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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
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Memorias

Mensaje por Elluka Clockworker el Miér Jun 22, 2016 10:48 pm

Capítulo I "¿Qué sentimientos?"



Ese día hacía mucho calor, el aire acondicionado estaba encendido y hacía mucho más fácil mi trabajo como bibliotecaria en el hogar que tenía en el mundo digital. Era una sala amplia, y había un par de mesas al frente de mi escritorio. Los chicos habían dejado libros abiertos en ellos, todos eran simpáticos pero ¡menudo desorden! Sabía que era mi trabajo el organizar el lugar, pero no lo hacían más fácil con cosas como esa.

Suspiré y me acerqué a los libros abandonados en las mesas, cerrándolos uno a uno. El silencio del lugar era acogedor de cierta manera, pero odiaba admitir que extrañaba hacer escándalo discutiendo con Scott de un lado a otro. ¿Quería verlo? ¿Por qué tenía que extrañarlo sí estábamos en el mismo edificio?

Mis sentimientos por él eran un tanto complejos, quería odiarlo por ser tan intransigente, tan desinteresado... Pero cuando veía ese lado tan amable que rara vez mostraba, era difícil controlar mis ganas por abrazarlo. Mientras pensaba en ello, tomé un libro en mis brazos y lo apreté con suavidad. No estaba practicando por sí se me presentaba la oportunidad, sólo sentía que debía apreciar un poco más esa textura tan fina de la cubierta del objeto.

Mientras más pensaba en el asunto, más deseaba que desapareciese. Me gustara o no, yo tenía un compromiso en el mundo humano con un buen amigo. Aún si no podía volver, me sentiría como una traidora al admitir mis sentimientos de amor por un sucio, grosero, desinteresado mercenario. ¿Qué sentimientos? ¿Admitir qué? ¡Todo era un error! Yo ya no podía estar más en un lugar con él a solas, ni siquiera sabía por qué había aceptado en primer lugar el vivir aquí.

Dejé el libro en la mesa con un gran estruendo que resonó en eco por toda la habitación.
-¿Louise? -Me llamó Lunamon al entrar en la biblioteca. Tenía su típica cajita con jugo en manos, pero no estaba bebiendo nada. -¿Ocurre algo? Escuché un ruido muy fuerte.
-Nada, linda. -Gruñí mientras me cruzaba de brazos. Mi cara estaría ardiendo en un rojo intenso de no ser porque la que entró era mi compañera digital, ella ya había visto todas mis facetas.
-¿Es por Scott otra vez? -Preguntó con unos ojos completamente inocentes y se apresuró a beber de la pajilla.
-¡Claro que no! ¡Qué va! -Protesté por inercia sin pensar mi respuesta. -¿Quién pensaría en semejante garçon assoiffé de sang? Si yo pensara en algún muchacho, tendría que ser elegante y repleto de clase. -Corregí y posé ambas manos en la cintura, ondeando mi capa al inclinarme a la altura de la digimon novata. -Alguien parecido a monsieur Fuji, poderoso y apuesto, un fino caballero. -Me inflé con orgullo de mi maestro. Sí, definitivamente él sería el tipo de persona con la que me gustaría salir algún día, no comprendía del todo por qué mis pensamientos se veían invadidos por alguien que representaba casi todo lo opuesto a ello.
-A mi me cae bien Scott ¡fue muy amable al dejarnos vivir aquí! ¿No lo crees, Louise? -La risa de Lune me calmaba de cierta manera. Esbocé una sonrisa después de ello, mi amiga tenía razón sobre eso. Scott tenía un lado muy bueno que quería sólo para mi, pero nunca habría de decirlo en voz alta. Tal vez, sólo tal vez, si asimilaba mis sentimientos por él desaparecerían poco a poco. Sólo era la novedad, ¿O no?

Terminé mi trabajo por el día y decidí salir a estirarme un rato. No pedí permiso esta vez, había acordado días atrás el reunirme con un querido amigo en la plaza central y no pensaba cambiar eso según el humor de mi queridísimo jefe.
-¿Estás segura, Lune? -Pregunté mientras caminaba al lado de mi compañera. -Creí que querías jugar con Nova esta tarde. -Nova, ese era el nombre del digimon oscuro con el que Lune se llevaba mejor en el lugar. Era cómo si se conociesen de toda la vida, me daba un poco de celos esa relación tan cercana.
-Cheshire también es muy divertido. -Dijo repleta de energía, pero no parecía muy convencida. Lo sabía porque apenas terminó de hablar y volvió a su cajita de jugo, la segunda del día. -Y el señor Julio también es muy lindo, a mi también me gusta venir. -Su aguda voz era tan adorable como siempre, pero sabía bien que ella venía para acompañarme y no para jugar con mis amigos. Parecía más empeñada en convencerse a sí misma de la idea que a mi. Le dediqué una mirada que reflejaba que no tragaba su engaño, pero decidí dejarlo pasar. No quería obligarla a quedarse en casa, a veces ella también necesitaba salir.

-Mia bambina -Escuché exclamar a lo lejos. Aún no llegábamos a Ciudad Central, estábamos a los bordes de la población, pero parecía que nos encontramos con nuestros destinados antes de tiempo.
-Mon cher Julio. -Lo saludé con la mano y un movimiento lateral suave, como de bailarina. Nos acercamos mutuamente y nos saludamos tomando ambas manos, con mucho tiempo después de no vernos. Julio era como mi mejor amigo, nos conocíamos desde pequeños, así que ver sus desiguales ojos para mi era como estar de regreso en esos días en casa.
-Buen día, joven damisela. -El Pawn Chessmon blanco de Julio me dedicó una reverencia cual pequeño soldado de juguete. Cheshire era su nombre, y era un servidor muy leal a su tamer. La relación que había entre Julio y Cheshire era muy diferente a la que había entre Lune y yo, pero no comprendía el porqué debería ser diferente. Yo no era nadie para cuestionar lazos entre digimon y tamer, así que decidí callar sin más y responder a la reverencia del peón. Dirigí mis ojos a Lunamon para que saludase, pero parecía nuevamente tener un ataque de timidez. Julio se acuclilló hasta la altura de mi rookie y la saludó alzando la mano. Pude apreciar una risita salir de mi compañera, y el rubio se alzó de nuevo para verme con unos ojos llenos de emoción.
-¿Te apetece comer algo? -Me preguntó tomando suavemente de mi mano. Me incomodé un poco, y la alejé a la fuerza con una risa nerviosa. Julio se tomaba muy enserio el papel de ser mi prometido, pero yo no me sentía a gusto con ello. Él sonrió al suelo en respuesta a mi acto, no se enojó o me reclamó algo; apreciaba mucho eso de su persona.
-A decir verdad, un té y pastel no estarían nada mal. -Junté ambas manos para reafirmar mi propuesta, y posteriormente me acomodé el cabello que se descontrolaba con las suaves brisas que de vez en cuando se asomaban.

Caminamos por un rato en búsqueda de un café que satisficiera nuestras refinadas necesidades pero el tiempo comenzaba a hacernos presa, así que decidimos parar en el más cercano. Si bien, no era algo a lo que estábamos acostumbrados, el ambiente a cafetería americana de los años sesenta daba cierto aire acogedor.
-Louise. -Me llamó el rubio después de que la moza se alejase con nuestros pedidos. Me sorprendí un poco, era raro que Julio me llamara por mi nombre; la gran mayoría del tiempo yo era "mia bambina" o "cuore". Sonreí de manera amplia a mi acompañante como respuesta.
-¿Te incomoda el lugar? A mi me parece bastante soportable. -Traté de adivinar su pensamiento con cierta ironía. Lunamon y Pawn Chessmon se encontraban viendo las flores de los ventanales, a petición de la primera por supuesto. Así era Lune, le encantaba disfrutar de las pequeñas cosas de la vida; yo, por mi parte, siempre he sido muy exigente con mis comodidades, éramos como dos polos opuestos.
-No es eso. -Julio replicó con una curvatura burlona en sus labios y se cruzó de brazos, reclinándose ligeramente en su asiento frente al mío.
-Te ves nervioso, supuse que la cafetería te parecía poca cosa. Como aquella vez en el Champ de Mars, ¿Recuerdas? -Continué y Julio dejó salir una melodiosa carcajada de su boca. -"Mi acompañante pidió té negro, no té verde; y el pan está duro, la luz nos molesta y la ventilación no es nada cómoda. Yo mismo me haré cargo de informarle, no a su gerente, al dueño de las instalaciones que su servicio no es más que..." -Imitaba a mi amigo de manera histriónica. Me agradaba mucho escuchar su risa, nuevamente, era como estar en casa.  
-Basta, cuore, no voy a quejarme esta vez. -Me detuvo riendo a carcajadas, pero con ciertos aires de seriedad. Guardé silencio al notarlo. Quería preguntarle "¿Qué ocurre?" pero fui cortada inmediatamente por el mismo galante. -Quiero hablar con respecto a... Ese amigo tuyo.
-¿Scott? ¿Qué hay con él?. -Sabía que el primer encuentro entre Julio y Scott no había sido el mejor, pero no tenía idea de ahora a qué se refería Julio.
-¿Tienes sentimientos por él? -Julio preguntó, pero parecía que tenía dificultades al hablar. Sus ojos se mostraban un tanto sombríos, cómo en un funeral.
-¿Qué sentimientos? -Cuestioné de manera sarcástica y me crucé de brazos. Me hice la que no tenía idea de lo que preguntaba, pero no quería admitir las cosas directamente. Julio dijo algo, lo leí en sus labios, pero no escuché nada.

Comencé a sentir frío por mi cuello y me enderecé desde mi cama inmediatamente. La oscuridad podría ser dueña de toda la habitación de no ser por una pequeña lámpara nocturna. Todo había sido un sueño al parecer. Me toqué la nuca desnuda, mi cabello estaba acomodado en una coleta y probablemente eso provocó mi escalofrío. Sin embargo, mi cabello se sentía diferente. Era lacio y mucho más sedoso. Acerqué unos mechones a mi nariz, y me di cuenta que el olor de mi shampoo también era distinto.
-¿Lune? -Llamé a mi compañera, pero no respondía. Analicé el cuarto con detenimiento ¿Dónde estaba? Mi cuerpo se sentía diferente también. El pánico comenzó a correr por mis venas, acelerando mi ritmo cardíaco. -¡Lune! -Mi respiración comenzó a agitarse y me cubrí con las sábanas cual si me fuesen a proteger de lo que estaba ocurriendo.
-¿Qué ocurre, niña? -Al otro lado de mi cama se encontraba una especie de conejo digital, no podía ser más que un rookie.
-¿Quién eres? -Le cuestioné a todo pulmón, alejándome de él y poniéndome en pie. Traté de invocar a mi digisoul para estar lista a combatir, pero no sentía nada fluir de mi cuerpo. -¿Qué está pasando? -Me sentía desesperada, quería regresar a casa. Quería ver a Lune y a Scott. Quería acariciar las orejas de Labramon. Quería hablar con BR y Nova. Lágrimas comenzaron a fluir de mis ojos en respuesta a mi impotencia. -¡Scott! -Grité esperando a que me escuchara y viniese por mi.
-No, no llores Luka. Sólo soy yo, tuviste un mal sueño. -El digimon se talló los ojos con una de sus orejas, aún parecía adormilado. No podía ser hostil, así que decidí calmarme.
-Mi nombre es Louise. -Corregí al digimon de manera calmada, y fue ahí cuando recuperé la cordura. Como cuando tomas una ducha fría y terminas por acostumbrarte, la consciencia regresó a mi. Elluka, ese era mi nombre. Una miembro de los Unión Saver, pareja de Fuji Raikomaru. Dirigí mis ojos a Terriermon, pero parecía mucho más asustado que yo.
-Luka... T-tú has... -Lo escuché al borde de las lágrimas. La gravedad del asunto cayó a mi como granizo, doloroso y frío.
-Ni una sola palabra a nadie. -Ordené a mi amigo como su oficial. -Soy Elluka Clockworker, y Louise ya no está aquí. -Por un momento muy largo me perdí a mi misma, ya había dejado de saber si Louise fue mi salvadora o si se estaba convirtiendo en mi enemiga mortal. Tenía mucho miedo ¿Esto ocurriría de nuevo? Me aterraba pensar que en algún momento yo desaparecería y esa niña volvería. Miré mis manos, estaba temblando como si fuese un día de invierno y yo anduviese en tirantes. Tragué saliva y regresé a la cama. -Vamos a dormir.
-Pero Luka... Esto que acaba...
-Vamos a dormir, dije. -Lo corté de la conversación y me acomodé de lado, cubriéndome con la sábana hasta el hombro y dándole la espalda al conejo.

Desconozco si Aleron durmió esa noche, pero yo no lo hice. Permanecí despierta hasta el amanecer. Tenía miedo de volver a recordar algo y desaparecer. Por un momento sentí como si hubiese muerto y regresado a mi cuerpo instantáneamente, la verdadera pregunta caía en exactamente en qué momento lo sentí ¿Cuándo Louise regresó o cuando Elluka se fue? Ya no sabía quién estaba invadiendo a quién, y eso también me aterraba.





Capítulo II "¿No soy suficientemente bueno?"






Capítulo III "Mi trabajo"

¿Qué es lo que más deseas en esta vida? Esa es la pregunta que me he estado haciendo desde que tengo conciencia. ¿Por qué no puedo olvidarlo todo? Yo, aquel pecador que no pudo proteger lo que le correspondía. ¿Era mi castigo el vivir nuevamente con aquellos recuerdos? Una sonrisa alegre, un espíritu luchador. Unos ojos que no dejan de llorar, un ángel con alas rotas. Sin embargo, a pesar de no poder arrancarme la placa de mis fallas, no deseaba olvidar. De ser así, nunca habría encontrado mi lugar en el mundo: estar a su lado.

-¡Julio! ¡A tu derecha! -La pelirrosada extendió su mano poderosamente después de levantarse del suelo, haciendo que el desorientado rubio hiciera caso a la advertencia, y bloqueara con su brazo cubierto de DigiSoul un golpe a puño cerrado del peliazul. Elluka y Julio estaban prácticamente espalda contra espalda, tratando de defenderse de Shunsuke entre los dos. Era el pan de cada día en el palacio del Metal Empire. Todos los días, antes de la hora del té, los tres muchachos debían combatir entre ello, en la arena de entrenamiento para ganarse la merienda.

¿El más fuerte? No, no era Shunsuke. Su ventaja era su astucia, y era mucho más experimentado que los dos europeos, pero era un cobarde de primera cuando se sentía amenazado. Elluka se había coronado campeona del Metal Empire ya, ella era la más poderosa de los tres, la elegida. Sin embargo, su falta de experiencia como cabeza en un ejército le hacía titubear contra aquél nipón que se mostraba tan tenebroso como una víbora. Julio, el italiano que bloqueaba los golpes de Shunsuke mientras Elluka trataba de escabullirse para derribarlo, no se quedaba muy atrás; de los tres, era el más valiente. Mientras Elluka y Shunsuke dudarían de un movimiento peligroso, Julio armaría el plan mientras ya lo estaba ejecutando, pero se trataba de un muchacho muy entorpecido por su pasión.

A pesar de sus fallas, se trataba de un grupo muy balanceado. El sabio, el valiente, y la poderosa. Eran una Trinidad que sólo debía pulirse para ser perfecta, y era por eso que la emperatriz había decidido mantenerlos juntos. Incluso se habían vuelto como hermanos, inseparables al notar entre ellos sus sonrisas de complicidad, que se mantenían brillantes aún en batalla.

¿Mi papel en esto? Yo soy un simple ángel de la guarda. La observo desde las alturas. La mimo en mi imaginación. La busco cuando me necesita. Ella es mi niña, mi persona favorita en el mundo. Todo respecto a ella es sagrado, y por eso nunca olvidaré el nombre que ella rescató para mí: Aleron. Es ella la razón por la cual me volví santo de nuevo, un Holy Angemon, y a quien dedicaba toda mi atención. Crucé mis brazos y suspiré mientras miraba la batalla que no parecía tener un final.

-¡Tú puedes, Shun! -El Pawn Chessmon negro agitaba su lanza de un lado a otro, mientras Cheshire, el Pawn Chessmon blanco de Julio, y yo nos hacíamos a un lado para no salir heridos. -¡Ánimo!
-Hoy sí que están animados. -Exclamó Cheshire justo después de ver cómo Elluka se adelantaba de Julio y acertaba una patada al estómago de Shunsuke, solo para ser tomada del tobillo, y torcida de la pierna.
-¿Qué apostaron esta vez? -Pregunté finalmente, apoyándome contra la pared del lugar. Julio logró que Shunsuke soltara a Elluka al golpearlo en la cara, y la batalla se centró en ellos mientras la princesa se recuperaba. Cuando se ponían así de salvajes entre ellos, era porque había algo tonto de por medio.
-Quién sabe. -Contestó Cheshire, y miré al techo, suspirando. Parecía que no habría un final hasta dentro de un gran rato más.

¿Cuánto tiempo había sido? ¿Una hora? ¿Dos horas? Había pasado tanto que los dos peones terminaron sentándose en el suelo, y yo dormitaba de vez en cuando. Cuando regresé a mis cinco, noté cómo los tres guerreros habían quedado abatidos en el suelo, recostados de espalda contra el piso.
-¡Tu es impossible! -Elluka protestaba jadeante, golpeando el suelo con el lateral de su puño cerrado. -¡Je te déteste!
-¿Con esa patada de bebé esperabas lograr algo? Ilusa. -Se burló el peliazul, pero aún se estaba frotando la cara de aquél golpe recibido, y se notaba cómo batallaba para respirar. Me acerqué lentamente hacia el trío, junto a los dos peones, y me acuclillé para tocar la frente de Elluka, transfiriéndole energías en silencio mientras ella seguía discutiendo con Shunsuke. Aparentemente, él había vuelto a ganar al ser el último en desplomarse.

Los peones hacían de todo para minimizar los dolores de sus tamer con torpes masajes y palabras de ánimo; lo hacían con tanto esmero que pensaba que el meter mano sería insultarlos. A los pocos segundos, los dos hombres ya estaban sentados, pero Elluka seguía tendida en el suelo, con sus ojos perdidos en la nada.
-Luka. -La llamé, despertándola instantáneamente. Parpadeó varias veces, y después me arqueó una ceja. -¿Quieres tu parfait? -Sonrió y tomó aire para hablar, pero entonces la interrumpí. -Con más moras que fresas. -Terminé su frase sin darle la oportunidad a pronunciar. Ella cerró sus ojos en respuesta, y asintió sin aflojar esa tranquila sonrisa.
-Gracias. -Se limitó a decir, y yo procedí a avisar a los cocineros sobre el pedido de mi niña.

Así éramos nosotros. Destinados a estar juntos, el equipo perfecto. Comprensión sin decir una sola palabra. El complemento ideal para el otro. Me gustaba pensar que así era nuestra relación. Había sido así por años, inseparables y contra la adversidad. El regresar al mundo digital parecía haber roto eso, porque las cosas habían cambiado en nosotros... No, habían cambiado muchas cosas en ella. La notaba mucho más hermosa que antes, intimidante y feroz como siempre, pero ahora también se le veía adolorida, y cansada. Se le veía más real que nunca.

Esa misma humanidad que había adquirido la estaba separando cada vez más de mí. Había demasiada gente en su vida, demasiadas caras que debía conocer, y demasiados hombres queriendo su atención. Ella era solo una muchacha, no tenía la madurez suficiente para tomar una decisión, y terminó hiriendo a todo aquello que amaba. Y le dolía. Le dolía tanto que podía verlo hasta en sus más honestas sonrisas. Y me dolía también. Me dolía ser impotente. Me dolía no poder darle todo lo que necesitaba. Me dolía cuánto estaba cambiando, y que solo era un observador en el proceso de cómo su pasado se acoplaba a su presente.

A diferencia de Lion, que puede dedicarse a mirar con la paciencia más grande de cualquier mundo, o de Lune, cuya esperanza siempre estaba brillando, yo era un ser realista. No, yo no temía decirle a todos esos desgraciados lo que pensaba, porque es lo único a lo que podía aferrarme en un mundo que no parecía ser mío. El problema yacía en que mi Luka estaba perdiendo ese don que yo había buscado heredarle por tanto tiempo. Ella ya no era honesta con nadie. No lo era conmigo, ni consigo misma. Ella había encontrado más lianas de donde agarrarse para sobrevivir, y la verdad había pasado a ser un segundo plano. Poco a poco comenzaba a pensar que la Elluka Clockworker que yo eduqué no era la misma que había logrado tanto en el mundo que toca la luz.

Pasé toda la tarde ahogándome en un mar de pensamientos amargos. ¿Quién era yo sin Luka? Un ser sin sentido alguno, sin pasado o un futuro a los cuales podría responder. Tal vez por eso me aferraba tanto a ella, tal vez era porque deseaba tanto tener un significado, que me volví lo que ella necesitaba en su momento.

La oscuridad de mi habitación me abrazaba, ayudándome a seguir nadando entre mis dudas. Miré mi tenue reflejo en la suave hoja de Excalibur, y suspiré. ¿Era incorrecto desear ser alguien por mi cuenta? Luka ya era más poderosa que yo. No necesitaba de un guardián que no pudiese protegerla. Tal vez podía darme la oportunidad, era sólo un tal vez.

Toc, toc, toc. El sonido de los suaves golpes en la puerta de acero me rescataron. ¿Qué hora era? Estaba seguro de que ya había un toque de queda en el palacio.
-Aleron. -Era Elluka. Ella tenía miedo. Solté a Excalibur, haciéndola resonar contra el suelo, y me apresuré a abrir la puerta. -¿Puedo dormir aquí? -Se veía desconsolada, desconcertada. La tomé con un brazo, y con el otro cerré nuevamente la puerta.
-¿Estás bien? ¿Qué ocurrió? -Susurraba, temeroso de ser escuchado. ¿Enemigos? Volví a tomar mi espada en mano, y comencé a caminar hacia la puerta.
-Nadie está atacando, relájate. -Ahora se escuchaba fastidiada, y se había cruzado de brazos. Desvió la cerúlea mirada, que podía apreciar bien en la oscuridad por esos brillantes datos que no dejaban de fluir en sus ojos, como una máquina. -Me sentía un poco sola, ¿está bien? ¿Ahora me dirás que no puedo dormir contigo? -Soltó con murmullos energéticos y agresivos, arrancándome una carcajada con ello. -¡No te rías!
-Perdón, perdón. Me tomaste por sorpresa. -Me disculpé, y volví a dejar a mi espada contra la pared. Elluka ya se había acomodado para cuando me giré a verla, hecha una bolita, abrazando sus piernas. Era... Como una niña. Una niña que acababa de tener una pesadilla.

Me acerqué a ella para verle la cara, y le ofrecí mi índice con una media sonrisa después de arrodillarme a orillas de la cama. La pelirrosada lo tomó, y apoyó su frente contra el dorso de mi mano con suavidad.
-No puedo concentrarme, Aleron. -Confesó finalmente, con una voz que parecía a punto de romperse. -Sé que puedo ganarle a Shunsuke, soy más fuerte que él. Sin embargo, cuando entró en pelea, yo... Yo entro en blanco un rato, y quedo pensando en cuan débil soy.
-No seas estúpida, niña. -Le hablé con calma, a pesar de la agresividad de mis palabras.
-Es la verdad. -Protestó antes de dejarme pie a una réplica. -No puedo armar el rompecabezas por mi cuenta, y eso los lastima. Quiero protegerlos, y no soy lo suficientemente fuerte como para detenerme a mí misma. Los tengo que alejar a todos. -Escondió su cara contra mi mano y lloró desconsolada. Estaba sacando aquello que llevaba cargando por semanas. Tragué saliva, y con la mano libre comencé a acariciar sus cabellos.
-A mí no me puedes herir. -Mentí con una suave sonrisa, y ella me miró con sus húmedos ojos abiertos como platos. -Y a mí no me puedes alejar, aunque te conviertas en el enemigo público número uno. No me puedes alejar, Luka. -Dije, besando posteriormente su frente.

Se enderezó, y me siguió viendo estupefacta, luciendo esas pálidas mejillas que escurrían su dolor. Podía ver cómo sus ojos bailaban, denotando cómo estaba pensando todo aquello que dijo, y dándole vueltas en su cabeza.
-Somos una familia. -Volví a tomar la palabra, buscando relajarla. -Por eso siempre puedes venir a buscarme y contarme lo que te acongoja. Porque al final del día, sólo somos tú y yo contra el mundo. Eso no va a cambiar. -Mi expresión pasó a ser un poco más seria, relajando mis labios poco a poco hasta volver a mi muy propio estoicismo.
-Gracias. -Dijo, rompiéndose nuevamente en llanto sin interrupción. -Te quiero tanto... Tanto.

Lloró y lloró hasta quedarse dormida, y yo solo me permití observarla mientras apretaba mi índice, o frotaba su frente contra mi mano. Me puse en pie, y acomodé a Luka en la cama a modo que me dejase espacio para dormir. Me senté y apoyé contra el respaldo, y cerré los ojos. A final de cuentas, yo sabía que mi única misión en la vida era verificar su bienestar, y era feliz así. Ella siempre recurriría a mí como momentos como este. Estaba cansado por tanto pensar en el día, y quedé dormido al poco tiempo.

En mi sueño, estaba en un lugar hermoso y cómodo. Había el pasto más verde y brillante que alguna vez pude apreciar, y las construcciones eran de un mármol tan blanco que parecía impoluto. Los digimon bebé jugaban a las escondidas entre las columnas, y sus risas adornaban el lugar con una alegría tan peculiar que me hacía sentir en casa.

-Eros. -Me llamaron. Me volteé para atender a mi nombre, y ahí estaba mi señora, Venusmon, acompañada de sus fieles mascotas. La paloma de su hombro voló hasta posarse en el mío, y yo la acaricié con el índice.
-¿Puedo servirle, madre? -Pregunté. Mi mamá sonrió espléndidamente, y negó abanicándose con su diestra suavemente.
-Nada, querido. Pero ahora que lo mencionas, hay un par de disturbios en la zona de las musas, ¿puedes encargarte tú? -Dijo, y asentí con discreción, no necesitaba más información. Hice una reverencia, y me retiré a cumplir con mi tarea, siendo seguido por Olive, la paloma de mi madre.

Ese era mi trabajo, verificar que la paz del lugar siguiera viva. Si alguien quería pelear, quitarle esa idea de la cabeza. Originalmente era trabajo de mi madre, pero, desde que yo llegué a mi fase máxima, se había convertido en mi pan de cada día.

Las Floramon caminaban aledañas a mí sobre el camino de piedra blanca, pero estaban muy sumidas en su conversación. Crescemon entrenaba al grupo de Lekismon con su tiro al blanco más adelante, y Flaremon descansaba plácidamente, recostado en el césped. Todo era paz, hasta llegar al final del camino, donde un par de Sirenmon discutían muy audiblemente sobre quién debía tocar la lira el día de hoy en aquél estanque hecho para ellas.
-¡Tú la tocaste ayer! ¡Es Mí turno!
-¡Siempre es turno tuyo, Urania! ¡Apenas ayer pude tocarla! -Peleaban, forcejeando el instrumento dorado de izquierda a derecha, de Urania a Euterpe. Las otras siete sólo miraban aterradas la escena. Suspiré y chasqueé los dedos, indicando a Olive que se pusiera en acción.

La paloma picó la cabeza de las dos musas e instantáneamente dejaron de jalar el instrumento. Urania había dejado ahora que Euterpe tocara la lira, y en un rato más ella la pasaría de regreso. Las demás Sirenmon aplaudieron, pero yo no tenía nada de qué enorgullecerme o festejar. No me gustaba la paz forzada. Yo quería que ellas discutieron sobre quién merecía más el instrumento ¿Pero qué importa lo que un mero peón quiera? Me dispuse a regresar a los dominios de mi madre y esperar la siguiente orden, pero mis ojos se posaron en una figura que nunca antes había visto.

Vestida de negro y púrpura, con cabellos tan negros como la noche profunda. Resaltaba tanto entre la gama de colores vivos y alegres, que no pude evitar verla de pies a cabeza. Definitivamente era un digimon que nunca antes había visto. Uno que en mi vida podría imaginar.

Ella me estaba observando fijamente con una sonrisa de lado, aplaudiendo lentamente, me atrevía a pensar que estaba siendo sarcástica.
-Eres bueno en lo que haces, ¿verdad? -Preguntó la hermosa mujer, juntando sus manos una última vez, y después acomodó las brazos detrás de su espalda.
-Bastante decente, sí. -Le sonreí de regreso, y me crucé de brazos. Olive se había anidado en mi cabello, pero estaba muy concentrado en la mujer como para prestarle atención. -Nunca te había visto, ni siquiera de reojo. ¿Tienes nombre? -Ella rió y movió sus labios. Ella... Dijo algo. Dijo un nombre. Yo no lo escuché. Todo se había vuelto borroso a mi alrededor.

Me comencé a sentir mareado. Las columnas del Olimpo se estaban cayendo. Las musas.  Las pequeñas musas. Voltee a verlas, pero ya no estaban ahí. Solo había una oleada de polvo alrededor del estanque. Mi respiración se volvió pesada. Me sentía débil, muy débil. La mujer me miró con preocupación, y yo grité su nombre. ¿Cuál era su nombre? Caí de rodillas al suelo, y a mi alrededor todo era diferente. Hacía calor. Demasiado calor. Hacía tanto calor que era difícil respirar. Sentía que mis pulmones se estaban quemando.

-¡Aleron! -Me llamó una voz conocida. Mi tamer. Ella era mi tamer. Alcé la mirada, pero solo pude ver su cuerpo desintegrandose lentamente.
-¡No! ¡Regresa! -Gritaba. Lloraba. Suplicaba. Trataba de tomar sus datos entre mis manos desesperadamente. -¡Regresa! ¡por favor!
-¡Aleron! -Me llamaron una segunda vez. Me giré lentamente, y Elluka... No, Louise, me estaba esperando con los brazos abiertos y sus aterrados ojos cubiertos en lágrimas.
-¡Luka! -Me arrastré hacia ella. Ella me necesitaba. Ella estaba viva. Ella debía vivir. Ella me hacía feliz. Ella era mi seguridad.
-Aleron -Volvió a decir. Desperté de golpe.

Era mi habitación en el Metal Empre. Yo estaba en los brazos de Elluka, que me miraba con ojos llenos de compasión. Miré mis manos. Era un Terriermon de nuevo. Me toqué la cara, estaba empapado. Miré a todos lados frenéticamente
-Vuelve a dormir. -Me dijo casi susurrando, besando mi frente. -Yo te protejo ahora.
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