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6 meses despues de la ultima carrera, un BanchoLeomon reune al viejo equipo de organizacion para dar un nuevo espectaculo, pero en esta carrera, el misterioso patrocinador ha enviado a un "Aspirante a Campeon" con un extraño y unico Digivice. ¿Que es lo que sucedera a lo largo del evento y como funciona este nuevo digivice?.
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Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Alanna Tale el Lun Mar 05, 2018 11:03 pm

Cuando el chico finalmente la siguió cerró la puerta a sus espaldas y comenzó a avanzar hasta llegar al siguiente cruce, donde sacó el espejo y miró, con similar dificultad, hasta que comprobó que no había nadie en el lugar. Avanzó con pasos delicados usuales de su complexión de bailarina y escuchó lo que le parecía un llanto provenir desde el fondo del pasillo.

Se quedó estática notando que Campanella le golpeaba en la cabeza y fue a dar un nuevo paso cuando escuchó el fuerte sonido de una puerta abrirse. El llanto se escuchó con más fuerza entonces y el pistolero que los había atacado durante el vuelo salió, con aspecto furioso, sin mirar el pasillo.

En a penas dos segundos Alanna sintió la presión en el pecho, "peligro" gritaban sus instintos, abrió la puerta más cercana, empujó a Menta, dentro al tiempo que Campanella se metía tras un foco de luz y se lanzó dentro del camarote junto al chico cerrando a sus espaldas y agachándose tras la puerta para que no se les pudieran ver, siquiera, las sombras.

— Shhh...— pidió con un dedo sobre sus labios y la otra mano cubriendo la boca del chico. Sabía que protestaría y que tal vez le fuera a gritar, pero era eso o arriesgarse a acabar como un colador.

Los pasos tras la puerta sonaban metálicos y crudos, Alanna sentía los latidos temerosos en la garganta y los ojos se le empañaban del miedo, ¿Campanella estaría bien? Esperaba que no la encontrase, ellos habían encontrado un escondite, pero Campanella no se encontraba ahí, no tenía idea alguna de dónde se habría metido la hadita.

El sonido se detuvo por un momento antes de reiniciarse y alejarse lentamente, como si supiera que su mera presencia podía provocarles miedo y se burlase de ellos. Tembló un momento y esperó que el silencio perdurase unos instantes antes de alejarse temblorosa. ¿Por qué Campanella no se acercaba ya? No había oído sonido de pelea alguno, por lo que la hadita debía estar bien, pero no se sentía tranquila si no la tenía con ella.

Alzó la vista al chico de pelo azul y vio la herida sangrante de su hombro. Suspiró y, teniendo ya el vestido roto, poco le importaba un retazo más o uno menos. Se arrodilló y rasgó, nuevamente, su falda, sacando de ella lo que podría ser, perfectamente una venda de color negro. Se acercó y lo miró dudosa, casi pidiendo permiso, justo cuando unos golpecitos en el cristal la hicieron alzar la cabeza. Sonrió aliviada al ver a Campanella, que pronto pasó dentro y se escondió en el pelo de Alanna que la abrazó con suavidad, aliviada.

— Que miedo— Aseguró el hada, temblando, escondida en la mata castaña de la chica.
— Pero ya se escuchaban los bebés, no deben estar ya muy lejos.— Afirmó suspirando, como si de pronto pudiera volver a respirar. — ¿Me dejas vendarte? Perder sangre no es agradable— dijo con conocimiento de causa, sin concretar nada, mientras su semblante se ensombrecía al recordar sus largas visitas a urgencias, dónde todo se acusaba a su profunda torpeza, aun cuando acababan teniendo que ponerle puntos incluso en lugares extraños.

Se acercó con cuidado y le pidió que se quitara la chaqueta y levantase la manga de la camiseta, necesitaba hacer presión para que dejase de manar sangre, no era plan de dejar un reguero rojo, ni mucho menos de tener que cargar con un herido, por no hablar del dolor, el entumecimiento y la horrible sensación que provocaban esas heridas.

— Aunque te vende luego deberá verte un médico, pero puedo parar la sangre.—Aseguró mientras Campanella vigilaba que no se acercase nadie.


Última edición por Alanna Tale el Sáb Mar 10, 2018 12:43 pm, editado 1 vez

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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Menta el Mar Mar 06, 2018 1:36 am

La chica parecía entre no saber que hacer o actuando como si de un cuento se tratara. Saque mi mano del hombro por un momento y me la mire, la tenía ensangrentada, no se cuanto habría perdido en sangre, pero obviamente, no había llegado al limité de estar mareandome. Yo seguía a mi rollo mirándome la sangre, no era muy normal tener una herida de este calibre, lo que mas me sorprendía era que siguiese notando el brazo, no obstante, de golpe se escuchó el sonido chirriante de una puerta y el sonido de los bebes llorando. Sin darme tiempo a reaccionar, me encontraba dentro de un camarote en el suelo y con la chica tapándome la boca.

-"Entiendo que viniese alguien pero..."-Pensé mientras mi cara se tornaba de un color rojizo tomate frito-"¡Yo ya sabía que tenía que hacer y me has puesto en una situación bastante comprometida!"-pensé

Un sonido metálico paso por delante de la puerta quedándose quieto por unos instantes, reanudo la marcha y parecía que se alejaba de la localización de ambos. Suspire y me aparte la mano de la chica y me levante sacudiéndome el polvo.

-No hacía falta que hicieras eso, sabía también como reaccionar ante ese caso...-Dije intentando calmar mi nerviosismo y no por miedo, siendo sinceros.

La chica se preocupaba de la sangre que salia por mi brazo, si que es verdad que llevaba un buen rato, y no me hacía ningún bien. Nuevamente, se arranco otro trozo de tela y me propuso el curarme el brazo de manera temporal. Hice lo que me pidió, me acerque a una silla cerca de una mesa, me quite la chaqueta y la deje sobre esta, me senté y deje que me pusiera el trapo en la herida. Al principio noté dolor, pues la herida tenía que ser presionada y, aunque la chica no pareciese la mejor en primeros auxilios, sabía perfectamente que hacer. Intente no tener mucho contacto visual con ella.

-No es por meterme en tu vida, pero... ¿Como sabes primeros auxilios...? No pareces la típica chica que se metiese en medicina...-Le pregunté sin intentar parecer grosero

Cuando la chica termino de vendarme el hombro, me quede mirando al suelo y el pequeño rastro de sangre que venía de la puerta, eso me hacía pensar que los malvados sabían perfectamente donde estábamos. Puse mi mano bajo la mesa, mientras con la otra, agarraba el brazo de la chica, le di la vuelta a la mesa y me agache con Alanna tras la mesa a su vez que la puerta se abrió disparando de ella un AvengeKidmon y un Deputymon.

-Demasiado estaban tardando... ¿Estas bien?-Le pregunté mientras a su vez pensaba algún plan de escape

-JIE JIE JIE JIE... Los jóvenes héroes arrinconados por ellos mismos en un camarote sin salida-Dijo el digimon que pareciese ser el jefe

-Jefe, ¿que hacemos les atacamos ya?-Pregunto el compañero

-¡¿Eres idiota?! ¡Están rodeados, tarde o temprano tendrán que salir! Nos turnaremos para vigilar-los si hace falta... JIE JIE JIE-Dijo mientras reía

Era una situación complicada, no veía ninguna ruta de escapa y estábamos tras esa dichosa mesa, la ventana podría ser una opción, pero con la distancia entre la mesa y la ventana, posiblemente nos llevaríamos mas de un balazo.

-¿Algún plan?-Le susurre a la chica mientras caía el sudo por mi frente

El nerviosismo, mas la herida, no estaban ayudando a mi rendimiento la verdad, y, si aun seguía con la vista perfecta, no faltaria mucho hasta el punto de empezar a fallarme y llegar pronto al borde del colapso. Mis pulsaciones, que aceleradas se encontraban, me indicaban que posiblemente podría aguantar durante 1h mas o incluso menos, antes de perder el conocimiento.
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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Alanna Tale el Vie Mar 09, 2018 10:54 am

Frunció el ceño molesta por ese comentario, ¿qué el sabía como actuar? ¿Y? Lo había ayudado, ¿es que no podía simplemente dar las gracias? ¿Era demasiado machito para aceptar que una chica lo había salvado? Ya tenía bastante de eso en el cuartel. Ignorando el comentario y la molestia que su suposición le producía y atendiendo la herida del chico ignoró el pasillo, sintiendo que bien podría sentirse segura allí encerrada, donde no se escuchaba ni el volar de una mosca.

Comenzó a vendar con la tela rasgada y el silencio se extendió hasta que una pregunta le llegó a los oídos y se le heló la sangre, dejándola, por un momento, estática. Su mente se tiñó de rojo y la imagen de una mano acercándose con las uñas pintadas de color borgoña y un cigarro encendido apareció en su mente. Una carrera precipitada por el pasillo, la puerta por la que cruzaba para huir cerrándose de golpe enganchando su pierna, que hacía un ruidoso crac y comenzaba a sangrar. La culpabilidad de unos ojos verdes, las lágrimas mientras llegaban al hospital y le explicaban que, por suerte, no había nada roto. El miedo de volver a casa.

Alanna tomó aire volviendo al presente e intentó alejar las sombras de sus ojos antes de continuar con el vendaje con manos temblorosas y hacía subir su sonrisa falsa que tan auténtica parecía después de años de práctica. Era fácil fingir cuando había mucha gente alrededor y se podía distraer la atención, así era más complicado, pero tiró algo más de lo necesario ce la venda, esperando que, como solía pasarle a ella, la herida diera un pinchazo.

— Lo siento.— Se disculpó por si le había hecho daño.— Primeros auxilios... bueno, fui girl scout.— mintió con una bellaca.

Campanella miraba, desde detrás, sentada sobre el borde de la mesa con aire serio, recriminando al chico de pelo azul que preguntase cosas que no tenía por qué saber, y a Alanna que mintiera a todo el mundo, la bailarina sabía lo que ella pensaba de los mentirosos, y probablemente supiera que Campanella la regañaría cuando se quedasen solas, pero la desesperación por no sacar a la luz esos recuerdos que el hada sabía que tanto daño le hacían, no solo por lo que pudieran pensar de ella, que también, sino por lo que acabaría pensando de si misma y de su madre.

El hada aun no entendía como esa chica podía seguir añorando el amor de una madre que jamás la había tratado con, siquiera, algo de aprecio. Alzó la cabeza mirando a la puerta, escuchando sonidos desde el pasillo y antes de que pudiera abrir la boca y advertir, todo se puso en movimiento.  Campanella alzó el vuelo pegándose al techo, Menta giró la mesa de golpe escondiéndose, junto a Alanna, tras ella, y las balas volaron por el cuarto.

Estaban acorralados.

Alanna tragó saliva y se pegó más a la mesa, como si fuera una tabla flotando en medio de un hundimiento y miró al chico de pelo azul como si quien le hablara no fuera una persona sino un tulipán. Campanella llegó a tiempo de hacerla reaccionar, consciente de que eso era, tal vez, demasiado similar a sus situaciones de infancia como para que la chica supiera hacer algo, sobretodo cuando esta apartó la mirada de lo único que podía hacerla ver que no era lo mismo. El hada comenzó a darle golpecitos en la cabeza, saltando sobre ella y la obligó a mirar al chico, el punto de diferencia entre el pasado y ese futuro.

— Mira, ¿ves? no es lo mismo.— Sonrió el hada.

Alanna asintió y se abrazó las rodillas mientras Campanella tomaba el control de la situación por ella, que hasta que no se calmase no podría, probablemente, ni hablar. El hada se pudo frente a los ojos de Menta y, entrecerrando los suyos de color ambarino, se acercó hasta que la naricilla tocó el entrecejo de él. Se separó seria y suspiró.

— Bueno, no queda más remedio que confiar en ti, aunque seas un mentiroso.— afirmó.— Eres más poderoso que yo, así que puedes servir de distracción.— se mantuvo pensando en voz alta, con murmullos cantarines.— Tal vez... sí, eso valdrá.— chasqueó los deditos en señal de "eureka".— puedo hacer que vuelva a su etapa bebé, pero necesito tiempo y que no me ataque.— se señaló haciendo algunos aspavientos.— Transformado eres fuerte, podremos con ello, Alanna, tu...— La chica alzó la cabeza, ya calmada.
— Yo soy rápida, no te preocupes, podré apañármelas, no volveré a quedarme asustada.— intentó asegurar a los dos presentes, aunque mirase solo a su hada.

Si no quería que nadie volviera a mirarla de menos, como Menta cuando lo había sacado de en medio del pasillo, debía esforzarse por, al menos, poder mantenerse ella sana y salva, y tanto que lo haría. No pensaba ser una carga para nadie, no para su madre, no para Campanella, no para ese chico a quien acababa de conocer, estaba vez, aunque no pudiera ayudar, tampoco molestaría.


Última edición por Alanna Tale el Sáb Mar 10, 2018 12:42 pm, editado 1 vez

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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Menta el Vie Mar 09, 2018 5:28 pm

Parecíese que la chica se incomodo con la pregunta de los primeros auxilios, sabía que me metía en terreno arenoso, y parecía ser que durante unos momentos, le afectó, aunque después, sonrío. ¿Una sonrisa falsa? No lo se, yo no iba a juzgar a nadie por su pasado y menos meterme en el, sabiendo lo que yo tenía detrás.

La hada se acerco a mi cara, y me toco con su nariz en el entrecejo, no sabía bien que quería y parecía seguir afirmando que era un mentiroso. Suspire de desesperación, ¿Como podía hacer entender a la hada que no le había mentido? ¿Que simplemente no conteste porque no tenía físicamente un digimon? Posé mi mano sobre mi cabeza, me empezaba a marear, pero parecía ser que tuviesen un plan. No se durante cuanto tiempo podría mantener la forma evolucionada, pero había que intentarlo.

-JIE JIE JIE... Tienen que estar asustados, no mueven ni murmullan, ¡¿acaso creéis que no se donde estáis?!-grito el AvengeKidmon mientras seguía disparando por el camarote

La balas volaban por encima de nuestras cabezas, no pude evitar el tragar saliva temiendo por mi vida, pero, sabiendo por lo que ya había pasado, poco menos que aquello me iba a doler. Cargue datos de mi mano y los pase por el digivice, transformándome en XV-mon.

-Solo tendremos una oportunidad para esto, espero que lo tengáis muy claro...-Dije tras levantarme y ver al Avengekidmon y al Deputymon

Cogí, posé un pie sobre la mesa y la pateé enviándola directamente hacia los dos enemigos. Tras esto, cargue mi rayo apuntando hacia el digimon con forma de pistola mandándolo contra la pared y destrozando esta de atrás, echando al digimon fuera del tren. Tras acabar el rayo, exhausto y tembloroso por la perdida de sangre, el cuerpo del dragón azulado, cae rendido al suelo.

-¡¿Q-QUE HA PASADO?!-dijo sorprendido mientras se acercaba al cuerpo tendido del digimon y lo apuntaba con una de sus pistolas-M-Maldito digimon, has... ¡ESTROPEADO MIS PLANES!-Grito mientras su mano temblaba sin apretar el gatillo
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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Alanna Tale el Sáb Mar 10, 2018 12:41 pm

Aun estaba escuchando a Alanna cuando levantó el vuelo y, aprovechando su dimunuto cuerpecito, comenzó a volar hacia el enorme digimon de las pistolas, flotando sobre él y lanzando delicado polvo de hadas. Los minutos pasaban mientras las balas volaban, ambos digimon estaban demasiado centrados en su ya saboreado triunfo para darse cuenta de la diminuta hada que volaba sobre uno de ellos comenzando su última y única opción.

Dentro del lugar se comenzaron, por fin, a escuchar ruidos y cuando menos se lo esperaban, la puerta se abrió, los disparos cesaron al ver la imponente figura del dragón azul, con la venda roja en su hombro. La mesa salió disparada hacia los digimons sobre los que aun sobrevolaba Campanella, notando como, cada vez más, el AvengeKidmon se cubría de color dorado, que pronto penetraría en esa capa de metal que era su cuerpo. Comenzaba a cansarse, pero en un par de minutos más estaría, solo debía lograr completar el ataque. Los dos pistoleros detuvieron la mesa distrayendo su atención y un rayo alcanzó al Deputymon abriendo un agujero en el tren y mandándolo a volar fuera de este con un sonoro grito que, en otra situación, le habría helado la sangre.

Sin dejar de aletear, aun espolvoreando su "magia" sobre el que quedaba, vio caer a su aliado, que dejaba a Alanna sola. La bailarina observó también la caída del digimon azul, escuchando junto a ella, un sonoro "POM" como si se tratase de un golpe de tambor, y palideció. Alzó la mirada y pudo ver a Campanella, aun aleteando y con el brillo dorado cayendo de sus alas, supo que quería parar y ponerse frente a ella para detener cualquier ataque, pero era tan pequeña, era su única baza. Alanna retrocedió un instante ante la sonrisa del enemigo, pero tensó las piernas y se dispuso a saltar. Esquivó los trozos de mesa que tapaban la entrada a esa cámara y se dispuso a correr de cuarto a cuarto vacío.

De un lado a otro, el digimon comenzó a disparar sin lograr golpear a la chica que no paraba quieta un solo instante sin dejarlo apuntar, valiéndose de lo único que tenía que era superior a ese digimon tan grande y pesado, su tamaño y su velocidad. Si no apuntaba, las balas no golpeaban. Tal vez fuera por el tipo de revolver del que estaba compuesto, era antiguo, lo bastante como para saber que los disparos eran lentos, debían recargarse y, además, se desviaban. El simple vaivén del vagón ya hacía que fuera un blanco difícil, si se sumaba todo lo demás, tenían una oportunidad. Jamás pensó que agradecería estar en el ejercito y los conocimientos de las bases de datos que tantísimas veces había tenido que revisar y organizar, pero en ese preciso momento le parecía, real y seriamente, útil.

Estuvieron cerca de dos minutos jugando al ratón y al gato hasta que el digimon, cansado de ese juego de persecución, lanzó un enorme grito que resonó, como el grave de un órgano oxidado en una iglesia sin acústica, por todo el tren, y la acorraló en el lugar donde habían iniciado la entrada al tren, el vagón restaurante, con ese enorme agujero en el techo. Hasta allí habían estado corriendo. Campanella por fin empezaba a quedarse sin polvo de hadas cuando la chica se escondió tras la barra del bar con una coctelera en la mano, dispuesta a lanzarla usarla como arma, por ridícula que esta fuera. Miró al techo, viendo el cielo pasar veloz, y se levantó al escuchar a Campanella gritando.

La hadita voló del golpetazo que le habían propinado hasta una silla con un cojín de plumas, y Alanna suspiró agradecida cuando vio al enorme digimon acercarse y apuntarle a la cabeza sin ningún reparo, sonriendo con aire victorioso. La bailarina, asustada, cerró los ojos, empujó al digimon instintivamente, acabando retrocediendo ella, y cuando escuchó el sonido del cargador rodando sintió una energía en sus pies, como las alas de hermes, que la impulsó hacia arriba sacándola de allí por el agujero por el que había entrado. Esperó la furia, los disparos desde abajo, sin saber como había llegado allí, pero nada llegó y, mareada, débil, se asomó para ver a una bolita negra que tenía las mejillas infladas y gritaba con voz aguda, rabiosa.

A base de saltos, la bolita logró subir donde Alanna intentaba mantenerse a pesar del viento y, al llegar, salió volando sin que la bailarina pudiera hacer nada para evitarlo. Con ojos abiertos de par en par, un inmenso mareo por el gasto de energía y temblando de arriba a bajo, suspiró y miró a su alrededor, intentando encontrar unas escaleras por las que bajar y entrar por la puerta como una persona normal, pero lo que vio la paralizó durante un instante y la obligó a apresurarse.

Saltó dentro con las piernas flojas, cayendo al suelo en el momento en el que sus pies tocaron la alfombra roja que era el suelo.

— ¡Campanella!— Gritó alterada mientras la hada comenaba a moverse.— Tenemos que salir de aquí, y llevarnos a Menta y a los bebés, ¡vamos!— Apresuró con ojos llorosos del miedo. Acogió a la hada en sus brazos y, aun con los temblores, recorrió veloz los pasillos hasta llegar al vagón donde había sucedido todo explicando lo que había visto desde el techo. Agujereado como estaba, el viento entraba con fuerza mientras las cortinas de las pequeñas salas volaban de lado a lado. Campanella parecía haberse repuesto del golpe en el trayecto y, finalmente, reaccionaba.
— ¡Despierta al Dragón y yo traigo a los bebés!— ordenó la hada volando hacia el camarote desde el que aun se oían llantos.
— ¡Chico!¡Chico!—gritó zarandeándolo.— Mierda.—se le escapó del estrés.— ¡Menta! ¡Despierta nos vamos a caer por un acantilado, despierta!.— Apresuró minetras los primeros niños entraban ya por la puerta y se acercaban a ella, sintiendo que con un adulto estarían mejor, aunque ella no pudiera hacer nada.
— Alanna.— advirtió Campanella al entrar, verla asustada hacía que los bebés estuvieran peor. La chica respiró hondo y lanzó una sonrisa.
— No pasa nada.— Aseguró sintiéndose romper.— veréis como alguien viene y nos salva.— Intentó autoconvencerse.— Alguien nos sacará de aquí, como en los cuentos.— Musitó con Campanella, en cabeza, una mano sobre el brazo del durmiente XV-mon y otro abrazando a los cuatro bebés que se habían intentado llevar sintiendo, de nuevo el mareo, fruto del cansancio. Si salían de ahí debía preguntar qué demonios había sido ese salto tan grande, no sabía de donde habían salido esas alas azules de sus pies, que la habían llevado al techo, salvándole la vida.

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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Menta el Dom Mar 11, 2018 10:22 pm

Genial, me encontraba en un estado catatónico, pues, aparte del cansancio y la perdida de sangre. me encontraba inconsciente en el suelo. No podía ni ver, ni mover mi cuerpo, pero si escuchar, al principio escuchaba pasos rápidos y como Alanna, se alejaba del camarote y mientras, persiguiéndola el AvengeKidmon. Mientras tanto, el revoloteo de unas alas se dirigía en el sentido opuesto a los pasos, ¿Acaso la hada dejaría a su tamer sola? Por estas cosas pienso que no se puede confiar en los digimon, solo se interesan por su propia raza, o mas bien, creo que intentaba engañarme a mi mismo y echar toda la culpa de lo que me pasaba a este mundo. Creo... Creo que lo único que quería realmente era alejarme de la verdad y, aunque este mundo me hubiese machacado, matado, derrotado millones de veces, seguía queriéndolo observar y explorar.

-"Oye Jesmon..."-Pensé

-¿Que ocurre?-Preguntó

-"Tu mundo no esta nada mal, al final, me hace encontrarme con aventuras y un subidon de adrenalina que ni el mismo deporte podría darme...-Le respondí

-"Je... Aun queda mucho por delante chico..."-Respondió Jesmon con lo que parecía ser una sonrisa en su cara

¿Sera verdad? Jesmon, el Royal Knight que esta conectado conmigo, por primera vez, sonreía sin reírse de... ¿mi? Tanto... ¿He cambiado? No lo se, quizás si que lo había hecho como tal, al menos, sobre lo que opinaba sobre el mundo digital. Poco después de este breve lapso de tiempo, sentí de nuevo los pasos de alguien. Parecía ser que la chica venció al digimon. Me alegraba mucho por ella, pero seguía sin poder mover un musculo, y, por alguna razón, sentía como mi cuerpo escamado, se zarandeaba, ¿Que pasaba? Por alguna razón solo se escuchaban los llantos de los bebes y la voz de Alanna hablando de un acantilado. Vaya... parecía ser que todo lo que habíamos luchado por los bebes, se fue al garete, o eso pensaba, hasta que escuche a la chica abrió de nuevo la boca y saco el tema de los cuentos. Mi cuerpo, que inconsciente seguía, se empezó a mover solo, salto por la ventana y volo raudo y veloz poniéndose delante del trailmon. Alce los brazos y abrí las manos, acaso mi cuerpo... ¡¿QUERÍA FRENAR AL TREN?! De golpe, pose los pies sobre el suelo y algo impacto en mis manos de dragón haciéndome retroceder a gran velocidad. Los músculos de los brazos y piernas de la forma draconiana, se empezaban a ensanchar tanto como para romper la venda que la joven puso sobre mi hombro y haciendo de eso una gran escapada de datos sobre la herida.

-¡¿CUENTOS?! ¡Y UNA MIERDA, NADIE VENDRÁ A SALVARNOS, PORQUE NO HAY NADIE AQUÍ, LOS CUENTOS NO SIRVEN DE NADA, NO EXISTEN, NO SON REALES, O LUCHAS POR TU VIDA O ACABARAS DEBAJO DEL SUELO, APRENDE YA LA MALDITA LECCIÓN!-Grité de una forma bastante ensordecedora e impactante como para dejar aturdido a los presentes

Poco a poco, el tren fue frenando y a medida que mi cuerpo retrocedía, las garras de dragón sumergidas en tierra, se ponían al rojo vivo y, tras una distancia leve a la caída,
el trailmon se detuvo y mi cuerpo se quedo en la misma posición de frenada mientras babeaba por la boca. Actualmente, podría decirse que ya había llegado a mi limite y que ahora si, estaba realmente K.O.
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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Alanna Tale el Miér Mar 14, 2018 11:41 am

Alanna aun abrazaba a los bebés, olvidándose de la tensión y los nervios que la solían asaltar cuando se encontraba cerca de niños, y con la mirada perdida en la ventana, consciente de que era el fin, sintió el movimiento junto a ella. Viró la vista y pudo ver los movimientos robóticos del dragón azul, que se levantó como movido por un resorte y salió volando plantándose frente al tren. Incrédula, Alanna dejó a los niños al cuidado de Campanella y se acercó a mirar ¿Qué estaba haciendo?

El viento golpeó sus hondas castañas cuando la chica sacó la cabeza al sol descendiente de la tarde, cegada por el brillo anaranjado forzó la vista entrecerrando los ojos y pudo ver la sombra de XV-mon descender frente al locomon, al tiempo que, mientras el transporte se detenía, una palabras sonaron bruscas y claras en los oídos de la chica, para Menta los cuentos no existían. No había héroes ni heroínas, no existía la magia, las hadas ni las brujas, pero no se daba cuenta de que él acababa de actuar como un personaje de cuento.

Sintió el primer vaivén del tren, intentaba pararlo. Salió corriendo dejando a Campanella al cuidado de los niños, la hada era pequeña pero matona. Apoyándose en las paredes, algo mareada aun por el extraño momento de salto, se apresuró a llegar a la sala de máquinas. Miró de lado a lado, ¿cómo podía no haberlo pensado antes? Definitivamente, era estúpida y por no pensar, Menta debía estar desangrándose. Se acercó a una enorme palanca, ¿sería eso el freno? no lo sabía, ¿y si tiraba y aceleraba el tren? Podría empeorar la situación de XV-mon. "Mierda" pensó ansiosa, estaba soltando, o pensando, más palabras soeces en un día que en toda una vida. Revisó nuevamente la sala y decidió vaciar la fuente de alimentación.

Cogió una pala de un rincón, y comenzó a dar palazos sacando el carbón que ardía en esa... ¿estufa? Alanna no conocía su nombre. Palazo a palazo fue cansándose más, llegando a marearse, llenándose de polvo negro que ensució su cara, le dificultó respirar pero logró que junto al esfuerzo titánico de Menta, que había parado en seco el tren, todo dejase de rodar. Bajó por las escaleritas y escuchó el llanto aliviado del trailmon que agradecía la ayuda entre lágrimas. Sucia como estaba, y mareada del esfuerzo y el calor, miró a los bebés descender junto a Campanella, estaban a salvo. Se apartaron del tren ya parado y ella se acercó a la parte de delante, donde Menta aun seguía sosteniendo el tren tal y como lo debía haber detenido.

— Menta.— Llamó con voz baja, lanzando un suspiro al sentir el viento fresco después de estar encerrada en la sala de máquinas.— Ya está, no va a moverse.— ¿no reaccionaba? Se asomó debajo por debajo de uno de los brazos del dragón y vio sus ojos vacíos, se había desmayado.— Menta, Menta.— lo intentó despertar, empezando a ponerse nerviosa, por dios que estuviera bien.— ¡Campanella, necesitamos ayuda!— llamó intentando bajar los brazos del digimon y sentarlo para sacarlo a rastras de la vía.

Tardaron cerca de quince minutos, el sol ya despuntaba cuando sacaron a XV-mon del camino, entre protestas, y el Trailmon se ofreció a llevarlos. Si podía evitar volver a subir a esa cosa querría evitarlo, pero el chico estaba herido, y no quería alargar la cosa, podría acabar mal, necesitaba tratamiento médico. Campanella buscó telas por los diferentes compartimentos y acercó un botiquín,  no sabía sacar balas, y no se quería arriesgar, por lo que, taponó la herida y vendó, nuevamente, tras limpiar con agua la sangre que manaba. Intentó darle agua, para que recuperase líquidos, y se sentó intentando reponerse, sentía que ella también iba a caer.

— Alanna, vamos, hay que subirlo al tren.— animó el hada, tirando delicadamente del pelo de la bailarina.

Alanna sonrió levantándose, y se acercó nuevamente al digimon, no podía subirlo, no sabía, aun, como había podido sacarlo de la vía, lo movió un poco, intentando despertarlo, si no subía él al tren, no iban a poder hacer nada.

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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Menta el Dom Abr 15, 2018 10:06 pm

Mientras estaba desmayado, podía sentir como algo movía mi cuerpo. ¿Que estaría pasando? Mi cuerpo se hallaba tumbado en el suelo y, como si un montón de agujas se clavasen en mi brazo, sentía como la herida dejaba de sangrar. Mi transformación llego a su fin y pude sentir lo que debía ser agua, recorrer mi garganta. Ciertamente estaba sediento y me vino bien ese trago, pero... ¿Que era lo que realmente estaba pasando? Poco a poco, empecé a abrir los ojos y vi a la chica intentando moverme como si no pudiese con su alma. Alargue mi brazo hacia su cara y pase mi mano sobre su cara quitándole la suciedad del carbón dejando tres lineas borradas en su cara.  

-¿Acaso te has ido a minar carbón mientras estaba intentando salvaros...?-Dije en un tono bajo mientras intentaba sentarme

Mi cuerpo estaba molido, cada movimiento que daba era como si un engranaje poco engrasado intentase forzarse para moverse. Era un dolor horrible y que solo en una ocasión había sentido, pero esa es otra historia que no viene al cuento. Poco a poco me fui poniendo en pie y vi como el trailmon tiraba marcha atrás para dar la vuelta. Mientras tanto, veía la cara agotada de la chica y le ofrecí mi mano para que se levantase y ayudarla.

-Y dime... ¿Donde esta tu héroe de cuentos ahora...?-dije para picarla mientras pensaba que YO tenía razón y por fin se daría cuenta que los cuentos no existen

El trailmon llegó marcha atrás y abrió sus puertas para que subiésemos y, como pude, intente levantar a la chica y empece a poner rumbo al trailmon junto a los bebes, su digimon y ella. Empezamos a subir poco a poco los escalones del trailmon hasta subirnos encima y este se pusiese en marcha. Deje libertad de movimiento a la chica y a los pequeños y me asome un poco por la ventana del trailmon

-Fue una buena aventura al final...-Dije mientras observaba el paisaje

-"Si... Y parece que has madurado un poco a lo que mujeres se refiere"-dijo Jessmon

Me sonrojé y obvie el comentario de Jessmon mientras el viaje continuaba
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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

Mensaje por Alanna Tale el Lun Abr 16, 2018 10:35 am

Ya se esforzaba por arrastrar el cuerpo inerte del dragón azul cuando una luz la cegó haciéndola caer al suelo, como si fuera un susto de una película de terror cutre, de esas que te salta el monstruo y ya, no hay tensión previa, solo es el susto de turno para cubrir la parte de "terror" del filme, de esas, pero como si esa película de guión horrible y sustos mediocres hubiera tenido un presupuesto desorbitado para efectos especiales.

Campanella, en cambio, seguía sentada sobre el pecho del digimon iluminado, como si supiera que tras el susto, vendría un "y vivieron felices". Y efectivamente, la experiencia es un grado, Campanella sabía de esas cosas y en cuanto la luz desapareció en el lugar del dragón azul, volvía a estar el chico que había parado el tren a pulso. Era todo tan surrealista que cuando lo vio levantarse como si nada, aun con la ropa manchada de sangre, y quitarle el carbón que aun decoraba su piel como si no hubiera estado desmayado segundos antes, lo vio incluso normal.

— Si, podríamos decir eso.— Bromeó echando la cabeza hacia atrás agotada, aun sentía los brazos entumecidos, y tras arrastrar al chico, aun más, y mañana tenía ensayo, iba a ver las estrellas en cuando intentara hacer la primera posición, estaba segura.

Aceptó la mano que le tendía el chico para ayudarla a levantarse y lo siguió hasta subir al tren con pasos torpes, dejándose caer en el primer rincón del suelo que le pareció medianamente cómodo, ni fuerzas para buscar un asiento cómodo le quedaban, incluso se sentía tentada de ir al vagón restaurante y servirse una buena copa de vino tinto.  Los bebés estaban ya arriba y la pregunta del chico resonó en sus oídos haciéndola alzar el gesto de forma incrédula.

— ¿Y eso me lo preguntas precisamente tú, verdad? — preguntó aguantando una risa que acabó escapando de sus labios.

Campanella se unió a las risas de su tamer, consciente de que era la ironía de la pregunta y no la situación lo que hacía que la chica pareciera una desquiciada. Al final, el trayecto que tan corto había parecido entre peleas y sustos se hizo eterno, pudiendo dormir, incluso, un rato. Cuando pararon frente a la ciudad del inicio el locomon silbó despertando a la bailarina y la hada, que descendieron para devolver a los bebés a su hogar.

Parecían haber abierto la portada del libro y el prologo las había recibido con los brazos abiertos, deseoso de que siguieran la historia. Su propio cuento había dado, por fin, inicio.


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Re: Capitulo 7: Cuentos de hadas hechos realidad [priv. Alanna Tale]

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