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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
6 meses despues de la ultima carrera, un BanchoLeomon reune al viejo equipo de organizacion para dar un nuevo espectaculo, pero en esta carrera, el misterioso patrocinador ha enviado a un "Aspirante a Campeon" con un extraño y unico Digivice. ¿Que es lo que sucedera a lo largo del evento y como funciona este nuevo digivice?.
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El día que lluevan pianos {Privado: Saphir—Alanna}

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El día que lluevan pianos {Privado: Saphir—Alanna}

Mensaje por Alanna Tale el Lun Mar 19, 2018 12:31 am

El bus avanzaba por la carretera con la luz del sol entrando suavemente por la ventanilla bajada, arrastrando, junto al viento, el olor a calma, a somnolencia y a hierva mojada. Una canción melódica, resonaba por los cascos de la chica mientras una muñequita rubia comía snaks dentro del bolso. Día libre, viaje al campo. Alanna dormitaba de mal humor porque había tenido que levantarse pronto. Había pocas cosas que Alanna creyese odiar, aunque Campanella era consciente de que podría empezar a rascar y sacar a toneladas, pero una de esa era, sin lugar a dudas, y con el más ferviente asco, madrugar.

La chica se veía obligada a levantarse pronto todos los días, si no por estudiar, por entrenar, y estaba, francamente, harta. Más de una vez había estado durmiendo hasta la tarde en sus días libres, para volverse a acostar a las dos horas, después de darle el tiempo justo a comer y ducharse. Le gustaba dormir, y quien la despertase corría el riesgo de comerse una lámpara o lo que la chica tuviera más a mano.

El día anterior Campanella había pedido ir al campo, quería aire libre, la ciudad consumía sus energías y necesitaba recargarse. El pasar de un diminuto pueblo helado en el norte de Europa a esa ciudad sofocante era demasiado para la pequeña hadita, que se había apagado un poco cada día. La bailarina aún tenía heridas cerrándose de su última visita al mundo digital, por lo que no podía pedirle volver, no tan pronto, así que, su mejor opción, era visitar el campo. La bailarina había aceptado de buena gana, pensando que saldrían sobre el medio día, pero al escuchar la chillona voz de tinkermon cantando en su oído “Chandellier” había dado un salto y comenzado a gritar frustrada. Las 8 de la mañana de domingo. Estaba claro, Alanna quería sangre.

Llegaron cerca del mediodía a un hostal en medio de la montaña, Alanna, aun de morros e ignorando los intentos de la feliz Campanella por disfrutar del lugar, se sentó en una mesa de picknic y comenzó a inflarse, sin pensar en su estricta dieta, de gominolas. Campanella rodaba por las flores como re-energizada, cuando la lluvia los asaltó de pronto. Corrió rápido para volver junto a su tamer, que, nuevamente, se había dormido, cubierta por la cálida chaqueta que se había puesto esa mañana, sobre la mesa. Campanella la llamó incansable durante cerca de cinco minutos, hasta que, desaparecido el autobús, la bailarina, finalmente, se despertó.

Miró desconcertada a su alrededor, no había nadie, la humedad la rodeaba y la lluvia colmaba el campo haciendo brillas el verde de las hojas, una gotera en ese cenador de madera parecía burlarse recordándole que iba a mojarse igual, y no era probable que los autobuses pasaran pronto. Podría llamar a un taxi, pero no llevaba demasiado dinero encima y había dejado las tarjetas en casa, no esperaba necesitarlas en el campo. Miró a Campanella, con fastidio, y la hadita, que parecía congelada, se escondió en su chaqueta con cara triste. Alanna suspiró frustrada, no había sido culpa de la tinkermon, era ella quien se había dormido cuando no tocaba, la que llevaba todo el camino de morros, aun sabiendo que Campanella realmente necesitaba eso, necesitaba respirar.
Pasaron cerca de 10 minutos hablando de nada, hasta que la tamer lo sugirió.

— Ojalá tuviera un ordenador, podríamos entrar al digimundo y olvidarnos de la tormenta. — Deseó la chica frotándose las manos, helada.
— No solo con un ordenador, si tienes un smartphone tampoco tendría porque haber problema. — Comentó la digimon comiendo un trozo de chocolate aun dentro de la chaqueta de Alanna.
— Tengo uno pero… — dudó Alanna palpando su bolsillo y, finalmente, sacando el teléfono de pantalla táctil de color blanco.
— ¿Es el de tu madre? — Preguntó Campanella dejando el chocolate a un lado mientras Alanna asentía.
— No he traído el del trabajo, y si ella llama, será a este número. — El hada miró la figura apesadumbrada de la bailarina, que, aun sabiendo que era imposible, seguía aferrándose a la estúpida idea de que su madre podría buscarla.
— Puedes guardar la tarjeta, luego la pones en cualquier teléfono y ya está. — Dijo, intentando no romper las esperanzas de la joven, que siempre que se mencionaba a su madre parecía a punto de llorar.
Alanna asintió, sacó la tarjeta, encendió el teléfono y, tras coger con fuerza su mochila, se dirigió al mundo digital, en busca de un lugar donde no fuera a resfriarse.

Llegaron a una zona cubierta de verde, un inmenso sol brillaba en lo alto, solo cubierto por algunos árboles altos que cubrían la fortísima, e incluso molesta, luz y, para alegría de tamer y digimon, no se veía un solo rastro de nubes. Su ropa había vuelto a cambiar, como la primera vez que entró, volvía a llevar esa falda roja y esas botas, pero al menos su bolso seguía ahí, junto a Campanella, que sonreía feliz de haber salido de esa tormenta. Se levantó del suelo, colgó la mochila de cuero a su espalda y se levantó, dirigiéndose hacia un sonido de agua cercano, con Campanella sonriendo en su cabeza.

Tal vez pudiera pegar una siesta en paz, después de todo, ese lugar parecía tranquilo. El rio corría suavemente en ese día de primavera que parecía, casi, veraniego, tenían tiempo, solo necesitaban encontrar unas vías de trailmon como las de su primera visita, con eso fácilmente llegarían a una ciudad y pronto lograría regresar a casa, no sabía Alanna que no era tan sencillo salir de los bosques, pero, hasta el momento de regresar, o de que supiera lo que, realmente, costaba salir, bien podían disfrutar de un tranquilo día de sol. Debería haberse preocupado por el teléfono abandonado, pero tenía esperanzas de que algún alma caritativa viera el número en la lista de contactos y la llamase, de todas formas, bien podía poner la tarjeta en uno de esos teléfonos de tapa que tan famosos eran en japón.


Última edición por Alanna Tale el Miér Abr 04, 2018 11:49 pm, editado 1 vez

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Re: El día que lluevan pianos {Privado: Saphir—Alanna}

Mensaje por Saphir Soleil el Mar Mar 20, 2018 9:40 pm

Esta situación era bastante….Peculiar. Solo miraba los alrededores y trataba de organizar los hechos que habían sucedido en el lapso de unos pocos segundos.

Recapitulemos. Había empezado como un día normal, lluvioso como si se tratara de otro gran diluvio mundial, pero normal sin duda incluso con dos digimons rondando por la casa como si de perros se trataran. Pero esa era la situación actual en la casa de sus tíos, como es que aún no se habían percatado que su sobrina e hija estaban metidas en una extraña unión de fuerzas con unas extrañas criaturas reptilianas de un mundo digital, sería un misterio para toda la vida.

La gran ventaja de vivir con alguien que ya tenía un poco de experiencia en todo el asunto de las criaturas digitales, que fácilmente podía ayudarte a cubrirte la espalda con excusas además de regalarte un manual escrito a mano de cómo llevar toda la situación. Pero de momento, Saphir había optado por dejar todo lo relacionado  con las criaturas digitales y solo concentrarse en prepararse. Puede que este lloviendo y ni un alma se atreva a caminar por las calles, pero eso no significaba que podía pasarse todo el domingo en piyamas y con el cabello desarreglado ¡Eso jamás!


-Oye…-Hablo el pequeño lagarto rojo y rechoncho.-¿Cuánto tiempo piensas estar con eso?.-¿Cuánto llevaba exactamente? Casi una media hora arreglando su melena rubio platinado y preparando su maquillaje.

-El tiempo necesario Darling.-Continuo con lo suyo ignorando las quejas de Rouge el cual se encontraba claramente aburrido por no haber nada medianamente interesante en la televisión y su compañero de juegos solo sería demasiado bruto con él.

Luego de varios minutos de arduo trabajo, ya estaba lista. Si estaba lista para agarrar el manual y sentarse a la cama a leer.

-¿¡Hiciste todo eso por nada!?.-Reclamo el pequeño digimon rojo, el cual salto sobre la mano de la chca que estaba por agarrar el manual frente a la computadora al igual que el digivice.

-Vamos cariño hazte a un lado, necesito la libreta.-Hablo con suavidad mientras trataba de mover al digimon a un lado, pero antes de poder agarrar ambos el pequeño Gigimon salto al ataque mordiendo la mano de la chica, la cual, por mero reflejo apretó los botones del extraño dispositivo. Antes de darse cuenta, la pantalla del ordenador estaba brillando y había aparecido de la nada en un bosque con ropas completamente nuevas y raras.


-Está bien….esto es….inesperado….


Guía e Instrucciones para Novatos:


How to survive the digital world for novices by Runari
”…….Juega todo lo que quieras con el dispositivo que encontraste o apareció de forma extraña en uno de tus bolsillos, no significa que haya un acosador siguiéndote, así que puedes hacer con el absolutamente lo que quieras. Solo ten en cuenta un par de cosas:


  • Si juegas con el frente al ordenador, no te sorprendas si apareces en un sitio extraño.

  • La luz siempre va y viene, pero no es por qué se le acaben las baterías.

  • Ten cuidado de emocionarte cuando lo tienes a la mano, podrás terminar debajo de un digimon gigante.

  • Azotarlo contra el suelo no hara necesariamente que funcione mejor.”

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Re: El día que lluevan pianos {Privado: Saphir—Alanna}

Mensaje por Alanna Tale el Miér Abr 04, 2018 11:48 pm

El lugar era tranquilo, luminoso y despejado, la suave brisa hacía llegar con claridad el sonido del agua, que corría calmada entre las rocas por el cauce. Con un agradable suspiro se estiró haciendo crujir todos sus músculos, ahora podía, por fin, relajarse y tal vez hasta dormir un rato antes de volver al mundo real y verse sumergida, nuevamente, en la vorágine de problemas que se le venían encima.

El primero, las clases, pronto tendría que empezar a asistir nuevamente y odiaba con toda su alma la economía, pero para lo que le quedaba, quería acabar. El segundo, el dinero, si volvía a clases, entre el ballet y el ejercito, no tendría tiempo para buscar un trabajo, y la paga del servicio militar obligatorio no era lo suficientemente elevado, así que debía buscar otro modo de que el alquiler le costase menos. Su primera opción era alquilar el otro cuarto, pero necesitaba alguien que estuviera dispuesto a no tener contrato, y eso era algo complicado, ya tenía los panfletos preparados para pegarlos, pero tenía miedo de ver a quien metía en casa, y contactar agencias quedaba descartado.

Suspiró abriendo los ojos, adiós a su paz, siempre acababa pensando más de la cuenta y estropeando los momentos de relax que le otorgaba la vida, Muchas veces había deseado tener botón de apagado, pero por desgracia no era un robot, y no podía desconectar su mente, por eso se alegraba de tener a Campanella siempre cerca, esa pequeña hada siempre había logrado ser su botón de apagado. Comenzaba a hablar con ella, a entretenerla y la distraía hasta el punto de que la bailarina dejaba de pensar en nada que no fueran cuentos de hadas. Estaba volviendo a su situación de paz, mirando a Campanella flotar por entre las flores cuando un grito a lo lejos la hizo alzar la cabeza.

Campanella voló veloz hasta ella y tiró de un mechón de pelo castaño brillante haciendola levantarse para que no le hiciera daño y comenzó a avanzar a la carrera con la bolsa colgada en el hombro directa al grito. Tinkermon se había cogido con fuerza a una de las solapas de la cómoda y cálida chaqueta para no caer y le advertía en susurros que fuera reduciendo la velocidad a medida que se empezaban a distinguir formas.

Una chica rubia lloraba desconsolada en el suelo con las manos en los ojos y el vestido rasgado, sus hombros subían y bajaban con espasmos del llanto y sus rodillas parecían tener heridas superficiales, tal vez se había caído y el grito se había debido al susto o al golpe. Miró a Campanella de hito en hito esperando indicaciones. Con un asentimiento por parte de la hada la chica se adelantó hacia la rubia con calma, una sonrisa suave y voz dulce.

— ¿Estás bien? — Preguntó. — ¿Te has caído? — sacó un pañuelo para pasárselo a la chica. — Ten, seguro que te va bien.— comentó arrodillándose frente a la chica.

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Re: El día que lluevan pianos {Privado: Saphir—Alanna}

Mensaje por Saphir Soleil el Sáb Abr 07, 2018 7:41 pm

No debía entrar en pánico. Estaba en un mundo extraño, sí, pero eso no eran motivos suficientes para hacerle perder la compostura. Si analizaba la situación, esto no estaba tan mal, estaba en un bosque, el cual parecía no tener muchas diferencias con los bosques nativos de su hogar, sin mencionar que hasta el momento no había aparecido ninguna criatura de comportamiento hostil, y sobre todo tenía una guía de que hacer y que no mientras estaba en este lugar. Si contamos todos esos factores, y que ahora tenía unas prendas más que encantadoras, esta situación no era tan desfavorable.

-¿Cuánto más vas a quedarte ahí parada? Llevas ahí mirando la nada como, no sé, ¿Cinco condenados minutos? -Por supuesto, siempre estaba el pequeño digimon rojo para traerla de regreso a realidad.

-Mi adorable Rouge, deberías dejar a una dama con sus pensamientos. -No podría decirse si era una especie de regaño o algo similar con la vez naturalmente melodiosa que tenía, pero, aun así, había que considerarlo como tal.

El digimon solo soltó un bufido antes de comenzar a corretear hacia cualquier dirección, sin duda no se sentaría a esperar a que la humana de cabello platinado despejara su cabeza de todos sus pensamientos, así que esta no tuvo más opción que seguirlo.  Aunque no tardaron mucho en notar que caminar en un bosque sin rumbo aparente, no estaba resultando ser la mejor de las ideas, ya que, terminaron perdidos sin saber siquiera donde estaban parados en menos de unos tres minutos.  

-Creo que.....-comenzó Saphir.

-No te atrevas a decirlo....-Advirtió el digimon.

-Estamos....

-¡Te lo advierto mujer!.-Grito esta vez el digimon.

Estaba a punto de terminar la frase sin molestarse en prestar atención a las amenazas del digimon, pero no puedo, el sonido de un llanto a la distancia capto su atención, por lo que, a pesar de las quejas del gigimon, ella solo siguió el hasta la fuente de este, encontrándose a la pequeña rubia junto a otra joven a su lado.

-Oh my....What happen to you sweetheart?.-Se acerco a la joven rubia mientras se arrodillaba a su lado.

-¿Está haciendo todo este escándalo por una caída?.-Y como siempre nunca podían faltar los comentarios fuera de lugar de Rouge.

-Rouge, ten un poco de consideración.-Volvió a regañar mientras el digimon solo entornaba los ojos, claramente, a él le importaba poco y nada lo que pasaba.  
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