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El descubrimiento de las ruinas del Monasterio Draco, tallado en lo alto de una desolada montaña en el valle de los dragones, ha despertado un gran interés por todo el Digimundo. Principalmente porque según los tallados de la pared exterior dentro de las ruinas se encuentra un obre mágico que contiene en su interior la data y poder del treceavo Royal Kinght, la cual sera dada a quien reclame dicho objeto. Según la historia grabada en los murales, el obre fue dejado allí por el mismo Royal Kinght en caso de que su poder sea necesario para derrotar al mal que se alce en el futuro...por desgracia semejante premio también a llamado la atención de quienes usarían el poder para sus propias metas egoístas. Por lo que esta aventura ahora se a vuelto una carrera por ver quien consigue el gran premio.
6 meses despues de la ultima carrera, un BanchoLeomon reune al viejo equipo de organizacion para dar un nuevo espectaculo, pero en esta carrera, el misterioso patrocinador ha enviado a un "Aspirante a Campeon" con un extraño y unico Digivice. ¿Que es lo que sucedera a lo largo del evento y como funciona este nuevo digivice?.
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Las flores del mal {Lena - Alanna}

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Las flores del mal {Lena - Alanna}

Mensaje por Alanna Tale el Mar Abr 03, 2018 11:02 pm

El sol del medio día brillaba, los pájaros trinaban con fuerza, el viento suave refrescaba lo justo para despejar el agobiante calor que haría con semejante luz, y la tienda de campaña ya estaba montada. La escuela de danza estaba de entrenamiento. La convivencia, decía la maestra, era esencial para colaborar, y colaborar, esencial para bailar como grupo. Así que allí estaban, a principios de mes, sin nada mejor que hacer que pasear por el campo, romperse la espalda, congelarse al bañarse en el río, madrugar, ¡Madrugar! ¿estaban tontos? ¡¿Para que madrugar si estaban en fin de semana?!, y hacer estúpidas pruebas de valor en las que, frente a Alanna, se escenificaban verdaderas obras maestras del teatro improvisado.

Pensaba que había cosas que solo se veían en los mangas, pero no, parecía ser que no. La noche del viernes, cuando llegaron, tras montar las tiendas y tomar una cena que era, para deportistas, más bien escasa, decidieron contar historias de miedo. No es que la bailarina fuera muy dada a estas cosas, le aburrían, odiaba la oscuridad, le aterraban las arañas, pero jamás había temblado ante la mención de un fantasma, el bigfoot, los shinigamis o el chupacabras, poco le importaba el mito o el origen de este, cuando se vive junto a un monstruo real, los imaginarios pierden pronto el efecto, no obstante, no sabía si era ella, que era fría como el hielo, o que las japonesas eran demasiado miedicas, pero que las bailarinas se pegasen a cualquier chico que tuvieran al lado por un simple cuento, normal, lo que se dice normal, no le parecía.

Había suspirado, poniendo los ojos en blanco, y, por ser una actividad del campamento, había seguido a la maestra hasta la zona donde empezarían la extraña ruta. Debían adentrarse en el bosque, dar la vuelta a una casa "encantada" y volver al campamento para terminar la noche tomando un chocolate caliente bajo en grasas, ¡BAJO EN GRASAS! Alanna se sentía frustrada e indignada, no sabía de donde se habían escapado esas muñecas estiradas, pero no podía con la situación. Cierto era que ella no es que fuera especialmente basta, más de una vez le habían dicho que era una niña pija, o que parecía demasiado altanera, pero al menos no era una llorona que NO SABÍA COMER CHOCOLATE NORMAL.

Esa mañana Campanella se había reído mucho con la explicación indignada de Alanna, que, en esa estúpida prueba de valor, había retrasado a su compañero, que temblaba en un rincón, para poder mirar las ventanas de la casa que, efectivamente, se encontraba cerca del campamento. Lo bastante, al menos, como para ir andando. Curiosa, mucho más que asustada, quiso ver si realmente había fantasmas, si un hada había llegado a ella, cualquier cosa podía ser verdad, y si Peter era, para ella, el malo del cuento, tal vez los monstruos no fueran, en realidad, tan crueles. Sin embargo, más allá de unos cuantos gritos lejanos de sus compañeros, que jugaban a asustarse, y una luz titilante que su compañero no le permitió ver bien, no hubo nada que llamase su atención  y volvió con los demás con un bailarín malhumorado y unas ganas frustradas de investigar y ver un monstruo con sus propios ojos.

Tal vez por eso, esa mañana de sábado, había decidido aprovechar para pasear su tiempo libre, tal vez rondando cerca de la casa ruinosa pudiera encontrar algo interesante. Pasó cerca de veinte minutos andando con Campanella, nerviosa, al lado, sin conseguir encontrar nada, ni tan siquiera la misma luz que le había llamado la atención la noche anterior. Volvió cabizbaja con Campanella feliz, comiendo galletas dentro de la mochila.

La llegada al campamento, en cambio, si estuvo llena de sorpresas. Unos compañeros, heridos, lloriqueaban mientras la maestra intentaba tranquilizarlos y les curaba las heridas, los demás empezaban a reunirse, parecía que algo había atacado, no es que fueran explicaciones demasiado racionales, hablaban de un monstruo de pelo blanco más bicho que mujer, de una risa estridente y de ojos de loca. La chica cogió su mochila y miró a Campanella, escondida en ella, que con la galleta en sus manos parecía entender lo que la chica pensaba, tal vez si había algo.

— Nos quedaremos hasta mañana para que descansen, pero vamos a ir hasta las cabañas a informar, seguro que lo entienden.— Declaró la maestra mientras los demás comenzaban a recoger y a ayudar a los heridos.

Como la mujer había supuesto, entendieron el peligro, pero pensaron que, tal vez, era un oso, en otros campamentos se habían quejado, llevaban cerca de una semana con avisos, pero nunca en esa zona, y ante la duda, habían preferido no perder clientes. Ya habían cerrado más de la mitad del parque y hasta que se solucionara iban a clausurar la zona de acampada. Alanna entró a la cabaña junto a otras dos alumnas, ambas heridas, que comenzaron a relatar, lo que habían visto. La chica salió del cuarto y llegó a un cenador algo apartado a pensar.

— Probablemente sea un digimon.— Afirmó Campanella, pensativa, enredada cómodamente en el pañuelo que la chica llevaba al cuello.
— Cuando todos se duerman iremos a ver, hasta entonces no podremos hacer nada.— suspiró Alanna, cansada, al menos se le había acabado el aburrimiento.

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¡Gracias por el avatar y la firma, Runa! <3
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Alanna Tale
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Ficha : Alanna y Campanella
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