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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
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La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Mar Mar 21, 2017 10:16 am

Aunque durante una media hora su mente estuvo inquieta, que Leomon hiciera guardia le relajaba hasta cierto punto; parecía muy fuerte, lo suficiente como para poder alejar a cualquier extraño. También le tranquilizaba el hecho de no hallarse sola allí, en mitad de aquella cueva y poder dormir con alguien más aunque fueran digimon. Había una manta —bastante grande porque probablemente la usaba Leomon, que era más alto que los dos digimon y la humana juntos— que utilizaron para dormir compartiéndola. Luna se colocó entre ambos rookies, y entrelazó los dedos, poniendo las manos sobre su propio abdomen mientras miraba hacia arriba. Al rato, los digimon se durmieron, y notaba cómo sus pelajes transpiraban una sensación de calidez. Comenzó a  mover los dedos nerviosamente, al principio, pero terminó por dormir un par de horas, las cuales su cuerpo agradeció. Aún así, se despertó en mitad de la madrugada, no porque tuviera pesadillas, sino porque siempre había sido una persona con problemas para dormir de un tirón, probablemente a causa de sus frecuentes ataques de angustia y el continuo estado de estrés emocional que cargaba desde que tenía memoria. Le recomendaban pastillas para dormir de potencia leve, pero Luna era reticente a tomarlas, por un miedo inconsciente a pasarse con la cantidad y no volver a despertar nunca... era algo que había visto en tantas películas, que no le extrañaría demasiado que le sucediera si se acostumbraba a conciliar el sueño por medios así.

No se oía nada fuera. Los ojos de Luna recorrían la cueva, llenos de energía. Los cánticos de los grillos y el viento colándose por la entrada de la cueva era lo único que se oía. Todo parecía muy tranquilo.

Se dio cuenta de que tenía la mano alargada para tocar un poco del pelaje del Gaomon, como cuando los niños agarran una mantita para mantenerse tranquilos en la noche. De manera inconsciente movió el pie, esperando encontrar la suavidad del pelaje de Leonardo, que dormía a los pies de Luna y Flora como lo haría un perro ordinario. Soltó al Gaomon, y mirando el techo de la cueva, alzó una mano, observando la palma de ésta y con la otra, agarró el D-Arc:

“Estas manos quizás pudieran ayudar a otros. Quizás consiga ayudar a esos Goblinmon si tengo algo más de fe.”

Miró hacia ellas con recelo. Nunca había estado muy segura de lo que se le daba bien, o si siquiera había algo que se le diera bien.

“Me pregunto si ayudando a otras personas, poco a poco, al final sabré hacer que mis manos me ayuden a mí también... y me pregunto si es demasiado egoísta que esa sea mi razón para ayudar a otros.”

Con un resoplido, dejó caer la mano sobre la manta, con un resoplido antes de pasarse las manos por la cara y apartar su flequillo, mientras se decía a sí misma que debía intentar dormir.

"¿Y si no lo hago bien?"

Leomon había dicho que la ayudaría, así que ella debía ayudar procurando, al menos, estar al 100% de su fuerza al ascender por aquella ladera. Se concentró en eso. Pudo dormir algo más, hasta que el sol emergió, cuando fueron despertados por Leomon. Era la hora. Cada uno de ellos se lo tomaba a su propia manera. Le tomó un poco de tiempo despertar del todo, sin embargo, cuando salió de la cueva su mente la puso alerta y se ponía nerviosa, porque aunque los aliados de la ogresa supuestamente no conocían el camino a la ladera, sentía miedo de que en cualquier momento uno de esos ogros que la habían atacado —aún le dolían las costillas— apareciera de nuevo, pero no sucedió.

La ladera era una bella escultura natural que, a la par de caótica tenía el aire magnánimo de la inmensidad de la montaña contra la pequeñez del ser humano. Sin embargo, gran parte de su belleza residía en aquello que Luna se temió que iba a ser un reto casi imposible. Lo escarpado del terreno y la irregularidad de los tramos, la paulatina invasión de la nieblo a medida que se ascendía y esa pendiente. Luna iba a preguntar dónde estaba la cueva, pero probablemente lo máximo que podría hacer Leomon para responder sería señalar a algún punto de la niebla, allá arriba, imposible de apreciar así que se ahorró la pregunta... y tragó saliva.

Soltó un improperio muy sincero.

Leonardo les mostró algo. Sorprendentemente había una especie de... ¿senda? Su estado impedía decir mucho más. Era tan viejo y la ladera era tan salvaje en sí misma, que en algunos tramos lo que había parecido un intento de allanar un poco la subida desaparecía completamente, para tras un rato volver a aparecer como una huella difusa.

—Ojalá esto se escalase solo—comentó Luna, comenzando a caminar. Seguía sin imaginarse a sí misma escalando aquello, aún así, dio los primeros pasos, calculando la pronunciada pendiente. Se iba agarrando como podía a las rocas para estabilizarse, ya que aunque podía caminar de pie, si no pisaba con fuerza, se resbalaría unos metros hacia abajo. En la falda, resbalar hacia abajo un poco y retroceder sobre sus pasos, no era tan malo; era una pérdida de esfuerzo, sí, pero no el peligro mortal en el que se tornaría cuando estuviera a más altura. Si perdían por completo el equilibrio podían llegar a despeñarse. Luna se ajustó el mitón derecho al notar cómo las afiladas rocas rayaban el cuero de la prenda.

No trastabillar en algún momento del ascenso iba a ser  prácticamente imposible., incluso si se ayudaban de las irregularidades del terreno para escalar.

—Será imposible no tropezarnos. Debemos tener mucho cuidado, si perdernos por completo el equilibrio...

Luna se quedó pensando unos momentos, no hacía falta decir lo que pasaría. Se le ocurrió algo, pero no tenía idea de si serviría de algo. En realidad no sabía si lo que a ella le parecía una buena precaución —a falta de un pico y un equipo de escalada idóneo— era una reverenda tontería, así que miró a los digimon que la acompañaban, esperando ver qué opinaban ellos antes de empezar a subir.

—Si vamos en fila india, poniendo a los más ligeros al frente, podríamos ayudarnos mutuamente porque tendríamos fuerza suficiente para agarrarlo y ayudarle a reincorporarse. Quien vaya el último deberá tener mucho cuidado, ninguno de nosotros podrá ayudarle.

* * *
Goblinmon insistió: "¿Pero ese digimon es su compañero? ¿Y qué es un compañero digimon? ¿Tan importante es?" .

Floramon intentó responder a las dudas del goblin. Él puso toda la atención que podía, aunque por la cara de embobado que tenía, probablemente estaba más concentrado en el movimiento de los labios de ella y en disfrutar de la melodía de su voz al explicar aquello que por entenderlo.

—Es una pregunta difícil. Cada persona responde de una manera distinta, pero la definición más extendida es que un tamer y digimon son un humano y digimon que poseen un lazo muy fuerte. Esto les permitiría llegar a un nivel muy alto de poder, un nivel que por separado, el digimon no podía alcanzar. Pero no se trata de una simple cuestión de poder... cuando están alejados uno del otro, sienten un vacío en el corazón. Ciertamente, creo que podría ser por eso que sientes tal tristeza. Sea o no tu digimon, reitero que te ayudaremos a encontrarle; ayudar a la gentes es nuestro deber como agentes de los Union Saver, y ciertamente, eres un buen muchacho, así que con gusto lo haremos—Floramon se llevó una mano a los labios, ante cómo el chico mencionaba a sus padres. A ella le sorprendía porque pensaba que el caso del padre ausente y la carencia de madre de Luna era casi único; el carácter de la flor era inocente, y le costaba aún creer que simplemente hay padres que no les interesa sus hijos, así que se quedó sin saber qué decir—Es probable que algo esté distrayendo sus mentes, pero ellos deben pensar en ti y tu bienestar... son tus padres. ¿Cómo no notarían que...?

Leonardo suspiró. Él no era el mejor dando consejos, pero parecía que la digimon estaba en un aprieto así que sugirió: “Quizás hablar con Luna pueda ayudar”. Luego, explicó a Garrod por qué había dicho aquello, mirándolo.

—Es la chica que  buscamos. Ella de hecho, se suele sentir de manera parecida porque no es alguien sociable. Su situación con su padre también es difícil—prefirió que fuera Luna quien le diera el resto de detalles si quería. Estaba bastante seguro de que sentiría simpatía por Garrod. Probablemente Luna en algún punto había dicho aquellas mismas palabras... y Floramon había sentido incluso una mayor impotencia al no poder hacer nada—Ella podría aconsejarte sobre cómo llevarlo mejor, o simplemente, podéis divertiros juntos si no tiene un consejo que darte. Sois jóvenes al fin y al cabo, se supone que debéis divertiros, no sufrir.

El digimon cánido desvió la mirada.

—La solución más práctica que veo es llevarte con Gaomon.  Y es lo que voy a hacer. Si de alguna forma ese digimon te ayudó en la vida, merece como mínimo que te asegures de que estás bien. En cuanto a lo otro, sé que no es sencillo. Sentir que nada importa... yo lo sentí una vez. Pero tienes que caminar y viajar; no será sencillo ni rápido. Y algún día encontrarás tu propósito, lo que te hace feliz—en su caso, Floramon y Luna lo curaron, y no sólo ellas, la ambición de ser un buen agente le ayudaba a sentirse bien, a sentir que no iba dando tumbos por la vida... pero eso había sucedido tras un largo viaje vital.

Se quedó callado por unos segundos antes de continuar, mientras miraba a Garrod a los ojos:

—Una vez lo encuentres, aférrate a ello y cuídalo más que a tu propia vida.

Floramon se quedó mirando a Leonardo con admiración al verlo hablar con aquella franqueza y decisión. En su simpleza, había una especie de heroicidad que le hacía admirarle y respetarle mucho. El ambiente se quedó tenso por la seriedad, y Goblinmon fue quien lo rompió:

—No entendí mucho, pero no llores, humano. ¡Eres un humano especial, sin duda! ¡Yo te veo y estos digimon también! ¿No? No me pareces invisible—el Goblinmon no parecía entender el sentido figurado, pero decía todo aquello con intención de ayudar como pudiera, así que dio palmaditas a la espalda del chico y tirando de él, para que se levantase—¡No te pongas a llorar cuando prácticamente lo tienes al lado, tonto! ¡Él estará con Leomon, así que apresurémonos!

El comportamiento bobalicón del ogro sirvió para que el semblante de Floramon se tranquilizase mientras exclamaba: “¡Qué voluntarioso de tu parte!”[/color]. Esas palabras provocaron el sonrojo de Goblinmon, que rió bobaliconamente mientras preguntaba: “¿Tú crees?”

[color=#6699FF]—¿...seguro que esa prisa es por que quieres ayudarle, o te da miedo que los siervos de Kinkakumon vengan?—musitó Leonardo, dando completamente en el clavo. Lo supo al ver que el digimon se ponía a reír nervioso, hinchando el pecho a la par que se ponía demasiado hiperactivo. Leonardo no pudo evitar preguntarse que por qué no le sorprendía. Miró hacia el chico—A pesar de eso, lleva razón, Garrod. Aquí somos blanco fácil.

Floramon agarró a Garrod de la mano con suavidad, tratando de hacer que el chico se sintiera un poco más protegido. Goblinmon juntó tímidamente sus dedos mientras farfullaba que él también estaba un poco triste, para ver si podía tener la suerte de caminar de la mano de la digimon flor, pero Leonardo le dio un suave puñetazo para que se dejase de teatritos y se concentrase.

La madrugada entraba, muy oscura y silenciosa a excepción del viento y los grillos, y esa penumbra enlentecía su marcha pero aún así, incluso con esa tranquilidad aparente, debían guardar cuidado: los peligros que podían sobrevenir eran mucho. Por un laso, los vasallos de Kinkakumon podían rondar, al igual que el biohíbrido. Leonardo esperaba que Goblinmon les llevase directamente y confiaba en que, a pesar de la oscuridad, supiera guiarse y no se desorientara. Goblinmon, por su parte, parecía muy convencido del camino que tomaban porque lo conocía bien.

Dieron las primeras horas del amanecer, y con ellas, llegaron al refugio de Leomon. Goblinmon se paró, y musitó que alguien registraba la cueva. El grupo se escondió, y tras hacerles una seña para que se quedasen atrás, Leonardo decidió acercarse un poco más para intentar averiguar si aquellos sirvientes de Kinkakumon habían encontrado a alguien dentro de la cueva. Un rugido de furia salió de la boca de la cueva, y de dentro de ella, semiagachado, Gigasmon, agarrando con su gran puño a un puñado de Grumblemon, que pataleaban en el aire. Abrigado por las rocas del terreno y el juego de luces y sombras que el bajo sol provocaba, pudo acercarse bastante.

—¿¡No habéis encontrado nada, patanes!? ¿¡Ni siquiera a uno sólo de los humanos!?

—¡Buscamos toda la noche! ¿Y si... simplemente ya se fueron de la montaña...? Esos humanos no parecen la gran cosa...¡Kinkakumon-sama no debería preocuparse por esos insectos!

—Cómo se nota que no sabéis de ellos—el Gigasmon dijo esto con tono burlón—Los son como parásitos, pequeños pero que pueden derribar a los más fuertes si les das tiempo a que muestren sus sucias estrategias.  ¡Nunca los subestiméis! Ellos son especialistas en engatusar, manipular y debilitar. Ellos quieren arrebatarnos esta montaña. Quieren repetir lo de hace tantos años, ¡quieren volvernos débiles!

Así que ya habían visto antes a humanos. Y parecía que no habían dejado muy buena impresión en aquellas tierras. Leonardo se preguntó cómo aquellos Grumblemon sabían de la ubicación de la cueva de Leomon, dudaba que si el digimon tuviera tratos con aquellos tipos si era tal y como Goblinmon aseguraba. Un llantito que provenía de la cueva le dio la respuesta, y aunque por un momento se temió que fuera Luna, casi al segundo reconoció que aquel no era el timbre de la chica. Leonardo se asomó un poco más y pudo ver una figura parecida a la de Goblinmon; aquel debía ser un compañero suyo.

—¿Y si están con Ginkakumon...? Si ellos van con él, ya no podremos hacer nada. Y si ya han llegado...

—¡Por eso, idiotas! ¡Si llegan a su territorio, nos será imposible atraparlos! Aún no están allí, los humanos no caminan con rapidez y tampoco vuelan. ¡Tienen que estar aún en algún lado, como ratas!—Gigasmon dejó caer al grupito de Grumblemon al suelo—Ya que no sabéis buscar, inútiles, matad a ese llorica. Ya no nos sirve, y sin duda, mandará a Ginkakumon y a Leomon un mensaje de advertencia sobre lo que les espera si siguen apoyando a esas cucharachas inmundas.

Gigasmon se alejó, sin duda para seguir buscando o comprobar si algún otro grupo de sirvientes de la demonio dorada habían tenido más pericia. Los Grumblemon suspiraron, aliviados, a la vez.

Probablemente Goblinmon había reconocido el llantito porque, completamente furioso corrió como una exhalación hacia los Grumblemon, que ya se relamían con la idea de matar a su enemigo goblin. Leonardo puso gesto de enfado, era un grupo grande de Grumblemon como para lanzarse sin plan previo, pero no esperó que el Goblinmon evolucionase a Ogremon en mitad de la carera y propinase y fuerte golpe al grupo con el mastín de hueso. Los Grumblemon no tuvieron oportunidad de defenderse, y fueron rematados por el cánido, que comenzó a noquearlos con golpes precisos que les dejaron inconscientes.

El Ogremon volvió a su forma rookie. Mientras que noqueaba al último de ellos, le dijo a Goblinmon que no sabía que pudiera evolucionar, a lo que él respondió que era fuerte. No perdieron mucho tiempo en intercambiarse esas palabras, pues Leonardo se apresuró a ver a aquella figura maltrecha que les esperaba, tendido en el suelo en el que había rastros de sangre. Debían haberle roto la nariz al juzgar cómo la barbilla y la pechera del heridos estaban llenas de sangre. Goblinmon apartó a Leonardo de un empujón, agachándose junto a su camarada, preguntando qué le habían hecho.

Floramon y Garrod acudieron al ver que los Grumblemon ya no eran un problema, así que Leonardo comenzó a darles instrucciones.

—¡Floramon, necesito que le atiendas! ¡Garrod, tú y yo busquemos algo para atar a esos tipos antes de que se pongan de nuevo en pie!

“Lo siento, hermano. Me dieron muchos golpes, y tuve que traerles... seguro que les han hecho daño por mi culpa...” se disculpó el herido. Aquel pobre diablo había recibido tamaña paliza que ni debía acordarse de si había alguien o no en la cueva cuando los llevó hasta allí. Goblinmon lo tranquilizó diciendo que no pasaba nada, que la humana debía estar a salvo en algún otro lugar. Floramon  los interrumpió, debía atender al herido cuanto antes. Los pétalos de la digimon brillaban cargados de energía solar para utilizar su técnica curativa para eliminar las heridas que pudiera. Y aunque no pudiera tratar las serias, su polen tranquilizante servía bien como analgésico para alejar la sensación de dolor hasta que alguien pudiera tratarlo.

—No pronuncies más palabras—reprendió la flor con dulzura al herido, antes de mirar a Goblinmon y decirle—Lo siento, pero necesita reposo. Es aconsejable que, hasta que esté más estable, evites darle ningún tipo de sobresalto, así que preferiría que no habléis hasta que pase un pequeño lapso de tiempo.

El Goblinmon asintió antes de acercarse a Leonardo, que ataba a los Grumblemon. El cánido había registrado superficialmente la cueva, y sin duda aquel era el asentamiento de algún digimon, porque había todo tipo de enseres que alguien que viviría en ese lugar necesitaría. El cánido sonrió de manera poco amable al encontrar las cuerdas; quizás luego, después de registrar a fondo, usase a estos tipos de saco de boxeo si se ponían demasiado ruidosos. No los podía moler a golpes —por su condición de agente U.S— pero estaba convencido de que a base de la “filosofía” del puño, algunos se pensaban más seriamente en que reincidir como delincuentes no era la opción más inteligente.

—Bien, ahora que estos tres no nos molestarán tenemos bastante qué hacer—dijo Leonardo a Goblinmon y a Garrod, una vez terminó de desatar a los grumblemon—Mientras Floramon se ocupa del herido, vosotros vais a encargaros de registrar la cueva. La hoguera es reciente, y los restos de la sopa están en buen estado, así que quien estuviera aquí no hace mucho que se fue, y no estaba solo, a juzgar por todos esos platos que se usaron.

Leonardo se acercó a una manta, y se la llevó al morro para olerla. Cerró los ojos, su olfato no era el más fino, pero sí era capaz de distinguir el olor de una persona con la que convivía tanto tiempo. Por primera vez todo el día, sonrió.

—Ella ha estado aquí—le dijo a Flora, con renovada energía.

Aunque la cara de Floramon se iluminó al compartir aquella alegría, pero miró al goblinmon herido.

—No podemos dejarlo en este lugar. Sin cuidados, pasará grandes dolores.

—Intentaré ver si puedo averiguar en qué dirección se han ido —Leonardo miró a Goblinmon, que tenía ojillos llorosos, aunque esta vez con razón; pensaba que Leonardo iba a decir que daba igual, que dejaría al herido allí y seguiría la búsqueda de la chica—Dime la verdad, te prometo que contentes lo que contentes, Floramon va a atender las heridas de tu amigo. ¿Leomon es lo suficientemente fiable como para que no tenga que digievolucionar y salir corriendo ahora mismo a buscarla?

—¡S-sí, lo prometo! ¡Él es un digimon muy noble y confiable, incluso si no es de nuestra tribu! ¡Si Leomon está ahí, seguro que la humana y el gaomon están bien!—aseguró Goblinmon. Leonardo le mantuvo la mirada para ver algún signo de mentira, y aunque se le veía nervioso por su camarada, no parecía estar mintiendo. Floramon añadió en defensa del goblin: “Nos ha guiado hasta este lugar tal y como prometió, y se ha conseguido orientar incluso en mitad de la oscura noche. Merece que no pongas en duda sus palabras, Leonardo.” El cánido sonrió y añadió: “Para ser honesto, no me parecía que me mintiera ahora.” La sonrisa del cánido, en contraste a todo lo serio que llevaba todo el tiempo, relajó un poco al Goblinmon.

—Eh, Garrod, no te puedo asegurar nada, pero es muy probable que estemos más cerca de Gaomon también. Por lo que parece, la suerte nos ha sonreído y están juntos. De todas formas, busca por el lugar, haber si encuentras algo de tu amigo—le dijo al chico. Sin duda, se le notaba en la cara que estaba de buen humor por el hallazgo, y se retiró. Goblinmon comenzó a dar vueltas por la cueva, y terminó examinando la olla. “¡Oye, podríamos preparar algo rico! ¡Sé donde puedo encontrar algo para preparar!” propuso Goblinmon, de buen humor.

—¿Ciertamente, no es un poco descortés que nos pongamos tan cómodos sin permiso? Es el refugio de Leomon, al fin y al cabo.

—¡Nos perdonará, nos perdonará! ¡Además, los tres nos merecemos una buena comida después de todo! ¿A que sí, chico, a que tú también tienes hambre?—Floramon dudó unos instantes pero terminó asintiendo. Habían caminado mucho casi un día entero, y aunque conociendo a Leonardo él querría continuar, debían reponer fuerzas. No llegarían muy lejos en ayunas y sin dormir, aunque fuera unas horas.

El ogro fue muy contento a buscar setas y frutillas, y Floramon le advirtió que no se alejase demasiado, pues aún podía haber sirvientes de la demonio dorada en las inmediaciones. El Goblinmon no tardó en volver, cargado de setas y frutillas. Floramon se sorprendió, porque ella no había podido identificar ni un sólo árbol que le pareciera frutal, pero parecía que Goblinmon conocía muy bien la zona. Mientras examinaba los alimentos y pedía ayuda a Garrod para encender el fuego, Goblinmon explicaba las propiedades de aquellas frutas; solían estar bajo las hojas de unos árboles similares a los pinos humanos, y aunque tuvieran una piel externa muy dura que las hacía parecer incomibles, si se partían con una piedra revelaban una segunda piel comestible, crujiente, que escondía a un líquido muy parecido al aceite que pudo usar para prepararlo. El experimento culinario resultó en setas salteadas en el aceite con crujientes trozos del fruto. El mediodía había llegado, y en preparar aquel plato habían tardado más o menos una hora y media; pero aún no había rastro de Leonardo. Floramon sabía que el digimon estaría buscando concienzudamente, sin importarle su propio bienestar. “Podéis comenzar vosotros. Yo esperaré a Leonardo-kun” les dijo Floramon, mientras daba de comer al herido.

Goblinmon se cruzó de brazos, relamiéndose e impaciente, diciendo que esperaría un poco, pero que si pasaban cinco minutos más, traería al cánido a rastras -más que nada porque cinco minutos era lo que necesitaba para seguir imaginándose lo afortunado que era el taciturno Leonardo de vivir con una digimon tan bonita y solícita como Flora-. No tuvo que hacerlo, porque el cánido llegó, notoriamente menos animado. Al verlo entrar, se acercó al cánido y le agarró el brazo con dulzura, le conocía lo suficientemente bien para saber que estaba abatido por no haber encontrado un rastro claro y por no haber cumplido su promesa a Garrod tan pronto como deseaba.

—Leonardo-kun, aguardaba tu llegada. Únete a nosotros para compartir esta comida que hemos preparado—Leonardo se quedó mirando la fogata y la olla, y aunque Leonardo iba a protestar, Floramon insistió y Leonardo sólo pudo poner una expresión entre sonrojo y agradecimiento hacia Floramon. Literalmente, tras aquella fustración, la actitud de Floramon sólo podía derretirle.

—Gracias, parece estar muy rico. Pero sólo venía a hacer un breve descanso antes de...—trató de decir.

—Come con nosotros, Leonardo-kun, por favor. Será divertido comer juntos... y te hará bien.

Leonardo suspiró antes de sonreír. Floramon era la única que lo podía convencer incluso si estaba metido en sus trece.


______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
Fuiste importante, mi flor,
los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
reina sin castillo, niña
¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
oblitera este cáncer.
* * *
-Muchas gracias, 6.

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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Dom Abr 02, 2017 8:32 am

Gaomon

Después de las recomendaciones de Leomon, todos los jóvenes se prepararon para ir a dormir y de ese modo poder partir al camino secreto que llevaba con Ginkakumon. El plan, era que ambos digimon rookies pudieran recuperarse más rápido de sus heridas mediante el descanso, lo cual ayudaría a que el remedio funcionara mucho mejor sobre los cuerpos de ambos heridos, pues aún no desaparecía del todo el dolor .

Después de haber sido cubiertos con una enorme manta por el mismo Leomon, Gaomon se alistó para ello, aunque no se sentía muy cómodo ante la idea de dormir con gente desconocida. Pero lo que dejó sorprendido, fue el hecho de que Luna se había acomodado entre él y Bearmon para dormir esa noche, quien parecía haberse puesto muy cómoda al haberse colocado entre ellos. Aunque quien no lograba hacerse a la idea de verse obligado a dormir en compañía era Bearmon, pues éste sólo puso una cara de sorpresa e incomodidad cuando Luna se recostó con ellos dos. Esto último le pareció gracioso a Gaomon, quien sólo se limitó disimular la risilla.

Horas más tarde, cuando la oscuridad había envuelto por el completo la inmensidad del monte Bancho, los tres jóvenes ya se encontraban profundamente dormidos. Leomon, en reiteradas ocasiones, observaba a los tres jóvenes dormir a la vez que vigilaba la entrada de posibles intrusos; no podía darse el lujo de bajar la guardia ahora que los enemigos se encontraban al acecho por todo el monte. En el fondo, esperaba que esto no ocurriese para que los otros tres pudieran descansar tranquilamente después de todo lo que había pasado durante el día.

Desafortunadamente, el sueño de Gaomon había dejado de ser placentero pues este no dejaba de dar vueltas dentro de la manta. Para cuando se dio cuenta, ya había abierto los ojos, así que procedió a dirigir la mirada a sus acompañantes mientras se levantaba de donde se encontraba recostado en aquellos momentos. Luna en aquel instante, había pasado a colocar la mano sobre Bearmon para después volverse a acomodar de nuevo; mientras que Bearmon tenía una leve sonrisa en el rostro, lo cual era un cambio bastante agradable de ver en el osezno. Gaomon, en aquel instante, pasó a dejar envueltos a sus dos acompañantes cuando abandonó la calidez de la manta.

Gaomon pasó a recargarse contra uno de los muros de la cueva, una vez que se hubo sentado en el suelo. Para su sorpresa, Leomon había tomado asiento junto al pequeño cánido azul, quien aparentemente había estado al pendiente de todo.


-Por lo visto no puedes conciliar el sueño.-comentó el león humanoide mientras pasaba a recargarse junto al muro. Sin embargo, su semblante presentaba una actitud cálida-Si algo te preocupa, creo que es mejor contárselo a alguien más para que estés más tranquilo.-

Gaomon dirigió su mirada a quien había estado actuando como su protector durante estos momentos. Claramente se podía ver que estaba desganado a causa de tanta preocupación invadiendo su mente.

-Aún sigo pensado en que tal vez el humano que me estuvo cuidando, no me quiera volver a ver después del malentendido que tuvimos.-dijo Gaomon con voz triste-También tengo miedo de que le pueda pasar algo con la ogra malvada y su ejército de Grumblemon, porque no tiene manera de defenderse de los digimon.-

-Es natural que te preocupes por alguien a quien le has tomado cariño, pequeño. Pero si te preocupas así, sólo lograrás enfermarte por no descansar bien.-explicó Leomon mientras ponía su gran mano sobre la cabeza del Gaomon.-Trata de mantener tu mente en blanco, y de ese modo podrás relajarte-

En aquel momento, Gaomon bostezó y comenzó a sentir cómo le invadía nuevamente el sueño. Por mero impulso, se reclinó contra uno de los brazos de Leomon y para cuando Gaomon se dió cuenta, ya se había quedado completamente dormido. Leomon, entonces procedió a recostarlo en la manta junto a los otros jóvenes que dormían profundamente para que ellos estuviesen listos ante lo que pudiera ocurrir al día siguiente.

A la mañana siguiente, Leomon se dedicó a levantar a los tres jóvenes para poder partir hacia el camino oculto que les llevaría a los dominios de Gingkakumon de manera segura. Gaomon tardó un poco en reaccionar por haberse dormido mucho más tarde que los otros dos debido a los nervios, y para su sorpresa, las heridas prácticamente estaban curadas y ahora podía moverse con mucha mayor facilidad sin ningún tipo de molestia; lo cual terminó por alegrarlo bastante. Bearmon fue quien pudo levantarse prácticamente de inmediato aunque se sentía ligeramente somnoliento por ser las primeras horas de la mañana. La hora de partir prácticamente había llegado.

Cuando llegaron a la escarpada ladera, Gaomon estaba un poco asustado de tan semejante monstruo de roca que les esperaba escalar. Aunque no disminuyó mucho el temor cuando Luna mencionó que los más pequeños pudiesen ser los primeros que subieran, para que de ese modo hubiese modo para ayudarlos en caso de que alguno de aquellos que conformaran ese grupo se resbalara. Tuvo que reaccionar cuando Leomon mencionó que seguirían con la sugerencia de Luna para poder ascender a la montaña con mayor seguridad. Gaomon tuvo que tragarse el miedo para poder seguir con los demás el camino de subida.

Conforme iban subiendo, Gaomon hacía el mayor esfuerzo por tratar de mantener un buen ritmo durante el ascenso, pero entre más subía pudo darse cuenta como le iba faltando ls respiración y como se le iba nublando la vista. No tenía idea del por qué se estaba comenzando a sentirse tan mal repentinamente. Hubo un momento en que sin darse cuenta, no se sostuvo correctamente de una roca y estuvo a punto de resbalarse; pero logró salvarse del peligro gracias a que Leomon le hizo reaccionar antes de que ocurriera tal desgracia. Gaomon casi estuvo a punto de mirar hacía abajo, pero se abstuvo de hacerlo para no marearse y ponerse más nervioso de lo que se encontraba.

El ascenso comenzó a complicarse debido a la manera en que se iban apareciendo las rocas. Pero este se vio interrumpido cuando un extraño sonido, semejante al emitido por un avión, comenzó a invadir el perpetuo silencio de la montaña y se volvía más fuerte a cada segundo, al mismo tiempo que una extraña se acercaba en dirección al pequeño grupo. Aquella extraña silueta se trataba del digimon biohíbrido que la misma Luna había tratado de dar caza en el mundo real, y para desgracia de todos ellos, este los había detectado y procedió a lanzar su ataque contra ellos.


Garrod


Después de dejar salir toda aquella frustración y tristeza que había cargado durante esos últimos meses, Garrod se sintió bastante reconfortado al escuchar las palabras de sabiduría que venían del propio Leonardo. Pero quien le arrancó una sonrisa fue el Goblinmon torpe, ya que su simpleza y su falta de conocimiento sobre lo que era el sentido figurado era bastante graciosa. No esperaba que alguien tan simplón y despistado, pudiese librarlo finalmente del trance de tristeza en el que se había visto sumergido; lo cual le hizo cambiar un poco su opinión acerca de este pícaro acompañante.

Después de aquel breve momento de reflexión y alegría, todos ellos tuvieron que volver a ponerse en movimiento para evitar ser presa del enemigo. Aunque la oscuridad les brindaba ventaja para evitar ser detectados con la vista, no era motivo para ponerse a bajar la guardia, tomando en cuenta el incidente que habían sufrido hace algunas horas con Kinkakumon y sus secuaces. Todo había sucedido en un abrir y cerrar de ojos, que apenas se podía creer que se encontraban deambulando por la zona a altas horas de la madrugada en aquellos momentos.

Para cuando llegaron hacía donde se encontraba el refugio de Leomon, ya había comenzado a amanecer en el monte Bancho. La falta de sueño estaba comenzando a hacer mella sobre Garrod, puesto que sentía que en cualquier momento se desvanecería sino encontraban un momento para tomar un descanso y reponer las fuerzas perdidas. Pero al ver que la cueva estaba más cerca, Garrod trató de mantenerse concentrado para poder llegar allí entero y ver si podía detenerse a tomar un buen descanso. Sin embargo, cuando llegaron a la entrada, se llevaron una muy desagradable sorpresa en ese mismo instante.

Dentro de la cueva, se encontraban algunos Grumblemon, quienes estaban siendo sacudidos bruscamente por un Gigasmon. Dicho digimon, aparentaba ser quien comandaba al grupo de duendes, pues vociferaba por las fallas que estos habían tenido en la búsqueda de los humanos (aludiendo a Garrod y a Luna). Quien después de haberles dado un buen regaño ejemplar, abandonó la cueva y ordenó que hicieran lo que gustaran con un Goblinmon como una advertencia para Leomon; mismos que no perdieron en preparar todo para iniciar con la tortura de éste. Y fue en ese momento, que cuando el Goblinmon herido gimió, el Goblinmon que acompañaba al grupo de Garrod se lanzó hacía la cueva para poder rescatar a su camarada de tal sufrimiento evolucionando en Ogremon; cosa que impresionó al mismo Garrod.

En un abrir y cerrar de ojos, los Grumblemon cayeron ante el poder del digimon adulto con unos cuantos golpes fuertemente asestados. Leonardo entró para respaldarlo, lanzando golpes veloces y precisos que terminaron por dejar inconscientes a los miembros restantes, quienes terminaron por caer fácilmente al haber sido tomados por sorpresa. Garrod no podía creer que todo eso hubiese pasado en unos cuantos segundos y que ahora los papeles se hubiesen invertido para los matones. Fue a la orden de Leonardo que reaccionó y entró para ver cómo estaban las cosas, y la verdad no era nada agradable ver a aquel digimon gravemente herido. Posteriormente, Garrod tuvo que acompañar a Leonardo para buscar algo para poder inmovilizar a los Grumblemon antes de que estos reaccionaran.

Después de haber atado a los tres enemigos, Garrod procedió a registrar la cueva para ver si encontraba algo que diese pistas de Gaomon, siguiendo la sugerencia de Leonardo. La idea de que tal vez pudiera reencontrarse pronto con su compañero digimon le hizo recuperar pronto el ánimo. Aunque lo único que pudo encontrar allí, fueron algunas hojas de gran tamaño untadas con una extraña pasta verde que parecía estar hecha de una mezcla de hierbas. Procedió a tomarlas para dárselas a Leonardo y ver si podía identificar a quién se le habían aplicado las hojas, junto con una tabla de madera en la cual se encontraba dicha mezcla, ya que tal vez podría serles de utilidad.

Unas horas después de que Leonardo saliese de la caverna a salir a encontrar el rastro de Luna, Garrod se quedó ayudando a Flora a preparar algo de comer con los ingredientes qué el Goblinmon líder les había traído. Éste les comentaba las propiedades de las frutillas y setas que había traído, lo cual resultaba sumamente interesante de escuchar para Garrod, pues  no sabía cuando le podría ser necesaria esa información en caso de que se llegara a perder en la montaña. El platillo terminó por tener muy buena pinta, tanto que se le hizo agua la boca a Garrod, aunque tuvieron que esperar al buen Leonardo para poder comenzar a comer; cosa que no le agradó mucho a Goblinmon.

Momentos después, Leonardo regresó un tanto malhumorado a la cueva, lo cual significaba que no había encontrado algún rastro de quienes estaban buscando. Pero fue gracias a las dulces palabras de Flora, que éste decidió acompañarlos, incluso su semblante cambió por completo.


-Esto sabe muy bueno.-comentó Garrod después de dar otra probada al platillo.-Creo que terminaré tomando una buena siesta después de esto.-
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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Luna Kobayashi el Jue Ago 17, 2017 2:01 am

La siesta del joven humano no pudo llegar. Apenas estaban terminando de comer, oyeron un estruendo. Leonardo salió de la cueva y Goblinmon también.

-E... es en esa montaña cercana-un nuevo estallido y un trueno volvió a asolar el lugar. Floramon miró preocupada hacia Leonardo, transmitiéndole sin palabras que el bio-híbrido utilizaba tales poderes. ¿Estaría luchando contra la ogresa aún, y el combate se habría trasladado allí? Era posible. Pero también era muy posible que se tratase de Leomon y el pequeño grupo.

Leonardo se puso a cuatro pasas, y su cuerpo evolucionó al del can del pelaje negro.

-Si hay una sola posibilidad de que sea Luna, iré-dijo decididamente.

* * *

El biohíbrido enseguida comenzó a lanzar sus poderosos ataques contra ellos. Luna agarró de los brazitos a los digimon novatos, y se escondió tras una roca medianamente grande, temblando levemente. No le tenía pavor a los rayos... pero sí que la incomodaban. Los láseres de energía y los ataques del león iban y venían en una feroz lucha.

Repentinamente, la lucha encarnizada entre Leomon y el bio-híbrido se interrumpió.
El cuerpo digital dio paso a uno humano. En concreto al de un adolescente. Probablemente,llevado al límite por mantener su cuerpo de bio-híbrido, había perdido las fuerzas. Cayó hacia delante, como un peso muerto, y se precipitó peligrosamente hacia el abismo. Luna sabía que si caía rodando desde ahí, el chico se iba a terminar matando, así que, apretando la filosa roca de la fustración, su impulso fue soltarse para agarrar al chico de la cintura. Por un momento, mientras caía, le pareció ver las gotas de sangre de la mano, realizada por la filosa roca, flotaban ingrávidas.

"¡A-yu-da!" fue lo único que podía pensar. Ella miraba al Bearmon y a Gaomon como si no pudiera creerlo.

Las dos bufandas-garras que salían del pelaje de BlackGaogamon los recogió. Al girar la cabeza, lo vio: Leonardo estaba a varios metros de ellos, con gesto de urgencia. La humana emitió un largo suspiro al ver que las lianas de Floramon hacían una sujeción extra. La digimon flor iba montada en el can de pelaje negro.

-Oh, gracias a Dios, Leonardo, Flora...

-¡Luna! ¿Estás bien?-preguntó. Leonardo olisqueó el aire, y reconoció el olor del dueño de la cueva. Miró hacia el Leomon cuando Luna asintió-Tú debes ser el digimon del que Goblinmon hablaba-luego Leonardo paseó la mirada hacia los dos pequeños acompañantes.

-Gracias por darle tu amabilidad a Luna y cuidarla hasta nuestra llegada, señor Leomon-dijo educadamente la digimon flor.

El Goblinmon, transformado en Ogremon, trasportaba en sus hombros a su compañero herido, pero también a Garrod. No pasó más de un minuto antes de que se dejase ver, subiendo por la montaña, algo más lento que Leonardo para evitar empeorar las heridas de su compañero.

El momento del reecuentro había llegado.


Off: He dejado así más corto para que puedas describir la épica lucha de Leomon y el bonito reencuentro entre Garrod y Gaomon *^*

______________________
* * *
La verdad nos hará libres,
una mentira cruel,
no dejan de caer lágrimas,
ah, mi pequeña Remiel.
* * *
Fuiste importante, mi flor,
los recuerdos se marchitan,
¿o prefieres olvidar?
reina sin castillo, niña
¿a qué juegas? ¿a quién añoras?
* * *
Los débiles perecen,
es una triste realidad,
oblitera este cáncer.
* * *
-Muchas gracias, 6.

Through many dangers, toils and snares, i have already come...//´Tis grace that brought me safe thus far, and grace will lead me home.


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Re: La Guerra Secreta de la Montaña [Priv. YatterwaAgain y Garrod Ran]

Mensaje por Garrod Ran el Miér Nov 01, 2017 7:02 am

Garrod


Después de la basta merienda que habían tomado, Garrod terminó prácticamente repleto por la variedad que de alimentos que hubo en ésta. De hecho, eso le había producido una sensación de sueño, razón por la cual había decidido tomar una bien merecida siesta después de haber caminado tantas horas en la noche buscando el refugio de Leomon, y unas cuantas horas de sueño no le caerían nada mal.

Pero justo cuando se disponía a dormir a pierna suelta, los cuatro pudieron escuchar un estruendo que provenía de las afueras de la cueva. Leonardo y Goblinmon habían salido de allí para verificar que había provocado tal estruendo, siendo seguidos por Flora y Garrod, quienes también se encontraban angustiados y deseaban averiguar que pudo haber alarmado a ambos digimon. Para cuando salieron, se dieron cuenta de que se trataba de una explosión en una montaña cercana, cuyo trueno terminó resonando por todo el monte Banchou. Garrod pudo observar la manera angustiada en que Flora y Leonardo se observaban entre si, pues después de haber murmurado algo Leonardo se echó en cuatro patas y pasó a convertirse en el lobo negro enorme con cintas rojas, después pasó a echarse a correr en dirección a la explosión con Flora en su lomo; cosa que pasó a sorprender a Garrod.


-Parece que algo anda muy mal. Será mejor que lo sigamos, ya que podrían necesitar nuestra ayuda.-comentó Garrod a Goblinmon-No podemos dejarlos a su suerte.-

-Así se habla humano, es mi deber defender la montaña en nombre de mi señor.-exclamó el digimon mientras evolucionaba en Ogremon, al mismo tiempo que tomaba a Garrod y al herido sobre su espalda. Echándose a correr a toda velocidad, para darle alcance a Leonardo y Flora.

A Garrod le sorprendió bastante la velocidad con la que Ogremon se movía aún llevando dos personas a cuestas, ya que se le olvidaba que éste no se trataba de un ser cualquiera. Mientras alcanzaban a Leonardo, Garrod se percató de que diversos haces luz y surgían entre las explosiones, y eso le hizo caer en cuenta que había visto dicha clase de energía en los ataques del digimon que le hizo frente a la ogresa, cosa que terminó por inquietarlo bastante ya que de primera mano pudo ver su poder destructivo. Por lo manera en que había acabado a los Grumblemon, supuso que dicho digimon era de un nivel superior a estos, pero se le hizo extraño que unos enormes tubos verdes sobresalieran de su cabeza. Ahora sólo esperaba que no fuera tarde para quienes le estaban haciendo frente.

Gaomon


Pese a todo lo ocurrido, Gaomon pudo mantenerse firme en su camino para poder continuar con la difícil escalada. El trayecto parecía eterno, pero Leomon les había mencionado que dentro de poco llegarían a terreno elevado y de allí tomarían el camino secreto que les llevaría con Ginkakumon. Pero mientras escalaban, el sonido que era similar al zumbido producido por un avión se hizo aún más fuerte, cosa que terminó por inquietar al propio Leomon. Inmediatamente, el leonino ordenó que apresuraran el paso como pudiesen, ya algo se aproximaba muy rápido en dirección a ellos. Gaomon y Bearmon, fueron ayudados por Luna para poder llegar a una roca lo suficientemente estable para poder refugiarse; pero justo cuando estaban por tomar el brazo de la chica, una poderosa descarga de energía chocó cerca de donde se encontraban e hizo que ambos digimon novatos estuviera a punto de caer. Afortunadamente, habían logrado ser salvados por Luna, quien les sostuvo fuertemente de sus brazos.

Aquella situación puso en alerta a Leomon, quien con una impresionante agilidad se desplazó para poder auxiliar al trío de jóvenes. Para su buena fortuna, logró llegar a tiempo para que ambos digimon infantiles pudiesen alcanzar donde se encontró Luna y refugiarse de los poderosos ataques de energía. Una vez hecho esto, Leomon se preparó a hacerle frente a aquel adversario, aún sabiendo que éste se encontraba en una etapa más que la de él y el reto que representaría hacerle frente; pero también había algo en aquel MetalLifeKuwagamon que le producía mucha inquietud.

A la primera señal de movimiento de Leomon, MetalLifeKuwagamon comenzó su ofensiva lanzando una ráfaga de disparos contra éste. En respuesta a esto, Leomon desenvainó su espada mientras se lanzaba a la siguiente roca saliente y se sostenía de ésta con su mano libre, mientras que con la espada desviaba la mayor cantidad de disparos posibles para así poder desplazarse a la siguiente roca y esquivar el próximo ataque que le fuese lanzando. Si bien la táctica se mostraba efectiva como maniobra defensiva, el digimon león tenía conocimiento de que no le serviría por mucho tiempo contra un digimon del tipo máquina, pues éste podría efectuar una contraofensiva analizando el desempeño de Leomon durante el transcurso del combate; así que debía pasar a la ofensiva pronto.
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