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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
Luego de que un grupo de Digital Inc profanara unas ruinas con su tecnología, provocando la desaparición del mismo grupo; la famosa cueva de las profecías de Shakamon, First Cave, sufrió un terremoto y una nueva profecía se escribió en su pared…pero esta poseía un gran dilema puesto estaba incompleta:
“Fue nuestro padre quien alzo los muros. Fue nuestro Señor quien cubrió la cuna con el techo. Fue el todo poderoso quien tallo las inscripciones. Fue Yggdrasil quien puso a dormir al …[parte dañada]…Hijo de…[parte dañada]… en su interior la fuerza pura del caos crece…[parte dañada]… Witchelny…[parte dañada]… Su despertar traerá un gran cambio. Su despertar traerá caos y destrucción. Su despertar traerá la destrucción de los Royal Kinghts.”
Ante esta noticia los clanes se apresuran en actuar y llegar a las ruinas lo antes posible.
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Breaking Point

Mensaje por Lena Stevens el Vie Nov 10, 2017 10:35 pm

Breaking Point

Era un soleado... Qué día era? Lunes? Martes? Lena había pasado tanto tiempo saltando del Mundo Digital al Mundo Humano que ya había perdido la cuenta de los días. La joven mujer apenas podía despegar sus ojos, y sentía un fuerte dolor de cabeza. La luz del sol que entraba por la ventana de su apartamento la cegaba, como si brillase diez veces más de lo normal. Mamemon entró a la habitación, saludando a su tamer y trayendo con él una bandeja con café y tostadas. –Buenos días Lena!- Saludó.
Al oír su voz, Lena se resintió del dolor de cabeza. Para ella, en ese preciso momento, la voz de su Digimon sonaba como si le estuviesen gritando con un megáfono en el oído. –Habla más bajo…- Se lamentó la tamer, mientras tomaba la bandeja para empezar a desayunar.
-Lo siento, pero… No deberías seguir así-
-Ca… Cállate Mamemon… Estoy bien…!- Se quejó Lena.
Mamemon suspiró, sintiendo algo de lástima por su tamer –Tan solo apresúrate y vístete. Debes ir al trabajo. Ya preparé tu ropa-
-… En un rato. Déjame tranquila unos minutos-
El Digimon se vió visiblemente molesto, y protestó –Acaso sabes qué hora es!?-
-N-No grites…!- Respondió Lena, quejándose de que otra vez la voz de su Digimon taladraba su cabeza. –Y no sé la hora… Las ocho de la mañana?-
-No, las tres de la tarde- Contestó Mamemon. –Hace 5 horas que debiste haber entrado a trabajar!-
Al oír eso, Lena se atragantó con el café, y tras toser un poco, bebió lo que quedaba del café y se levantó deprisa para vestirse. Pero, entre su… deplorable estado actual y que la casa estaba hecha un desastre, se tropezó varias veces hasta poder llegar al baño a darse una ducha rápida. Una vez salió, se vistió con la ropa que Mamemon le había preparado y guardó a su Digimon en su Digivice IC. Luego, salió de su departamento y viajó en su auto hacia el edificio de Digital Inc.

Una vez allí, bajó de su auto, el cual dejó estacionado en la entrada, y subió hacia su oficina-laboratorio, pero allí la esperaba un hombre mayor de complexión atlética, tez blanca y de cabello colorado. Claramente, ese hombre no era Japonés, sino que era extranjero, como Lena.
-Angus McCliff? Que… sorpresa verte aquí- Dijo la rubia, sintiendo curiosidad ante la presencia de aquel hombre en su oficina. –Creí haber oído que aceptaron mi petición de no entrar a mi oficina sin mi permiso, si mal no recuerdo- Agregó, recalcando que ni aunque aquél hombre fuese su superior, estaba violando el acuerdo que había arreglado con el jefe de dejarla tranquila en su lugar de trabajo.
-Srta. Stevens, siento que tener que esperarla aquí sin su permiso, pero ya hace unas semanas que nuestros superiores se encuentran… ‘’preocupados’’ por el avance de tu pequeño proyecto- Comentó Angus. Al oír sus palabras, Lena no pudo evitar incomodarse y ponerse nerviosa. Ella había estado atrasando el desarrollo del programa para manipular la mente de los Digimon, y temía que en algún momento pudiesen regañarla por ello.
-Mi… Proyecto? … S-Sí, verás, ya ha sido probado y ha dado resultados. Ha sido posible penetrar en la mente de algunos Digimon, pero lograr el control de éstos ha resultado problemático. Se vuelven locos y atacan ciegamente todo a su alrededor y…- Antes de que pudiese terminarla explicación, Angus la interrumpió.
-Lena, ya has reportado eso. Has reportado lo mismo durante meses! Dime, has avanzado con tu misión o no?- Preguntó con un tono de voz más enojado, aunque manteniendo su compostura.
-N-No mucho… También he estado trabajando en el desarrollo de las Inteligencias Artificiales que…- Intentó excusarse Lena otra vez, para ser interrumpida nuevamente.
-Claro, tu proyecto personal, el cual no te hemos encargado. Tu decidiste hacer ese proyecto por tu propia cuenta. Deberías estar agradecida de que el Sr. Hattori haya apoyado tu proyecto porque se veía interesante, pero no es tu prioridad- Comentó Angus, quien luego se acercó al ascensor. –De todas formas… No creo que le quede mucho tiempo de vida a ese proyecto. No sé si puedan seguir financiándolo si no te centras en tu trabajo principal- Agregó, para luego con su mano hacer un gesto de que suba al ascensor con él.
-…- Lena no dijo ni una sola palabra sobre lo que acababa de oír. Aunque esas últimas palabras sobre la cancelación de su trabajo en el desarrollo de las Inteligencias Artificiales la angustiaron enormemente, sintiendo sientiendo una fuerte presión en su pecho. Ella caminó lentamente hacia el ascensor, y una vez en él, Angus presionó un botón que Lena reconoció inmediatamente. Estaban dirigiéndose hacia el piso en el que se encontraba la oficina de su jefe.

Una vez se abrió la puerta, Angus la invitó a pasar primero y ambos entraron a la oficina. Ésta oficina era diferente a las usuales, ya que era muchísimo más amplia, con una decoración más sobria y con un enorme ventanal que cubría casi toda la pared que había detrás del despacho del jefe. Éste imponente hombre, Hattori Tetsuo, era enorme, seguramente llegando al metro noventa de altura, y de hombros anchos. Tenía cabello corto, bigote, y cejas pronunciadas. Se diría que no hacía falta conocerlo para saber que era un hombre estricto. Angus enseguida se puso al lado de Hattori, que estaba sentado en la silla de su despacho, y se quedó de pie, sin decir ninguna palabra durante la reunión que tomaría lugar.
-Buenas tardes, Sr. Hattori- Saludó Lena respetuosamente luego de tomar asiento, aunque claramente se encontraba nerviosa.
-Srta. Stevens…- Empezó a hablar Hattori, mientras apagaba en un cenicero un cigarrillo que había estado fumando. –Seré franco: No me encuentro feliz. Llevas meses dando informes idénticos a los anteriores, sólo cambiándoles unas palabras, esperando que creamos que hiciste algo nuevo, que son diferentes al anterior, llegas tarde siempre que tienes que presentarte aquí, y pareces más interesada en tus objetivos personales que en los objetivos de la empresa- Dijo Hattori. Lena no dijo absolutamente nada en respuesta, ya que su jefe tenía razón en todo lo que había dicho. Tenía motivos para quejarse.
-Lena, de verdad me preocupa el paso al que avanza esto. Cuando te contratamos, te veías tan energética… Tan motivada por cumplir tu objetivo… Dime, qué ha pasado? Faltan fondos para equipo nuevo? Quieres un aumento? O acaso tu herramienta de trabajo se niega a cooperar?- Le cuestionó a Lena. Al oír esa última pregunta, ella no pudo evitar sentir ira, pero aún intentaba mantener su compostura. – N-no ha sido eso… Mi herramienta obedece perfectamente a cada orden- Respondió Lena, manteniendo un tono firme, aunque éste se había debilitado al decir ‘’herramienta’’. –Mamemon me ha asistido sin presentar errores ni actitudes rebeldes- Claro, Lena estaba mintiendo, pues Mamemon discutió sus órdenes al menos una vez, obligándola a activar el comando de obediencia absoluta.
-Entonces? Aun no entiendo el motivo de tu ineficiencia… Acaso eres tú la del problema? No creas que no he notado tu reacción de hace un momento. Quizás te has encariñado con tu herramienta?- Preguntó Hattori. Lena se quedó helada ante eso último. Desde que Mamemon había dejado de ser un Kozenimon, había aprendido a hablar y a entablar conversaciones con ella, y ambos habían desarrollado afecto mutuo. Habían pasado por tantas aventuras juntos, habían peleado juntos, habían discutido tonterías, bebido y hasta jugado juntos. Además, en su tiempo en el Digimundo, había conocido a tantos Digimon diferentes, que eran como … personas. Actuaban, pensaban y tenían sentimientos tal como los humanos. Los planes de Lena estaban lejos de ser ideales, pero ahora comprendía lo inhumano de los experimentos que la empresa realizaba en ellos.
-No señor…- Respondió finalmente Lena a Hattori –No me he encariñado con mi herramienta-
-Está bien…- Dijo Hattori, que desconfiaba de lo que Lena acababa de decirle, pues podía percibir el nerviosismo en ella. –Pero tan sólo para asegurarnos, necesitaré que nos entregues tu Digivice un momento. Debemos comprobar que el programa de obediencia funcione correctamente-
Lena sacó su Digivice, y lo contempló un momento, insegura. No era una situación fácil para ella, pues no sabía que podrían hacer con él. Por otro lado, desobedecer ahora podría costarle su empleo, el cual necesita para vivir y cumplir sus sueños. Finalmente, optó por entregar su digivice, aunque su mano temblaba durante el acto.
-Muy bien, Srta. Stevens- Dijo Hattori al recibir el Digivice –Su proyecto de las Inteligencias Artificiales será cancelado. Siento tener que comunicarle eso, pero con sus pocos avances en su misión, no podemos permitirnos seguir financiando su proyecto personal-
-Entendido…- Respondió Lena.
-Ya puedes retirarte por hoy- Indicó Hattori, finalmente dándole fin a la reunión. Lena entonces se levantó, y salió tranquilamente de la oficina.
Una vez fuera de la oficina de Hattori Hanzo, Lena caminó con toda prisa hacia el ascensor, y bajó hacia su oficina-laboratorio. Una vez allí, tomó una memoria USB y la conectó a su computadora principal. Tras cargar una copia de su proyecto de Inteligencias Artificiales en ésta, lo sacó y apagó la computadora. Ella sabía que para mañana, estos datos serían borrados de la computadora principal, así que debía guardar un back-up de éste. Luego, bajó hacia la planta baja, salió de Digital Inc. y se subió a su auto para volver a su departamento.

La joven rubia pasó todo el día sentada en su cama, sin decir ni una sola palabra. Usualmente, tras un día complicado, ella bebía hasta quedar completamente ebria, pero no hoy… No podía hacerlo sin su compañero. Tan sólo debía esperar un día, pero ésta espera se le hacía larga, y no encontraba ánimo para moverse de su cama, ni siquiera para comer. Jamás se movió hasta el día siguiente. Cuando llegó la mañana, se levantó temprano de su cama, se bañó, y se vistió para ir a Digital Inc.

Ésta vez, subió directamente a la oficina de Hattori sin compañía, y en ésta se encontraban Angus y él, exactamente igual que ayer. –Buenos días Sr. Hattori- Saludó Lena respetuosamente. –Aquí tienes- Respondió fríamente Hattori, devolviéndole su Digivice a Lena. –Puedes revisarlo si quieres-
Enseguida, Lena sacó a Mamemon de su Digivice. –Mamemon?- Preguntó Lena a su Digimon, sin embargo, éste no respondió. –Mamemon, responde!- Exigió Lena, pero Mamemon seguía sin responder. El corazón de Lena latía cada vez con más prisa, y ella se apresuró para agacharse para estar a la altura de su Digimon y verlo, pero al hacerlo notó que la cara de Mamemon carecía de su sonrisa habitual, y no había brillo en sus ojos. Lena entró en shock al verlo, quedando en silencio por unos segundos. Su expresión de desesperación ante el temor de lo que pudieran haberle hecho a su Digimon no cambiaba, pero una lágrima recorrió el rostro de Lena…
-Responde Mamemon…- Finalmente habló otra vez la joven, mientras más lágrimas se escapaban de sus ojos. –Responde! Háblame!- Continuó Lena, que empezó a agitar a su Digimon mientras le suplicaba que le respondiese… que le dijese algo… lo que sea, sin embargo, la expresión de Mamemon no cambiaba, ni siquiera para parpadear. –Mamemon! Respóndeme! Dí algo! Quéjate! Pídeme que deje de ser tan caprichosa! Por favor!- Siguió suplicando la joven a su Digimon, y a medida que suplicaba, su voz se hacía más débil, hasta finalmente quedar ahogada en llanto. A pesar de todo esto, el Digimon jamás respondió ni cambió su expresión, ni siquiera cuando tuvo a su tamer abrazándolo mientras lloraba.
-Ya nos hemos encargado de tu problema. Ya no volverás a tener problemas con tu herramienta de trabajo. Esperamos que ahora sí puedas brindarnos los resultados esperados- Dijo Angus, con una sonrisa cruel en su rostro, mientras que Hattori se vió indiferente ante la situación que se desarrollaba frente a él. Lena alzó a Mamemon en sus brazos, como si de un bebé se tratase, se secó sus lágrimas y, con una voz aún adolorida por su llanto, respondió –Entendido… Tendrán sus resultados- Para luego irse con Mamemon en brazos hasta el ascensor. Mientras bajaban, ella guardó a Mamemon en su Digivice y luego salió y volvió a su departamento.

Otra vez en su departamento, Lena sacó a Mamemon del Digivice y, con el equipo que allí tenía, analizó a Mamemon, comprobando que efectivamente habían comprimido y bloqueado su personalidad, emociones, memoria, voluntad propia y hasta sus instintos naturales. Lo único que había quedado intacto fue el programa que lo obligaba a obedecer órdenes. Lena se dispuso entonces a intentar repararlo, devolverlo a la normalidad. Si Digital Inc. se enterase de que intentó arreglarlo, se metería en problemas, pero ella lo sabía y no le importaba. Estuvo hasta muy tarde en la noche intentando reparar a Mamemon, y finalmente, tras horas de trabajo, a las tres de la madrugada logró restaurar todos sus datos.
Lena apagó todo su equipo, y se acercó a Mamemon. –Mamemon…?-
Mamemon siguió quieto durante unos segundos, pero pronto sus ojos recobraron su brillo, volvió a sonreír y saludó a Lena –Buenas noches, Lena! Que haces despierta a ésta hora?-
Lena no respondió, otra vez derramando lágrimas de sus ojos, pero ésta vez era diferente… Esta vez, eran lágrimas de felicidad. –Lena? Que sucede?- Preguntó el Digimon confundido.
La joven solo lo abrazó, llorando –Creí… Creí haberte perdido, Cuco!-
-Cuco?- Preguntó el Digimon, que no comprendía nada de lo que estaba sucediendo.
-E-Es tu nombre… idiota!- Exclamó Lena, tratando de contener sus lágrimas.
-Me… Me estás dando un nombre?- Preguntó Mamemon, sorprendido ante tal acto por parte de su tamer. Finalmente se estaba comportando como… una tamer normal?
-Si! Eres mi Digimon! Mi amigo! Mereces un nombre!- Respondió Lena. Luego, lo soltó, y se dio unos segundos para calmarse.
La tamer se puso un abrigo negro, salió con Cuco hacia el ascensor del edificio y subieron juntos a la terraza. La terraza era compartida, pero a las tres de la mañana, no había nadie ahí. Desde allí arriba, podía verse el centro de Tokyo no muy a lo lejos, completamente iluminado y, entre los edificios que destacaban, sobresalía el edificio de Digital Inc. Mientras ambos contemplaban la hermosa vista de la ciudad en la noche, Lena habló con su Digimon, centrando su vista en Digital Inc.

-Cuco, seguiremos con nuestra misión principal, pero no lo haremos por Digital Inc. , lo haremos por nosotros mismos y por el futuro de la humanidad… No volveré a dejarme pisotear por ellos… No volverán a lastimarte… Jugaremos un rato más bajo sus reglas, pero ya verán de qué somos capaces!-


Fin
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