamente para que ellos estuviesen listos ante lo que pudiera ocurrir al día siguiente.

A la mañana siguiente, Leomon se dedicó a levantar a los tres jóvenes para poder partir hacia el camino oculto que les llevaría a los dominios de Gingkakumon de manera segura. Gaomon tardó un poco en reaccionar por haberse dormido mucho más tarde que los otros dos debido a los nervios, y para su sorpresa, las heridas prácticamente estaban curadas y ahora podía moverse con mucha mayor facilidad sin ningún tipo de molestia; lo cual terminó por alegrarlo bastante. Bearmon fue quien pudo levantarse prácticamente de inmediato aunque se sentía ligeramente somnoliento por ser las primeras horas de la mañana. La hora de partir prácticamente había llegado.

Cuando llegaron a la escarpada ladera, Gaomon estaba un poco asustado de tan semejante monstruo de roca que les esperaba escalar. Aunque no disminuyó mucho el temor cuando Luna mencionó que los más pequeños pudiesen ser los primeros que subieran, para que de ese modo hubiese modo para ayudarlos en caso de que alguno de aquellos que conformaran ese grupo se resbalara. Tuvo que reaccionar cuando Leomon mencionó que seguirían con la sugerencia de Luna para poder ascender a la montaña con mayor seguridad. Gaomon tuvo que tragarse el miedo para poder seguir con los demás el camino de subida.

Conforme iban subiendo, Gaomon hacía el mayor esfuerzo por tratar de mantener un buen ritmo durante el ascenso, pero entre más subía pudo darse cuenta como le iba faltando ls respiración y como se le iba nublando la vista. No tenía idea del por qué se estaba comenzando a sentirse tan mal repentinamente. Hubo un momento en que sin darse cuenta, no se sostuvo correctamente de una roca y estuvo a punto de resbalarse; pero logró salvarse del peligro gracias a que Leomon le hizo reaccionar antes de que ocurriera tal desgracia. Gaomon casi estuvo a punto de mirar hacía abajo, pero se abstuvo de hacerlo para no marearse y ponerse más nervioso de lo que se encontraba.

El ascenso comenzó a complicarse debido a la manera en que se iban apareciendo las rocas. Pero este se vio interrumpido cuando un extraño sonido, semejante al emitido por un avión, comenzó a invadir el perpetuo silencio de la montaña y se volvía más fuerte a cada segundo, al mismo tiempo que una extraña se acercaba en dirección al pequeño grupo. Aquella extraña silueta se trataba del digimon biohíbrido que la misma Luna había tratado de dar caza en el mundo real, y para desgracia de todos ellos, este los había detectado y procedió a lanzar su ataque contra ellos.


Garrod


Después de dejar salir toda aquella frustración y tristeza que había cargado durante esos últimos meses, Garrod se sintió bastante reconfortado al escuchar las palabras de sabiduría que venían del propio Leonardo. Pero quien le arrancó una sonrisa fue el Goblinmon torpe, ya que su simpleza y su falta de conocimiento sobre lo que era el sentido figurado era bastante graciosa. No esperaba que alguien tan simplón y despistado, pudiese librarlo finalmente del trance de tristeza en el que se había visto sumergido; lo cual le hizo cambiar un poco su opinión acerca de este pícaro acompañante.

Después de aquel breve momento de reflexión y alegría, todos ellos tuvieron que volver a ponerse en movimiento para evitar ser presa del enemigo. Aunque la oscuridad les brindaba ventaja para evitar ser detectados con la vista, no era motivo para ponerse a bajar la guardia, tomando en cuenta el incidente que habían sufrido hace algunas horas con Kinkakumon y sus secuaces. Todo había sucedido en un abrir y cerrar de ojos, que apenas se podía creer que se encontraban deambulando por la zona a altas horas de la madrugada en aquellos momentos.

Para cuando llegaron hacía donde se encontraba el refugio de Leomon, ya había comenzado a amanecer en el monte Bancho. La falta de sueño estaba comenzando a hacer mella sobre Garrod, puesto que sentía que en cualquier momento se desvanecería sino encontraban un momento para tomar un descanso y reponer las fuerzas perdidas. Pero al ver que la cueva estaba más cerca, Garrod trató de mantenerse concentrado para poder llegar allí entero y ver si podía detenerse a tomar un buen descanso. Sin embargo, cuando llegaron a la entrada, se llevaron una muy desagradable sorpresa en ese mismo instante.

Dentro de la cueva, se encontraban algunos Grumblemon, quienes estaban siendo sacudidos bruscamente por un Gigasmon. Dicho digimon, aparentaba ser quien comandaba al grupo de duendes, pues vociferaba por las fallas que estos habían tenido en la búsqueda de los humanos (aludiendo a Garrod y a Luna). Quien después de haberles dado un buen regaño ejemplar, abandonó la cueva y ordenó que hicieran lo que gustaran con un Goblinmon como una advertencia para Leomon; mismos que no perdieron en preparar todo para iniciar con la tortura de éste. Y fue en ese momento, que cuando el Goblinmon herido gimió, el Goblinmon que acompañaba al grupo de Garrod se lanzó hacía la cueva para poder rescatar a su camarada de tal sufrimiento evolucionando en Ogremon; cosa que impresionó al mismo Garrod.

En un abrir y cerrar de ojos, los Grumblemon cayeron ante el poder del digimon adulto con unos cuantos golpes fuertemente asestados. Leonardo entró para respaldarlo, lanzando golpes veloces y precisos que terminaron por dejar inconscientes a los miembros restantes, quienes terminaron por caer fácilmente al haber sido tomados por sorpresa. Garrod no podía creer que todo eso hubiese pasado en unos cuantos segundos y que ahora los papeles se hubiesen invertido para los matones. Fue a la orden de Leonardo que reaccionó y entró para ver cómo estaban las cosas, y la verdad no era nada agradable ver a aquel digimon gravemente herido. Posteriormente, Garrod tuvo que acompañar a Leonardo para buscar algo para poder inmovilizar a los Grumblemon antes de que estos reaccionaran.

Después de haber atado a los tres enemigos, Garrod procedió a registrar la cueva para ver si encontraba algo que diese pistas de Gaomon, siguiendo la sugerencia de Leonardo. La idea de que tal vez pudiera reencontrarse pronto con su compañero digimon le hizo recuperar pronto el ánimo. Aunque lo único que pudo encontrar allí, fueron algunas hojas de gran tamaño untadas con una extraña pasta verde que parecía estar hecha de una mezcla de hierbas. Procedió a tomarlas para dárselas a Leonardo y ver si podía identificar a quién se le habían aplicado las hojas, junto con una tabla de madera en la cual se encontraba dicha mezcla, ya que tal vez podría serles de utilidad.

Unas horas después de que Leonardo saliese de la caverna a salir a encontrar el rastro de Luna, Garrod se quedó ayudando a Flora a preparar algo de comer con los ingredientes qué el Goblinmon líder les había traído. Éste les comentaba las propiedades de las frutillas y setas que había traído, lo cual resultaba sumamente interesante de escuchar para Garrod, pues  no sabía cuando le podría ser necesaria esa información en caso de que se llegara a perder en la montaña. El platillo terminó por tener muy buena pinta, tanto que se le hizo agua la boca a Garrod, aunque tuvieron que esperar al buen Leonardo para poder comenzar a comer; cosa que no le agradó mucho a Goblinmon.

Momentos después, Leonardo regresó un tanto malhumorado a la cueva, lo cual significaba que no había encontrado algún rastro de quienes estaban buscando. Pero fue gracias a las dulces palabras de Flora, que éste decidió acompañarlos, incluso su semblante cambió por completo.


-Esto sabe muy bueno.-comentó Garrod después de dar otra probada al platillo.-Creo que terminaré tomando una buena siesta después de esto.-
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi Ayer a las 2:01 am

La siesta del joven humano no pudo llegar. Apenas estaban terminando de comer, oyeron un estruendo. Leonardo salió de la cueva y Goblinmon también.

-E... es en esa montaña cercana-un nuevo estallido y un trueno volvió a asolar el lugar. Floramon miró preocupada hacia Leonardo, transmitiéndole sin palabras que el bio-híbrido utilizaba tales poderes. ¿Estaría luchando contra la ogresa aún, y el combate se habría trasladado allí? Era posible. Pero también era muy posible que se tratase de Leomon y el pequeño grupo.

Leonardo se puso a cuatro pasas, y su cuerpo evolucionó al del can del pelaje negro.

-Si hay una sola posibilidad de que sea Luna, iré-dijo decididamente.

* * *

El biohíbrido enseguida comenzó a lanzar sus poderosos ataques contra ellos. Luna agarró de los brazitos a los digimon novatos, y se escondió tras una roca medianamente grande, temblando levemente. No le tenía pavor a los rayos... pero sí que la incomodaban. Los láseres de energía y los ataques del león iban y venían en una feroz lucha.

Repentinamente, la lucha encarnizada entre Leomon y el bio-híbrido se interrumpió.
El cuerpo digital dio paso a uno humano. En concreto al de un adolescente. Probablemente,llevado al límite por mantener su cuerpo de bio-híbrido, había perdido las fuerzas. Cayó hacia delante, como un peso muerto, y se precipitó peligrosamente hacia el abismo. Luna sabía que si caía rodando desde ahí, el chico se iba a terminar matando, así que, apretando la filosa roca de la fustración, su impulso fue soltarse para agarrar al chico de la cintura. Por un momento, mientras caía, le pareció ver las gotas de sangre de la mano, realizada por la filosa roca, flotaban ingrávidas.

"¡A-yu-da!" fue lo único que podía pensar. Ella miraba al Bearmon y a Gaomon como si no pudiera creerlo.

Las dos bufandas-garras que salían del pelaje de BlackGaogamon los recogió. Al girar la cabeza, lo vio: Leonardo estaba a varios metros de ellos, con gesto de urgencia. La humana emitió un largo suspiro al ver que las lianas de Floramon hacían una sujeción extra. La digimon flor iba montada en el can de pelaje negro.

-Oh, gracias a Dios, Leonardo, Flora...

-¡Luna! ¿Estás bien?-preguntó. Leonardo olisqueó el aire, y reconoció el olor del dueño de la cueva. Miró hacia el Leomon cuando Luna asintió-Tú debes ser el digimon del que Goblinmon hablaba-luego Leonardo paseó la mirada hacia los dos pequeños acompañantes.

-Gracias por darle tu amabilidad a Luna y cuidarla hasta nuestra llegada, señor Leomon-dijo educadamente la digimon flor.

El Goblinmon, transformado en Ogremon, trasportaba en sus hombros a su compañero herido, pero también a Garrod. No pasó más de un minuto antes de que se dejase ver, subiendo por la montaña, algo más lento que Leonardo para evitar empeorar las heridas de su compañero.

El momento del reecuentro había llegado.


Off: He dejado así más corto para que puedas describir la épica lucha de Leomon y el bonito reencuentro entre Garrod y Gaomon *^*

______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
Fuiste importante, mi flor,
los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
reina sin castillo, niña
¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
oblitera este cáncer.
* * *
-Muchas gracias, 6.

Through many dangers, toils and snares, i have already come...//´Tis grace that brought me safe thus far, and grace will lead me home.


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Luna Kobayashi
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Faltas : Cómo diez millones
Prueba de Rol : A
Digi Puntos : 391
Ficha : [url=http://digimonadventure-rol.superforo.net/t3453-luna?highlight=Luna]
Nivel On Rol : Rookie
Nivel On Rol de los Digi Aliados :
Leonardo

Champion


Icono : Union Saver: Organizacion mundial e interdimencional destinada a proteger, mantener el orden y justicia en ambos mundos
Rango y Unidad : Luna Naitoenjeru
Rango: Soldado
División: Four Holy Beast
Unidad/Sub-division: North Shield Tortule

Flora
Rango: Soldado
División: Four Holy Beast
Unidad/Sub-division: North Shield Tortule

Rango y Unidad Digi Aliado : Leonardo
Rango: Soldado
División: Four Holy Beast
Unidad/Sub-division: North Shield Tortule
Inventario :


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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

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