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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
Han pasado ya varias épocas dentro del mundo digital desde que los Royal Knights, los caballeros de Yggdrassil encargados de proteger y vigilar el mundo digital, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Por muchos años, fueron buscados por sus seguidores; pero nadie obtuvo ninguna pista de ellos, ni siquiera alguna señal de que pudieran seguir con vida… simplemente, desaparecieron de un día para el otro en la nada misma. Pero aunque la presencia de estos caballeros desapareció de la faz del mundo; sus espíritus siguen vivos en los corazones de los Digimons que transmitieron las grandes hazañas de los Royal Knights como leyendas con el pasar de los años; y tal es esta vitalidad memorial que al día de hoy, se celebra un gran festival en honor a los caballeros santos.
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Somnium Dominus.

Mensaje por Fuji Raikomaru el Dom Ene 08, 2017 2:50 am

Esfera


La esfera cae, es perfecta, no hay nada que la vuelva impura o corrompa su forma. Es oscura, más que la noche, es la ausencia de todo, pero aun así es pura e impoluta. Cae, cae, cae y yo no la veo, pero siento como cae, se sumerge, es profundo. Es un mar, es un cielo, lo es todo, ¿lo es todo? ¿Qué es todo? Es una voz, un susurro, o un grito… ¿Qué es todo?, me pregunta, me miente mientas me dice la verdad, me seduce, me insulta… ¿Quién soy yo?, es la esfera tan perfecta, tan oscura, tan inmaculada, quiero venerarla, rendirle tributo, quiero que me atraviese, yo muero, ella existe, pero, ¿existe?

¿Dónde estoy?, la esfera ya cayó, se detuvo como todo, está allí flotando, está allí sumergida, la oscuridad sobre la oscuridad, entre la oscuridad. No entiendo, no escucho, no veo, no siento, no creo, no sé, no soy, sí.

Sí tan solo yo, ¿Quién soy yo?, yo soy la esfera, ¿lo soy?, yo soy el mar, ¿Por qué? La voz, regresa, me observa. Ahora estoy, soy, es mi cuerpo, es mi mente, es mi alma. Allí estoy, frente a la esfera, es oscura, la veo, tengo miedo, la amo. Mi cabello, es falso, cubre mi torso y mi espalda. ¿Son mi torso y mi espalda? Poco a poco empiezo a sentirlo, ese zumbido en mi cabeza que me hace pensar, lo siento, es frío y calor, me abriga, me maltrata.

La esfera sigue ahí, cruel y justa, me observa o yo la observo. Mi cuerpo no es mío, mi cuerpo tiembla, mis rodillas son débiles, el mar no me permite moverme, yo no puedo nadar, yo no puedo sumergirme. Mis ojos se clavan en la esfera, ¿es más grande que yo? ¿o es más pequeña? ¿Es finita o infinita? Es real, yo no.

Quiero tocarla, quiero que me toque, quiero hablarle, ¿Por qué huyes? Ven a mí, te necesito.

Oscura, oscura, oscura… Mi diestra se extiende, quiero tocarte, no huyas, ven a mí, sé mia, quiero poseerte, eres mi deseo, eres mi voluntad… O… eres…

La luz, ¡La luz!, todo es tan blanco, la luz me baña, me duele, me duele, ¡DESTELLO! Allí yazco, reducido a los harapos de mi cuerpo desnudo, me quemo, la luz me avergüenza, estoy sucio, soy sucio, la pureza, la esfera aun me mira, sigue tan oscura, ya lo tono, existe porque la luz me lo ha confirmado. Me hiere, me daña, se burla, me gusta. UN POCO MÁS, mis gritos son ecos, sin embargo no he gritado, el mar se alborota pero nunca ha estado tranquilo, la esfera, la toco.

La toco, la toco, la toco. Es suave, es cálida, es mi hogar, ¿mi hogar?; es mi familia, ¿Mamá? ¿Papá?, soy yo… pero yo no soy nada.

Parpadeo, mis ojos se cierran, mi mente se abre. Mi cuerpo se parte en dos, en cuatro, en ocho. Yo era la esfera, la esfera es mi enemigo, ahí estoy yo, me veo pero no me reconozco. Ese no soy yo, ese era yo, ¿Por qué eres tan débil?, ¿Por qué eres tan frágil? Me sonríe, se burla, me odia, me ama. Me reconozco, yo fui niño, yo soy ese niño, me mira, me recorre, me juzga.

- Me das asco.

Me quiero esconder, no puedo, no debo, el me ve, ve a través de mí. El me conoce, yo no me conozco, oscuro, perfecto. El me ama, el amor, debo matar, quiero matar, debo eliminar, amar, amar, amar. Me doy vergüenza, me doy asco, me doy miedo, BASTA, no puedo detenerme, soy menos que una máquina, tengo alma no la quiero, renuncio, yo no lo pedí, no quise nacer, no quiero vivir, nunca lo quise. Se fuerte. Quiero morir, mátame.

Me susurró, LA OSCURIDAD. SU BRAZO, SU ROSTRO, SUELTENLO. NO LO TOQUEN, NO PUEDO GRITAR, NO ME OIGO, SOY DEBIL, NO ME PUEDO MOVER… “ME REPUGNO”. La oscuridad lo envolvía, lo desmembraba, lo ultrajaba, soy yo, no puedo evitarlo, ¿Qué es la nobleza? ¿Noble de qué? Los valores, son lejanos, ecos, los veo, cadáveres, Mamá, Papá, no los pude cuidar, ¿Estas orgullosa de mí, mamá? Quiero jugar en el parque, las camisas me duelen papá, el ojo, la sangre… Es el vidrio, ha vuelto a clavarse como ese día, pero ya no duele, amo, me amo, te amo.

Mi cuerpo es una mentira, mi mente es una mentira, mi orgullo es una mentira, la vida es una mentira, la odio, te odio, te necesito, me gustas, te quiero, te extraño. ¡BASTA!

La luz, devuélvanme, quémame, hiéreme, ¡Soy débil! ¡Por favor, no me sueltes! ¡Yo no lo pedí! Debí haber muerto, la muerte es la esfera, yo soy la esfera, soy muerte, la emoción, no siento es que, ya morí, yo morí, te amo, te amo, te amo.

Dios, Yggdrassil, soy tu hijo. No me abandones, soy tuyo, soy débil, soy repulsivo. El rey de las moscas, las moscas me rondan, podrido, olvidado, abandonado. SOY TU CABALLERO, mi espada es de mentiras, espinas de rosas, pesa, duele, lastima. BASTA, no me quiero soltar, el dolor es real. MENTIRA, el dolor es lo único real, lo merezco.

Me ha cubierto, me ahoga, me la quitó. Me lo quitó todo, yo, yo, ¡yo! ¡BASTA! No merezco nada mas que el dolor, el único sobreviviente, siempre solo, siempre... solo.

Elluka. Ahí está, es la luz, brilla pero me lastima, me mira, siente lastima, siente compasión, me da asco, me doy asco, la amo, me odio, ¿Por qué me ama? ¿Me ama? Yo la amo, y la odio, ¿Por qué es tan perfecta?, me lastima, gracias.

La oscuridad, NO, NO LA DESGARRES. Si, lo sabes, no hay otro resultado. NO ME LA QUITES, NO A ELLA. Ya no tengo nada que sacrificar, vivo por inercia, no existe la paz, soy un pecado, soy el pecado, la redención es su mito. Te amo, me amo. DEVUELVEMELA. No la merezco, no la mereces, no la merezco, no la mereces, no es tuya.

Mi cuerpo, dejame. Mi cuerpo, tu cuerpo, no es mío. Es falso, soy falso, sucio, impostor, traidor, cobarde, debil, miedo, BASTA, no puede parar, ya ha empezado, el fin. ES HORA, no, no por favor no, las suplicas, le imploro, le ruego, lloro, no quiero matarla. Su cadaver, su cadaver me ama, la espada, la quiebra, yo soy la espada, me baño en su sangre, su sangre me da paz. BASTA, todos merecen morir, todos, el unico sobreviviente, siempre solo.

- ¡Detente, detente, detente! ¡Alto! –lagrimas, mis ojos me duelen, me tiemblan las manos. Despierto, es de noche, puedo mover mi cuerpo. Sigo llorando, como un niño, acurrucado en mi cama. Nadie me oye, estoy solo, como siempre. Miro a mi costado, la foto de Elluka, lloré aún más fuerte. Me levanto, caigo al piso, lloro y lloré.






Trajes Negros


Lo recuerdo, yo tenía 6 años de edad cuando sucedió, ese día me convertí en un rey.

Trajes negros adornan la sala de estar, hay comida, hay bebida, hay adultos hablando y riendo. Otros prefieren guardarse a silencio antes de reconocer que algo sucedía, ya habían pasado dos semanas pero por motivos de fuerza mayor no se pudo organizar la reunión previamente. Tres fotos cuelgan sobre tres ataúdes, están allí en la sala de estar donde todos usan esos horribles trajes negros. Quiero llorar, pero no puedo, los doctores no me lo permiten. ¿Por qué no puedo estar yo ahí adentro? Me preguntaba mirando los ataúdes, desde las escaleras que conectaban esa estancia colmada de hipócritas y desconocidos con el segundo piso. Me toqué el parche, me dolía, los doctores dijeron que pronto me acostumbraría. ¿Cuándo me acostumbraría a la soledad?, ellos solo ignoraban mis preguntas, los adultos me miraban con pena, otros con asco, como si hubiese sido mi elección el sobrevivir. No faltaba quien pensase que estaba maldito, o poseído. - -Abracé mis rodillas, quería encerrarme en un castillo donde yo fuese el rey, y nadie podría molestar al rey porque entonces los encerraría en el calabozo.

Mi familia no tenía mucho dinero, más allá de un par de familiares lejanos y los seguros de vida. Hubo discusiones respecto a quien se quedaría con mi custodia, sin embargo sabía que a nadie le importaba siquiera conocer mi nombre, los adultos eran unos cerdos que bailaban como cerdos por un par de billetes de papel sucio y arrugado, vistiendo esos horribles trajes negros. Mi nariz se frunció, iba a llorar. ¿Por qué?, ellos debían llorar, ¡Ellos estaban en falta! ¡Yo estoy bien! ¡Yo soy el rey! Corrí escaleras arriba, pasé por la habitación vacía de mis padres, pasé por la habitación vacía de mi hermano, subí las escaleras al ático y cerré la trampilla tras de mí. ¡Ahora estaba en mi castillo!

Tomé una manta llena de polvo, y la puse sobre ese feo traje negro que me habían puesto. Ahora que era un rey solo tenía que ocultar mis lágrimas en una capa, y nadie podría decirme que no llore. Las órdenes del rey son absolutas, nadie puede decirle que no a un rey. Los niños no pueden molestarme si soy un rey, los adultos tendrán que saber mi nombre, tendrán que quitarse esos horribles trajes negros, se los ordenaré, les ordenaré que se vayan. Suspiré, soplando el polvo sobre la ventana que me dejaba ver al exterior de la casa. Mi jardín estaba repleto de automóviles tan oscuros como los trajes, y la noche. ¿Por qué me invadían? ¡Era la guerra! ¡Necesitaba un soldado!

Bajé corriendo las escaleras, arrastrando mi capa hacia la cocina. Allí estaba Benoit, Benoit era el único adulto que se preocupaba por mí, siempre jugaba conmigo y vino desde Francia a cuidarme cuando se enteró de lo de mis padres. La gente dice que no puede cuidarme por no ser de mi familia, pero desde pequeño ha vivido con mi familia en Francia, y sus padres también lo hicieron, entonces vale mucho más que todos los adultos asquerosos en sus trajes negros. - ¡Joven amo! –Exclamó contento al verme y se agachó para abrazarme, no se lo negaría, el era un buen sirviente y se había ganado ese premio. Por un momento observó mi polvorosa capa, y casi se atreve a cuestionarme el por qué la portaba, pero recapacitó sin decir nada y asintió realizando una reverencia. Era un hombre sabio que reconocía a un rey cuando lo veía. Me preguntó el motivo de mi hastío.

- ¡Quiero que se vayan! –Ordené molesto, señalando a las personas en la sala de estar. Benoit era un hombre educado, siempre estaba de buen humor y difícilmente se ponía nervioso, siempre tenía alguna solución para los problemas. Pero esta vez me falló, me dijo que él no podía hacer nada al respecto. Fruncí el ceño, y él me acarició los cabellos. Mis ojos, no, mi ojo se llenó de lágrimas y comencé a llorar. Extrañaba a mi papa, extrañaba a mi mama y hasta a mi hermano, no quería conocer a nadie, no quería que mi vida cambie, no quería los trajes negros, no quería los autos en mi jardín, ¡No lo pedí! ¡No lo deseo! ¡No lo acepto!

Usé mi capa para borrar mis lágrimas, y me decidí a darles guerra con todo mi arsenal, corrí hasta esa sala de estar. Salté sobre la mesa donde estaba la comida con la que llenaban sus sucias bocas y las bebidas que saciaban su sed. - ¡Basta! –Grité con fuerza, interrumpiendo las charlas de todos. Un hombre se acercó a calmarme pensando que estaba jugando, apenas extendió su brazo, pateé  uno de los platos sobre la mesa que golpeó su rostro. - ¡No me toques, plebeyo! –Ordené, molesto, la situación se había complicado para los invasores, que solo me miraban atónitos. - ¡Vienen a mi reino, como víboras, comen, planean, beben, ríen! ¡No me respetan, no respetan a mis padres! ¡Y adivinen qué! … ¡Los odio, los odio a todos, no les he permitido entrar a MI reino! –Comencé a patear la comida, lanzándola sobre todos los invitados, inclusive las bebidas volaban empapándolos.

- Son sucios sirvientes, y yo soy su rey, yo soy fuerte, yo soy grande, yo no necesito a nadie, ¡A nadie! –Me bajé de la mesa y me retiré corriendo al ático. Mi táctica había funcionado, los automóviles comenzaron a retirarse derrotados de uno en uno, yo siempre gano después de todo. Sonreí orgulloso, me senté contra la pared abrazando mis rodillas. Al fin estaba solo, completamente solo pero victorioso. Benoit subió, tomando asiento a mi lado, el me cubrió con sus brazos, yo hice lo mismo, y lloré lágrimas de emperador.






Mansa

Allí yace en su lecho, ¿Por qué una cama tan grande para una persona tan insignificante?, hay un creciente descontento en mi interior, quiero entender los motivos detrás de sus acciones y de sus no-acciones. La luz de las lunas artificiales bañan su habitación en un tenue platino que acompaña al minimalismo de su escaso amoblado pese al gran tamaño de sus aposentos, pero su cama es inmensa y circular. Camino observándolo, doy vueltas a su alrededor como si en los diferentes ángulos encontrase una respuesta. ¿Quién eres, caballero de las rosas? ¿Por qué renuncias a todo para aferrarte a algo tan débil como el orgullo, y el honor?, mi zurda acaricia mi garganta cuando lo recuerdo.
En él veo el metal presionando mi cuello con violencia, inexpresivo  y reluciente cuando dejaba salir a la bestia de su ser en defensa del honor de su reina, ¿Quién era acaso su reina para volverlo pasional? ¿Acaso este humano respondería a las mismas razones que ese guerrero de la justicia absoluta? La seda rojiza de las sabanas vio presionada por mi cuerpo reptante hacia ese mar de quietud, telas y confort.

No hubo más que un movimiento sigiloso acechando, podía ser la víbora que portase el veneno de su final. Posé mi cabeza a su lado, observando ese rostro dormido en calma, como si no lo hubiese hecho hace siglos. Era casi poética la imagen que me devolvía la luz plateada de los ventanales junto a su perfil. ¿Qué tan orgulloso eres para creerte invulnerable? La oscuridad de la última mazmorra junto al sello que me ataba aun hacía arder mis ojos ante la el resplandor más tenue, ¿Cuánto odio crees acaso que se puede acumular con el correr de los siglos?

Mi dedo acarició el contorno de ese rostro, rozando con la punta de éstos los labios del inmaculado caballero. Sentirlo tan vulnerable hacía recorrer en mí una sensación desconcertante, era una mezcla de odio con adrenalina tal vez, como cada vez que oía los suspiros de la doncella domada ante los caprichos del humano, ese odio que me recordaba la inferioridad de los invasores de éste mundo, y el ego sin límites de aquellos que me esclavizaron.

Duermes como un bebe teniendo encima el odio de nueve siglos, ¿No te das cuenta acaso de cuan grave es tu ofensa?, en mi diestra portaba una navaja que sería más que suficiente para poner fin al odio sin límites. Tal vez porque se me había menospreciado, tal vez para castigar su ingenuidad, o el legado que le heredó aquel tirano déspota que encontró su perdición por luchar contra la realidad del mundo ingrato.

Mi vida pendía de un hilo por supuesto, bien sabido era que nada más que un objeto represento para ellos. Pero no lo acepto contenta, ni doblego mi mirar ante ningún amo, porque mansa no soy, soy una zorra salvaje y herida, que atacará con garras, y dientes.

Aun así, pese a todo, he sido insultada. He sido humillada, ¿Y por quién?, ¿Quién es este hombre que a mi lado yace? ¿Por qué este hombre confía ciegamente en su suerte y sus reflejos arriesgando su cuello al tenerme andando libre por los pasillos de su intimidad? Yo soy una bestia tal vez, pero las bestias heridas, enfermas y asustadas son las más peligrosas sin duda, ¿Acaso me menospreciaba? Tomé asiento aun sobre esa cama, tan inmensa como el mar del cual he oído más nunca visto. Y lo observé, buscando en su tez respuestas o tal vez el impulso necesario para cortar su garganta, poniendo fin a mi encierro y siendo libre nuevamente.

Pero me negaba a matarlo de una forma tan serena, él no lo merecía. Durante las cuatro semanas conviviendo bajo su techo lo he estudiado, analizado, medido; he visto su serenidad, su ansiedad, su alegría, su pasión, su nostalgia. He podido oír de su furia, y sentir esa cicatriz que en su pecho yacía. He observado, sin detenerme, y sin embargo nada he podido aprender, nada puedo asegurar.

Repele a las personas para que no interrumpan su propia definición de lo correcto e incorrecto, para en un intento de desinterés mantener sus propios problemas enclaustrados de forma que puedan ser resueltos sin afectar a terceros. Pero es desagradable dialogar con él como iguales, porque cuando sonríe, sonríe de verdad. ¿Qué le da la entereza suficiente para no regirse por aquello que se considera correcto? Dice lo que piensa, actúa como lo desea, es capaz de cuestionar su propia fe e ir en contra de lo que el día anterior consideraba correcto, y aun así la gente decide acercarse a él.

¿Qué maldición portas, trágico caballero, que te permite sentirte genuinamente desafiante de tus demonios? La impotencia de los que te rodean al no poder hallar una debilidad en tu semblante, la envidia, el egoísmo y la ira; son emociones que deberían haberte inundado, ahogado y delatado hace tiempo. Sin embargo, la honestidad de los demás carece de sentido, ¿es acaso una especie de camaradería?

La demon lord que tan a gusto vive a tu sombra da fe de ello, como reconociéndote como un ser manipulador, egoísta y ambicioso puedes sacar a relucir los puntos más nobles de las personas, sin intentarlo siquiera. ¿Es acaso el anhelo de no ser eclipsados por ti?, pensarte tan magnánimo antes de ser asesinado solamente enerva más la furia de mi interior.

Me levanté de su lecho, puñal en mano, para acercarme al ventanal que resplandecía tan relajante y calma. Posé la navaja contra el cristal, tiñendo la luminosidad del cuarto de un carmín sanguíneo, porque era lo que te merecías. Quiero que recuerdes que descansas sobre la sangre que has derramado de tus enemigos, y que cada día que has prolongado tu vida ha sido a costar de arruinárselas a los demás.

No obstante, hay un motivo, que trasciende tu orgullo, no es confianza en ti, ni es parte de ese complejo de superioridad que uno puede notar como genuino, pero no lo es. Eres humilde, y por eso te odio más que a nadie. Escondes tus virtudes creando falsos defectos para forzar una evolución constante en tu humanidad, aferrándote a ella, queriendo creer en ti mismo y en el mundo cambiante que te envuelve.

Mi pregunta es,  ¿Cómo te atreves a dormir como un bebe cargando con mi odio?, y ahora lo entiendo. Precisamente porque sabes que cada noche puede ser la última te dispones a descansar, porque confías en mi juramento, porque cada vez que yo me creía estudiosa, atenta y observante en realidad era observada, atendida y estudiada por ti. Es mi propio orgullo el que me mantiene prisionera de este mal, de esta maldición que me aqueja.

Obtendré tus espíritus, y en tu cadáver podré bailar contenta; pero, ¿Qué será de este mundo sin ti?, quiero ver como usas esas manos que tanto odio para forjar el mundo de ideales vacíos, vánales, carnales y mundanos. Quiero estar ahí cuando caigas, o triunfes. ¿Por qué?, porque es parte de mi naturaleza, porque somos dos monstruos cortados con la misma tijera y aceptaré el engaño de creer en ti, suponiendo tal vez, que eres la primer persona que cree en mi honestidad. Solté el arma, y a tus pies me recosté como un felino leal a su amo, buscando tal vez un sentimiento, una reacción, o una respuesta.

Porque te odio tanto que eres mi persona favorita.






Marionetas

La administración del mundo humano, cultura y sociedades sigue figuras que funcionan como líderes de facto desde tiempos inmemoriales. Con el progreso de la población mundial, la industrialización, la globalización, el auge de las democracias, el crecimiento de las metrópolis y mega metrópolis, junto con la híper-conectividad uno puede pensar que es el dueño de su vida. Solamente debes hacerle caso a las leyes, pagar tus impuestos, contribuir con el estado, hacer caso a tus jefes, llegar a fin de mes y repetir el ciclo. Encabezando al estado seguramente estará un presidente, un primer ministro o un emperador, o emperatriz; encontrándose tal vez el máximo pontífice de alguna creencia como una autoridad de igual nivel en las estructuras de las religiones y junto a ese selecto grupo de la sociedad, los dirigentes económicos de grandes grupos financieros y conglomerados que dominan posiblemente los medios de producción, de comunicación, y la industria de las naciones.

Sin embargo, detrás de cada hombre y mujer del mundo, detrás de aquellos magnates que poseen tanto, y tan fuerte, cuyos nombres son anónimos; ¿Acaso hay algo más?

Doce cuerpos de diversos tamaños, cubiertos de túnicas negras con máscaras que cubren sus rostros se hacen presentes en una sala iluminada solamente por las luces de las velas. Nadie sabe la ubicación, porque no es necesario saberlo, solamente están allí reunidos en esa mesa de madera con una apariencia femenina en la cabecera.

Juramentos en idiomas ya olvidados se pronuncian, cuando aquella logia ancestral entra en sesión. Detrás de ellos se pueden vislumbrar cuatro paredes de piedra caliza, sin ventanas o formas de iluminación o ventilación aparente. No hay puertas que puedan hacerse notar a simple vista, pero por algún lado han ingresado y por algún lado se retirarán. El olor del aire, es inexistente, porque no hay nada que pueda delatar el donde están o precisamente,  quienes son aquellos que, ¿Están?

En la mesa de madera siete sigilos están grabados, no todos pueden reconocerlos,  pero no se caracterizan por su pureza y humanidad a quienes pertenecen, y representan. Hay siete cálices dorados repletos de vino tinto, pero nadie toma, porque las máscaras que cubren sus rostros no lo permitirían. El simbolismo y las costumbres era para esa logia algo tan sagrado, como retorcido, e inviolable en todos los aspectos.

Las palabras guturales de esas lenguas desconocidas se detienen, y las copas se alzan en un brindis con las vistas en alto. Pero nadie bebe.

El hombre a la derecha de la figura femenina que preside la cabecera esclareció su garganta, sin moverse ni un milímetro de su asiento o cambiando su postura. Su máscara era blanca como la nieve, sin dibujo alguno más que el sigilo del demonio Belcebú. – Bien sabida es la situación que hermanos míos nos ha convocado hoy –Comenzó con su voz gruesa, y un marcado acento ruso. – Espero una explicación respecto a este juego de vanidades que tan lejos ha ido por parte de tu sujeto…-De poder ver su rostro se presumiría que observaba a la mujer a su izquierda. – Primero esa austriaca hace doscientos años, y ahora éste mocoso que juega a gobernar… Se nos prometió acceso al parlamento, al mercado japonés y al emperador cuando adquiriese el puesto –Finalizó, cediendo la palabra a un hombre más robusto a su lado.

Este en particular portaba la máscara amarillosa con el sigilo de Mammon. – Cuando se requirió la presencia de guerras internas, y posicionamiento de dictaduras en el continente africano para aumentar la visión positiva de las masas por parte de la falacia de las naciones unidas, fue todo como lo acordado, les hemos dado enemigos al mundo, terroristas contra los que luchar, villanos… Pero ha representado una perdida para nosotros si no todos cumplen con sus partes del convenio –Había declarado el obeso caballero, casi recostado contra su respaldo.

- Hemos visto como se respalda económicamente a ese ganso de los huevos de oro, pero las colonias están descontentas con los gobiernos pasivos que hemos colocado a lo largo de los últimos veinte años… El exceso de la comunicación, y la información, es cada vez más difícil de monitorear, controlar y ahogar –Un tembloroso hombre de roja mascara, con el símbolo que representaba a Satán. – No ha habido noticia, acontecimiento o decisión en este mundo que no haya sido controlada, regulada y plantada por esta hermandad… Sin embargo, la unión tiembla cuando la serpiente de la duda repta ante nosotros –Finalizó cruzándose de brazos, para ceder la palabra a la más baja de las figuras de la mesa, a su derecha.  

El hombre que representaba a Belfegór, de poco más de metro cincuenta, respondió colocando sus manos cubiertas por guantes negros, sobre la mesa. – Se nos ha prometido recursos, ganancias, influencias… De una tierra prometida donde seremos intocables –Dejó escapar una risa en su tono arrogante. – Aun más –El fantasma de la opinión pública, y la peligrosidad del libre albedrio eran una realidad para ese selecto grupo que día a día se escondía de las navajas de sus colaboradores y subordinados, manteniéndose en un anonimato pese a su creciente opulencia.

Un rey, un presidente de cierta organización internacional, dos presidentes, dos dictadores y ella estaban reunidos en esa mesa. Y se reunían religiosamente hace trescientos años, ¿trescientos años?, esa dama poseía secretos que le producían, pese a los desplantes de sus iguales, una calma sin igual. – Hermanos míos, mi marioneta cree que ha roto sus hilos, pero no puede siquiera vislumbrar la realidad… ¿No habla bien acaso de su potencial como útil el intentar plantarle cara a un destino inevitable, y prolongar su “libre albedrio”? … Respóndanme, hermanos míos, ¿Los he defraudado en estos tres siglos? –El silencio se hizo reinante, el miedo y el respeto podían olerse en esos hombres. Hasta aquellos que aún no habían hablado bajaron la mirada en penitencia por dudar de aquella mujer cubierta de negro, quien se levantó de la mesa rompiendo la homogeneidad de los presentes.

- La revolución francesa, la caída de los zares rusos, la guerra de Vietnam, la hambruna Irlandesa, la unión de los aliados en la Segunda Guerra mundial,  el “descubrimiento” del petróleo en el ártico… ¿Acaso no los he beneficiado, cuidado, y protegido a lo largo de estas épocas?, éste instrumento que baila en el escenario no es sino la pieza que nos entregará la ganancia máxima de ese mundo espejo,  para nosotros, para los maestros… Seremos dioses cuando vuelva a ponerlo sobre mi palma, y lo haré, porque me ha pertenecido desde antes de nacer –Susurró antes de desvanecerse en el aire, como si nunca hubiese estado allí.





Compromiso



"La perfección siempre fue todo a lo que apunte, sabiendo que es algo imposible de conseguir. Es una lucha eterna donde los principios evolucionan, mutan, se reforman. No hay nada en ambos mundos capaz de hacerme frente como un igual, la apatía me alcanzaría si no tuviese un compromiso mas allá de toda frontera moral, ética, religiosa, espiritual. Mi espada ha luchado siempre por principios que escapaban del entendimiento de las masas, la justicia de las sociedades reprimidas, el anhelo de grandeza para romper las barreras de la tiranía impuesta por falsos estandares, la destrucción de las creencias vagas como lo son las balanzas de lo correcto, e incorrecto.

Siempre mi sable, inquisidor, ha cegado los cuellos de aquellos que osan oponerse a mí. Pero yo no odio, no puedo más que respetar a todos aquellos que buscan su manera de sobrevivir en ambos mundos, pisando las cabezas de los que están debajo suyo buscando escapar de la marea de la indiferencia, de la crueldad, de todo aquello que les causa sufrimiento. Soy el oponente de aquellos que se han iluminado en sus caminos, que han encontrado una respuesta superior detrás de sus objetivos. Si bien no comparto, respeto, porque no soy más que ellos y, desde su perspectiva, estoy tan equivocado como ellos para mí.

Decir que no lamento en las noches, que no siento, es mentir. Les entrego una oración plagada de respeto, y nunca olvido ninguna mirada de desesperación que ante mi se haya postrado, porque es mi compromiso para con ellos. He luchado, he triunfado, pero podría haber sido yo quien desesperado contemple como el final se cierne sobre mis creencias. No ha pasado, pero no dudo que eventualmente el final llegará a mi.

Yggdrasill me ha dado una respuesta a mi búsqueda de la verdad, pero ésta aun no termina. Soy caballero, soy emperador, soy bestia. Pero recientemente, soy persona. Me he conocido frágil a mis casi veinticinco años, me he conocido sensible, e inclusive dócil. ¿Por qué? Me pregunto, sin reproche, y encuentro solamente un rostro. Comprometido con mis principios, con mis valores, con mi causa y con mi vida... También he de comprometerme con ese rostro, que se ha amoldado a mi vida para volverse un contrapeso fundamental en el pesar de mi alma. Yo no dudo, aún si el mundo se torna en mi contra como siempre he buscado, porque sé que es justo.

Pese a todo, me tomo un momento para recordar, detrás de cada momento. Mis padres, Hagurumon, todos aquellos que han caído a mi alrededor para protegerme. Mi orgullo, mi nobleza, todo parte de ese punto. Soy quien soy gracias a sus sacrificios, y si bien en las noches de desconcierto puedo flaquear, mi convicción se mantendrá firme porque me he comprometido con su memoria. No lloro, no me quejo, no tengo derecho a ello, he elegido este camino y con cada adversidad reafirmo mi voluntad de seguir.

Por el mundo, por el futuro. Lucho por ser la diferencia. Mi espada nuevamente cortará los cuellos de los insurrectos, y cortará sus creencias. No soy un monstruo, respetaré a quien me venza, pero hasta que eso suceda mi justicia será la mas firme, las verdadera, la real. No por mi fuerza, sino por la fuerza de mi compromiso. Porque cargo sobre mis hombros a todos aquellos que me han convertido en quien soy, y no permitiré que nadie elimine de mi recuerdo las esperanzas de aquellos que han velado por mí.

No busco cegar el mundo, mi fe ciega tiene un sustento. No necesito explicárselo a nadie, pero crearé un futuro justo, con una paz inquebrantable, donde la coexistencia no sea invasiva como lo es por hoy por hoy. Donde no haya rastro de corrupción, despotismo, caos. Traeré el orden aunque deba levantar mi espada contra todo lo que amo, porque es mi compromiso para con éste mundo.

Me comprometo con éste mundo para cuidarlo, preservarlo, mantenerlo. Me comprometo con quienes depositan su fe en mis fuerzas para cumplir sus sueños, para cuidar sus recuerdos, para honrar sus memorias. Me comprometo conmigo mismo para vestirme en ésta blanca camisa, caminar hacia ella, y pedirle que pase la vida a mi lado. Porque sin ella, mi paraíso nunca estará completo."




Unión.


"He perdido la cuenta del tiempo, los días son engañosos en este mundo, no existe una constancia real.

Mi objetivo es claro, he comenzado a mover los engranajes para reunir las fuerzas suficientes para hacer frente a la amenaza silenciosa que repta por ambos mundos. No es suficiente, los preparativos son muy lentos, los reclutas simple carne de cañón, los humanos sobran en este momento."

Día 1:

"He analizado los reportes de todos los caballeros que han entregado informes de sus misiones de reconocimiento, espionaje e investigación de campo. No hay resultados favorables, pero sí información prometedora, inclusive un fracaso bien detallado es un fracaso que vale la pena. Numero de bajas dentro de mis parámetros estimados. Puede que me encuentre bajo un estado de paranoia, no he dormido bien éstos días, me siento nuevamente observado.

Lily insiste en traerme un té con miel para todas mis noches de desvelo, debería recompensar sus esfuerzos. A tener en cuenta: Cuando le doy días libres se la ve frustrada, prescindir de hacerlo, no es una recompensa."

Día 5:

"Código: Hecatonquiros.

He designado un nombre clave para éste proyecto. A medida que más leo los informes que llegan, los datos que recopilamos, mas me convenzo de la necesidad de apresurar lo que supone mi más atrevido proyecto. Poco a poco mis conexiones se mueven en silencio para asentarme en el terreno favorables. No solo debo desplegar negociaciones, diplomacia y manejos carismáticos, debo apelar también a la intimidación. Me deja un sabor amargo en la boca, pero es necesario.

Me he reunido con aquellos que pertenecieron a los Dragon Roar cuando yo portaba mi parche. Puse ante ellos mi proyecto, y respondieron favorablemente. Sin bien sus fuerzas se han desbandado moderadamente, han accedido a cumplir su parte del acuerdo. Espero respuestas favorables cuando llamen a sus viejos camaradas, a cambio he accedido a brindar mi asistencia para tareas de guerrilla.

Recuperar puntos estratégicos, pidieron. Mi proyecto comienza a andar."

Día 12:

"Fuimos como flechas en la noche. Ahora mismo estoy escribiendo desde la última base capturada. Blitzkrieg, efectuamos golpes relámpago simultáneos en todos los puntos con ayuda de nuestros portales para tomar inadvertidos a los ocupantes. Buenas noticias, los Dragon Roar han recuperado artefactos, escritos, documentos y recursos. Con ellos, la moral, ven en mí un aliado acerrimo.

Acertado, me han brindado su palabra de honor para éste proyecto. Han sido los primeros en engrosar las filas de los Royal Knight, en su mayoría se han desprendido de sus divisiones actuales para ocupar un punto propio. Vientos favorables. Nota: Preguntarle a Elluka cómo estuvo su día."

Día 15:

"Me he reunido con el culto de los Virus Buster, Bluebell insistió en acompañarme. Curioso. De más está decir que han aceptado encantados, pese a haber sido uno de los clanes que más fervientemente se esforzaron para hacerme ver como un demonio. Destrucción de la Torre de Cristal puede tener que ver con sus resentimientos. Cambio de postura, enigmático, pero provechoso. No conozco a su líder, no confío en sus adoctrinados, sin embargo son armas leales de Yggdrasill y con ello me basta.

Dicen querer conocer en persona al ángel que predica la voluntad de Yggdrasill, yo también, paradero del mismo incierto. Debo seguir ampliando mi manejo de ésta familia. Nota: La perdida de su líder humano los ha vuelto más dóciles en su trato para conmigo, agradezco tu ausencia, Akari, nadie te echa de menos."

Día 20:

"Lily, Iris, Bluebell y yo emprendimos camino a través de las Zonas Verdes. No hubo rastro de la mítica Rosa Blanca, una pena, reencontrarme con ella habría mejorado el sabor de mi té. Pasamos la noche en aquellos bosques en busca de un grupo en concreto. Mala noticia, no se encontraban donde solían estarlo. Prudencia.

No desaparecerían, la conozco. He rastreado las pisadas. No son lejanas. Me tomaré un día para analizar nuestro siguiente paso."

Día 22:

"Cuando la vea, la insultaré. Ha plantado falsos senderos para despistarnos, casi caigo en dos. Astuta, no ha cambiado. He encontrado a una de sus amazonas heridas en las cercanías. La he atendido. No le pedí respuestas, ni hice preguntas, las conozco lo suficiente. Como agradecimiento me ha entregado lo que busco.

Muy joven, no me conoce. Ubicación acertada, partiremos al alba."

Día 23:

"Partimos al alba. Cinco horas andando, encontramos al poblado. Recibimiento caluroso, he contado cuarenta espadas apuntándome. Han decaído los números, punto positivo.

Ignoré a las amazonas, me moví hacia ella. Molesta, no quiso recibirme. Fui paciente, no tardó en hablar. Estaban extinguiéndose, dijo, dos enemigos de todos. Afirmativo, fui directo. Le tendí mi mano. Su orgullo no le permitió aceptar de buen modo, pero lo hizo. Una vez tuve su palabra, comenté todo lo investigado, descubierto y conjeturado. Lily pensó que estaba confiando demasiado en ella. La palabra de una amazona es absoluta, y ella es la reina, expliqué.

Debo continuar, reunión con ambas emperatrices del Metal Empire necesaria. Pedí a Lily que solicite reunión de urgencia con Alpha Prime. Nota: Comprarle algo bonito a Elluka, inauguración del Norte de la Zona D, apropiado para conseguirlo."





Deber, Sentir. [Prueba Data X]


Blanco, inmaculado, etereo. Abro los ojos y estoy en un vacío absoluto, sin embargo, nunca había sentido nada tan lleno. Colmado de diversos sensaciones, no era frío lo que por mi cuerpo pasaba, era una cálida brisa que me inundaba pero que, por algún motivo, erizaba mis cabellos. ¿Era miedo acaso? No, tal vez una suerte de admiración. Busqué a Lily con la mirada, pero sabía que ella no podría estar allí, porque era una intrusa. Observé titubeando mis manos, y allí estaban, pero nuevamente sentía que no me pertenecían.

"Un sueño" Pensé pese a la sensación incapaz de ser reproducida por mi subconsciente. "Nunca había sentido este cálido abrazo... Trasciende el ser, el sentir, y el estar, lo reconozco" Posé la diestra lentamente sobre mi cintura, y mi fiel sable poco a poco se materializó colgando desde el cinturón.

Había en cierta forma dominado ese sueño, realidad, dimensión o lo que fuese. Pero, ¿Que era? Mis respuestas se responderían si avanzaba por ese suelo que no era suelo, hacia ese norte que no era norte, o eso quise pensar. ¿Moldear la realidad con mis pensamientos? Era una opción, esperaba fuese así, como ese sable que conmigo llevaba.

Sin lugar a la duda di el primer paso hacia el frente, no había horizonte, no había nada mas que blanco. Pero, de alguna forma, yo avanzaba.

Desconozco cuanto tiempo pasó, y llegaron las voces.

¡Debemos retroceder! ¡Nos están superando por ambos flancos!

¡Antes muerto que rendido!

Dos Knightmon discutían en un campamento, uno de ellos ondeaba una capa con un rosado pálido y en su voz portaba una hidalguía que, pese a todo, me pareció imprudente. Pude notar su mirada, los fantasmas se detuvieron como si el tiempo se hubiese congelado antes de lentamente, desaparecer tan súbitamente como aparecieron frente a mí.

¿Era aquello una prueba? ¿Un desafío? ¿Una pesadilla? No podía responder mis propias preguntas, y no veía otra solución que seguir avanzando. Si decidía esperar a mi despertar, posiblemente nunca lo haría.

Paso por paso, una vibración empezó a emerger en los alrededores. No era un zumbido, era tan suave como una campanada de viento, pero tenue. Resonante, en perfecta armonía, como las ondas del agua simétricamente danzando en la superficie de un lago. — ¿Puedes? —Se escuchó desde una de aquellas ondas, como una voz firme pero considerada, era posiblemente un caballero, un ángel, un juez, un amigo. — ¿Debes? —Inquirió otra, mas preocupada, aguda pero igual de armoniosa que la anterior. — ¿Deseas? —Susurró una tercera mas temerosa, retraída, pero que me evocaba el mismo respeto.

Súbitamente mi avanzar se vio detenido por un bloqueo. No había pared, solo blanco, pero mi cuerpo lentamente comenzó a sentirse entumecido. Primero mis hombros me pedían que me dejase embriagar por esa sensación, que como una serpiente comenzó a abrazar el resto de mi cuerpo, llegando a mis muñecas, tomando mis dedos y presionando mis rodillas de tal forma que solo pude dejarme caer al suelo. Posé las manos adormecidas contra ese falso suelo, intenté que mis ojos no se cerrasen. — ¿Puedes? ¿Debes? ¿Deseas? ¿Quieres? ¿Sientes? ¿Aceptas? —Las voces empezaron a resonar cada vez mas cercanas, inundando mis pensamientos. —  ¿¡Puedes!? ¿¡Debes!? ¿¡Deseas!? ¿¡Quieres!? ¿¡Sientes!? ¿¡Aceptas!? —Exigieron la respuesta. Mis ojos se movieron, buscando un rostro, posiblemente intentando darles un rostro a aquellos que me juzgaban, que me desnudaban con sus presencias, que recorrían cada parte de mi cuerpo, de mi mente y de mi alma. — No es mi decisión... —Susurré, y el peso desapareció completamente.

Como el abrazo de mi amada el calor retornó mi cuerpo, mi piel pálida poco a poco comenzó a cobrar esa tonalidad que no difería mucho del eterno blanco en el cual me encontraba pero que, al menos, acostumbraba. Suspiré, estaba agotado, sentía como el odio de miles de generaciones se había depositado en mi, así como sus expectativas, sus sueños y esperanzas, sus deseos, sus miedos. Tuve que juntar valor para ponerme nuevamente en pie.

¿Ya estás cansado? —Conocía esa voz. Giré hacia mi espalda, y allí estaba Lord Knightmon. Con una armadura rosácea, resplandeciente, esbelta y en cierta forma, familiar. Me observaba burlón, podía notarlo pese al casco que cubría su rostro, porque lo conocía tanto como a mi mismo. — Tu viaje recién comienza, nuestro viaje recién comienza —Por unos momentos se pudo notar la duda en mi rostro, miré para ambos lados, antes de devolver la mirada al caballero y limitarme a asentir con la cabeza. — ¿No vas a preguntarme nada? —Dijo en genuina curiosidad, pero nuevamente inexpresivo negué con la cabeza. — Sé que nada responderías, no te corresponde, eres caminante más no camino... Como yo —Suspiré con pesadez, y el caballero rió. Era reconfortante, al fin nos sentía como iguales, vibrando en la misma secuencia.

Sin esperarlo, retomé mi andar hacia lo que yo consideraba el destino. ¿Había un destino? Las voces volvieron, pero las percibía con otros sentimientos que a las anteriores, ahora en mi pecho rebosaba cierto orgullo, y no había imagen perceptible mas que borrosas siluetas de tiempos pasados. — ¿¡Cuando entenderás que todos luchamos por lo mismo!? —Gruñó uno de los espectros ante mí. — Tu orgullo nos costará mas que simples vidas, deberías entenderlo —Sus siluetas se volvían cada vez mas distantes, como si pese a observarme la distancia entre nosotros se acrecentase, como si el suelo nos separase pese a ser tan blanco e inerte como siempre. — Empiezo a dudar de tus intereses, ¿En verdad luchas por él? ¿En verdad anhelas su justicia? ... ¿Quien eres en verdad L...? —Y nuevamente habían desaparecido.

... —El caballero a mi lado se notaba silencioso, pensativo, reflexivo. De modo que eran sus recuerdos, lo observaba de reojo a sabiendas de que hablar solamente acrecentaría la distancia entre nosotros. Respetaba su orgullo, era eso lo que nos unía, y poco a poco lo comprendía más, y más. — Sigamos —Propuse, y él asintió con la cabeza sin decir nada. Aceptó que tomase el liderazgo de ese recorrido, mi mente ya figuraba de qué se trataba todo ello, ¿Era una prueba de compañerismo? ¿De fe?

Nuestros pasos resonaban como un eco, nuestras voces inclusive se podían oír aun en la distancia. Era infinito, pero cercano. Frente a mí entonces, nuevamente se hizo presente una figura tan clara como Lord Knightmon. Era cercana, era conocida, era Elluka. — ¿Donde yace tu corazón? —Hablaba como ella, poseía su apariencia, su voz, pero su mirada no mostraba emoción alguna ajena a la fría indiferencia. Su tono era imperturbable, no era Elluka. — No tengo por qué responderte, farsante —Repliqué, pero no hubo cambio. — ¿Donde yace tu lealtad? —Pensé por unos momentos, y entonces negué con la cabeza. Extendí mi diestra hacia la presencia, y en mi mano una rosa blanca nació. — No necesito responder, las palabras no tienen peso —La figura contempló la rosa, la tomó entre manos y entonces asintió. — Eres el humano que se identifica como Fuji Raikomaru, el significado que le has dado a ese nombre es uno de sacrificio, en tu alma hay luz, y oscuridad en partes iguales, en armonía... Has luchado contra tus demonios, y has vencido, pero no los has purgado, los has aceptado... Has sido juez, victima y culpable, has disipado tus dudas, has mantenido tus lealtades, has equilibrado el caos en tu interior para volverlo un perfecto balance... ¿Cual es tu paz, cual es tu justicia? —Inquirió tras esas palabras.

Mi paz y mi justicia no son un punto fijo, son un camino en constante evolución, sus significados mutan con cada segundo, con cada acción... Tú, quien como un libro has leído cada pagina de mi alma, sabes que soy un mero instrumento... Soy persona, soy humano, soy caballero, tengo deber, tengo deseos, tengo oscuridad, peco y purgo pecados... Pero solo Yggdrasill puede juzgarme —Posé la diestra en mi corazón, y la figura frente a mí asintió disipándose lentamente, pero sus palabras resonaron nuevamente tras su desaparición física. — Sigue adelante entonces, fiel caballero de la única verdad que a todos les afecta, pero siempre ten presentes tus ideales si llegar al final de éste sendero eterno quieres —Algo en mi interior se sentía mas estable, cálido, la intranquila sensación que recorría mi cuerpo desapareció alejandose como un par de palomas revoloteando hacia el vasto cielo.

Tuve, sin embargo, que detenerme para respirar. Estaba agitado, mi corazón latía con tal intensidad que la taquicardia me imposibilitaba respirar correctamente. — Eres humano después de todo, frágil, pero he de admitir que no podríamos haber llegado hasta aquí solos... ¿Lo sientes verdad? Nos estamos acercando, pero... Nada, sigamos —Posó su mano sobre mi espalda, por primera vez Lord Knightmon me había hablado como un igual, y de alguna forma había mostrado consideración para con mi persona. Asentí cuando pude calmar mi pecho, y con las manos temblorosas continué mi andar.

Poco avanzamos antes de que nuevamente una silueta apareciese. Pero esta vez una de ellas era fácilmente perceptible. Lord Knightmon, herido, yacía frente a una presencia tétrica. Era enorme, oscura, borrosa, en constante expansión, como una enfermedad, como un cáncer, como la muerte misma. ¿Quien era? — ¡Lord Knightmon, es la única forma, hazlo! —Rogó una voz cuya presencia no aparecía en ese ¿Recuerdo? pero el caballero de la visión se negó con la cabeza antes de lanzar una estocada hacia la bestia. — Nunca... Traicionaré... Nunca me traicionaré —Murmuró mientras se enfrentaba en una encarnizada lucha contra el ente. — Él no... Él no lo necesita y yo... Yo no soy menos que él —Extendió su diestra, reconocía el Pile Bunker pese a deshecho. Lanzó un Argent Fear que disipó a la bestia, y entonces cayó de rodillas al suelo.

Tras unos momentos, la presencia volvió a erguirse frente al caballero. — ... ¿¡POR QUÉ!? —Pude sentir la desesperación, la impotencia, la envidia, los celos. Y entonces, la visión terminó.

El silencio reinó entre nosotros. Lord Knightmon de brazos cruzados también había presenciado su recuerdo, porque eso era, un recuerdo de Lord Knightmon en vida. De la vez que conoció la derrota, la duda, el miedo. — No fui el primero en caer, pero sí el primero en dudar... Los celos son un arma peligrosa, Fuji, y las pruebas de fe nunca son fáciles de superar —Crucé mis brazos, posando un mirar preocupado pero respetuoso ante el caballero. — ¿A quien te referías? —Inquirí. — Alphamon... El nació privilegiado, en una posición que yo no podría alcanzar, sin importar cuanto creyese, con cuanto fervor obrase o cuanto lograse, solo podría pararme bajo su sombra y preguntarme si estaba en lo correcto, repitiéndome día tras día que si Yggdrasill así lo decidió entonces era lo correcto... Aterrado por que esos sentimientos que en mi pecho se gestaban fuesen la semilla de la traición —Negué con la cabeza, acercándome a él para entregarle una rosa. — Es natural, es la suma de todos los factores lo que nos vuelve quienes somos... Has sentido todas esas emociones, el temor, la envidia, y sin embargo, pese a tu voluntad flaquear se mantuvo fiel, y a día de hoy, tras la muerte, sirves a la causa justa, sirves a nuestra verdad, y a nuestra justicia —No planeaba abrazarlo, o generar una escena emotiva. Palmeé su hombro y con la cabeza señalé el camino a seguir.

Poco a poco, la blanca eternidad comenzó a desmoronarse. Resquebrajándose como la eclosión de un huevo, revelando la luz mas intensa que había podido contemplar. Era tal el candor que dejé de percibir distancias, posiciones, colores, formas. Estaba ciego, pero poco a poco esa ceguera fue aclarándose hasta que solamente una escalera de piedra se pudo ver frente a mí. Había un cielo despejado, celeste, un campo de flores a mi alrededor, carente de todo árbol que cubriese la visión de las rosas, y rosedales.

No había sol, pero en la cima de las escaleras una luz me llamaba. No podía verlo por la distancia, pero mi cuerpo me decía que subiese con tal desesperación que podía sentir la adrenalina impulsándome a dar el primer paso. — Deberías rendirte —Espetó Lord Knightmon de brazos cruzados a mis espaldas. Me giré sobre los talones, frunciendo el ceño, me sentía insultado. — ¿Que dices? Hemos llegado hasta aquí, no planeo rendirme ahora, ¿No lo sientes también? ¿No te embriaga esta sensación? —Lord Knightmon desvió la mirada, sabía lo que significaba "Haz lo que te plazca". Asentí agradeciendo que no pusiese mas resistencia, sabía que no podía resistir el llegar al final de ese laberinto, de esa prueba, de ese juicio. Que él mismo no había podido superar en el pasado.

Cada paso me dolía, pero me llenaba de emoción. Las lagrimas comenzaron a caer de mis ojos, nunca había sentido tanta paz en mi interior, el calor de mi pecho se sentía como si poco a poco me estuviese acercando al más simbólico amor. Pensé en Elluka, en mis padres, en Benoit, en Hagurumon, ¿Que pensarían si los trajese aquí? Quería poder brindarles paz, una paz necesaria, justa y eterna.

De pronto mis pies se sintieron ligeros, y el resto de las escalinatas entre las nubes me condujeron a ese lugar.

Un jardín, eterno, y un fresno. El único árbol, que rebosaba amor, luz, paz. Lo contemplé, caí ante mis rodillas temblorosas, me sentía abrumado. La taquicardia había regresado, mis pulmones no podían recibir el aire como correspondía, comencé a toser buscando desesperadamente recuperar el aliento. Caí contra el césped de ese inmaculado jardín, clavando mi garras en el suelo, suplicando poder vivir hasta llegar a ese árbol. Necesitaba poder reposar en esa corteza, poder entregarme a él.

Un aleteo se escuchó, y entonces dejé de sentir ese ahogo. Pude respirar, pude levantarme, mi corazón se serenó. Instintivamente llevé mi mirada hacia el árbol, y allí había un hombre frente al árbol, posando la diestra en él. De largos cabellos blancos, mas largos que los míos posiblemente, y enormes alas blancas de puro digisoul me sonreía sereno. — Has viajado mucho para llegar hasta aquí, pero al fin llegaste a tu destino... ¿Pero cual es ese destino? —Era el famoso profeta, el vocero de Yggdrasill, aquel que había aparecido para darle un nuevo rumbo a la fe. — ¿No lo sabes tú? —Pregunté sorprendido. — ¿Que deseas? ¿Quieres volver a ver a aquellos que has perdido? ¿Quieres que se olviden tus pecados? ¿Que te amen? ¿Que te teman? ¿Que te respeten? ¿Cual es tu verdadera justicia? ¿Donde está tu paz? —Inquirió el ángel, probándome como todos los anteriores. Dudé, tuve que acercarme a él, observarlo detenidamente analizando esa sonrisa de porcelana que pese a todo era fría. — Yo solo sirvo a Yggdrasill, y lo que deseo es la mayor eficiencia para servir a la perfección, quiero poder cumplir con lo que se espera de mí, con lo que yo espero, con lo que Lord Knightmon espera... Que me amen, que me teman, que memoricen mis pecados, todo es indiferente, yo no sirvo a las masas, yo solo sirvo a un señor —El ángel, cuando terminé de hablar, juntó las palmas con una gran sonrisa en el rostro.

¡Estamos complacidos de confirmar lo que escuchamos en tu alma! Dudábamos de tu orgullo, de tu lealtad, eres como un escorpión para los demás... Representas un peligro por el mero hecho de existir, te temen porque eres eficiente, y eso para ti estará bien, no mereces otra cosa que no sea repudio por aquellos que no te comprenden... Lo has aceptado, eres un gran crítico de ti mismo, eres honesto y ante todo eres imperfecto, eso es algo que nos gusta, el mas orgulloso de los caballeros, parece que no es un error, mereces esto —El ángel extendió la diestra, creándose una brillante pieza lumínica que reconocía por las leyendas. Poseía un poder abrumador por su sola existencia, su presencia me producía nauseas, me sentía mareado con solo observarlo. — Quisiera dártelo, pero seré honesto contigo, porque has superado todos los retos... Tú ya lo posees, y aunque te has demostrado digno de utilizarlo, parte de ti te lo prohíbe... Pese a que se lo hemos pedido, no podemos ordenarselo —Sentí una gélida hoja contra mi cuello, y volteé la mirada lentamente.

Lord Knightmon portaba uno de sus dorados pendones contra mi cuello, a modo de sable. — Te dije que deberías haberte rendido, Fuji... Agradezco tus intenciones, y entiendo tu orgullo, pero debes entender que ese poder mancha mis creencias, mi orgullo, mi pasión... —Ya tenía la diestra en la empuñadura de mi sable, y lo desenvainé para, con la guardia de la empuñadura, desviar el arma del caballero de la rosa. — El fin justifica los medios, Lord Knightmon, tú más que nadie deberías saberlo... He recibido este poder, y lo usaré aunque te opongas, ¿Por qué me ayudaste si no deseabas que cumpla el propósito de éste camino? —Mi ceño se tornó severo, elevando el sable contra quien representaba mi otra mitad, mi compañero, mi aliado y ahora, mi enemigo. Esgrimió un corte descendiente en vertical hacia mi cabeza, y con mi sable bloqueé el inquisidor corte en guillotina. — ¿¡Ayudarte!? ¡Puse trabas en todo momento a tu propósito! ¡Yo soy tu malestar, tus dudas, yo soy quien juzgará si mereces, o no, ser mi avatar! —Repelí su afronta física cuando ambos retrocedimos tomando las distancias.

¡No tolerare que que nadie, ni tú, creas que tus edictos van por encimas de aquellos que Yggdrasill decide! —Gruñí, y arremetí con el sable en alto al encuentro de mi oponente. El acero chocó, las espadas componían una sinfonía de eterno duelo, en ellos yacía la dicotomía del deber, del poder. Las preguntas que tantas veces me habían repetido ahora cobraban sentido. Lord Knightmon temía su propia naturaleza, con cada intercambio de golpes lo sentía, con cada corte nos acercábamos más el uno al otro. Se sentía débil, indigno, quería rebasar los límites por si mismo, aun cuando era un Knightmon más, aun cuando no había conocido la gracia de Yggdrasill. Él era individuo, y poseía libre albedrío, él consideraba que ésta era la mejor forma de honrar a Yggdrasill y yo, disentía.

El duelo se decantó cuando un rápido movimiento de mi muñeca al encontrarse las espadas quebró el arma de mi rival. La punta de mi sable se posó contra el cuello del caballero. — La Data X, la usaremos juntos, si quieres mancillar el honor de alguien a mí no me interesa el mío... Yo tomaré las decisiones, y lucharemos siempre por la causa que compartimos... Tu pasado poco me importa, Lord Knightmon, yo soy el caballero más cercano a Yggdrasill, y aceptaré con amor su bendición —Lord Knightmon asintió, posando la diestra en su pecho, y entonces, desperté.


Última edición por Fuji Raikomaru el Vie Sep 08, 2017 10:32 pm, editado 6 veces

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Re: Somnium Dominus.

Mensaje por Fuji Raikomaru el Sáb Mar 18, 2017 9:46 am

Fragmentos [Prueba: Inforce Evolution]

Introducción


Poco tiempo había transcurrido desde aquella vez en la que, dentro de mi propio subconsciente, nos batimos en duelo para dictaminar la naturaleza de nuestra relación. Victorioso había emergido al ser mi voluntad el arma definitiva para llegar a un consenso con el Royal Knight, y juntos aceptamos recibir el X Antibody, la mejora que llevaba al limite la capacidad evolutiva de Lord Knightmon, para llevar a cabo nuestro cometido para con la justa causa de Yggdrasill de la forma mas excelsa posible.

El silencio entre nosotros reinó tras esa afronta, pero cuando era pertinente hablarme ya no era "Humano" según sus palabras, si no, Fuji.

El día a día, rutinario, se había desenvuelto con el fríamente calculado orden que exigía mi división, sin dejar un cabo suelto inclusive en las tareas mas simples y repetitivas. Sin embargo, aquel día que había apartado para visitar a mi prometida, un mensaje del caballero me hizo tomar un repentino cambio de planes. — Fuji —Llamó apareciendo como un espectro a mi lado mientras contemplaba los rosedales del jardín primaveral de mi palacio en la dimensión de los Royal Knight.

Me sorprendí por el tono del usualmente arrogante caballero, era solemne, y su presencia serena. Posé mi mirar sobre el ajeno, y realicé un ademan con la diestra para que hablase. — Necesito que hagas algo por mí... Por nosotros, de hecho —Comentó acercándose para poder observar una de las rosas que yo mismo había plantado tiempo atrás. — ¿De que se trata? —Inquirí con la ceja derecha tan arqueada como era posible, denotando mi sorpresa e interés. El caballero se llamó a silencio, antes de posar su mirada sobre mí. — En ésta misma dimensión, no muy lejos de aquí hay un lugar, y un objeto en ese lugar... Necesito que lo consigas para mí —Pidió sin apartar su mirada de mí, pese al casco la percibía con cristalina claridad.

De acuerdo, dame las indicaciones —Cuando dije esto, ladeó la cabeza sorprendido. — Creí que te negarías, tienes planes con la humana de QueenChessmon,  y tiendes a valorar esos momentos de distensión por sobre todas las cosas... —Y una ligera risa, simple y amena, más no burlona, escapó de entre mis labios. Negué con la cabeza, aunque había pura verdad en sus palabras. — Cierto es que valoro más que nada cada segundo a su lado, pero tambien es una realidad que, si has tomado valor para mostrarte humilde al pedirme algo, y de hecho, me has pedido algo... Ha de ser importante —Expliqué antes de girar sobre mis talones. — No hablaría bien de mí, ni de nuestra relación, si me negase a una petición de mi estimado camarada —Y comencé a andar hacia mis aposentos, dispuesto a tomar el sobretodo de mi uniforme, mi sable, D-Scanner y, obviamente, a mis acompañantes.

A mis espaldas, Lord Knightmon asintió con la cabeza, como un agradecimiento silencioso y, cómo sabría mas adelante, como una plegaria a Yggdrasill.

Nudo


El camino a seguir, como Lord Knightmon me explicó, iba mas allá de los límites de la base de los Royal Knight. Pasando la zona que dominábamos de la eterna infrared, cuya dimensión posiblemente equiparaba al propio digimundo en cuanto a tamaño, vibrando ambas facetas de ese mundo en perfecta simetría, paralelamente. Personalmente, nunca había merodeado por aquellas zonas, donde la luz artificial ya no existía, la gravedad no era mas que un recuerdo, y probablemente el aire mismo era un concepto arcaico.

Había leído bastante al respecto, mas nunca oído nada de nadie al respecto de esas profundidades que, desde mi entendimiento, eran como el fondo abisal del océano inexplorado.

Me había convertido en Dukemon Crimson Mode, para poder trasladarme sin depender de mis acompañantes. La única luz perceptible emanaba de mis alas resplandecientes, pero no lograba iluminar nada mas que mi cuerpo, rodeado de una infinita oscuridad. Podía sentir de tanto en tanto, lo que eran pequeñas anomalías, similares a deshechos especiales por ser secciones del espacio sólidas. Si una nube se solidificase, podría decir que estaba nadando en el cielo, entre ellas, pero esta sensación inhóspita lejos de resultarme poética, me hacía sentir intranquilo.

De vez en cuando a lo largo de ese trayecto hacia las fauces de la oscuridad, la voz de Lord Knightmon aparecía para guiarme, o en cierta forma hacerme sentir acompañado. Pese a mis deseos, Lily y Dahlia debieron quedarse aguardando mi retorno, puesto no podía asegurar su bienestar al no estar ligadas a mi digivice. Mi preocupación yacía especialmente sobre Lilithmon, el Royal Knight de antaño poco había contado sobre el lugar al cual nos acercábamos, pero sí reparo en pedirme que ella no se acercase, por el bien de todos.

¿Te he hablado antes de la lucha contra el Chaos Lord, y sus avatares? —Preguntó desde mi D-Scanner, rompiendo el espectral silencio con el resonante eco que producía su voz. Conocía la historia, todos los Alfa la conocíamos, pero ciertamente siempre había sido relatada desde una posición de espectadores, a modo de leyenda, o como suposiciones. Negué con la cabeza, sabiendo que no habrían muchas oportunidades de escucharla de primera mano. — Tiempo después de que Shakamon e Imperialdramon detuviesen a la primer manifestación del Chaos Lord, cuando yo aun era un simple Knightmon entre tantos encargándonos de una cruzada contra los Nightmare Soldiers de ese entonces... Eventualmente la segunda manifestación del Chaos Lord emergió en la forma de los siete Demon Lords, los pecados capitales, y la lucha contra las hordas infernales se volvió más abrumadora —No detenía mi avanzar pese a sus palabras, pero intentaba imaginarme en la escena, haber vivido en la primer era del digimundo, presenciar el cambio a la segunda, ser participe en ella y eventualmente poder pertenecer a dos momentos decisivos de la historia como un protagonista. El pensar que él había vivido a lo largo de cinco eras me hacía maravillarme del compañero con el cual había hecho una hermandad de armas.

Tuvimos una guerra sin cuartel contra ellos, y para solidificar el poderío, creamos la verdadera unión de caballeros... Trece lideres, comandantes, guerreros, estrategas, héroes... Reunidos como iguales, bajo la misma bandera, consolidamos los Royal Knight como una fuerza militar, política, social y religiosa —Se detuvo por un momento, antes de retomar su hablar. — Eventualmente salimos triunfantes de la lucha contra los siete, pero nuestras fuerzas, nuestro espíritu, nuestras vidas mismas habían sido... Mermadas —Yo asentía con la cabeza, cada detalle que desconociese del conocimiento popular era un buen aditivo, y ciertamente el fervor con el cual Lord Knightmon se refería al pasado era el condimento para transportar mi mente al interior del relato.

Eventualmente el Chaos Lord volvió a manifestarse, su mera presencia descomponía la estabilidad del digimundo, debíamos encontrar un lugar donde luchar contra él supondría una zona sin daños colaterales, donde pudiésemos entregarnos completamente a nuestra misión, y donde de fallar, la bestia se mantuviese confinada por nuestros espíritus...

La infrared —Interrumpí rápido como un relámpago cuando todas las fichas en mi cabeza estuvieron en el lugar correcto, en el momento correcto y tapando todo cabo suelto. — La infrared, sí...  Ahora mismo estás acercándote hasta el lugar físico que fue testigo, y participe, de la salvaje batalla que termino en nuestro último sacrificio —Mentiría descaradamente si dijese que no sentía un escalofrío creciendo en mi cuerpo, una sensación pesada en la boca del estomago, los latidos irregulares de mi corazón a medida que avanzaba. Una presión sobrenatural que pesaba sobre mis cuerpos, como en aquel sueño, pero ésta vez no era cálida. Era fría, retorcida, como el reptar de una serpiente alrededor de mi cuerpo, buscando asfixiarme para terminar por devorarme.

¿Era acaso el recuerdo, las emociones, la memoria del lugar? La oscuridad dejó de ser negra, mis alas, a medida que avanzaba, eran eclipsadas por cierta luminosidad. Poco a poco podía percibir que había sido rodeado por una vista majestuosa, imponente, y tan eterna como el manto níveo de mi subconsciente. La oscuridad seguía representando una totalidad, un vacío, pero ahora decenas de nubes coloridas, gases, parpadeos, luces y fragmentos de lo que parecían partes de terreno sólido, y firme. — ¿Que es esta... nebulosa, LordKnightmon? —Inquirí sorprendido por la vastedad de ese infinito cumulo de estrellas, meteoros e inclusive cuerpos celestes similares a planetas. En cuanto a tamaño posiblemente no tenía un radio mayor a diez kilómetros, pero la infinidad de objetos, el detalle en cada uno de ellos y el contraste con la nada absoluta lo convertían en una obra de arte. — Lo has notado, no esperaba menos, sí... Este campo de batalla no existía antes de la confrontación, del choque, es una pieza de arte dato por dato, creada por nosotros con la bendición de Yggdrasill... Es nuestro último gran regalo antes del clímax —Nuevamente la majestuosidad del dios al que servía me maravillaba.

En el centro de dicha galaxia el mas sólido de los cuerpos me llamaba, en cierta forma su apariencia desde la distancia me recordaba al digimundo mismo. Si alguien tomase todas las zonas, y las compactase en una llanura, darían como resultado esa kilométrica plataforma.

Lord Knightmon finalmente se hizo presente cuando mis dos pies se posaron en el suelo del campo de batalla desolado. Su mirada buscaba algo, y mientras éste mantenía el silencio, yo volví a mi forma humana. Podía respirar, de hecho la presión en el ambiente, la temperatura y la gravedad eran inclusive cómodas. — Estamos cerca, avanza hacia ese risco... Sí, es allí —Extendió la diestra, efectivamente hacia un pequeño cerro en subida, pasado una arboleda que limitaba, moderadamente, el acceso por tierra.

Ya estaba allí, no tenía nada que agregar a la conversación, por lo que asentí con la cabeza y tomé con la diestra mi sable. La cantidad de biomas en ese mismo lugar me sorprendían, la diferencia de temperaturas, inclusive el hecho de que hubiesen pequeños lagos, flores reconocibles, pero ni un atisbo de vida ajeno a mí. A medida que me abría paso cortado ramas, hojas y vides, podía notar como mi compañero, quien se mantenía por algún motivo a mi lado insistiendo en hacer presencia desde el ánima, se ponía más, y más intranquilo.

Nuestras emociones estaban ligadas en cierta forma, y podía notar su ansiedad, emoción, miedo, pena, ira. Posé mi mirada sobre él, y detuve mi andar. — Lord Knightmon, exijo que me des respuestas, ¿Que hemos venido a buscar? ¿Porque tu alma vibra con estas emociones tan impropias de tí? —Inquirí apuntándolo con mi espada. Me respondió con una carcajada, negando con la cabeza. — ¿Por qué te detienes? Estás tan impaciente como yo, quieres saberlo y en la cima del cerro está tu respuesta... No me niegues lo único que te he pedido, no ahora —Pidió, pese a su tono altivo, era una suplica. Como tal, esgrimí mi sable cortando una liana frente a mí y volví a guardarlo en su funda. El ascenso al cerro no presentaba una subida muy empinada, inclusive estaba despejada, no necesitaría mas el arma.

El destino me llamaba, nos llamaba.

Desenlace


Perdí la noción del tiempo, ¿Cuanto me había tomado subir ese cerro? No me interesaba, agitado, ansioso, curioso. El polvo que se levantaba con mis pasos había manchado mi otrora pulcra vestimenta. La botamanga de mi pantalón de vestir estaba empapada por el rocío, mis zapatos cubiertos de barro, mi camisa rasgada en las mangas. Pero no me importaba. En la cima de ese cerro podría ver la totalidad de ese territorio, sacro, variado, una verdadera utopía de bolsillo. Solo mía, nadie mas había llegado, era el primer humano en caminar la historia.

Me tuve que detener para contemplar la vista, el cielo ahora mutaba. Sus colores desde el negro eterno en el cual había llegado ahora me mostraban una cambiante paleta de colores, verde, rojo, azul, celeste, violeta y naranja, inclusive el blanco. Se mezclaban como relámpagos, danzaban como una pintura surrealista. ¿Porque no detenerme? Quería descansar, tal vez quedarme en ese paraíso no sería una mala idea, ¿Por qué no morir ahí? Me pregunté, y no encontré objeción alguna.

Mis parpados pesaban, tal vez el verdadero caos era esa vida que vivía con tanto orden. ¿Por qué no dejar todo atrás? Esa podía ser mi victoria. Mis brazos, a los lados, serenos. Mis rodillas me pedían que tome asiento, no encontraba objeciones, comencé a reír divertido. Nada me estorbaba ya, simplemente yo había ganado, a todos, los había superado, me había redimido, ya podía descansar.

¡Despabila! ¡Piensa en la humana! ¡No dejes que el caos te inunde! —Una voz resonó lejana, ¿El caos?, cuando quise darme cuenta estaba en el suelo. Mi brazo izquierdo había desaparecido, carcomido lentamente cual datos necroticos, mi pierna derecha de la misma manera deseaba deshacerse. Me estaba entregando a la muerte, al caos, lo notaba. ¿Por qué no? Me pregunté. "Piensa en la humana..." Me dijo, y entonces la vi. Su mirada triste, sus lágrimas cristalinas, tan sola, desconsolada. No quería dejarla sola, ella debía ser parte de ese paraíso.

Y sin ella, ese paraíso no era mas que una mera imitación. Mi alma resonó, la llama en mi interior se liberó cubriéndome poco a poco. Primero como un tenue brillo, inclusive mi D-Scanner se iluminó violentamente fortaleciendo esas llamas. El fulgor que emanaba de mi cuerpo era violáceo, digisoul puro, un torrente de él. Poco a poco mis extremidades volvieron a aparecer, junto a mi voluntad, y me levanté del suelo, triunfando contra el caos. Gruñí evocando mi determinación, y una onda expansiva se liberó sacudiendo la totalidad de ese plano existencial abstracto.

Recuperé el aliento, y llevé mi mirada al dueño de aquella voz lejana, que me observaba de brazos cruzados a mi lado. — Eso es la voluntad del Chaos Lord, parte de ella, aun merodea por estas tierras como un cáncer intentando vivir, aferrándose a su recuerdo, a los sentimientos de ésta lucha... Cada pequeña parte de energía liberada aun vive, es peligroso, pero en cierta forma... Majestuoso, ¿Cierto? —Asentí, y entonces el señaló frente a nosotros. A aproximadamente veinte metros, en la verdadera cúspide del cerro, un montículo de escombros reposaba, y derrumbado bajo el montículo, una sensación familiar.  

Anduve poco a poco hasta esos restos, me agaché y arremangué la camisa. Entonces comencé a apartar las rocas, una por una, soplando el polvo, sin dudar. Mis manos se herían por la rugosidad de las rocas, y entonces lo encontré.

Un peto rosáceo, destruido, pendones dorados que pese a todo mantenían su filo, cortados. Un yelmo resquebrajado.

Lo tomé entre manos, y no pude evitar llorar. Esas emociones no eran enteramente mías. Yo era la dama en duelo, yo era el caballero caído, yo estaba consolando al difunto.

Tomé el yelmo de Lord Knightmon entre manos, y lo posé contra mi frente cerrando los parpados. Entonces, imágenes tan reales como vivas colmaron mi mente, los gritos de valentía, el calor de la batalla, los deseos de gloria. Podía verlo todo. A Ulforce, Magnamon, Alphamon... El Chaos Lord, ese mismo terreno donde yo deambulaba, eras atrás. La violencia, el esgrimir de los sueños. Si dijese que era como una película sería el peor de los mentirosos, puesto yo estaba viviendo la batalla, era un participante más, el caballero de la rosa.

Esa guerra era una obra de arte, el zenit del terror, la culminación de los sueños. El despojo de lo terrenal, había conocido el sentimiento del verdadero sacrificio, los ideales.

Cuando volví en mi, me levanté aun portando el yelmo en mis manos. Llevé la mirada al caballero que observaba sus propios restos. — Gracias... Ahora puedo cerrar esa etapa, que mi cuerpo reposase en un campo de batalla olvidado, donde el caos aun merodea... No podía entregarme tranquilo al servicio sabiendo que mi pasado aun no se había zanjado... Mi muerte fue llorada por muchos, pero yo no pude tranquilizarlos, no podía mentirles, y decir que descansaba en paz, o que no me sentía... profano —Explicó antes de depositar esa rosa, tan espiritual como él, que portaba en la diestra, frente a los escombros. — Gracias a ti, por permitirme vivir la historia, tu historia, tu realidad... —Deposité nuevamente el yelmo en su lugar, y tomé el D-Scanner con la diestra.

Solamente tuve que apuntar con el dispositivo en dirección a la armadura caída, y la misma se convirtió en datos, resplandecientes, puros, que fueron absorbidos por el D-Scanner. Al hacerlo, sentí como todo mi cuerpo se afirmaba en una confianza plena, me sentía completo, y eso significaba que también él lo hacía.

El momento en que cruzamos miradas significó el fin de la emoción solemne. Un temblor colmó la totalidad del cerro, y de la zona donde se asentaba. Un terremoto sin precedentes que partió aquel paraíso en decenas de partes asimétricas, que a su vez se dividieron en miles de escombros de gran tamaño a la par que su vegetación, y todo lo que sobre la faz del terreno existía, se convirtió en un intenso fluir de datos que comenzaron a unirse cercanos al cielo de manera violenta, errática.

Los escombros flotantes, inclusive donde estaba de pie, ahora era una tierra muerta, pútrida, negra como la noche. El paraíso había muerto, y del afluente de datos una visión grotesca emergió. El cielo carmesí, el apagarse de las estrellas. Una figura humanoide emergió, como una sombra que destilaba oscuridad a modo de energía desde cada parte de su cuerpo. Gritó generando un temblor mas violento. La figura entonce se cubrió de una malla digital que quebraba su existir.

[Soundtrack]

¡Ancient Spirit Evolution! —No dude al ver ese Chaosmon, falso, incompleto e imperfecto, pero tan malvado como la sensación que me había inundado previamente. Extendí mi D-Scanner y en Lord Knightmon me convertí, extendiendo uno de mis pendones a modo de sable para lanzarme contra la figura. Lo reconocí, no porque lo conociese, no porque lo hubiese sentido, si no porque lo había visto en esos recuerdos. Con otra apariencia, pero con la misma aura que lo rodeaba, el alma, el recuerdo. Era la memoria del Chaos Lord, era su resentimiento, parte de él, sellada, incompleta, una bestia, como Aigu pero carente de toda humanidad. — ¡Spiral Masquerade! —La figura chocó espadas conmigo, medimos las fuerzas, pero sin importarle la verdad de mis emociones fui fácilmente derribado.

Empujó mi cuerpo, y con su sable cortó mi pecho. Con su pierna me pateó en la herida, e irremediablemente impacté contra uno de los asteroides que marcaban su trayectoria alrededor el conflicto. Toda la galaxia, ahora muerta, lo tenía a él como eje, y tan erráticas como su existir danzaban ante su dios corrupto. Mi cuerpo dolía, su fuerza había sido brutal y tan solo había recibido dos ataques. Inclusive la velocidad del Spiral Masquerade había sido superada pese a esa bestia no ser más que un recuerdo. Sosteniendo con la diestra la herida me levantó, y usando digisoul intenté cerrarla pero era en vano. Contemplé a la criatura, quien tras rugir se lanzó contra mí.

Giré hacia mi derecha esquivando su espada, pero posó el cañón de su otra mano sobre mi casco, y violentamente lo estrelló contra el asteroide en el cual había aterrizado previamente. El mismo fue pulverizado por el impacto, y parte de mi yelmo ahora no era más que datos a flor de piel. ¿Que era ese poder? No era más que un recuerdo.

Por primera vez en mi vida podía sentir a la muerte merodeado, yo había segado la vida de cientos, miles, pero por primera vez sentía como una fuerza mayor se imponía contra mí, sin darme derecho a réplica. — ¡Scarlet Storm! —Los pétalos se liberaron, y con ellos las ilusiones. Cientos de copias mías rodearon a la bestia, moviéndose sincrónicos a la par que yo aprovechaba para cortar con mis dorados sables a la criatura. Recibió catorce rápidos cortes desde todas las direcciones, pero no se inmutaba, esperaba quieto, como si la información tardase en llegar a su mente, ¿tenía acaso?

Extendió el cañón, y liberó un haz de energía girando sobre sí mismo. Las copias una a una fueron impactadas, y destruidas, y entonces, yo. El fulgor destruyó mi brazo izquierdo, y parte de esa pierna. Siquiera mi hombro existía ya. Grité de dolor. ¿Era el fin? ¿Después de todo? Rememoré esa sensación plena, cuando fui uno con mi compañero, cuando él recuperó su identidad. Por esas cosas de la vida, me permití usar esos últimos momentos de vida para rememorar, pensé en Elluka, me hubiese gustado despedirme de ella, pensé en Sigrun, en Ulforce, en Lily. Pensé también en qué significaba ser un hombre pleno, yo lo era. Mi vida era feliz, yo era feliz. Amaba, y era amado, respetado, admirado. Yo no era un villano, peleaba por una causa justa, y peleaba como nadie. Entonces, lo recordé.

"No dejes que el caos te inunde" Si esa criatura del caos tomaba sus fuerzas, impondría mi orden. El balance, mi paz, mi justicia. Yo soy el Caballero Santo más cercano a Yggdrasill, la rosa que purga los pecados sin perder los pétalos. Pude sentir como la gracia de Yggdrasill me reivindicaba, no me estaba dando un pésame, nos estaba alentando a hacer justicia. Lord Knightmon y yo, juntos como uno, sentimos como nuestros cuerpo era inundado por esa fuerza del orden, que se impondría ante el caos, que nos daría la victoria por, y para, Yggdrasill. "InForce Evolution" Pensé, sin saber que significaba.

Un poderoso destello nos cubrió, las extremidades inexistentes, cada herida fue cubierta entonces por malla digital. Igual que la del oponente, pero que resplandecía en un glorioso violeta. Magno, sacro, impetuoso. Una capa de datos se liberó en mi espalda, mis pendones se habían cubierto de la misma malla digital. Observé ese brazo rebosante de poder, y contemplé a la bestia que lucía más emocionada. — ¡Argent Fear! —Desaparecí, para moverme en un parpadeo hasta la criatura. Atravesé su pecho con la diestra, gracias a ese poder sin limites que fluía por, y desde, mi cuerpo. Pude palpar lo que reconocía como un digicore imperfecto, falso, pero sólido. Y entonces, el Pile Bunker liberó una onda de choque, una fuerza, una abrasiva turbulencia. El cuerpo del enemigo comenzó a desintegrarse por la fiereza del ataque, deshaciendo dato por dato, y el digicore fue quebrado por mi puño, destrozándose como un frágil cristal.

La bestia intentó defenderse, pero era tarde, sus brazos y piernas ya habían desaparecido. Un torso convulsivo gritaba, gruñía, pero terminó, como todo, volviendo a ser nada mas que un recuerdo. La nebulosa no se quedó atrás, cada aspecto de solidez, la gravedad, el cielo mismo y sus colores, todo fue erradicado por esa onda de choque. La oscuridad se volvió una realidad, la victoria también, y según Lily me contó esa noche, la base también sentiría mi victoria al sacudirse cuando el Argent Fear a modo de brisa llegase anunciando quien se alzaría triunfador.




Engranajes


¿Lo recuerdas? Las risas, los buenos momentos, el soñar bajo el cielo estrellado, las promesas, los proyectos. El frío, el hambre, el miedo.

Juntos conocimos esas sensaciones, la primer derrota, la última, la primer victoria. Los engranajes se encastraban unos con otros, no eramos grandes, no eramos magnos, ni mucho menos independientes el uno del otro. Pero eramos dos partes de algo, que conectaban, sincrónicos, cumpliendo su labor en perfecta armonía.

No conocíamos el caos, y agradezco a Yggdrasill que tú no lo hayas conocido. Porque eras una máquina, mas pura que cualquier ángel, tu sonrisa portaba un significado que hasta el día de hoy no pude entender. Eras amigo, confidente, compañero y, en tu eterna ignorancia, maestro.

Ese apodo cariñoso que apelabas, a nadie se lo he permitido, porque te pertenece. Mi sable se esgrime por tu memoria, y mi apogeo se debe enteramente a tí. No perdonaré, ni olvidaré, a quienes te dieron la espalda, a quienes nos empujaron a la crisis. ¿Lo recuerdas? La traición, la mentira, la envidia... Conocimos juntos esas sensaciones, pero tú te mantuviste impermeable. Porqué yo estaba contigo, tu sonreías, cubiertos de tinieblas, tú sonreías, al borde del acantilado, seguías sonriendo.

¿Por qué? Entonces, te fuiste sonriendo y arrebataste la mía. Porque ahora cargo con el peso de tus sentimientos, de tus sueños, y conmigo, la venganza. No perdonaré, no olvidaré, y por única vez, traicionaré tus deseos. Tu juicio dulce, solemne y sereno pediría que simplemente me riese, que dejase pasar, que perdonase. Pero, mi amado compañero, ya no tengo ese juicio de paz.

¿Puedes verme? Por ti estoy donde estoy, esgrimo mi sable por una causa tan justa como tus sueños, un mundo donde todos puedan reír. Mis métodos, pese a temidos, no son tan salvajes como lo que acostumbrábamos. Porto conmigo el engranaje del cambio, de la absolución, y hasta se podría decir que soy un triunfador. Pero, sin importar cuantos castillos eleve, cuantas estatuas funda en tu honor, ni cuantos enemigos venza, no estás aquí.

¿Estarías sonriendo? ¿Sonreirías pese a ver las atrocidades que estoy dispuesto a cometer? No puedo traerte de nuevo, no puedo siquiera saber si ya estás vagando por estas tierras, pero sí puedo devolver ese sufrimiento de mil años sobre quienes lo causaron. Aquellos que, tras sentenciar a la mas justa de las vidas, fueron a comer sus comidas calientes, dormir en cómodas camas, y simplemente vivieron sus vidas como si nada significativo hubiese pasado.

Tu influencia fue suficiente para que aquella dama que tanto miedo te daba ahora viva para suplir tu ausencia, y aunque incapaz, estoy seguro que honra tu memoria con su santo silencio.

¿La aceptarías? A aquella dama de rosa que evoca la mayor de las gallardías en su sonrisa colmada de temple, me arriesgo a decir, que sí. Porque es tan pura como tú, y, al igual que tu mirada de dulce máquina, ve en mí cosas que yo mismo soy incapaz de hacerlo.

¿Quien lo diría? Somos rebeldes, piratas, terroristas e inclusive dictadores. Nos han puesto tantos nombres que han prescindido de preguntarse, ¿Quienes son a los que estigmatizamos? Yo puedo responderles, hablarles sin cansarme sobre un pequeño que luchaba con su humor contra la opresión, que deseaba igualdad de posibilidades, el fin de la tiranía, un mundo justo.

La justicia, sí, aun la persigo. Y, como no podía ser de otra manera, lo hago con mis formas bélicas. Porque de los dos, tú eras el carismático, aquel que en verdad podía mover corazones. Yo los controlo, o los deshecho, porque amigo mío, carezco de tus formas.

Me pregunto, sin embargo, ¿Volverás cuando consiga mi venganza? ¿Que me dirías? Espero no estés decepcionado de mí, soy lo que han hecho de mí, y lo seré hasta que libere este espíritu de justicia sobre ellos. Porque el crimen requiere un castigo de igual forma, y yo seré el juez.

Me pregunto, entonces, ¿Donde estás? Si mis palabras a ti llegan, o los sentimientos en ellos, te debo dos disculpas, un agradecimiento, e infinidad de aventuras que no pudieron ser.

"Los engranajes que mueven al mundo, son sus habitantes, cuando peleamos entre nosotros o no cumplimos nuestras funciones, la maquinaria deja de funcionar, pero sigue ahí. Como una maquina defectuosa, un mundo herido, nosotros somos los engranajes que pueden cambiar las cosas.

Los engranajes se unen, en una misma velocidad, girando en el sentido que corresponde, con una misma tarea, un propósito sin fin."


Je t'aime, mon ami.

 

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Alma corrompida que contra tu destino te alzaste... El sable de la rosa te condena en perfecta justicia ¡Digicode, captura!


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